Etiquetas

, , , ,

El avión aterrizó con demora después del mediodía en Buenos Aires, inmerso en una temperatura fresca para la época y propicia para caminar sin prisa. Tenía unas horas para deambular hasta que arribara Juan al caer la tarde, así que me instalé en el hotel, procedí a desarmar la maleta y, previo almuerzo vegetal en las proximidades, bordee el cementerio de la Recoleta en dirección a Avenida Quintana. En el camino fui dejando atrás turistas que pugnaban por una fotografía en la puerta de La Biela y di la vuelta por Ayacucho hasta alcanzar las proximidades de la Avenida Alvear.

Unas pocas calles más allá hay un local pequeño situado frente al Palacio Duhau, discretamente enmarcado en tonos oscuros que se asemeja a un sitio fuera del tiempo. Allí los amantes de las fragancias nos encontramos en el paraíso, envueltos en un halo irresistible en el que es posible testear a gusto composiciones únicas: es que Fueguia 1833 no es una perfumería común, sino un Laboratorio de Perfumes.

Fueguia Basket era una niña indígena oriunda de Tierra del Fuego que en el año 1830 fue raptada a los nueve años de edad, conjuntamente con tres de sus congéneres, y trasladada a Inglaterra por Robert Fitz Roy a efectos de procurar adaptarlos a la rígida vida victoriana en una suerte de situación considerada privilegiada para los extraños “salvajes”. Tres años después serían devueltos a su tierra natal en una expedición de la que participó Charles Darwin y que marcaría el inicio de la teoría sobre el origen de las especies.

Julián Bedel, alma mater de Fueguia 1833, concibió el nombre de la marca como un homenaje a aquella joven arrancada de sus raíces y la estética empleada procura reafirmar este concepto, con cartografías que remontan a las incursiones de Darwin por la Patagonia. Los aromas se desprenden de la imaginación desbordante de Bedel, que ha estudiado química y botánica por su cuenta y se largó a la aventura luego de concebir un perfume para el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires: no había quien pisara la pinacoteca que no se sintiera atraído por la fragancia que flotaba en el aire.

Flores, maderas y plantas no resultan ajenas a Bedel, quien ha pasado largas temporadas durante su infancia en el campo familiar de Entre Ríos y cada año podaba los árboles conjuntamente con sus hermanos. La estirpe artística de sus ancestros se ha hecho visible en el laboratorio, donde la colección dedicada al inmortal Jorge Luis Borges aún conserva Biblioteca de Babel, una fragancia concebida en torno al cedro y la madera de caoba con un corazón de canela que reproduce el olor irresistible de los libros antiguos.

La excelencia de las materias primas y la calidad son las premisas de Fueguia 1833, donde los perfumes remiten a la historia y a los elementos de la naturaleza: Huemul o el almizcle suave como la piel del ciervo fueguino, Jacarandá o el olor de Buenos Aires en primavera, Juan Manuel y la explosiva combinación de rosas que recuerdan el apellido del Restaurador del siglo XIX… son sólo algunos ejemplos de los nombres plasmados en las etiquetas escritas a mano, que se vislumbran en las botellas contenidas dentro de cajitas de madera de colihue.

A sabiendas del poder ínsito en las fragancias, que capturan la atención de manera sutil por su penetración en lo más profundo de los sentidos, Bedel también ha jugado con el erotismo en algunas de su composiciones: valgan como ejemplos el atractivo sucio de El Otro Tigre y la discreción sensual de Ballena de la Pampa. No obstante, en esta excursión por Fueguia 1833 mi elección se ha inclinado hacia el embeleso que emana de la literatura y he optado, sin dudarlo, por las maderas especiadas de la eterna Biblioteca de Babel.

Afrodita de Capua

Allí donde la Avenida Alvear comienza a fusionarse con Avenida del Libertador sólo hay que caminar unas pocas calles para arribar al Museo Nacional de Bellas Artes. He visitado en varias oportunidades esta pinacoteca citadina; en este caso, Juan impulsó una nueva incursión porque producto del intercambio cultural entre Italia y Argentina, habida cuenta de nuestros lazos ancestrales con aquel país, el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles ha facilitado la exhibición en Buenos Aires de esta pieza de arte clásico que integra su acervo cultural.

No hay certeza respecto de la inspiración primigenia respecto de la magnífica escultura aunque se presume que conjuntamente con la Venus de Milo encontraron su inspiración en la Afrodita de Lísipo, destacado escultor del período clásico griego. El gesto denota que podría haber sostenido entre sus manos tanto el escudo de Ares como una lira, hacia donde se inclina el rostro atento. La asociación con el dios de la guerra proviene de su vínculo íntimo con el mismo, ya que aún casada con Hefesto la diosa sucumbió ante los encantos viriles de Ares, quien a su vez se rindió a la belleza y sensualidad de Afrodita.

La estatua resume en sí misma una carnalidad serena en su semidesnudez: tan sólo un manto drapeado vela la parte inferior del cuerpo, ya que en su imagen superior únicamente resalta la diadema que recoge el cabello en la nuca, que según los expertos estaba decorada con un hilo de perlas. El Anfiteatro Campano de Capua, menos renombrado pero que sigue en orden de importancia al Coliseo, fue el sitio donde se encontraba emplazada, tallada en mármol, la diosa del amor y la belleza cuyo misterio persiste hasta nuestros días.

Pani

Eliana Pani Trotta, cocinera amateur, tenía una consigna que portaba como un mantra: “La Vida es Rica”. Así, con mayúsculas que destacaban una concepción entre vitalidad y sabor comenzó Pani, el emprendimiento gastronómico donde los platos se preparan con la consigna de desgustar calor de hogar en abundancia y que se destaca en Recoleta por su ambiente decorado profusamente de estilo shabby chic, con un ligero toque kitsch.

Porque Pani, fiel solamente a sí misma, no estructura el interior de los locales que llevan su sello con el mismo estilo, sino que se sólo se deja guiar por la inspiración que surge de los viajes y los sueños. Y así comenzó, vendiendo tortas entre sus conocidos que nada tenían que ver con los sabores tradicionales hasta la apertura de la firma que lleva su nombre y se ha expandido a paso firme por Buenos Aires, dotando a Recoleta de un aire vivificante y juvenil en medio de la sosegada tradición que caracteriza la zona.

Su impulso innovador no se limita a los platos sino que también se ha animado a fusionar estilos y costumbres: consciente de que faltaba una opción para aquellos que salen de la oficina cuando ya el sol se ha puesto o bien para los viajeros agotados de recorrer desde la mañana la ciudad interminable, Pani se animó a proponer la merienda gourmet o teanner. Esta tendencia para quienes prefieren merendar tardíamente una opción completa que conjugue opciones dulces y saladas sin la contundencia que caracteriza a una cena tradicional no tardó en imponerse al caer la tarde: pinchos de langostinos con guacamole, scons de salmón ahumado y queso crema, cuadrados dulces y chocotorta son algunas de las opciones para degustar felizmente en Pani, donde la Vida es Rica, sin dudas.

Anuncios