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Griego nacido en Ereso, un pequeño poblado situado en la isla de Lesbos allá por el año 372 a.C., respondía al nombre de Tírtamo por origen pero fue bautizado nada menos que por Aristóteles, quien decidió llamarlo Teofrasto o “de estilo divino” debido al talento natural para la oratoria de su discípulo y sucesor. Luego del deceso de Aristóteles, Teofrasto presidió el Liceo durante 36 años continuando con la obra de su predecesor; a su muerte en el año 287 a. C. fue honrado con un funeral público en Atenas.

El filósofo fue un estudioso de las plantas, y sus obras vinculadas a la botánica resultan un compendio de clasificación sistemática del mundo vegetal con fines medicinales. Pero Teofrasto también incursionó en el universo de los aromas y en Il profumo nel mondo antico, cuyo autor es Giuseppe Squillace, se puede acceder a la traducción italiana de Sugli odori, un verdadero tratado sobre los perfumes; por si fuera poco, el prefacio del ejemplar lleva la firma de Lorenzo Villoresi.

En Grecia, esencias y fragancias ocupaban un lugar central en la vida cotidiana de las clases acomodadas, pero también constituían elementos indispensables en la celebración del culto a los dioses: incienso, mirra, cardamomo, nardo e iris son algunos de los ejemplos mencionados por Teofrasto, quien asignaba al mundo de los olores la importancia suficiente como para estudiarlo de manera específica e interesarse por composiciones y creaciones de perfumes desde el punto de vista artístico.

La perfumería artesanal presenta una analogía actual con aquellos tiempos antiguos, por cuanto el perfumista continúa siendo un alquimista sin perjuicio de la pluralidad de recursos que proporciona la época: Lorenzo Villoresi constituye un ejemplo cabal al respecto. Y el profesor Giuseppe Squillace anticipa en las primeras páginas del libro la razón de ser de este apasionante compendio, parafraseando a Jean Baptiste Grenouille en el inolvidable libro de Patrick Süskind: “…los hombres podían cerrar los ojos ante la grandeza, ante el horror, ante la belleza y cerrar los oídos a las melodías o las palabras seductoras, pero no podían sustraerse al perfume. Porque el perfume era hermano del aliento…”.

De blogs y premios LXVI

Desde el interesantísimo blog Todo llega, todo pasa y todo cambia arribó hace tiempo atrás esta distinción, elegida entre otras que llegaron conjuntamente. Agradezco de corazón a Maby y he de cumplir con las reglas del premio, que en este caso consisten en escribir la entrada pertinente, agradecer al blog del que proviene con el correspondiente enlace y nominar a su vez a quince blogs que a continuación se indican:

1) FIT2MoVe: a disfrutar y a moverse.

2) Bienvenido: Ramón Sanchez y su formación.

3) Seja Bem Vindo: un femenino universo de belleza.

4) Alescritor: relatos cortos y algo más.

5) Reflexiones de un “Treinta y nuevón”: el mundo del autor antes de llegar a los cuarenta.

6) Letras del Alma: el sentir de Leonardo.

7) Psheda: escribir y liberar.

8) Registro Urbano: comunicación popular.

9) jillopart: libertad y poesía.

10) El Portu 11: fotos y letras.

11) Dave Imbernön Musical Project: compositor y músico.

12) Envelhecer Direito: diversos tópicos para la tercera edad.

13) Antiblog de viajes: vínculos hacia diversos destinos.

14) Outlet Traveler: una guía para viajes organizados con precios accesibles.

15) CROTO: fotografía que promete.

Gracias a todos por su participación en la blogósfera.

Testeos disolventes

Un producto cosmético está determinado por la cantidad de aditivos y excipientes que contiene, que conjuntamente con el principio activo han de alcanzar el resultado final según la función que en definitiva impulsó su creación y que tiende a proporcionar bienestar, cuidado o higiene en el cuerpo de las personas.

Un disolvente es un producto que remueve las sustancias que componen otra sustancia, obteniendo de esta manera una mezcla dispersa que elimina o diluye la primera. En el mundo de la cosmética resultan necesarios para remover maquillajes y esmaltes, a fin de preparar la piel para el tratamiento posterior y preservar al mismo tiempo su lozanía.

Existe una premisa básica en cosmética que resulta fuente de toda razón y verdad: la limpieza. No hay horarios ni cansancio que valgan a la hora de cuidar la piel del rostro, paso esencial para evitar arrepentimientos futuros. La limpieza, doble si es posible con aceite o leche primero y gel o jabón facial después; luego el tónico como broche de oro para refrescar, equilibrar y cerrar los poros. Y en cuanto a uñas se refiere, resulta primordial extraer suavemente todo rastro de esmalte y permitir que respire durante varias horas antes de renovar la manicura, procurando que el producto a emplear no resulte nocivo para la estructura ungueal.

Sephora cuenta con vasta experiencia en cuidado de la piel y con una línea de producción propia: tanto Lotion tonique tres tonique al extracto de ginseng como Disolvant très doux sin acetona y con activos suavizantes, cumplen acabadamente sus objetivos en cuanto a tonificar delicadamente y remover sin agredir.

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