El sarao de Cantaloa, Midachi, testeos vernáculos

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A despecho de su estilo naif y su estructura programática que recuerda al denostado estilo de la novela rosa, Gran Hotel fue una serie que supo cautivar al público de diversos países con el consiguiente éxito de audiencia. El bellísimo edificio del Palacio de La Magdalena y la pintoresca localidad de Bárcena Mayor, donde se sitúa la acción del imaginario pueblo de Cantaloa, se han constituído en nuevo circuito turístico a partir del rodaje de la serie, que espero ansiosamente poder recorrer en algún momento.

Lo cierto es que la historia romántica de Alicia y Julio, enmarcada en un contexto de suspenso y muerte investigado por el inspector Horacio Ayala, digno de una novela de Agatha Christie por sus dotes detectivescas y su humor corrosivo, fue recepcionada favorablemente por estas tierras y constituyó una bocanada de aire fresco en el medio televisivo, donde priman por lo general programas con dosis casi intolerables de oscuridad.

Algunos personajes en particular nos eran particularmente queribles (con licencia de la Real Academia, que no reconoce este término), como el despistado agente Hernando y la pertinaz Maite, quien por añadidura es soltera y abogada en el año 1904. Ambas condiciones llevan a la conclusión del corrupto inspector Bazán que dichas particularidades la asimilan al mismísimo demonio, con la consiguiente hilaridad de mis amigas especialistas en diversas ramas del Derecho que revisten o han revestido las mismas circunstancias de estado civil y profesión, sin destilar aroma alguno a azufre a su paso.

Varias de nosotras contamos con la gracia de habitar un barrio cercano a la ciudad que ha sabido conservar la esencia que otras zonas han ido perdiendo merced a la prohibición de construir edificios, al trazado de sus calles que no admiten comercios y a los árboles que pueblan la zona, en los que el piar de los pájaros preanuncia los ciclos de la Naturaleza. Así hemos bautizado la zona como la Comarca debido a la atmósfera encantada digna de J.R.R. Tolkien que se perfila al alejarse del centro, y a partir de Gran Hotel la he denominado Cantaloa sin otra razón que la cadencia del nombre y su originalidad.

Hacía tiempo que no me decidía a celebrar un cumpleaños con todas las de la ley por motivos diversos; durante 2016 el festejo previsto se había truncado por la partida imprevista de mi papá, pero a fines de 2017 sentí que era momento de celebrar a pesar de su ausencia siempre presente. Así que con la invalorable ayuda de algunos amigos y la concurrencia alegre de otros conjuntamente con la familia, dimos por inaugurado el sarao de Cantaloa.

La etimología de la palabra sarao, del latín serânum, remite a la tarde, ese horario vespertino determinado por la puesta del sol en el que se celebraban la mayoría de las fiestas paganas, que se extendían hasta bien entrada la noche. También reconoce su origen en el gallego serao mediante el portugués sarâo para denominar a la fiesta popular nocturna que ya se celebraba en el curso del siglo XVI: la connotación del vocablo no podía resultar más atinada para la ocasión.

Nunca es tarde para decir gracias, así que aún cuando ha transcurrido más de un mes del festejo agradezco de corazón a todos los que me acompañaron en un cumpleaños inolvidable: en el sarao de Cantaloa rondas casi interminables de daikiris elaborados con alegría y tesón por Juan, Marcela y Vero circularon entre los entusiastas comentales; acordes de guitarra y tangos rasgaron la noche por la disposición sonriente de Riki; tortas de tamaño inconmensurable elaboradas por la maestría repostera de Ale como lemon pie, brownie con dulce de leche y un inmenso pastel de cumpleaños de merengue y frutillas conformaron una mesa dulce matizada con helado de limón y champagne; Julio desde el piano y Leandro desde el saxo recorrieron diversos géneros musicales e impulsaron a levantarse de las sillas para acompañar con el cuerpo la alegría de la música. Y tuve una ingente cantidad de obsequios, de todas las variedades y colores.

Midachi

En el año 1983, el dúo cómico formado por Miguel del Sel y el Chino Volpato animaba las tardes del programa radial “De doce a catorce”, emitido por una emisora de la ciudad de Santa Fe. Dady Brieva se incorporó más adelante y quedó configurado el trío Midachi, llamado así por las primeras sílabas del nombre y sobrenombres de sus respectivos integrantes.

Cuando en 1989 decidieron radicarse en Buenos Aires, la acidez humorística y el desparpajo del grupo habían sido apreciadas tanto en eventos particulares como en peñas, shows y cenas a beneficio a lo largo de todo el país. La ciudad capital los recibió con los brazos abiertos en el teatro Lola Membrives; ese fue el inicio de una carrera artística que los catapultó a los establecimientos de la calle Corrientes así como a diversos países americanos, con un éxito tal que se los denominó “el fenómeno Midachi”: 55 shows en el teatro Gran Rex dan razón del calificativo.

El trío se disolvió en 1995 aunque realizaron espectáculos aislados en diversas fechas durante algunos años, hasta que la política, la literatura y la actuación los separaron en 2010.  Este año han vuelto a las andadas con Midachi Kindon, una espectacular puesta en escena con reminiscencias de los personajes de Walt Disney a los que dan vida en una serie de cuadros desopilantes, sumados a los delirantes personajes que componen Brieva y del Sel acompañados por la graciosa sobriedad del Chino.

Concurrí al estreno de Midachi Kindon gracias a la amabilidad de Marisa y no exagero cuando afirmo que pasamos conjuntamente con Marcela casi todo el espectáculo riendo a carcajadas: basados en una gran intuición y en el contacto directo con el público, los integrantes del trío Midachi transmiten una hilaridad irresistible y una energía festiva que resultan sumamente gratificantes en estos tiempos turbulentos.

Testeos vernáculos

En mi siempre renovado recorrido por el mundo de la cosmética, del que jamás me canso pese a la cantidad de productos que he testeado a lo largo de mi existencia, he encontrado tesoros cercanos que se destacan entre las marcas tradicionales por su relación calidad-precio. En este caso, el jabón de glicerina lo descubrí en Quito y luego la marca se radicó en Argentina; la crema, primorosa, se debe a la inquietud de una firma oriunda de Buenos Aires que actualmente se ha extendido a la vecina orilla uruguaya.

Mientras recorríamos la maravillosa calle La Ronda, situada en el Centro Histórico de Quito, donde se fusionan diseño y vanguardia con tradiciones culturales antiquísimas propias de las comunidades originarias, ingresé en cada uno de los locales que llamaron mi atención por su originalidad. En uno de ellos se encontraban los jabones de Lumine, elaborados en base a diversas sustancias naturales, entre ellas la glicerina.

Este lípido integra la membrana celular de los seres vivos en forma de fosfolípidos y proporciona enormes beneficios a la piel, entre ellos humectación al contribuir a retener la humedad, hidratación necesaria para conservar lozanía y cicatrización de heridas. El jabón de Lumine, de carácter neutro y amoroso formato, fue uno de los recuerdos que viajaron conmigo desde el país del medio del mundo.

Bouqueterie es una marca con pocos años en el mercado, que desde la espléndida Avenida Alvear ha sabido ganarse un lugar en el amplio mundo de la cosmética. Sus productos son tan delicados como naturales; en este caso, la crema de oliva y rosas conjuga la suavidad de la flor con el poder tonificante del olivo, sintetizando una untuosidad aromática altamente benéfica para la la piel del rostro.

