Luna de sangre, Mediterránea, Dorothy Gray

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Los ciudadanos de varias ciudades del mundo alteraron sus rutinas sin distinción de razas ni religiones, porque el pasado 27 de julio un fenómeno astronómico singular se produjo como consecuencia del eclipse lunar más largo del año: el satélite de la Tierra se tornó rojizo, dando lugar a la denominada luna de sangre.

Cuando la luna se encuentra en su fase plena y se desplaza por la sombra de la Tierra donde reinan la oscuridad o penumbra, y el azul y verde de nuestro planeta se ven relegados por el resplandor rojizo producido por el sol, circunstancia que no resulta frecuente porque la órbita satelital se encuentra inclinada, se produce un eclipse lunar que da lugar a la luna de sangre. A diferencia de lo que sucede con los eclipses solares que sólo son visibles desde algunos lugares de nuestro planeta, en el caso del eclipse de luna una vez que ésta se encuentra sobre el horizonte se puede observar el fenómeno, con matices, desde cualquier lugar del mundo.

La luna, vinculada desde tiempos ancestrales con las mareas y el poder femenino, ha ejercido una peculiar influencia sobre el inconsciente colectivo. La fuerza gravitatoria sobre el planeta como consecuencia de un eclipse puede producir alteraciones en las mareas con las consiguientes consecuencias; de ahí las leyendas y creencias sobre el fenómeno de la luna roja, sombrías producto del temor a lo desconocido o proféticas en cuanto al advenimiento de una nueva conciencia, según fuera la cosmovisión de las que provienen.

Así se encuentran referencias bíblicas que anuncian el fin del mundo por la asimilación del color del satélite al de la sangre: “…Y seguí viendo, cuando abrió el sexto sello se produjo un violento terremoto y el sol se puso negro como un paño y la luna toda como sangre…” reza el Apocalipsis de San Juan en el versículo 12 del capítulo 6. A contrario sensu, los mayas consideraban a la luna roja como predecesora de un nuevo ciclo en el que la humanidad, a partir del nacimiento de Muluc por la unión del sol y la luna, despertaría a una conciencia más amplia por la purificación de los instintos y la conexión con la energía amorosa femenina. La demonización de esta energía determinó la condena durante varios siglos de mujeres que por su presunta condición de brujas habrían empleado el poder de la luna roja para llevar a cabo sus sacrificios de sangre, según las crónicas de los sádicos inquisidores.

En nuestro país el eclipse apenas fue visible porque las condiciones climáticas no fueron propicias, salvo en la ciudad costera de Necochea donde las redes sociales registraron la fotografía del lejano plenilunio rojizo reflejado en el mar que ilustra este post, y que debo una vez más a la acostumbrada generosidad de Adri.

Mediterránea

El Lanero del Sud es una empresa tradicional de la ciudad, que con más de 60 años de historia aún fabrica de manera artesanal colchones y sommiers. El viejo edifico de la Avenida Luro, con salida a dos arterias debido a su extensión, fue adaptado y puesto en valor por los inversores que inauguraron Mediterránea Mercado, un espacio multifacético con la impronta de las ferias europeas, donde frutas, verduras, flores y libros alternan con la profusa oferta gastronómica en pleno centro de la ciudad.

Adri subió una fotografía a WhatsApp donde daba cuenta de un almuerzo liviano y delicioso. Nosotros estábamos en Francia en ese momento pero inmediatamente respondí comprometiendo una cita futura a mi regreso; por aquellas cosas de la vida concretamos el encuentro el último viernes, dando cuenta del abadejo con verduras y café acompañado por una pequeña delicia, esto último convidado por mi querida amiga.

Mediterránea se estructura en cuatro estaciones, cada una con un objetivo culinario diferente: se puede concurrir por la mañana y desayunar escogiendo alguno de sus panes (frutos secos, azúcar rubia y pasas de uva; multicereal con avena; centeno y semillas de zapallo y girasol) o bien optar por un clásico budín o croissant, o alguna tarta de limón confitado o galleta de avena y cacao. También, a toda hora, hay sandwiches vegetarianos o de atún, y para los amantes del jamón crudo exhiben una generosa porción contenida en pan blanco casero con tomate, rúcula y aceitunas negras.

Las últimas dos estaciones ofrecen la posibilidad de escoger entre pescado, hamburguesas artesanales con opción vegetariana o pastas de diferentes estilos acompañadas por salsas originales: portobello, cebolla y espinaca; anchoas, aceitunas negras y albahaca; mejillón, chorizo y morrón asado o una más simple de tomate concasse. Antes de partir nos dimos una vuelta por el sector librería que ofrece una pequeña selección de volúmenes vinculados a la filosofía y la antropología; aquí adquirí El dios de los brujos de Margaret Murray, al que me encuentro felizmente abocada.

La fotografía pertenece a la página web de Mediterránea.

Dorothy Gray

Hay marcas que nos remontan a la infancia, a esa época donde todo es descubrimiento y curiosidad y determina nuestras pautas futuras. El cuarto de baño de mi casa era el lugar donde mi madre guardaba frascos y recipientes que contenían cremas y cosméticos; entre otros, recuerdo los de Dorothy Gray.

La última vez que estuve en Montevideo para visitar a mi amiga Susana, coleccionista irredenta de cremas de belleza, llamó mi atención encontrar entre el arsenal de recipientes un tónico de flor de azahar de Dorothy Gray. A mi regreso a la ciudad indagué en una perfumería y, tal vez por aquella remembranza, adquirí un demaquillante y el mismo tónico que había concitado mi interés en Uruguay. Atraída por la sincronicidad investigué acerca de la vida de Dorothy Gray, la creadora de la marca que aún perdura pese al paso del tiempo y a la voraz competencia del mercado.

Dorothy Gray, nacida Dorothy Cloudman en el año 1886 en Gorham, Maine, habría cambiado su apellido por razones diversas según quien escriba su biografía. Lo cierto es que se trasladó a Nueva York en 1911 y trabajó en el salón de Elizabeth Arden, toda una pionera en cuanto a maquillaje y cuidado de la piel. Aunque el imperio cosmético de esta última alcanzó proporciones descomunales, la entonces aprendiz Dorothy en 1922 también logró su cometido: salones en Nueva York, Atlantic City, San Francisco y Washington vendían con éxito los productos elaborados en el laboratorio sito en territorio neoyorquino.

Sin embargo, lejos de instalarse como una mujer de negocios obsesionada con los rendimientos monetarios, Dorothy vendió su marca en el pináculo del éxito y se dedicó a dar vueltas por los continentes: África, Armenia, América del Sur fueron algunos de los destinos que escogió para residir temporariamente junto a los hijos y nietos producto de dos matrimonios y una vida larga y feliz. Murió a los 80 años, en Florida, luego de haber recorrido el mundo; el nombre que escogiera para su marca continúa siendo competitivo más de un siglo después.

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María Magdalena, Cheverry, piel afinada

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Con escasa presencia de público que determinó la exhibición limitada a unos pocos días fue estrenada en la ciudad María Magdalena, bajo la dirección de Gart Davis y con el rol principal desempeñado por una convincente Rooney Mara. En este caso, el director no padeció la ira y los improperios del Vaticano sino alguna reserva conservadora pese a la impronta rebelde de la protagonista, quien fiel a su búsqueda interna se niega a aceptar el rol pasivo que la época reservaba a las mujeres y, por añadidura, deviene en compañera y amante de Joaquín Phoenix en la piel de Jesús.

