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Los africanos cazados por los esclavistas en aquellos tiempos siniestros en que los seres humanos negros constituían una mercadería al servicio de la corona y de sus amos trajeron consigo religión y música, que poco a poco se fueron fusionando con las creencias y sonidos de la tierra en la que dejaron sangre y vida bajo el látigo de sus verdugos.

Segregados aún a costa de abdicar de sus deidades en aras de la conversión al cristianismo que les fuera impuesta, a fines del siglo XVIII surgieron los espirituales negros, adaptaciones de los himnos protestantes que dieron lugar al género gospel, caracterizado por la percusión y la armonía de las potentes voces que invitan a las personas a unirse a Dios y a celebrar las virtudes de la vida cristiana. La fusión del gospel con el rhythm and blues determinó el nacimiento del soul, cuya exponente máxima ha desencarnado días atrás: Aretha Franklin.

Hija de un pastor tan carismático y amable afuera como violento y rígido en la intimidad y de una cantante que abandonó el hogar harta del maltrato y las infidelidades a granel, la niña endureció su corazón ante la ausencia de su madre, tuvo a sus dos hijos mayores en la transición entre infancia y adolescencia, repitió en su primer matrimonio la historia de violencia intrafamiliar y obtuvo en la música el refugio añorado que la convirtió en leyenda.

Comenzó acompañando a su padre como miembro del coro en sus sermones evangélicos y pronto el entorno del último, cuya casa era visitada por exponentes de la cultura negra y por activistas de derechos civiles entre los que se encontraba nada menos que Martin Luther King, determinó su inclinación tanto por la música como por el activismo ante una sociedad racista, injusta y marcadamente patriarcal: su voz inigualable fue el instrumento para predicar la necesidad de cambio.

Otis Redding había pergeñado una canción que resultaba una reivindicación machista ante el rol proveedor del hombre; en el registro tonal poderoso de Aretha, la misoginia de Redding quedó reducida a cenizas. Ella transmutó Respect en una proclama irrefutable: respeto a las mujeres, respeto a su raza, respeto a los derechos civiles de todas las personas. Respect y I say a little prayer elevaron a Aretha a la categoría de ícono y le dieron el título que le pertenece por mérito propio: Lady Soul. Y es que ella ha transmitido tanto la potencia y la belleza como el desgarro y la añoranza desde su rol de intérprete del alma.

Hasta pronto, Señora, y eternas gracias por todo.

La fotografía ha sido tomada de la web.

Aquelarre con sabor árabe

En su etimología árabe, hummus significa garbanzo y se refiere a la crema o puré elaborada con esta legumbre tan nutritiva como agradable para el paladar. No hay entremés más rico que una porción de hummus acompañada con pan pita; con esta certeza es que organizamos el aquelarre en mi hogar con la consigna de saborear comida árabe, y a la hora de poner la mesa inmortalizamos el resultado.

El hummus, preparado con el corazón por Vero, fue decorado en tal sentido para que no quedara duda alguna al respecto. Las pastas para untar se deben a la diligencia de Marcela y los panes y pequeños muffins de tortilla de papa y huevo, exquisitos en presentación y sabor, a la destreza culinaria de Tony, siempre dispuesto a colaborar con nuestras hechiceras reuniones.

Hay sensaciones que integran nuestro acervo de recuerdos sin otra razón que el vestigio de alegría que perdura en el tiempo; la fotografía de aquel aquelarre me remite al efecto bienhechor de cada una de nuestras reuniones. Y una vez más recurro para definir aquel momento a la sabiduría casi infinita de Jorge Luis Borges: “Una extraña característica de la felicidad es que no tiene secretos y siempre está justificada”.

Sándalo y avellanas

El Santalum album, un árbol de tamaño pequeño cuyas flores se destacan por su tono rosa púrpura, es originario de la India y se caracteriza por el aroma intenso de la madera, que se emplea para elaborar un aceite esencial destilado tanto del tronco como de sus raíces. Reviste carácter sagrado por considerarlo un aliado para la limpieza y purificación del espíritu, de ahí su empleo para aromatizar templos así como para envolver el ambiente con sus volutas durante la práctica de la meditación.

Mysore es la ciudad de la India que no sólo se destaca como meca de la seda: allí el Santalum album sólo puede talarse cuando se aproxima a los 30 años, fecha límite en la que comienza a caer preanunciando su muerte. La protección y cuidado de los árboles resulta en un aceite soberbio con el que se elaboran productos cosméticos de altísima calidad; entre ellos, las propiedades antisépticas e hidratantes de los jabones son tan reconocidas como la intensidad de su fragancia: Mysore Sandal Soap arribó a mis manos por gentileza de Vero.

Entre los óleos corporales más suculentos que he testeado se encuentra Sève de avellanas, un producto de Natura que resulta una verdadera bendición para la superficie corporal: vegetal, nutritivo y untuoso, sólo requiere una aplicación con la piel húmeda, enjuagar y secar suavemente para disfrutar del resultado.

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