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bell@espíritu: natalicio

El cuaternario o Tetracto, tal como le llamaban los pitagóricos, era considerado el número basamento porque todas las cosas, sean de orden terreno o divino, se encuentran fundadas en el cuadrado. La razón de tal conclusión no es menor si se considera que Tetragrammaton es el mismísimo nombre de Dios, compuesto por Iud, Hei y Vau; Hei es una sílaba doble que determina la pronunciación como IOVA, precursor del Zeus griego y el Júpiter romano, ambos soberanos de los dioses en sus respectivos Olimpos.

En tanto fuente de todas las cosas y denominación de la Divinidad, el número cuatro determina los elementos de la Naturaleza: fuego, aire, agua y tierra; los cuatro humores humanos: flema, sangre, cólera y melancolía; las cuatro estaciones del año: otoño, estío, primavera e invierno; los cuatro vientos: Céfiro, Euro, Austro y Bóreas y abarca los cuatro términos metafísicos: ser, esencia, acción y virtud, por citar algunos ejemplos. A mayor abundamiento, cuatro son los ríos del Paraíso, cuatro los Evangelios, cuatro los jinetes del Apocalipsis, cuatro las familias o palos de los naipes y cuatro las manifestaciones de la furia de los dioses, según provengan de las Musas, de Venus, de Dionisio o de Apolo.

El cuaternario, además, implica la Justicia en sus cuatro clases de leyes: Providencia o ley divina, ley del destino o del alma del mundo, ley natural o ley del cielo y prudencia; esta última, menos confiable, proviene del discernimiento humano a veces escaso, a veces incomprensible. Con notable acierto, Alice Bailey nos recordaba en el siglo XX que el Tetracto fue el número sobre el que se cimentó la Escuela de Misterios, donde el Iniciado repetía solemnemente el juramento de Pitágoras: “Os lo juro, con espíritu sincero, por el santo cuaternario que es la fuente de la naturaleza eterna y el padre del espíritu”.

El espíritu, esa esencia sutil e intangible que constituyó el desvelo de la búsqueda de los alquimistas y al que rinde tributo este blog, se encuentra desde el comienzo de los tiempos bajo la protección del Tetracto o cuaternario, su progenitor y fuente. No me cabe duda que dicha tutela ha sido determinante para que este espacio virtual celebre su cuarto año de vida: gracias a la compañía y afecto de tantas personas que se encuentran al otro lado de la pantalla a las que digo gracias, una vez más, de todo corazón.

El origen del Año Nuevo, de blogs y premios LVIII, Incensi

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“Cuídate, César, de los idus de marzo”, había advertido el vidente al dictador con la frase que hizo famosa William Shakespeare en su obra Julio César, allá por 1599. Marzo era el mes dedicado al dios de la guerra, el impiadoso Marte, y el día 14 determinaba para los romanos el comienzo del nuevo año. En algún momento de la historia la fecha mutó al 1º de enero y la causa no fue mística ni noble; al contrario, tuvo que ver con la sinrazón que sostiene cada guerra que los humanos se han empeñado en librar desde tiempos inmemoriales.

En el año 154 a. C. los romanos habían negociado una suerte de paz con los pueblos bárbaros, aquellos que habitaban más allá de las fronteras de la Ciudad Eterna y se empeñaban en rechazar el culto idioma latín para continuar dialogando en lenguas salvajes. Tres décadas antes las tribus rústicas de Hispania habían suscripto un acuerdo de no agresión con Roma, hasta que los celtas que habitaban Segeda o Sekaida para los belos, como se denominaban sus habitantes, osaron ampliar las murallas sin autorización del imperio.

Cualquier excusa es válida para los fuertes a fin de tener por decaídos los pactos preexistentes, y así los romanos interpretaron la decisión de los belos como un desafío que merecía el inicio de acciones beligerantes. Pero para organizar y movilizar tropas previo al inicio de la batalla había que elegir cónsules, y dicha elección coincidía con el año calendario romano. Para evitar retrasar los preparativos se adelantó la fecha de elección al 1º de enero y el poderío romano logró su cometido: Segeda fue destruída en el año 133 a.C. aunque los belos lucharon valientemente y 6000 romanos dejaron su vida en el campo de batalla, antes de producirse la inevitable destrucción.

Heredera de la anomia que produjo la caída del imperio romano de Occidente y con una considerable vocación de poder, la jerarquía católica se constituyó en guardiana de las tradiciones espirituales dejando en manos del poder secular el gobierno de las cuestiones terrenales. A fin de ordenar el tiempo y las costumbres de sus fieles, el papa Gregorio XIII promulgó el empleo del denominado calendario gregoriano para sustituir el antiguo calendario juliano: había que establecer la regularidad del ciclo litúrgico para fijar el momento en que debían celebrarse la Pascua y el resto de las festividades católicas y así se ordenó en el año 1582 mediante la solemne bula Inter Gravissimas, que ratificó el comienzo del año nuevo en el día 1º de enero.

Aún encontrándonos bajo los influjos de una convención instaurada por motivos disímiles, hemos de celebrar la llegada del 2018 con augurios, promesas, esperanzas y renovados proyectos. Es mi deseo que la humanidad transcurra en paz y alegría este nuevo comienzo y que sea posible plasmar en la realidad los sueños anhelados por todas las personas.

Agradezco a mi querida Adri el pequeño calendario gregoriano, pintado por los alumnos de la Escuela Nº 508.

De blogs y premios LVIII

Desde el espacio virtual de Silvia, la querida autora de Ser un ser de luz, llegaron hace un largo tiempo una pluralidad de premios a elección. No he olvidado el gesto de Silvia y respondo, aunque tardíamente, a su generosa oferta eligiendo la distinción que ilustra este post.

A su vez, he de cumplimentar las reglas que incluyen agradecer al blog del que proviene el premio, publicar el logotipo, formular y contestar preguntas (opcional) y nominar a la vez diez blogs de WordPress para que reciban el premio.

Aquí, los nominados:

  1. La pluma tiene permiso: relatos y opiniones desde la pluma de Carlos Cortés Torres.
  2. Audaz y táktik@: sugerencias acerca de todo aquello que resulta interesante.
  3. Amor entre estrellas: con la energía amorosa como guía.
  4. @DRubio Masajes y Nutrición: muy interesante blog sobre terapias alternativas y nutrición saludable.
  5. Benjamín de Jesús: la fe como estandarte.
  6. .S.O.S. Srta. Brito: consejos sobre moda, belleza y salud.
  7. Mi vida en rosa: escritura para sanar.
  8. Yeliowmore: puro diseño argentino.
  9. India Online Visa: toda la información necesaria para un periplo por tierras hindúes.
  10. Pooja´s words: contra toda forma de violencia.

Gracias a todos por su participación en la blogósfera.

Incensi

A poco de transitar la ribera del río Arno se encuentra la Vía de`Bardi, una pintoresca calle de la ciudad de Florencia. Allí, en el número 12, el palazzo familiar de Lorenzo Villoresi es un verdadero paraíso para los amantes de los perfumes pues se pueden disfrutar y adquirir la totalidad de sus colecciones, algunas de las cuales no se comercializan en perfumerías convencionales.