La película, con una fotografía notable e imágenes pausadas que conspiran contra la impronta frenética actual, presenta a la Magdalena desde el punto de vista del evangelio gnóstico: una mujer inteligente y sensible que no está dispuesta a casarse mansamente y engendrar una prole de niños para conformar a su familia, que obviamente la repudia. Lejos de amilanarse o arrepentirse, atraída por la doctrina revolucionaria predicada por un Mesías taciturno y desconocido se convierte en apóstol bajo su prédica y, por su intermedio, acerca a otras mujeres a la nueva fe y despierta un afecto primordial en el corazón del redentor.

La historia se inscribe en el rol que la iglesia católica, con reticencias y vacilaciones, ha reconocido en María Magdalena como apóstol entre apóstoles y mensajera de la resurrección. Lejos de la conocida referencia a la prostituta, penitente y pecadora que el papa Gregorio Magno urdió en el año 591 ya Juan Pablo II había aceptado su función trascendental en tal sentido, pero fue el actual papa Francisco quien en el año 2016 finalmente reivindicó su rol evangelizador así como el afecto especial que había sentido Jesús por ella.

Claro que no todo son reconocimientos y revalorizaciones, porque su lugar como compañera fiel, sacerdotisa funeraria y testigo privilegiado de la resurrección fastidia notoriamente a Pedro, quien a mayor abundamiento no sólo negó tres veces a su Maestro sino que además esboza una duda maliciosa en vez de regocijarse cuando Magdalena anuncia la esperada buena nueva, precisamente porque proviene de la boca de una mujer.

La película hace hincapié en el mensaje de Jesús que trasciende la libertad individual en aras del amor al prójimo, que parece haber sido internalizado en toda su extensión por Magdalena en oposición a la visión dogmática de Pedro, en adelante abocado a  construir los cimientos de un nuevo poder; al contrario, la herencia espiritual de su compañero parece concentrarse en la retórica firme y amorosa de la mujer cuyo rol en la historia ha comenzado a ser resignificado.

La fotografía corresponde al aviso publicitario de promoción de la película.

Cheverry

La abuela de Federico y Juan Ignacio Echeverry recibió, a mediados de los años ´90, una receta para elaborar cerveza por parte de una tía que conocía los secretos de la rubia bebida. Los datos de la receta se extraviaron y su dueña había fallecido; no obstante, la historia familiar despertó la curiosidad de ambos hermanos.

Con el paso del tiempo se trasladaron a esta ciudad a fin de cursar estudios universitarios y comenzaron a elaborar, de manera casi intuitiva y buscando información en los tutoriales de internet, incipientes cocciones destinadas a obtener el líquido amargo y ambarino que reconoce una pluralidad de matices. Claro que con una olla de aluminio y una heladera pequeña poco era lo que podían hacer, y los primeros experimentos resultaron poco halagüeños en cuanto a sabor y textura.

No obstante el empeño pudo más y con los años fueron encontrando la manera de producir cervezas artesanales de reconocida calidad; como no podía ser de otra manera, la abuela encontró la vieja receta extraviada que emplearon para obtener nuevos sabores y estilos. En el año 2013 su Blonde Ale obtuvo medalla de plata en la South Bear Coup, preanunciando la distinción de oro que llegaría al año siguiente en Belo Horizonte, esta vez con el sabor intenso de la variedad Barley Wine.

No soy afecta a este líquido elemento, pero el domingo por la noche la propuesta de Julio y Nora sonaba atractiva: unas cervezas, unas tortillas o pizzas para charlar un rato mientras la noche helada se desplegaba fuera. Cheverry, con su local montado en forma de tonel, tablones de madera y una carta completa para elegir sumada a sus catorce variedades de cerveza artesanal, nos brindó un ámbito agradable donde departir sin prisa y brindar a la salud de futuros encuentros.

La fotografía pertenece a la página web de Cheverry.

Piel afinada

Entre los tópicos indispensables para lograr una piel equilibrada y tersa, se encuentra la exfoliación. Exfoliar en cosmética resulta sinónimo de afinar e implica renovar las células muertas que descaman más lentamente por efecto del sol, o del siempre inclemente paso del tiempo.

La exfoliación resulta imprescindible tanto en los meses fríos de invierno como en el estío abrasador, y aunque deviene tan necesaria en el rostro como en el cuerpo es la piel del primero la que padece los efectos del sol y de las temperaturas gélidas con mayor intensidad por la exposición permanente. La regla de oro, que resulta una cuestión primordial en verano o en caso de visitas a países cálidos, es la aplicación de protector solar a toda hora, aún en las postrimerías de la puesta del sol.

Como recuerdo de mi última incursión a tierras brasileñas, en aquellos felices días de letargo al sol en compañía de nuestros amigos, retornó conmigo en el equipaje el jabón exfoliante adquirido en la farmacia naturista de Ubatuba: semillas de albaricoque trituradas afinan sin agredir la delicada piel del rostro y se pueden emplear regularmente también en el cuero cabelludo, para limpiar el folículo piloso y promover la salud capilar. Las únicas precauciones a adoptar son básicas: no excederse en la frecuencia e higienizar, enjuagar y aplicar un buen acondicionador a posteriori.

Amigos, de blogs y premios LXI, Habanita

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El tiempo, inclemente en su devenir, nos impone un ritmo acelerado y trepidante, propio de épocas convulsionadas. Y aquí estamos nuevamente, casi sin percatarnos de un 2018 que se encuentra en retirada pero que aún así nos regala momentos inolvidables, como la celebración del Día del amigo.

Se han intentado diversas explicaciones en cuanto a la etimología de la palabra; en general se ha concluído que proviene del verbo latino amore que significa amar, o en su defecto de animi y custos, algo así como “custodio del alma”. Así, un amigo sería un guardián o protector de nuestra esencia inmaterial, la dimensión más importante de los seres humanos según la concepción griega que debemos al preclaro Platón.

Y si de filósofos se trata, en todos los tiempos y culturas la dimensión de la amistad ha sido objeto de definición y análisis, tal es la importancia que reviste este vínculo que entre las personas es tanto o más fuerte que las relaciones familiares por cuanto no viene impuesto: nace, se desarrolla y cimenta en el amor incondicional, complementa y enriquece, se afianza e intensifica con los años y las vivencias compartidas.

Parafraseando a Khalil Gibrán, quien desde El Profeta señaló: “…Y en la dulzura de la amistad, que haya risa y compartir de placeres. Pues en el rocío de las pequeñas cosas, el corazón encuentra su amanecer y halla su frescor…”, nosotras celebramos este día en casa de Marcela con una mesa pletórica de obsequios y manjares. Y a la hora del brindis, elevamos las cuatro copas con alegría y agradecimiento por el lazo fraterno que nos torna en guardianas y protectoras, de todas y de cada una.

