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La propuesta de Silvia, enviada vía mail a un grupo de entusiastas estudiantes, no podía ser más tentadora aún en las postrimerías del verano austral: un taller corto, apenas dos horas un par de veces, para reflexionar acerca de la Epístola de Santiago. Así que allí nos encontramos con este cometido para analizar de manera introspectiva la carta que el apóstol, cuya identidad aún hoy es motivo de controversia, dirigió “…a las doce tribus…esparcidas…”.

Como sucede con todos los textos clásicos que resultan contemporáneos por su riqueza y versatilidad, el escrito de Santiago puede aplicarse a un sinfín de cuestiones, anhelos y proyectos a los que nos encontremos abocados; en este caso, Silvia estimó pertinente vincularlo con la meditación, ese método que los antiguos nos legaron y que resulta un camino para aquietar la mente y reducir los efectos nocivos del estado de vigilia permanente al que nos conduce el ajetreo cotidiano.

En tanto sitúa y encauza hacia el momento presente, la meditación produce un estado ampliado de conciencia que sacude la hipnosis, ese letargo ilusorio que los hindúes denominan maya. Como todo método requiere de disciplina y voluntad para obtener sus frutos, de una constancia que no resulta patrimonio del “…hombre de doblado ánimo…”, como bien nos enseña Santiago.

El apóstol señala generosamente las pautas para obtener la paciencia necesaria sin desfallecer: ante la falta de sabiduría bastará pedir con fe, sin dudar, y la gracia  será otorgada siempre que el peticionario “…sea pronto para oir, tardío para hablar, tardío para airarse…”: difícilmente el estado de meditación sea posible si la energía se ha desgastado en conversaciones triviales con otras personas, si resultamos prisioneros de nuestra mente  inquieta y sus insondables conjeturas, o si hemos desperdiciado momentos preciosos de nuestra vida en furibundas diatribas contra los demás o contra nosotros mismos.

Santiago nos impulsa a poner en obra la palabra empeñada: si el camino trazado incluye la meditación como senda, sólo tenemos que dedicar un momento de cada jornada a sentarnos en soledad y silencio: así estaremos cumpliendo con “…la perfecta ley, que es la de la libertad, y perseverado en ella, no siendo oidor olvidadizo…”. Aquellos días en los que asumo plenamente este compromiso los beneficios son innumerables para mi salud holística ya que, como concluye Santiago, el ser humano que logra poner la palabra en obra resulta “…bienaventurado en su hecho…”.

Filomena Marturano

Eduardo De Filippo imaginó a Filomena Marturano como una mujer capaz de salir adelante pese a la adversidad que había signado su vida de miseria: la historia del matrimonio a la italiana de la protagonista con Domenico, infiel irredento y autoritario patriarca, fue representada en cine y teatro desde su estreno en 1946 por intérpretes de la talla de Sofía Loren y Marcello Mastroianni.

Esta vez dos actores argentinos asumieron los roles principales de la pieza dramática con la naturalidad que brinda el oficio de muchos años: Claudia Lapacó y Antonio Grimau dieron vida a la peculiar pareja integrada por Filomena y Domenico en sendas composiciones en las que se destacan, cada uno en su estilo. La obra no ha perdido vigencia pese al tiempo transcurrido desde su estreno por cuanto representa una notable reivindicación de los derechos de la mujer, cometido aún pendiente a pesar de esfuerzos múltiples y conquistas parciales y del que Claudia Lapacó resulta ferviente militante.

Por gentileza de Marisa concurrí al Teatro Provincial a disfrutar de la historia de Filomena, iniciada muy joven en la prostitución para sobrevivir, madre de tres hijos a los que ha educado en silencio que ignoran su origen y, finalmente, esposa de Domenico después de 30 años de convivencia en los que se ocupó tanto de su persona como de sus bienes, multiplicando la fortuna que despreocupadamente gastaba a sus anchas el insoportable galán. Finalmente Domenico accede a casarse con la protagonista merced a un engaño y, una vez lograda la ansiada libreta de matrimonio, Filomena ha de enfrentar a su autoritario marido con notable entereza desnudando su misoginia y desdén; él, a su vez, dejará de lado sus prejuicios de origen para denotar una desesperada necesidad de afecto y familia.

Realista, dramática, matizada con humor y destreza musical, esta adaptación de Filomena Marturano incluye una notable escenografía para desarrollar un relato universal que revela la posibilidad del amor y la alegría que subyacen entre los sinsabores de la vida cotidiana: para derramar alguna lágrima, reflexionar y celebrar junto a los actores.

Testeos limpiadores

Alguien con buen tino ha dicho que la rutina más importante para piel y pelo es la limpieza; todo lo demás es bijouterie, excepto la imprescindible protección solar. En mi eterna búsqueda cosmética devenida seguramente de alguna misión atávica, he testeado dos productos que pretenden mantener prístinos cutis y cabello, con suerte diversa.

De Urban Velvet es la crema de limpieza Take the day-off para el rostro, que alude con su denominación al descanso diario. Básica aunque correcta en su cometido, requiere como complemento algún producto más específico para dejar el rostro como merece: impoluto luego de un largo día fuera de casa.

Natura cuenta en su línea Plant con shampoo hidratante formulado a base de suero concentrado de quinoa en su composición, que coadyuva a mantener el cabello sano cerrando la cutícula y reparando la fibra capilar: un buen producto para prevenir el daño provocado por los días intensos de verano.

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