Entre esta selección de fragancias se destaca la línea vintage, elaborada en torno a una idea monotemática del perfume clásico: Incensi es uno de los aromas logrados por el florentino en atención al humo sagrado del incienso como elemento destacado, que se abre con notas de salida verdes, manzana, bergamota y limón, recuerda la intensidad de la canela y la pimienta en el corazón y concluye con benjuí, mirra, opoponax y sándalo adunados a la resina persistente del incienso.

La presentación reduce la opción a un eau de toilette de notable persistencia y entrada triunfal: la pregunta respecto del perfume que me precedía fue constante y reiterada. Incensi posee notas verdes que atenúan la intensidad característica de esta resina, con un despliegue sutil y ahumado que remite a ritos llevados a cabo en la profundidad de un bosque en torno a una sacralidad refinada, propia de un alquimista como Villoresi.

El retorno de la luz, aquelarre en solsticio, testeo navideño

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El día 25 de diciembre, tan significativo en cuanto a festividades en el mundo occidental, se vincula definitivamente con el nacimiento de Jesús en nuestra cosmovisión impregnada de la liturgia cristiana. Pero a despecho de las rígidas creencias que se imponen sobre las que quedan en el camino en el curso de la historia, dicha fecha ya constituía un evento significativo para los pueblos precristianos: en Roma, Juno Lucina era la deidad que representaba el retorno de la luz.

La visión y la iluminación eran los dones que caracterizaban a la diosa, cuyo festival era celebrado con antorchas y fogatas. El 25 de diciembre el sol comenzaba a moverse en dirección opuesta según los romanos, concluyendo así el período de sol sticere: literalmente, “el sol está quieto”. Con el retorno de la luz renacía el rey solar: de ahí que los mitos resulten coincidentes en cuanto a la fecha y el advenimiento del Iniciado.

Juno Lucina era la partera del renacimiento anual de la luz y la encargada de abrir los ojos de los recién nacidos luego de los nueve meses de acogedora oscuridad transcurrida en el vientre materno; el cristianismo se hizo eco del culto a la diosa y el sincretismo la adoptó como Santa Lucía. Sin embargo, lejos se encuentra la poderosa advocación de Juno Lucina de la sufrida Lucía de Siracusa, porque el significado de “dar a luz” se torna también alegoría del momento en que las ideas y proyectos cobran vida propia y posibilidad de concreción.

Cualquiera sea la creencia que sostiene nuestro sistema personal, no resulta óbice para abrir el alma a la posibilidad del retorno de la luz. Renacer como infantes y permitir que una energía intensa y reveladora nos contenga e ilumine para vibrar sutilmente como portadores de un nuevo comienzo, en nuestro beneficio y, por consiguiente, en el de toda la humanidad.

Aquelarre en solsticio

Durante el pasado 21 de diciembre, el hemisferio sur dio la bienvenida al verano y se produjo la noche más corta del año, después de un largo día con intenso desarrollo de luz solar. En puridad, pese a que el término solsticio se vincula a la totalidad del día en que se produce, tuvo lugar en un efímero instante, exactamente a las 16,28 horas UTC (Tiempo Universal Coordinado), cuando el sol alcanzó su máxima altura sobre el Trópico de Capricornio.

Nuestras ancestras conjuraban diversos hechizos durante el solsticio de verano, destinados a aumentar la fertilidad de la Tierra y su consiguiente réplica en las relaciones amorosas. El solsticio era también el momento para purificarse mediante el poder del fuego, quemando aquellos elementos que simbolizaban vínculos o creencias que debían dejarse de lado para evolucionar: ellas sabían que el punto más alto de la rueda es propicio para festejar en comunidad y tributar a los espíritus de la Naturaleza, aliados incondicionales de aquellas personas que perciben la apertura de las puertas del mundo entre los mundos.

En el curso del solsticio se celebró nuestra último aquelarre del año, en el que reunidas alrededor de la mesa preparada con inmenso cariño por Marcela dejamos de lado el cansancio propio de la época y de los tiempos que corren: con obsequios, anécdotas y risas recibimos esta nueva posibilidad de disfrutar de la abundancia, los frutos de la Tierra y la fulgurante energía de la luz.

Testeo navideño

En épocas de San Bonifacio, cuando el roble se encontraba asociado al paganismo y fue reemplazado por el pino a fin de introducir a los pueblos bárbaros en el dogma cristiano, los elementos decorativos asociados al pecado que pendían de sus ramas fueron las infaltables manzanas, para recordar a los hombres su origen espúreo vinculado a la serpiente y su femenina condición.

Con el correr del tiempo las esferas que ornamentan el árbol navideño adquirieron diversos significados según fuera el color de cada una, que en su conjunto representan los dones que la divinidad otorga generosamente a los seres humanos: piedad, misericordia, sabiduría, fortaleza, son algunos ejemplos. A su vez, cada color se relaciona con una petición: blanco para agradecimiento, rojo para súplica, dorado para tributo, azul para solicitar absolución.

Con vocación navideña, Vero me ha obsequiado esta esfera brillante de VZ para diluir poco a poco su espuma en la bañera e impregnarse en varias ocasiones de su efecto festivo. Seguramente San Bonifacio no tenía en mente un adorno de carácter placentero para colgar de las ramas perennes del pino, pero el recuerdo del santo y sus rígidos cánones medievales no ha de obstaculizar el disfrute que posibilita transcurrir esta encarnación en el multifacético siglo XXI.

En Roma, Trastevere, Campo de´Fiori

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Arribamos a Roma luego de un largo traslado que incluyó el transporte desde Sant´Agata, el incomodísimo tren hasta Nápoles y luego otro tren que nos depositó en un par de horas en la Ciudad Eterna, cansados y famélicos por falta de previsión: confiados en almorzar en el último tramo, no contamos con que hay servicios interurbanos que carecen de bar, restaurante o kiosco para abastecer a desprevenidos pasajeros.

El hotel Piram vuelve a recibirnos en su confortable edificio como en nuestro arribo, sólo a efectos de acomodar el equipaje y partir prontamente a recorrer las calles romanas con el entusiasmo que despierta indefectiblemente esta ciudad. Por un rato olvidamos el hambre y el cansancio mientras decidimos caminar rumbo a Trastevere: recorrer Roma a pie requiere olvidar cualquier plan de arribar a horario a algún sitio, porque cada esquina y cada recoveco configuran una lección de historia en sí mismos.

El nudo gordiano de la ciudad confluye en el grandilocuente monumento dedicado a Vittorio Emanuele II o Vittoriano, dedicado al artífice de la unificación italiana y también conocido como Altare della Patria. Emplazado en Piazza Venezia, llamada así debido al cuerpo del palacio que fue trasladado desde dicha urbe y sirve de marco a la construcción, sus dimensiones descomunales y su diseño ampuloso contrastan con el clasicismo que caracteriza a la ciudad. Sin embargo, es un punto de encuentro así como de interés para la inmensa cantidad de turistas que visita Roma cada año y alberga desde 1921 la tumba de un soldado desconocido flanqueado por una llama que nunca se extingue, como tributo permanente a los italianos caídos durante la Primera Guerra Mundial.