De blogs y premios XLI

Desde el blog Placer y Sexualidad, Lisceth prodiga sus conocimientos generosamente. Lisceth es psicopedagoga, terapeuta y sexóloga, especialista en terapia cognitiva conductual y magnífica docente por añadidura. Lisceth ha distinguido este espacio virtual con el premio Infinity Dreams Award y, aunque tardíamente, agradezco su generosidad y he de cumplir con las reglas al respecto, que incluyen en este caso publicar el logotipo, agradecer al blog del que proviene y nominar a su vez a once blogs de WordPress, con su respectiva notificación a cada uno.

He aquí los nominados en esta ocasión:

1) Luna Olvera: un mix de información y actualidad.

2) Linda Ostjen: la vida por sobre la ficción.

3) Galdin: una saga épica en un territorio hostil.

4) Cómo perderte: viajes reales e imaginarios para disfrutar.

5) Maestros de corazones: mensajes de los sabios de todos los tiempos.

6) Alexis Chateau PR: ideas y propuestas de artistas y emprendedores.

7) Marc Boixader Gimenez: amante de la naturaleza y el deporte.

8) Win un instante de gracia: o la gracia de vivir el presente.

9) Sapiens Tours: por Perú y por el mundo.

10) Viajar por Transilvania: españoles en la tierra de Vlad Tepes.

11) Diario triste: cuando la escritura es parte del proceso de volar.

Gracias a todos por volcar sus contenidos en la blogósfera.

Habanita

En Grasse, ciudad que constituye el alma mater de la perfumería en el mundo, se encuentran las casas más tradicionales de Francia en cuanto a fragancias; una de ellas es Molinard, la distinguida maison que en 1849 sentó sus reales en la Provenza elaborando en principio tímidas aguas florales y recatadas eau de toilette.

Pero con el correr de los años ´20 y el fin de la Primera Guerra Mundial el rol de las mujeres en el mundo occidental comenzó a cambiar: los vestidos rígidos dieron paso a faldas veladas con flecos, el cabello empezó a soltarse y se impuso el corte a la garçon, las piernas y brazos se liberaron de las telas por imperio de la práctica deportiva y el humo del cigarrillo dejó de ser patrimonio exclusivo de los hombres. En este contexto casi revolucionario Molinard lanzó en 1921 Habanita, concebido como una esencia para atenuar el olor del tabaco del que las damas hacían uso y abuso.

En 1924 el éxito de ventas determinó el relanzamiento de la fórmula en principio como eau de toilette, el primer floral oriental femenino con una chispa de vetiver en su composición y atesorado en el frasco negro con el célebre friso diseñado por René Lalique: la sensualidad misteriosa de su estela fue determinante para elevarlo a la categoría de ícono de la perfumería.

Habanita conserva intacto su poder de seducción pese a los años y a que, como ha sucedido lamentablemente con grandes clásicos, ha sido reformulado. Geranio y petitgrain en la salida, vetiver, ylang-ylang, jazmín, rosa de Taif y nuez moscada en su corazón y musgo de roble, sándalo, patchoulí y vainilla en el fondo conforman una composición cuyo sillage resulta indefinible y etéreo, un dejo casi inmaterial pero no por ello menos inquietante.

En Cap Ferrat, Villa Ephrussi de Rothschild, la Fiesta de la Rosa

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Niza era un condado dependiente del reino italiano de Cerdeña cuya extensión abarcaba la pequeña aldea de pescadores de Saint-Jean-Cap-Ferrat, hasta que en 1860 las tierras que bordean el Mediterráneo pasaron a manos francesas. La belleza del paisaje y el clima benigno determinaron que en 1895 algunos nobles construyeran en sus promontorios mansiones soberanas.

Durante el siglo XX Cap Ferrat vivió el esplendor de la Belle Époque y a la fecha el lujo circunspecto se respira en sus senderos y bosques de pinos: el metro cuadrado de construcción cuesta aproximadamente 60.000 dólares y los dueños de las fortunas más encumbradas del mundo eligen este pequeño paraíso para veranear o descansar. Las playas son estrechas y se encuentran bordeadas por hoteles suntuosos y discretos, habida cuenta de la necesidad de preservar la intimidad de huéspedes famosos.

Hoy resulta posible visitar algunas de las mansiones que el dinero supo construir en tiempos pasados, como la Villa Ephrussi de Rothschild o el Grand Hôtel du Cap Ferrat, donde el escritor Murray Burnett se inspiró en el pianista negro que tocaba cada noche para escribir un libreto que llamó Everybody comes to Rick´s, adquirido en los años ´40 por Warner Bross y llevado al cine como Casablanca.

El Grand Hotel fue una de las mansiones que el rey Leopoldo II de Bélgica construyó en esta villa exclusiva, cuando con la excusa de proteger al Congo de los traficantes árabes obtuvo el beneplácito de la comunidad internacional para combatir la esclavitud en África. El falso altruísmo del monarca fue recompensado con la entrega del territorio a la Asociación Africana Internacional de la que fue ungido presidente; así Leopoldo obtuvo tierras veinte veces más amplias que Bélgica en extensión, que guardaban además un tesoro codiciado para desgracia de los nativos: ingentes reservas de caucho.

El Congo incrementó de manera descomunal la fortuna personal de Leopoldo, quien en 1904 adquirió Villa Les Cèdres, cuyas 14 hectáreas de jardines impolutos que miran al Mediterráneo determinaron el valor más alto conocido de una propiedad cuando fue puesta a la venta en 2016: 350 millones de euros. Allí residió durante años Blanche Delacroix, una joven bailarina por la que el monarca sentía especial predilección y que obtuvo con los años un título de nobleza merced a la relación amorosa y a los dos hijos que nacieron en consecuencia.

Tanto lujo y derroche tenían una siniestra contrapartida, porque el genocidio llevado a cabo por los secuaces del rey en el Congo a fin de obtener las cantidades siderales de caucho requeridas por los explotadores necesitaba de esclavos que dejaban su vida bajo el látigo para cumplir con el mínimo diario exigido. La amputación de manos era un castigo común y tuvieron que pasar varios años para que la comunidad internacional tomara conocimiento de lo sucedido: para el momento en que Bélgica debió pagar una millonaria indemnización por los crímenes cometidos, Leopoldo había muerto y parte de su vida había transcurrido alegremente, entre mansiones y amantes, en Cap Ferrat.

Villa Ephrussi de Rothschild

La baronesa Béatrice de Rothschild había nacido el 14 de septiembre de 1864 en el seno de la familia de banqueros más poderosa de Europa; con 19 años contrajo matrimonio con el también banquero ruso Maurice Ephrussi, aficionado a la buena vida y los juegos de azar. La pareja se separó en 1904 debido a la adicción ludópata del esposo; un año después la baronesa descubrió la belleza agreste de Cap Ferrat y adquirió una parcela de siete hectàreas en un promontorio lindante con el Mediterráneo, disputada por el mismísimo rey de Bélgica que debió ceder ante la intransigencia de Béatrice al respecto.