Continuamos caminando hasta avistar el perfil inconfundible del Anfiteatro Flavio o Coliseo, que desde sus 2000 años de antigüedad constituye junto con Ciudad del Vaticano los dos mayores atractivos turísticos de la ciudad. Cada Viernes Santo el pontífice preside el tradicional Vía Crucis desde el Coliseo: los cristianos y los gladiadores constituían espectáculos tan crueles como fascinantes para los espectadores ansiosos de sangre que se amontonaban en las gradas del anfiteatro.

El Foro Romano, el Mercado de Trajano, la Fontana di Trevi… los lugares más emblemáticos de Roma van desfilando ante nuestros ojos y resulta difícil no detenerse a contemplar la historia viva que representa cada uno. Nuestro camino hacia Trastevere no es lineal ni preciso aunque estamos cansados y cada vez más hambrientos: no hemos probado bocado desde la mañana, cuando desayunamos antes de partir. Munidos de agua nos vamos acercando al río para cruzar el puente mientras se perfila San Pedro a lo lejos, pero un cartel indicador nos desvía para contemplar, en el pórtico de la iglesia de Santa María in Cosmedin, la Bocca della Veritá.

El rostro de Neptuno se encuentra tallado en un diámetro de 1,75 metros; sus ojos, nariz y boca están perforados y cuenta la leyenda que aquéllos que faltan a la verdad pierden la mano al introducirla en la boca del dios del mar. Un desconfiado romano trasladó a su esposa presuntamente infiel ante la escultura para someterla al designio preclaro de la deidad; la mujer, culpable al fin, fingió un desmayo y quien la sostuvo para que no cayera fue su amante: sin temor alguno, la dama juró que sólo la habían tocado su esposo y el amable señor que la contuvo en el instante previo, y así su mano fue retirada intacta y su crédulo marido respiró aliviado.

Trastevere

La bohemia y el diseño actuales que se respiran en sus calles parecen renegar del pasado etrusco del Trastevere, esa tierra situada más allá del Tíber y denominada en consecuencia. Pero a poco de comenzar a recorrer sus calles pretérito y presente se entrelazan en el barrio más pintoresco de Roma, recorrido por tantos visitantes como los que lo habitaban allá por el siglo I a. C., cuando las comunidades extranjeras se instalaron para desarrollar sus actividades comerciales y mercantiles debido al puerto emplazado en las cercanìas.

Los patricios, atraídos por la brisa fresca que circulaba desde el río, construyeron villas enormes y elegantes decoradas con estatuas y estanques que decoraban los jardines. Con la consolidación del cristianismo como religión oficial se erigieron las iglesias, entre las que sobresale la basílca de Santa María in Trastevere que data del siglo III y fue reconstruída en el siglo XII; sus columnas de granito se remontan a las Termas de Caracalla, pues desde allí fueron acarreadas para sostener la estructura del templo.

En Trastevere proliferan los reductos gastronómicos pintorescos y allí repusimos fuerzas con una cena suculenta antes de deambular por las calles de trazado medieval que aún conservan nombres alusivos a los artesanos que las habitaban. Así pasamos a integrar una muchedumbre entusiasta que recorría cada rincón deteniéndose en las esquinas donde brindan sus conciertos los músicos callejeros, o desplazándose en los puestos de recuerdos que se extienden prolijamente en las cercanías de la Piazza de Santa María.

Enmarcado por una hiedra de color verde menta emerge como un sitio de cuento Roma Store Profumi, donde los amantes de las fragancias sentimos que hemos accedido al Paraíso perdido: entre los sones de la música callejera y el aire perfumado que se percibe al pararse frente al local, sólo cabe disfrutar y atesorar en la memoria semejante obsequio para los sentidos.

Campo de´Fiori

El viaje llegaba a su fin al día siguiente, en mi caso; a Juan aún lo aguardaba una visita familiar a Barcelona y el recorrido tanto de la Ciudad Condal como de algunas localidades cercanas, que finalmente estuvo signado por los acontecimientos vinculados al fallido intento de independencia catalana. Pero aún teníamos unas horas en la capital italiana, así que luego de un desayuno más que reconfortante nos dirigimos hacia Piazza Navona, emplazada sobre el que fuera el Stadium del emperador Domiciano y hoy una de las más famosas de la ciudad.

Su destino imperial fue modificado en la Edad Media y los juegos que tanto deleitaban a los patricios cedieron paso a un mercado de grandes dimensiones, hasta que el papa Inocencio X encargó al arquitecto Borromini la construcción de la Basílica de Santa Agnese in Agone sobre la antigua iglesia del siglo VIII, en homenaje a la niña de doce años martirizada por rehusar contraer matrimonio con un pagano. De la misma época data el Palazzo Pamphili, construído como residencia familiar del mismo pontífice.

Las tres fuentes que caracterizan a esta plaza configuran un magnífico conjunto escultórico, al que se añade el obelisco de origen egipcio emplazado en la Fontana dei Quattro Fiumi, que fue trasladado a Roma por Domiciano y constituye una réplica del que se encontraba en el templo de Serapis. El escultor Gian Lorenzo Bernini representó a los ríos Ganges, Danubio, Nilo y de la Plata con facciones viriles y características propias, haciendo alusión a los cuatro continentes conocidos hasta entonces.

Apenas unos minutos tardamos en recorrer la distancia que separa Piazza Navona de Campo de´Fiori, donde el mercado colorido matutino cede el paso a los bares y restaurantes por la noche, marcando el pulso del que fuera un prado florido del que deriva el nombre que aún mantiene. En el medio, impertérrita, la austera estatua de un monje domina el paisaje: Giordano Bruno, el hereje impenitente, mantiene vivo su espíritu aunque su carne fue devorada por las llamas.

Porque no sólo había flores y palazzos de familias prominentes en Campo de´Fiori: también era el sitio donde se llevaban a cabo las ejecuciones públicas y la visión preclara de Bruno sobre cosmología, magia, heliocentrismo e infinitud universal habrían de costarle la vida. La rigidez dogmática y la ignorancia de la jerarquía católica no se contentaron con la tortura y la hoguera, y así parte de la obra del filósofo y científico también fue quemada en la plaza de San Pedro.

Italia ha reivindicado la figura de Bruno, aunque la primera estatua erigida en su honor en 1849 fue destruida por el papa Pío IX en la Restauración; finalmente, en 1889 el monumento fue inaugurado oficialmente y significó un homenaje al libre pensamiento, encarnado en la figura de este hombre que no dudó en dedicar contundentes rimas a sus verdugos: “…Decid a vuestro Papa, vuestro señor y dueño / decidle que a la muerte me entrego como a un sueño / porque es la muerte un sueño, que nos conduce a Dios./ Más no a ese Dios siniestro, con vicios y pasiones / que al hombre da la vida y al par su maldición / sino a ese Dios-idea, que en mil evoluciones / da a la materia forma, y vida a la Creación…”.

Todas las fotografías resultan mérito exclusivo de Juan.

En Capri, Carthusia, grutas marinas

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El traslado hacia Capri preanuncia la belleza de la isla: aguas azules, sol radiante, naturaleza despampanante y el glamour que se respira en sus calles irregulares. Desde tiempos romanos fue elegida como destino de solaz y vacaciones por sus condiciones y su clima; el mismìsimo Tiberio instaló su residencia en Villa Jovis, ubicada en un punto estratégico de esta tierra de ensueño.

Hay varias maneras de navegar hasta Capri: en ferry desde el puerto, en barco alquilado en exclusividad, en embarcaciones menos masivas que trasladan a una docena de personas por vez… nosotros optamos por esta última alternativa, en especial porque asegurábamos el traslado desde Sant´Agata hasta Sorrento en un vehículo de la agencia, la disposición de horas en la isla para caminar y almorzar y la posterior navegación por los alrededores del mar Tirreno.

Desde la Marina Grande el camino hacia el centro de la ciudad, encaramado en lo alto, admite varias opciones: taxis descapotables dignos de una película hollywoodense, ómnibus regulares, funicular o caminata escaleras arriba, que con esfuerzo y tesón permite arribar al cabo de media hora a la pintoresca Piazzetta Umberto I, sentarse en una de las terrazas cubiertas por sombrillas y tomar un café acompañado de una delicia dulce italiana. Los precios, obviamente más elevados que en Sorrento, resultan similares a los de la Costa Amalfitana.

El centro es rigurosamente peatonal, salvo por los empleados de hoteles que se desplazan en unos pequeños vehículos que transportan el equipaje de los huéspedes entre calles diminutas, comercios pintorescos y boutiques de lujo que se extienden a la largo de Vía Camerelle. La construcción del antiguo hospital es hoy el Grand Hotel Qvisisana; con un poco de imaginación se puede ver a Pablo Neruda, Jean Paul Sartre o Grace Kelly deambulando entre los balcones floridos.

Carthusia

Giovanna d´Angiò, soberana de Nápoles, se aprestaba a visitar Capri en el año 1380. El prior de la Carthusia di San Giacomo recogió las flores más fragantes que pudo encontrar en la isla y la reina las sumergió en agua: cuando fue a retirarlas, el aroma que se desprendió era tan peculiar como seductor y al recurrir al experto botánico del convento, éste le ratificó al religioso que se debía al Garofilum silvestre caprese, una planta originaria de la isla. Así surgió el primer perfume de Capri.

Los monjes continuaron elaborando estas fragancias bajo estricta reserva de las fórmulas como una manera de obtener ingresos para sostener la orden, pero con el tiempo fueron olvidadas. Fue en 1948 cuando el prior de aquella época encontró los viejos manuscritos y solicitó el permiso del Papa para entregarlos a un químico del Piamonte: así surgió el laboratorio de perfumes más pequeño del mundo, que emplea los mismos métodos de producción de antaño con materias primas originarias de la isla.

Se puede admirar la tienda de Vía Camerelle y elegir entre los exhibidores la fragancia que nos remontará a tiempos pasados una vez vueltos a la vida cotidiana, o bien visitar el  mágico laboratorio cercano donde elaboran tanto aguas de colonia como perfumes y exquisitos productos cosméticos y para el hogar: romero recogido en el monte Solaro, clavelinas fragantes y cítricos jugosos son sólo algunos de los elementos naturales utilizados en las fórmulas de los antiguos monjes de Capri.

Grutas marinas

Después del almuerzo frente al mar en un concurrido restaurante bajamos las escaleras hasta llegar nuevamente a Marina Grande, donde el barco nos estaba esperando para llevarnos a navegar por los alrededores de la isla. La estela blanca de la espuma abre paso al paisaje en una confluencia de verde y azul, del que se descuelgan las casas blancas que parecen pintadas sobre las rocas.

Capri posee unas 65 grutas marinas entre las que destaca la famosa Grotta Azzurra, donde el agua parece cristalizarse en el color cobalto que irradia desde su fondo. Cuenta la leyenda que los emperadores romanos empleaban esta gruta como baño privado y que su popularidad se debe al artista polaco Klopisch, quien en 1826 supo de su existencia por un pescador y no pudo evitar compartir el secreto con el resto del mundo, habida cuenta de la increíble belleza de la cueva marina.

Los colosos de piedra o Faraglioni se emplazan, impertérritos, en el medio del mar: Saetta se resiste a desprenderse de la isla, en Stella la erosión ha tallado un arco natural que se adentra en las aguas mientras en Scopolo habita el lagarto azul, indiferente a las exclamaciones de los visitantes ante semejante espectáculo natural.

Los paisajes en las rocas parecen extraídos de un mundo irreal y se visualiza el Arco Naturale, inmensa puerta de entrada a la que fuera otra gran cueva que fue ampliando su tamaño debido a la acción del viento y la lluvia durante el curso de los siglos. Y así se fue deslizando el barco entre el oleaje hasta que la caída de la tarde indicó el momento del regreso a Sorrento, mientras nuestros ojos procuraban retener la hermosura de la naturaleza que circunda la isla de Capri.

Todas las fotografías resultan mérito exclusivo de Juan.

En Positano, Amalfi, Ravello

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De los errores se aprende y bajo esta máxima transita nuestra vida. La idea de abordar el bus turístico hasta Positano se cimentó en dos premisas: que en general este tipo de transporte es útil en algunas ciudades porque permite ascender y descender en libertad sin restricción horaria, y que era lo más conveniente según el entusiasta relato al respecto de una compañera de yoga, que había recorrido por este medio la Costa Amalfitana.

Nuestra experiencia no fue amable y lamenté haber desechado la idea de arribar en barco, por cuanto en esta zona del planeta el bus turístico sólo implica un ticket que hay que validar al salir, previa fila para que determinen en qué horario corresponde al portador; luego debe reservarse la vuelta al arribar a destino, sin opción al respecto. Pero ya estábamos allí, a bordo finalmente, para contemplar el perfil de Positano, un pequeño y encantador enclave que parece tallado en la roca sobre la que se despliega, empinado.

Positano se encuentra bañado por el golfo de Salerno e integró la otrora poderosa República Amalfitana, hasta que la pujanza de su puerto perdió fuerza ante el hostigamiento de Sicilia. Venido a menos durante varios siglos, la belleza del paisaje fue redescubierta en los años ´50 por ricos, famosos y artistas que adoptaron al pueblo como residencia veraniega, tal como lo habían elegido otrora los patricios romanos del período imperial. A partir de este momento los callejones intrincados, las casas blancas que descienden sobre el mar, la arquitectura de cuento y las playas convirtieron a Positano en un destino turístico internacional, tan masivo como lo permiten su acceso intrincado y sus precios.

Frente a la costa se encuentra el archipiélago Li Galli o Le Sirenuse, cuyas tres islas principales rememoran a los seres mitológicos que enamoraban a los marineros con sus cantos. Gallo Lungo, Castelletto y Rotonda pertenecen a particulares que han instalado allí alojamientos de lujo casi inaccesibles; en alguna época de su vida, el bailarín ruso Rudolf Nureyev adquirió Gallo Lungo para su propio solaz y se cuenta que nadaba sin ropas en las aguas azules que circundan el islote.

A mayor abundamiento, la familia Sersale, propietarios del icónico Le Sirenuse, para conmemorar el cincuentenario del palacio convertido en hotel de lujo decidieron confiar al perfumista Bertrand Duchaufour la creación de una fragancia que evocara el aroma mineral característico de la terracota bañada por el sol. Eau d´Italie fue un éxito inmediato porque sus componentes remiten tanto al incienso como a la frescura del limón, a bergamota impregnada con acordes de arcilla; en suma, a esa fusión de lujo y alegría serena que resume el espíritu de Positano.