La construcción de la villa de estilo italiano, llamada por su propietaria Île-de-France por asemejarse el jardín principal a un puente de barco, demandó cinco años y el diseño reproduce las líneas de las escuelas de Venecia y Florencia, empleando mármol blanco de Carrara y rosado de Verona: los artesanos realizaron un trabajo admirable, adaptando la estructura al ambiente y geografía de la Costa Azul. Las notables piezas de arte de la baronesa se despliegan en todos los ambientes con muebles de estilo Luis XVI, tapices de estilo gobelino del siglo XVII, objetos provenientes de China como un biombo de Coromandel y una extensa colección de porcelana francesa y alemana.

La residencia se encuentra rodeada por nueve jardines, a cual más bello: el principal, de diseño francés, decorado con estanques, cascadas y árboles centenarios como olivos, pinos de Aleppo y cipreses rodean las fuentes musicales que emergen del estanque central. Aquí se celebraban las fiestas con las que la baronesa agasajaba a sus amistades; aquí, desde su muerte en 1934, la división Académie des Beaux Arts del Institut de France organiza eventos donde resulta posible imaginar el esplendor del palazzo en vida de la baronesa, quien donó a Cap Ferrat tanto la mansión como la espléndida colección de arte que supo atesorar en su interior.

La Fiesta de la Rosa

Cuando arribamos a Cap Ferrat nos dirigimos a la oficina de turismo, donde una amable recepcionista italiana nos contó de su amor por Argentina y conoció nuestra debilidad por mi querida Florencia. Al informarnos respecto de la visita a los dominios de la baronesa, también nos señaló que había en esos días un evento al que podíamos asistir.

Lejos estábamos de imaginar la belleza que iba a desplegarse ante nuestros ojos, porque efectivamente en los jardines magníficos de la villa se llevaba a cabo la Fiesta de la Rosa, donde los diversos expositores expusieron sus plantas y flores ante los visitantes que también pudimos contemplar arreglos florales, escuchar los conciertos llevados a cabo en el jardín principal, almorzar a la sombra de los toldos rosados y culminar la comida con un helado de rosa, como no podía ser de otra manera.

El día soleado invitaba a recorrer los jardines temáticos de la baronesa: el patio cubierto del jardín español, las gárgolas y bajorrelieves del jardín de piedra, el sonido zen del agua del jardín japonés, la escalera custodiada por el ángel del jardín florentino, el jardín exótico donde se entrelazan cactus y suculentas, los caminos serpenteantes del jardín provenzal y la atmósfera embriagante del jardín de rosas.  Antes de partir adquirí pequeños jabones fragantes para mis amigas como recuerdo, también con aroma a rosas, a fin de compartir una ínfima porción de la belleza que enmarca la villa de la baronesa Béatrice.

En Grasse, el Museo del Perfume, Notre-Dame-du-Puy

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El autobús que bordea las colinas cercanas a Cannes se desplaza entre rosas y lavandas que alternan con jazmines y mimosas: Grasse se asemeja a un laberinto empedrado con notable influencia italiana y fue el lugar donde Catalina de Médici promovió el empleo de guantes perfumados en el siglo XVI. Desde esta época, la industria creció y se desarrolló hasta que el poblado obtuvo con justicia su fama como centro mundial del perfume.

De Grasse se obtienen las esencias que las narices más importantes utilizan para la creación de exquisitas fragancias, verdaderas tentaciones para quienes somos devotos de aromas y elixires. Toneladas de flores se cultivan anualmente con este propósito, o bien se importan como en el caso del patchouli para elaborar las codiciadas notas orientales: no hay tienda que se precie en Grasse que no exhiba aguas de flores, potpourris y bolsitas de lavanda.

La Edad Media ya daba cuenta de la existencia de la villa en el siglo XI, donde comerciantes y mercaderes comenzaron a desplegar una intensa actividad comercial basada en el curtido de pieles; la importancia del lugar determinó el emplazamiento en el promontorio de la Catedral, hacia donde convergen las calles empedradas. Las pieles cedieron el paso a las fragancias en el transcurso del siglo XVIII habida cuenta del microclima propicio para el cultivo de flores y plantas: rosas, jazmines, violetas, claveles, azahares fueron extraídos y decantados a partir de la Revolución Industrial, perfeccionando de esta manera la fabricación y elaboración.

La Place des Aires se encuentra rodeada de antiguos edificios con arcadas entre los que se emplaza la fuente de Luis XV: a partir de allí se pueden recorrer los recovecos del casco antiguo, los puestos típicos y las pequeñas tiendas hasta arribar al Museo del Perfume, donde la estatua de bronce del vendedor de esencias preanuncia el mundo magnífico que se despliega en su interior. Y luego la experiencia aromática continúa porque las perfumerías más antiguas de Francia se encuentran en Grasse: Fragonard, Molinard y Galimard proponen visitas guiadas donde es posible descubrir los secretos de la fabricación, crear un aroma personal para llevarse como recuerdo y adquirir alguna de sus exquisitas y fragantes variedades.

Museo del Perfume

“…La ciudad era una Roma de los perfumes, la tierra prometida de los perfumistas y quienes no habían ganado sus espuelas, no tenían derecho a llevar ese nombre…”. Patrick Süskind refleja en su famosa novela El Perfume la importancia de Grasse, donde se desarrolla la tercera parte del libro que a esta altura resulta un ícono de lectura obligatoria para todos los amantes de las fragancias, porque los perfumes implican una fascinación que resulta incomprensible para quienes no consideran al olfato como un sentido primordial.

La pasión por los perfumes no tiene lógica ni explicación: simplemente es, y hacia allí convergen otras disciplinas tan dispares como la filosofía y la química que congloban un mundo amplio y multifacético alrededor de una fragancia particular. A tenor de mi absoluta devoción por el universo de los aromas, la visita al Museo Internacional del Perfume fue una experiencia casi religiosa, porque aquí resulta posible conocer la historia de las fragancias desde el punto de vista de la perfumería como fenómeno social desde la más remota antigüedad. El patrimonio originado a partir de entonces ha encontrado difusión y vigencia en este museo, que no podía hallar ciudad más representativa que Grasse para su instalación.

En el año 1918 François Carnot, ferviente representante de la cultura y organizador de los Museos Centenales, organizó una exposición privada con el objeto de comenzar a difundir la historia de la perfumería, que se fue ampliando en 1921 por las sucesivas donaciones de particulares. Personajes tan representativos de este universo como François Coty y René Lalique fueron impulsores de la idea y algunos nobles como la vizcondesa de Moncorps enriquecieron con sus aportes la por entonces incipiente colección.

En el año 1989 se celebró el bicentenario de la perfumería francesa y el museo fue inaugurado en un edificio contiguo al antiguo convento dominico, y a partir del crecimiento devenido del patrimonio artístico en expansión fue necesaria su ampliación en 2006, contando actualmente con un espacio de 3.500 metros donde se exhiben objetos procedentes de los cinco continentes y que se remontan a las civilizaciones más antiguas: frascos, estuches, utensilios y hasta el maletín personal de María Antonieta, devota de las fragancias florales, se pueden observar una y otra vez en este paraíso perfumado.

La Catedral

El edificio original fue construído en el siglo XI en roca desnuda, cuando Grasse despuntaba como centro comercial en orden al desarrollo del curtido de pieles. El crecimiento e importancia de la villa fue corroborado cuando el obispo de Antibes se trasladó a Grasse, y la iglesia fue elevada a la categoría de catedral en 1244, con la consiguiente ampliación de la construcción de estilo románico provenzal.