Amalfi

Descendit ex patribus Romanorum: el escudo de Amalfi da cuenta de su origen romano. Fundada en el año 339, fue dominada por los lombardos en el siglo IX, pero cien años después había resistido a sus invasores y comenzó a desarrollarse como una potencia marítima debido a la posición estratégica de su puerto, que constituía la ruta intermedia entre el interior de Italia y las sedas y especias de Egipto y Siria. Así se afianzó hasta que la poderosa capital de la Repubblica Marinara fue destruída por un tsunami, que exterminó parte de su población y su poderío en el siglo XIV.

Como un eco esplendoroso del pasado, la Piazza del Duomo hoy recorrida por inifinidad de turistas se encuentra dominada por la impresionante Cattedrale di Sant´Andrea, cuyo estilo multifacético la torna aún más interesante. Fue construída en el siglo X con mampostería sicialiana y árabe; el campanario data de 1200 como su interior barroco y sus mosaicos orientales, en tanto que las enormes puertas fueron trasladadas desde Siria. En el siglo XIII se anexaron los Claustros del Paraíso para que los ciudadanos más importantes encontraran descanso eterno bajo sus arcos árabes; el cuerpo del mismísimo apóstol San Andrés se encuentra enterrado bajo la cripta.

Desde Amalfi se puede abordar un barco que navega bordeando el paisaje inolvidable de la Costiera, en el que los acantilados que en algunas partes alcanzan 600 metros sobre el nivel del mar no fueron óbice para que se desarrollara en vertical este hermoso enclave marítimo. Se avistan mientras el barco se desliza sobre las aguas increíblemente azules residencias que parecen descolgarse sobre el mar; una de ellas fue contruída por Carlo Ponti como tributo amoroso a la mítica Sofía Loren.

Después de la navegación se impone un tentempié, así que nos dirigimos a la Pasticcería Pansa, que desde 1830 continúa la tradición artesanal de su fundador: el sabor de la sfogliatella acompañada por un café humeante configura otro placentero recuerdo de la soberbia capital de la Reppublica Amalfitana.

Ravello

Si Positano representa el diseño y la moda y Amalfi la historia, Ravello evoca la cultura en todas sus facetas. Elegante y discreta desde su origen, fue elegida como sede de familias patricias que huyeron de Roma ante el asedio de los bárbaros y encontraron en el promontorio ubicado entre los valles Dragone y Regina una defensa natural de 350 metros de altura.

El papa Víctor III dotó a Ravello del carácter de sede episcopal, que adunado a su ubicación como centro comercial y marítimo promovieron la opulencia de la población: mansiones y palacios se construyeron al amparo de la alianza con Amalfi hasta que su fidelidad fue castigada por la poderosa Pisa, que no perdonó la pertinaz insurrección a las ciudades toscanas.

No obstante, la atmósfera mágica de Ravello fue custodiada por familias aristocráticas que encontraron en su inaccesibilidad y su geografía una especie de paraíso acorde a necesidades y pretensiones. Cuentan que Lord Grimthorpe arribó a esta villa aquejado de una depresión que cedió ante el paisaje y el clima; el noble supo reconocer adquiriendo Villa Cimbrone, restaurando su esplendor y recuperando así uno de los palacios más bellos del sur de Italia, hoy magnífico hotel de lujo.

Un párrafo aparte merece Villa Rufolo, donde Richard Wagner terminó de componer su Parsifal. La impresionante mansión fue adquirida en 1851 por el millonario escocés Francis Neville Reids, quien adicionó a la estructura un jardín desde el que se puede contemplar el trazado de Salerno: allí se lleva a cabo cada verano el festival wagneriano, intercalado con noches de jazz y otros ritmos musicales. La construcción original fue restaurada respetando su esencia, y el recorrido de los tres pisos de la Torre-Museo permite al visitante obtener una semblanza de la poderosa familia Rufolo, cuyo poderío le permitió habitar un palacio con tantos ambientes como días del año.

En Pompeya, la Villa de los Misterios, tesoros bajo la lava

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El tren desde Sorrento demora algo menos de una hora para llegar a Pompeya. Confieso que no deja de sorprenderme que una zona turística de esta magnitud, que además resulta el punto de partida hacia la belleza glamorosa de la Costa Amalfitana, cuente con un servicio tan venido a menos en este sentido, pero supongo que todo sitio tiene sus peculiaridades y de este modo hay que considerarlas.

El Vesubio es un volcán cuyo solo nombre remite al destino trágico de la antigua ciudad romana, pero en el año 79 hacía más de un milenio que no entraba en erupción. Los habitantes de la pétrea urbe se levantaron una vez más en una mañana de sol radiante y en algún momento el gris del cielo y el estruendo presagiaron la muerte: una explosión de lava hirviente y piedras al rojo vivo sepultó casi instantáneamente a 20.000 personas, devotas de divinidades que olvidaron ese fatídico día el contenido de una de las inscripciones que fue hallada en la ciudad: “Vivimos aquí, que los dioses nos hagan felices”.

En el año 1550 el arquitecto Fontana había programado excavaciones en la zona para desviar el curso del río: ante sus ojos asombrados aparecieron los primeros edificios, pero recién hacia 1700 se emprendió la ardua tarea de recuperar las ciudades de Pompeya y Herculano que continúa hasta nuestros días. El acceso por la Puerta Marina nos introdujo en una fotografía perfecta de la vida pompeyana, con el tiempo suficiente para detenernos en sus diversas facetas: fincas de ciudadanos pudientes, hogares visiblemente reducidos de los menos afortunados, termas donde se cuidaba la salud y se cerraban tratos comerciales, espacios de entrenamiento de gladiadores y de venta de esclavos, el mercado, los templos… toda una semblanza organizada y palpitante que permite imaginar el ritmo cotidiano de sus habitantes.

Fieles a su lema de ser felices con la ayuda de los dioses, los pompeyanos tributaban a los placeres terrenales: así se constata la existencia de bares, de tiendas en la Calle de la Abundancia, de comercio de perfumes y de comida al paso. Y, sobre todo, sin ningún subterfugio se advierten falos tallados en piedra que señalan el camino hacia el lupanar, donde los frescos eróticos pintados sobre cada una de las habitaciones dan cuenta de los servicios que allí se prestaban.

La gran cantidad de objetos, tallas y mosaicos de contenido sexual que fueron desenterrados con el curso de las excavaciones confirmaron la condición de ciudad de recreo de Pompeya, pero la rígida moralina de tiempos pasados enclaustró esta colección en el llamado Gabinete Secreto, que sólo podía ser abierto a los hombres y bajo estricto permiso oficial. Fue Giuseppe Garibaldi, hastiado de suscribir estos documentos, quien ordenó su apertura al público en principio, aunque recién en el año 2000 se autorizó sin límites su exposición, que a la fecha se encuentra en el Museo Arqueológico de Nápoles.

Villa de los Misterios

En el año 186 a.C. los senadores romanos aprobaron una ordenanza que prohibía la realización de reuniones conocidas como bacanales, en las que el culto al dios del vino y el desenfreno adquiría ribetes orgiásticos e iniciáticos cuyo complejo significado aún resulta motivo de discusión. La gran obra de recuperación de Pompeya permitió descubrir en el año 1909 la extraordinaria Villa de los Misterios, una extensa finca suburbana en cuyas paredes luce un ciclo pictórico directamente vinculado a este culto, restaurado en todo su esplendor.

Se puede acceder desde el exterior por la Puerta de Herculano o bien caminando por el interior de las ruinas siguiendo los carteles de señalización, imaginando la travesía que emprendían los habitantes hace casi 2000 años. La finca data del año II a.C. y fue edificada en una pendiente con salida al mar y ampliada alrededor de un siglo después; sus habitantes eran notoriamente prósperos y además de constituir una residencia familiar estaba equipada como establecimiento agrícola, encontrándose los dormitorios principales orientados hacia la zona marítima.

La gran estancia o triclinio exhibe en sus tres paredes un rito de iniciación mistérica dionisíaca, de ahí el nombre de la finca. En la pared del centro se puede ver a la pareja divina compuesta por Dionisio y Afrodita o Ariadna (no hay consenso aún al respecto), mientras que las paredes laterales reproducen el mundo de Dionisio y la preparación para el ingreso al camino de los misterios. En la pared restante una joven se prepara para contraer matrimonio; todo el conjunto se encuentra vinculado a estos ritos en los que el vino, la danza, los sátiros y las bacantes constituyen elementos esenciales.

Lo cierto es que sólo podemos imaginar el motivo que indujo a los propietarios de esta residencia señorial a incluir en su decoración un homenaje al dios del éxtasis, patrón de la agricultura y mediador entre los vivos y los muertos: la atmósfera de la villa contribuye a aumentar un enigma impregnado de una belleza artística casi irreal, como corresponde a los misterios que reproduce.

Tesoros bajo la lava

Entre la Puerta Marina y la Puerta de Herculano transcurria la Insula Occidentalis, donde las mansiones se caracterizaban por su amplitud y comodidad, ya que el declive de la colina les permitía disfrutar de jardines orientados al mar, vistas panorámicas y brisa refrescante. Una de estas fincas se identifica actualmente como “Casa del brazalete de oro” y no se encuentra abierta al público, pero es posible contemplar en el Antiquarium, expuesta hasta el próximo 31 de mayo de 2018, la muestra Tesori sotto i lapilli, en la que se exhiben frescos y joyas provenientes de estas residencias emblemáticas de Pompeya.

Precisamente en la Casa del brazalete de oro se encontró un medallón de cuatro áureos de tiempos de Augusto, que constituye una pieza única e implica el alto poder adquisitivo de su propietario, debido a que eran acuñados como piezas ornamentales para significar el rol social del poseedor. También en esta finca fue habida la joya a la que alude su identificación: una pulsera de 610 gramos de oro reproduce a dos serpientes enfrentadas que sostienen en sus bocas a la diosa Selene, y era portada por una mujer acompañada de un hombre y un niño que fallecieron al derrumbarse parte de la construcción producto de la erupción.

La desgracia de esta familia y el cataclismo producido por el Vesubio no habría disuadido a los amigos de lo ajeno y cuatro fugitivos ingresaron en la residencia, pero la nube ardiente los abatió mientras procuraban huir llevando consigo un arcón que contenía 170 denarios y 40 áureos. Fue precisamente el hallazgo de uno de estos denarios lo que permitió establecer el error en la fecha de la catástrofe que había consignado Plinio el Joven como ocurrida el 24 de agosto dada su acuñación en Roma en septiembre del mismo año, estableciéndose que la erupción del Vesubio y su funesta consecuencia sobre Pompeya podría haber tenido lugar en el mes de octubre del año 79.

En Sorrento, Sant´Agata sui Due Golfi, Carmelitas del Desierto

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El tren que parte desde Santa María Novella nos aleja poco a poco de Florencia; en menos de dos horas arribamos a la tumultuosa Nápoles, donde abordamos otro tren que recorre más de 30 estaciones hasta que finalmente avistamos Sorrento, cuyo paisaje y trazado difieren notablemente de la aristocrática elegancia del norte de Italia.

Sorrento, cuyo nombre deriva del griego Surrentum, vincula su denominación con el mito de las sirenas, las atractivas habitantes del mar mitad mujeres, mitad peces, por las que Ulises ordenó a su tripulación que taparan sus oídos mientras él mismo se ataba al palo mayor de la embarcación para no ceder al hechizo de sus cánticos. Sorrento fue fundada por los fenicios y conquistada por los griegos primero y los romanos después, y si bien en principio sus habitantes se rebelaron contra el César finalmente la fuerza del Imperio los sojuzgó: su privilegiada geografía la convirtió en residencia favorita de los altivos patricios romanos.

La poderosa Bizancio anexó Sorrento a su territorio en el siglo VI pero recuperó  autonomía en el siglo IX como ducado, rivalizando en poderío con Amalfi y los voraces sarracenos. Las murallas de la época romana fueron reforzadas desde 1588 ante los saqueos de los piratas musulmanes y aún circundan la parte norte de la ciudad, cuyo centro histórico conserva el trazado de la época romana. En Piazza Tasso los restaurantes y bares reciben a los turistas que caminan por Corso Italia hasta que el tránsito cede el paso a los peatones y las tiendas se despliegan una tras otra en un estallido de colores y sabores.

Enclavada sobre el paisaje deslumbrante dominado por la bahía de Nápoles y el Vesubio, Sorrento es la puerta de entrada tanto a la historia por su proximidad con Pompeya, como a la abrupta belleza de la Costiera Amalfitana; enfrente, a menos de una hora de navegación, se encuentra la pequeña Capri, una isla tan paradisíaca como glamorosa.

Sant´Agata sui Due Golfi

El alojamiento es complicado en Sorrento si no se toman precauciones al respecto y lo aprendimos tardíamente, así que optamos por la cercana Sant´Agata sui Due Golfi ante mi equivocada sugerencia, ya que cada persona construye el mundo según sus esquemas y al ver que sólo estaríamos a 7 kilómetros hasta imaginé bucólicos paseos a pie de ida y vuelta. Nada más alejado de la realidad por cuanto la geografía sorrentina no se acerca ni remotamente a la planicie de la llanura argentina, y los 7 kilómetros transcurrían entre intrincados caminos de altas colinas que triplicaban la distancia.

Así, al arribar cometimos el carísimo error de tomar un taxi ante la mirada de espanto del dueño de Maison Fernanda, nuestro hospedaje durante la estadía en el sur de Italia. “Hay autobuses”, murmuró mientras descendíamos del transporte y Juan procedía a hacer efectivo el pago de uno de los servicios más caros de la historia de nuestros periplos. Pero finalmente estábamos allí y, una vez instalados, tomamos un café con leche reparador y nos dedicamos a visitar la pequeña localidad.

Sant´Agata sui Due Golfi remite a la privilegiada ubicación geográfica en la que se emplaza, en la colina que domina las bahías de Nápoles y Salerno, gozando en consecuencia de privilegiadas vistas en un ambiente aún sereno, pese a la cantidad de hoteles y establecimientos gastronómicos necesarios para atender a los ansiosos turistas. Esta santa originaria de Palermo, tan rica como hermosa y cristiana, huyó a Catania para evitar el acoso de Quinciano, gobernador de Sicilia obsesionado con la belleza de la joven. Su negativa enfureció al romano, quien determinó que fuera hecha prisionera y sometida a crueles tormentos, pero un terremoto sacudió la región mientras era torturada y los habitantes exigieron el cese del suplicio. Finalmente murió en prisión, dando gracias por haber conservado la entereza y sostenido su devoción virginal.