Una vez traspasadas sus puertas, el interior de piedra contrasta con las obras de arte que se replican en sus paredes: tres cuadros originales de Rubens y una pintura religiosa de Jean-Honoré Fragonard que configura el paradigma del rococó con su cuadro El Columpio, la única de este género del pintor que fuera reconocido post mortem luego de haber fallecido en el más absoluto de los olvidos.

Los elementos de la liturgia merecen un párrafo aparte por su opulencia: oro y plata, piedras preciosas y mármol se destacan en el marco austero de la roca fría y propician un recorrido que incita a la reflexión por su contraste y por la paz gélida que trasuntan sus paredes.

En Èze, Nuestra Señora de la Asunción, cactus y diosas

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La costa entre Menton y Niza no ahorra belleza en su recorrido: acantilados que se adentran en el azul del Mediterráneo, espectaculares residencias que se inclinan hacia el mar y una serie de pueblos encaramados en lo alto sobre el paisaje se van desplegando ante los ojos de los visitantes, que procuran abarcar y retener esta increíble diversidad en la retina para conservarla en el recuerdo.

La Grande Corniche y la Corniche Moyenne atraviesan encantadores poblados rodeados de increíbles vistas panorámicas, en tanto que la Corniche Inférieure bordea distinguidas urbanizaciones cercanas al mar. Para llegar a Èze hay que abordar un autobús que recorrerá la Corniche Moyenne hasta arribar a este pequeño enclave encaramado a 427 metros sobre el nivel del mar, y luego prepararse para recorrer a pie sus calles empinadas y laberínticas plenas de glamorosas tiendas, restaurantes y galerías de arte.

Una doble puerta fortificada que data del siglo XV da cuenta de su pasado medieval: la Capilla de los Penitentes Blancos cuenta entre sus tesoros con un crucifijo catalán que data del siglo XIII, la iglesia merece un párrafo aparte y, cuesta arriba, se avizora el viejo castillo en ruinas sobre el que se emplaza un maravilloso jardín botánico en el que se despliega una notable variedad de cactus.

El príncipe Guillermo de Suecia así como la duquesa rusa Anastasia Mikhailovna, seducidos por la impronta natural y distinguida de Èze, establecieron aquí imponentes residencias: el Chateau de Chèvre d´Or, frecuentado otrora por la nobleza sueca, hoy es un magnífico hotel de lujo cuyas terrazas espían el azul del Mediterráneo. Pero no sólo de aristócratas se ha nutrido el pueblo: los habitantes saludan a Bono como a uno más de sus vecinos y Friedrich Nietzsche se inspiró en sus paisajes para escribir la tercera parte de Así habló Zaratustra, se dice que en el sendero de la parte baja del casco antiguo que hoy lleva su nombre.

Nuestra Señora de la Asunción

Los tonos dorado y ambarino se destacan entre el verde reverberante del paisaje: la iglesia Nuestra Señora de la Asunción es pequeña y austera en su exterior pero no necesita de grandes oropeles para brillar en la geografía increíble de Èze.

El arquitecto italiano Antoine Spinelli diseñó su construcción entre 1764 y 1778 sobre las ruinas del templo precedente, y la emplazó en lo alto de la colina, próxima a la ciudad medieval, con una fachada propia del neoclasicismo que contrasta con el estilo barroco de su interior.

La torre data del siglo XIX y fue diseñada siguiendo las líneas clásicas del edificio principal; el interior se compone de una nave principal con capillas laterales y se encuentra bellamente decorada, con el estilo exagerado y profuso en detalles característico del arte barroco. En suma, una pequeña joya rodeada de la Naturaleza plena que circunda esta pequeña villa francesa.

Cactus y diosas

Continuando la travesía por el pueblo en dirección a las ruinas de la antigua fortaleza se arriba a un entorno paradisíaco: Èze cuenta también con un jardín exótico pletórico de especies botánicas y custodiado por quince representaciones de diosas de la tierra talladas en sendas estatuas que contemplan, soberanas, el entorno.

El camino de ladrillos ascendente se encuentra circundado por diferentes especies de cactus, suculentas y aloes que a su vez van alternando con flores de colores y plantas exóticas: hacia arriba el acantilado y sus formas abruptas en el que se emplaza el pueblo; hacia abajo los techos amarillos y rojizos de la villa y el azul plomizo del Mediterráneo.

Los brazos de Isis o Justine enmarcan su vientre prominente: “Vous m’avez reconnue, je suis la même et pourtant autre” anuncia placidamente al visitante la primera de las deidades talladas por el escultor Philippe Richard, que recorre los recovecos de la femineidad en estas figuras realizadas en tierra o, como denominara el artista al noble material, “polvo de estrellas”. Espejos de agua y cascadas contribuyen con su sonido casi inaudible a sostener la atmósfera sacra que impregna, misteriosa, el increíble jardín de Èze.

Catedral de Santa Reparata, mercado de Cours Saleya, Matisse

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Cuenta la leyenda que Reparata era una virgen que vivía en Palestina cuando la región se encontraba bajo dominio romano y Decio era el prefecto encargado de mantener el orden. Los cristianos, cuya religión suscitaba la furia de los gobernantes, sufrían persecución y tortura por sus creencias salvo que abjuraran de su fe ante la autoridad. Reparata tenía doce años, era bella e inteligente y fue conducida ante el prefecto quien, impresionado por su aspecto, procuró convencerla amablemente respecto de la conveniencia de abandonar el cristianismo.

Pero Reparata era tan sólida como terca en sus opiniones y su negativa enfureció a Decio: el tormento fue aplicado en toda su extensión hasta que, harto de la negativa de la joven, el prefecto ordenó que la arrojaran a un horno ardiente. Reparata permaneció indemne entre las llamas cantando loas a su dios y harto ya, Decio ordenó que la decapitaran y abandonaran su cuerpo en una balsa; los ángeles condujeron la embarcación hasta las proximidades de Niza y sus restos se encuentran hoy en el templo principal de la ciudad.

La construcción comenzó en 1650 y se extendió durante casi 50 años; antes de albergar en el año 1690 a la joven mártir patrona de la ciudad fue una iglesia austera dedicada a María, de trazado rectangular. La efigie solemne del edificio domina el centro de la Vieux Nice desde su cúpula de tejas barnizadas, el campanario y la fachada con que fue ornamentada en el siglo XIX.

El estilo barroco se despliega al trasponer las puertas de la catedral en su planta de cruz latina: mármol, estuco y diez capillas interiores, con un notable altar mayor y balaustrada de mármol en los que se destaca una representación de la Gloria de Santa Reparata. La Plaza de Rosseti, donde se encuentra emplazada, alberga una frondosa oferta gastronómica entre la que destaca, tentadora, la heladería Fenocchio  con sus delicias artesanales.

Mercado de Cours Saleya

Paseo exclusivo y elegante para las clases adineradas en principio, luego mercado cuando la expansión de Niza impulsó a los pequeños comerciantes a exponer sus productos en el centro de la ciudad, y finalmente estacionamiento para automóviles hasta que en 1980 algún gobernante tomó conciencia de su emplazamiento y potencial, el mercado más famoso de la Costa Azul se encuentra en Rue des Ponchettes y es uno de los atractivos turísticos más transitados durante todo el año.

La vía principal de Vieux Nice es peatonal y a toda hora está repleta de gente: en Cours Saleya, centro turístico de la ciudad, de martes a domingo en horario diurno se despliega un mercado de flores, frutas y hortalizas que impregnan el aire con el aroma de sus productos frescos. El lunes, las antigüedades se expanden sobre la superficie, en un ciclo que abarca todos los días de la semana.

Nizardos y foráneos se pasean entre sus puestos que constituyen un verdadero festín para los sentidos: las flores alternan con los alimentos caseros, las frutas con las especias y las hortalizas se despliegan al lado del aroma inconfundible de los jabones de Marsella. Y la lavanda, omnipresente en esta zona privilegiada del planeta, puede adquirirse en las clásicas bolsitas para perfumar armarios y asegurar un buen descanso al colocar alguna bajo la almohada.

Los clásicos toldos a rayas que cubren los puestos se encuentran rodeados por bellos edificios antiguos, y el arco que franquea el acceso a la Promenade permite entrever el fulgor azulado del Mediterráneo. A unos pocos metros del inicio de Cours Saleya se puede admirar el soberbio edificio de la Opéra Nice Côte d´Azur, erigido sobre las cenizas del antiguo teatro municipal que fuera destruído por las llamas en 1881: el arquitecto François Aune, artífice de la obra, era discípulo nada menos que del renombrado Gustave Eiffel.

Matisse

El barrio de Cimiez aloja entre sus calles arboladas otra construcción vinculada al arte, ubicada también en una colina cercana al Musée Marc Chagall: Villa des Àrenes, una mansión de estilo genovés próxima al hotel Regina donde residió Henri Matisse sus últimos 16 años de vida y cercana al Monasterio de Cimiez que alberga su tumba, constituye el aristocrático emplazamiento del Musée Matisse.

La colección permanente fue conformada con donaciones del artista y de sus herederos, que legaron a Niza la muestra más vasta de su obra que constituye el patrimonio del museo. El conjunto incluye pinturas, fotografías, dibujos y esculturas de quien escogiera Niza como su lugar en el mundo en el año 1918 hasta su muerte, en 1954, seducido por la luz mediterránea inconfundible que dota a la ciudad de una atmósfera única; el hotel Regina, construído originalmente para la aristocracia inglesa, fue su residencia permanente desde 1938.

En 1952, el artista decidió donar a la ciudad una colección integrada por las obras que más estimaba para conformar una exposición que en principio fue exhibida en el Ayuntamiento, pero a medida que se fue incrementando se decidió su traslado a un sitio más adecuado y la elección recayó en el antiguo palacio arzobispal de Cambrai. En el curso del año 2000 los arquitectos Laurent y Emmanuelle Beaudoin añadieron un edificio de cristal y ladrillo, que adunado a la mansión original rodeada de un magnífico parque constituyen un marco increíble para el legado de Matisse.

Entre las paredes del museo se pueden contemplar desde las primeras pinturas que datan de 1890 hasta los papeles de gouache de los últimos tiempos, las fotografías tomadas por el artista en Tahití, algunos objetos que le pertenecieron y fueron inspiradores para su trabajo y su autorretrato con la paleta de colores en la mano: todo un conjunto de las polifacéticas técnicas empleadas por Matisse expuestas en un entorno soñado tornan imprescindible la visita a este espacio cultural nizardo.

En Niza, Palacio Lascaris, Chagall

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El viento mistral se filtra en el clima mediterráneo de Niza, y según mi querida Adri es el causante de esa luz difusa y dorada que caracteriza a la ciudad. Niza, a pocas horas de tren desde París, es la segunda metrópoli más visitada de Francia, la joya de la Costa Azul que dista sólo 30 kilómetros de Italia y se emplaza entre Mónaco y Cannes, con una costanera trazada por los británicos que dotaron a la Promenade des Anglais de hoteles míticos como el Negresco y residencias que hoy constituyen un majestuoso patrimonio arquitectónico.

La ciudad es una combinación increíble del mar Mediterráneo, cuyo tono azul plomizo refleja la luz del sol y el fulgor de las piedras que componen las playas, con el esplendor de la Belle Époque entre viviendas de tonalidades terrosas y anaranjadas de balcones floridos. En las mínimas calles empedradas hay comercios gastronómicos, elegantes confiterías y tiendas de recuerdos; no falta un mercado de flores ni jardines urbanos en los que el verde de las plantas se destaca, vibrante, ante la multitud de naturales y foráneos que se desplazan sin prisa.

En la plaza Masséna el suelo se asemeja a un damero, los edificios componen una sinfonía entre tonos amarillos y bermellones y cuando la noche comienza a desplegarse se iluminan los siete hombres emplazados sobre columnas: el catalán Jaume Plensa imaginó un diálogo entre los siete continentes en su obra Una conversación en Niza. A pocos metros destaca una impresionante fuente con la escultura de Apolo realizada en mármol blanco, en principio retirada de su emplazamiento debido a sus atributos masculinos por presión de recatadas damas que conformaban la Liga Femenina de la Virtud; finalmente en el año 2011 los nizardos recuperaron la estatua originalmente instalada en 1956.

Los ingleses, amantes de paseos costeros durante sus vacaciones en la Costa Azul, construyeron en 1820 siete kilómetros de avenida a la vera del Mediterráneo: bordeando la Promenade se arriba al Parc de la Colline du Château, erigido en el emplazamiento de la fortaleza que dominaba el poblado entre los siglos XI y XVIII. Allí se pueden rastrear los orígenes de Nikaïa, una de las primeras ciudades fundadas en la actual Riviera francesa por la antigua civilización griega; allí también, desde la Tour Bellanda, el esplendor de Niza se despliega ante los ojos del visitante.

Palacio Lascaris

La ciudad de Niza se encuentra sectorizada en tres partes que se distinguen por la impronta que las caracteriza: Vieux Nice, de acentuado estilo italiano dominada por el casco antiguo y el puerto, el centro cuyo origen se remonta al siglo XIX situado detrás de la Promenade des Anglais y el distinguido barrio de Cimiez, favorito tanto de los romanos como de la reina Victoria.

El casco antiguo, sojuzgado bajo la estructura severa de la catedral, también contiene pequeñas plazas y señoriales palacios construídos por los residentes más conspicuos, entre los que se destaca el Palacio Lascaris, cuya estructura del siglo XVii conserva los techos tapizados de frescos y las incrustaciones de plata en las impresionantes puertas.

El conde Jean-Baptist Lascaris-Vintimille ordenó la construcción de la residencia familiar en 1648, a semejanza de los palacios genoveses de características barrocas: un enorme pórtico de entrada flanqueado por columnas conduce a una escalera imponente decorada con frescos, que a su vez desemboca en salones ricamente ornamentados. El último descendiente de la familia, Gran Maestre de la Soberana Orden de Malta, estableció que a su muerte el edificio debía integrar el patrimonio de la ciudad: constituye Monumento Histórico desde 1946 y se destaca por los tapices flamencos, las piezas de porcelana de los siglos XVII y XVIII y una increíble colección de instrumentos musicales antiguos.