El minúsculo centro histórico alberga una pequeña iglesia cuya estructura actual data del siglo XVII, aunque su referencia más antigua remite a 1475 y atribuye su fundación a la familia Festinese para agradecer a la Virgen María por haber preservado a una de sus hijas del ataque de un lobo. El altar fue realizado por el artista Dionisio Lazzari en mármol policromático con incrustaciones de nácar y lapislázuli: allí refulge un busto de plata de la santa en cuyo honor fue bautizada la localidad.

Carmelitas del Desierto

Camino arriba por la colina, bordeando una calle flanqueada por árboles donde el aire de tan limpio resulta transparente, se encuentra el Monasterio de San Pablo, un convento carmelita que se puede visitar con sólo seguir el trazado de la Vía Deserto hasta arribar a una entrada presidida por la efigie del santo; allí las monjas se rigen por estrictas normas de clausura pero resulta factible ingresar en silencio y subir hasta la terraza para acceder al mirador situado a 1500 metros de altura.

La estructura del edificio data de 1679 y fue construída por la orden de los Carmelitas Descalzos; en 1867 el Padre Ludovico da Casoria solicitó al Papa permiso para erigir en la colina del Deserto un convento de monjas de clausura, lo que determinó la modificación de la obra original, su ampliación y adecuación. El monasterio, si bien en su denominación alude unicamente a San Pablo, también se encuentra dedicado a la omnipresente Agata.

El mirador permite perder la vista sobre el golfo de Nápoles y avistar el Vesubio, desviar apenas la mirada hacia el golfo de Salerno y contemplar el contorno de Capri sobre las aguas azules, en una conjunción de belleza paisajística que resulta casi imposible describir y transmitir.

Periplo fragante florentino: Lorenzo Villoresi, i Profumi di Firenze, Officina Profumo-Farmaceutica di Santa María Novella

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Si bien Francia ha ostentado tradicionalmente el galardón de ser la cuna del perfume, los italianos no se quedan atrás en el arte alquímico de elaboración de fragancias. Para aquellas personas aficionadas a los aromas como es mi caso, Italia resulta una verdadera perdición sobre todo en lo referido a las fragancias denominadas nicho, aquellas en las que la razón de ser de sus fundadores es la creación de perfumes orientados a un público que aprecia opciones diferentes a las que ofrece el circuito clásico o mainstream.

Florencia es una ciudad única por la riqueza de su patrimonio artístico y esta cualidad se extiende al arte del perfume. Estos elixires cuya creación mucho tiene en común con la tarea incansable de los alquimistas para mutar la piedra bruta en oro me generan asombro y misterio: es necesario un don especial para conjugar ciertos ingredientes de modo tal que resulte una fragancia irresistible, generadora de un halo de atracción en quien la porta.

Así fue que una tarde, antes de cruzar el Ponte Vecchio para regresar al hotel luego de visitar el Palazzo Pitti, Juan me acompañó a bordear el río Arno camino a la Vía de` Bardi, para encontrar en el número 12 la boutique de Lorenzo Villoresi, quien en el año 1981 comenzó a crear perfumes a partir de la inspiración resultante de sus viajes a Medio Oriente. Con el correr del tiempo, este hijo dilecto de Florencia ha procurado recrear tanto el aroma del Mediterráneo como las fragancias de los mercados, los jardines y las flores de su tierra natal.

Pese a la profusa cantidad de efluvios que componen la colección Villoresi, algunos de las cuales se han convertido en verdaderos objetos de culto, este admirador de la belleza en sí misma y para quien lo bello configura un puente hacia el paraíso aún sueña con crear un perfume que recree el olor del desierto, la esencia de la libertad que se desprende de la conjunción del cielo y la arena. Mientras tanto y haciendo votos para que cumpla su sueño, la visita a su palazzo deviene imprescindible para los amantes de sus creaciones que visitan Florencia.

I Profumi di Firenze

El farmacéutico Giovanni di Massimo es el alma mater del local ubicado en el corazón de la Piazza della Signoria, donde la calidad de los productos elaborados en base a altas concentraciones de elementos naturales y vegetales resulta la premisa principal. Cosmética, nutrición y perfumería componen el mundo de Spezierie Palazzo Vecchio, un sitio encantador donde el tiempo parece haberse detenido en antiguas fórmulas basadas en la Naturaleza condensadas en el Libro delle Erbe de su fundador.

Di Massimo, doctorado en farmacia desde 1965, se dedicó a estudiar apasionadamente los principios de la fitocosmética y la fitoterapia, convencido de la necesidad de armonizar cuerpo-mente y espíritu de manera integral, evitando los dañinos conservantes y químicos. Cada vez más imbuido de las tradiciones naturalistas, con el tiempo incursionó en el universo de las fragancias elaborando perfumes artesanales a los que bautizó con el nombre de la ciudad.

Una pluralidad de materias primas se pueden encontrar en las diversas composiciones que ofrece i Profumi di Firenze: cítricos, aromáticos, florales, frutales, especias, gourmands… Todos tributan en definitiva a la memoria de Caterina Sforza de´Medici, cuyo manuscrito Experimenti fue la punta de lanza para situar a Florencia en el cenit renacentista de la perfumería. Y todos procuran retrotraernos, en palabras de di Massimo, “… a aquella parte tierna de nuestra memoria que remite a la primera infancia y a la juventud, y para reencontrarla basta con la fresca, dulce y encantadora fragancia de un perfume de Florencia”.

La fotografía corresponde al sitio web del blog Spezierie Palazzo Vecchio.

Officina Profumo-Farmaceutica di Santa María Novella

Los frailes dominicos fundaron una de las farmacias más antiguas del mundo allá por el año 1221, cuando a poco de arribar a Florencia comenzaron a cultivar en la huerta del convento las hierbas medicinales con las que preparaban medicamentos y pócimas para curar a los enfermos que necesitaban sanarse dentro de sus claustros. Recién en 1612 se abrieron las puertas al público de una pequeña farmacia dirigida por Fray Angiolo Marchissi, a quien el Gran Duque otorgó el honor de denominarla Fonderia di Sua Altezza Reale.

En el siglo XVIII, la fama de las fórmulas magistrales elaboradas por los frailes boticarios llegaba a destinos tan lejanos como China, India y la Rusia de los zares. El siglo XIX trajo consigo la unificación italiana y la confiscación de los bienes de la iglesia por el gobierno central; la antigua farmacia fue cedida a Cesare Augusto Stefani, sobrino del último fraile director y, hasta la fecha, las cuatro generaciones que lo sucedieron tuvieron a su cargo la antigua Officina.

La tradición dominica ha cedido el paso a la belleza y el edificio que integra el conjunto arquitectónico de Santa María Novella resulta una visita obligada en Florencia, porque más allá de constituir un verdadero santuario del perfume, su magnífica estructura con pisos de mármol, vitrales y frescos bajo los altos techos abovedados conforma el espacio donde otrora se encontraba el antiguo laboratorio dominico, y deja boquiabierto a quien lo visita con el propósito de adquirir alguna creación perfumada.