El Palacio Lascaris exige un tiempo considerable para su recorrido, no por su extensión en particular sino porque abruma al principio debido a la profusión de belleza que torna difícil enfocar la mirada: techos altísimos, bustos alojados en nichos ovales, pintura trompe l´oleil en los muros y un mobiliario soñado, bañados por la luz ambarina predominante. Y por si no bastara, el consabido sitio para comprar algún recuerdo que se encuentra en la planta baja no es una tienda común, sino el antiguo edificio de una farmacia construída en el año 1738.

Chagall

La luz particular de la Riviera francesa ha determinado su elección como residencia de varios artistas, que encontraron inspiración en la generosidad que la Naturaleza ha manifestado en esta región. Saint Paul de Vence fue el hogar durante 20 años de Marc Chagall y en Niza se encuentra el Musée Marc Chagall en su honor, emplazado entre las calles distinguidas del barrio de Cimiez.

La oferta cultural es abundante en Niza y hay que elegir entre más de veinte exposiciones y galerías de arte, pero no dudamos en trasladarnos hasta la colina para sumergirnos en la colección que se exhibe en un espacio de una planta similar a una casa diseñado por el arquitecto André Hermant, rodeado por un jardín mediterráneo que también contiene obras de Chagall.

Nacido en Bielorrusia en 1887, de familia judía, su vocación artística lo impulsó a dejar la bucólica vida de su pueblo natal para trasladarse a San Petersburgo y más tarde a París, donde lo sorprendió la Primera Guerra Mundial. Una vez terminada la contienda retornó a la capital francesa, pero la llegada del régimen nazi determinó su huida a .Estados Unidos no sólo por su origen: la impronta de su arte fue severamente cuestionada por el rígido régimen alemán, porque Chagall es uno de los padres del modernismo y sus obras encuadran en estilos como el surrealismo y el cubismo.

El fin de la Segunda Guerra Mundial determinó su traslado al paraíso constituído por la Costa Azul, y allí residió hasta su muerte en 1985. El museo fue inaugurado en 1973 y el artista donó al acervo cultural francés 17 pinturas conocidas como “Mensaje bíblico”, ya que la Biblia fue su gran inspiración pues la consideraba “la mayor fuente de poesía de todos los tiempos”.

El Génesis, el Éxodo y el Cantar de los Cantares impresionan no sólo por los colores y la técnica sino por la expresividad del mensaje que se desprende desde el interior de cada pintura, en las que se destacan las formas ligeras y los ángeles como mensajeros de la palabra de Dios. Y sobre una de las paredes impacta el mosaico del profeta Elías, que asciende a los cielos rodeado por los signos del Zodíaco.

Chagall no fue un artista convencional sino que según sus propias palabras “bebía de todas las fuentes” y este eclecticismo se refleja en su obra, donde los personajes nacidos del pincel se asemejan a imágenes desplegadas por el inconsciente. El museo alberga una parte importante de su producción pero la gran mayoría se encuentra en colecciones privadas: quizás entre estas últimas algún afortunado posee aquella que inspiró una de las más bellas estrofas de Silvio Rodriguez: “…Una mujer con sombrero, como un cuadro del viejo Chagall / corrompiéndose al centro del miedo y yo, que no soy bueno, me puse a llorar / pero entonces lloraba por mí, y ahora lloro por verla morir”.

En Chartres, el templo, el Laberinto

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Apenas una hora y algo más en tren separan París de Chartres, la pequeña villa con reminiscencias medievales situada a la vera del río Eure en la que aún es posible observar antiguos lavaderos y secaderos asentados sobre sus orillas. La visita fue rigurosamente prevista en tiempo y forma, por cuanto uno de los objetivos principales era recorrer el Laberinto sito en el interior de la catedral, que permanece descubierto los días viernes a partir de las Pascuas y sólo hasta el mes de septiembre; el resto del tiempo los bancos destinados a los fieles lo disimulan en su totalidad.

En épocas romanas, Chartres era un enclave que superaba en importancia a París; hoy cuenta con 40.000 felices habitantes que deambulan en paz entre sus calles empedradas y la placidez de sus edificaciones antiguas. También es un centro de estudio y conservación de la antigua artesanía del vitral; de hecho, en la antigua Casa de Diezmos se encuentra el museo Centre International du Vitrail donde se puede conocer historia y oficio a lo largo de sus tres plantas.

En Chartres se respira misterio: se dice que mucho antes que los muy cristianos caballeros templarios y su devoción por la Virgen Negra se extendiera por estas tierras, fue enclave de druidas que eligieron el sitio donde se encuentra la catedral como centro de culto de una venerada deidad. Esta impronta se mantiene hoy en día y  la iconografía remite al principio femenino, desde la Virgen hasta las damas que adornan cuadros, lámparas, portavelas y toda clase de recuerdos que se comercializan en sus encantadores comercios.

No todo es esoterismo y religión y a la hora de descansar hay establecimientos tan originales como destacados en gastronomía: Le café serpente está situado frente a la catedral, ofrece una variedad sustancial de platos y delicias dulces y permite contemplar desde la mesa el ritmo sosegado de este encantador enclave francés.

El templo

No es el primer templo construído sobre antiguas ruinas de otras tradiciones, pero la catedral de Chartres cuenta con una historia casi perfecta en tal sentido: no sólo los druidas resultaron sus devotos antepasados, sino que en el siglo III los romanos encontraron una estatua de la Virgen Negra en una gruta, a la que denominaron Gruta del Druida y donde se fueron asentando los sucesivos templos hasta culminar en la catedral.

Y luego llegaron los templarios, la poderosa orden cuya independencia política y económica irredenta determinó el final de sus miembros en la hoguera. Pero cuando arribaron a Chartres se decía que trajeron consigo los secretos que atesoraba el Templo de Salomón, entre ellos, las proporciones matemáticas perfectas regidas por la ley del número áureo. Este número es el que fue empleado en la construcción de la catedral Nuestra Señora de Chartres y rige armónicamente todas sus proporciones.

El interior, por si fuera poco, se encuentra bañado por el azul intenso que predomina en los vitrales, que ha dado lugar a la denominación “azul de Chartres”, y el velo que Carlos el Calvo trasladó a fines del siglo IX para donar al tesoro habría pertenecido a la mismísima Virgen María. Si bien el fuego se ensañó vorazmente con el santuario en cuatro ocasiones, la última vez en 1194, fue reconstruído otras tantas veces tanto por su carácter de lugar de peregrinación como por el dinero proveniente de donaciones primero y de las arcas templarias después.

La catedral se encuentra iluminada por 176 vitrales y los rosetones resultan de una belleza tal que cuesta dejar de posar la mirada en ellos, ya que proyectan y difuminan el fabuloso tono azul que la caracteriza y que parece flotar sobre el diseño gótico interior. Antes de dirigirnos al laberinto, inmersa en esa extraordinaria luz y frente a la mirada de Notre-Dame de la Belle Verrière encendí un cirio a la memoria de mi papá, mi querida presencia ausente.

El Laberinto

Los druidas establecieron el centro de culto a la Diosa Madre de la mitología celta en la colina donde hoy se emplaza la iglesia. Cuando el cristianismo se extendió merced a la oportuna conversión de Constantino en tierras romanas occidentales, el sincretismo identificó a la antigua deidad con la Virgen María, que fue proclamada patrona de Chartres.

En las sucesivas construcciones y destrucciones del templo, una figura cubierta de antiguas piedras fue trazada en el centro de la nave central. Este Laberinto, cuyo profundo significado me impulsa a utilizar la mayúscula al mencionarlo, está situado en el sitio de la antigua gruta tal como se acostumbraba a emplazar antiguamente estas singulares espirales, y su recorrido conduce hacia el centro que se asemeja a una flor con seis pétalos.

Chartres ha sido el faro de una ruta de peregrinación que recorrían los fieles durante la Edad Media para manifestar su veneración a la Virgen: en el templo abundan las rosas que se asocian a María, enormes y luminosas, y uno de estos inmensos rosetones preside el centro del Laberinto. El diagrama se asemeja a un mandala cuyo recorrido constituye una breve etapa de instrospección y la mente se detiene mientras un paso tras otro van acortando la distancia que conduce, bajo la protección de una ancestral energía femenina, al núcleo espiritual de cada uno.

Île de la Cité, Île Saint-Louis, Île-de-France

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La isla es mínima pero se yergue, imponente, sobre el Sena. Originalmente era un banco de arena que permitía a los parisii cruzar el río a la manera de un puente: allí el pueblo celta construyó en el siglo III a.C. un pequeño poblado rodeado de murallas, que hoy constituye el corazón de París.

Lutetia Parisiorum tuvo un considerable crecimiento durante el período romano hasta que fue destruída por los bárbaros en el siglo III,  pero sus habitantes eran esforzados y tercos y doscientos años más tarde la isla se encontraba nuevamente fortificada. El curso del siglo VI determinó su destino como residencia de los reyes francos durante ocho centurias, y al entramado de poder político se añadió el aura de señorío eclesiástico al finalizar la construcción de la Catedral de Notre Dame en el año 1345.

La visita resulta obligada aún cuando no sea la primera vez que la fachada espléndida del templo se encuentra ante nuestra mirada, porque más allá de la potencia femenina en cuyo honor se erigió fue el edificio religioso más grande de Occidente hasta la construcción de la catedral de Amiens. Desde el punto de vista artístico resulta un tesoro declarado Patrimonio de la Humanidad y, desde la imaginación desbordante de Víctor Hugo, un símbolo del amor incondicional del desdichado Quasimodo hacia la hermosa Esmeralda.

Hay que armarse de paciencia para transitar la larga fila de turistas que se agrupan en todos los horarios a fin de lograr el cometido de pisar su planta, que quita el aliento desde sus diez metros de altura y remata en un magnífico techo abovedado sostenido por arcos; el pórtico representa el Juicio Final y las gárgolas vigilan, sin descanso, la superficie de la ciudad. Nosotros ingresamos cuando comenzaba la misa y la voz del sacerdote se elevaba junto con el humo del incienso: un indescriptible recuerdo del santuario percibido con todos los sentidos.

Île Saint-Louis

Resulta difícil imaginar que hasta el siglo XVII esta mínima ínsula estaba destinada exclusivamente al pastoreo y al almacenaje de madera. La nobleza francesa descubrió la placidez de sus zonas arboladas y las residencias comenzaron a poblar la superficie dotándola de la impronta que la caracteriza hoy en día: distinguidas construcciones con amplios patios rodeadas de puertas de hierro forjado.

Sólo hay que cruzar el Pont St-Louis para acceder a la superficie de la isla y recorrer sus calles donde se pueden encontrar pequeñas tiendas y reductos gastronómicos menos concurridos. Si en algún momento impera la necesidad de encontrar algo de tranquilidad en medio del alboroto que caracteriza a la capital francesa, cruzar el puente desde la Catedral de Notre Dame constituye una buena opción.

El helado más famoso de París sólo se puede conseguir en la isla: Berthillon continúa elaborando exquisiteces con la misma calidad artesanal de sus comienzos. Sorbetes y cremas heladas cuya elaboración constituye casi un secreto de Estado, exclusivamente en base a elementos naturales, sin emplear conservantes ni químicos y con una variedad de gustos que le han valido un lugar entre las mejores heladerías del mundo. Casi una cita obligada al retornar a París.

La fotografía pertenece a la página web de Berthillon.

Île-de-France

No se trata de una isla en sentido estricto, sino de una zona delimitada por ríos en la que Hugo Capeto reinó, soberano, desde el año 987. Cuenta entre sus edificios con la primera catedral francesa, construída en St-Denis, con la célebre fábrica de porcelana francesa en Sèvres que se remonta al siglo XVIII y con el más grandioso de los palacios: Versalles. Si se requiere naturaleza en lugar de fastos palaciegos, se puede soñar con ser artista entre los colores del bosque de Fontainebleau.

Resulta fácil dejar volar la imaginación al ingresar a Versalles y aproximarse a la opulencia de aquellos eventos cortesanos pletóricos de personas que disfrutaban despreocupadamente de la vida, mientras la realidad del pueblo llano gestaba, alimentada por el hambre, la idea de la revolución. Diecisiete kilómetros separan Versalles de París, donde fueron trasladados los primorosos muebles para la venta mientras las obras de arte se despacharon hacia el Louvre, en los días que siguieron a la furia revolucionaria.

Pero entre 1682, cuando Luis XIV desplazó el centro político de Francia al finalizar la construcción, y 1789, Versalles fue la residencia real construída alrededor del pabellón de caza de Luis XIII en torno a un amplio patio en el que convergen las diversas alas de los edificios, donde cada sala oficial fue dedicada a una deidad olímpica. La Galería de los Espejos, construída en 1678, fue concebida por Luis XIV como un tributo a sí mismo y a su poder absoluto.

Versalles merece un recorrido a conciencia de sus jardines en los que se destacan por su grandiosidad la Fuente de la Pirámide y la Fuente de Apolo: las referencias externas e internas al dios del sol y la luz dan cuenta de la identificación de los reyes franceses con la poderosa y temida divinidad. La Avenida del Agua conduce al Estanque de Neptuno, una descomunal construcción rodeada por 22 fuentes cuyas tazas de mármol se encuentran sostenidas por sendas estatuas de niños.

Cuando Luis XIV se cansaba de la vida cortesana, tenía la posibilidad de contar con un espacio de retiro de estilo italiano donde recluirse: el Grand Trianon. Luis XV construyó el Petit Trianon para Madame de Barry, su amante; Luis XVI obsequió esta hermosa creación de estilo neoclásico a María Antonieta, que adicionó espacios externos para disfrutar junto a sus damas de una idílica vida pastoril.

Saqueado y vaciado luego de la revolución, transitó diversos destinos, entre los cuales el más significativo fue la firma del Tratado que lleva su nombre y puso fin a la Primera Guerra Mundial. Actualmente, si bien recibe en algunas ocasiones dignatarios extranjeros, constituye un monumento histórico que resume la historia viva de Francia durante los últimos 500 años.