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En la Feria del Libro del pasado año que tuvo lugar en la ciudad Juan adquirió con entusiasmo el último libro de Dan Brown, devenido en autor de culto desde su icónico Código Da Vinci. A poco de comenzar la lectura advertí que lo había dejado a un costado; al preguntarle al respecto, respondió que no había encontrado motivación para avanzar más allá de la página 35.

Confieso que Dan Brown es un autor que me resulta interesante por su proyección popular, ya que ha tornado visible el misterio de la Magdalena en su rol de compañera y sacerdotisa de Jesús revelado por los manuscritos de Nag Hammadi y puesto de manifiesto con rigor investigativo por los autores de El enigma sagrado, donde encontró inspiración el auto del citado Código. He disfrutado también la lectura de El símbolo perdido, aficionada como soy a la Masonería y sus intrincados misterios; ambos ejemplares narran una historia sólida e interesante que impulsa a leer casi sin respirar, una y otra vez.

No me sedujo Inferno más allá del recorrido del personaje principal por ciudades y lugares que he visitado y resultan plenamente atractivos: Florencia, Estambul, la pequeña iglesia de Dante y la Cisterna Basílica más el veneciano templo de San Marcos por donde transita el especialista en simbología Robert Langdon, por lo general en compañía de alguna dama agraciada. Pero si bien encontré fascinantes las referencias históricas que a su vez conforman un periplo interesante en sí no me resultó solvente ni verosimil la trama, en tanto que la película fue una típica versión hollywoodense pródiga en efectos especiales inversamente proporcionales a la escasez sustancial del argumento .

En Origen un antiguo alumno de Langdon, el multimillonario Edmond Kirsch, ha prometido develar en un megaevento que se llevará a cabo en el Museo Guggemheim Bilbao la solución a dos preguntas que se ha formulado la humanidad desde tiempos inmemoriales. Como no podía ser de otra manera, las respuestas se dan de bruces con los postulados de las religiones monoteístas y concitan la tensión y atención, en consecuencia, de los capitostes de dichos cultos. En este caso la compañera de Langdon es la directora del museo, una bella mujer de 40 años que por añadidura resulta la prometida del futuro rey de España, quien le ha pedido matrimonio en una situación inverosímil, ésto es, arrodillado en el estudio de un programa de televisión abierta transmitido en vivo con amplios niveles de audiencia.

He echado de menos los enigmas y simbolos que han sido el leit motiv de las novelas anteriores de Brown pese a la persecución por el citado museo y las escenas que tienen lugar en entornos privilegiados de la geografía española como la abadía de Montserrat, la Sagrada Familia y la Casa Milá en Barcelona así como el Palacio Real, la madrileña Catedral de la Almudena y el siempre polémico y monumental Valle de los Caídos, escenarios de las aventuras y desventuras del profesor y su adlátere dirigidos por una inteligencia artificial cuyo rol podría haber sido interesante y resulta, en definitiva, difuso.

Más allá de estas consideraciones, entiendo que la insustancialidad de la trama deviene de la ausencia de un planteo cabal respecto del devenir histórico de la sociedad española. A esta altura pueden quedar resabios franquistas y católicos reaccionarios, cómo no, pero la reducción simplista de la cuestión dista mucho del esfuerzo realizado por el país de mis ancestros para dejar atrás una historia dolorosa y profunda. Ésta es, a mi criterio, la conclusión más evidente respecto de Origen y el motivo por el cual comprendí el impulso de Juan: me resultó un verdadero esfuerzo concluir las casi 650 páginas que requiere su lectura.

Feria del Libro

La ciudad inauguró una vez más en el transcurso del año pasado la Feria del Libro, esta vez en el predio de exposiciones del Centro Cultural Estación Terminal Sur, un ámbito más adecuado que la carpa ambulante en la que se había montado en anteriores oportunidades. Con la consigna de establecer un Puerto de Lectura a tono con su geografía marítima, el evento se extendió durante más de dos semanas y constituyó una oportunidad de asistir a las diversas facetas de promoción de una actividad tan gratificante como ineludible para quienes somos empedernidos lectores.

Librerías autóctonas y foráneas montaron sus stands con diversas promociones y hubo presentaciones de ejemplares nuevos, diversos talleres de reflexión y trabajo, conferencias a cargo de escritores invitados y actividades recreativas para iniciar a los más pequeños en la pasión por la lectura. Las ferias de este tenor resultan buenas oportunidades para adquirir libros clásicos a buen precio así como para investigar las ofertas en busca de algún incunable que haya resistido el avance del tiempo, aguardando el ojo avizor que reconozca su valor.

Nos retiramos con algunos ejemplares para engrosar la biblioteca después de detenernos sistemáticamente en cada rincón del evento: siempre es un placer recorrer iniciativas que fomentan la cultura y contribuyen a la difusión del universo  configurado por escritores y lectores, quienes entrelazan una trama común e interdependiente trazada en torno a las páginas misteriosas de un libro abierto por primera vez.

Testeos de uva y leche

En mi constante exploración cosmética he aprendido que los productos más simples redundan en mejores resultados para la piel, pese a su duración limitada. La cantidad de conservantes y químicos es directamente proporcional al tiempo de vencimiento, pero como todo en esta vida bendita, la contrapartida es altamente benéfica.

Recurro a VZ en algunos eventos en que se impone un obsequio para alguna querida amiga o, en otros momentos, para regalarme sin motivo alguno. En este caso he testeado la mantece corporal de la línea Milk, una delicada concentración del líquido elemento aromatizado con vainilla y café para hidratar suntuosamente el cuerpo una vez concluído el baño nocturno.

En ocasión de nuestro recorrido por la Comarca, una encantadora zona de la provincia de Buenos Aires que congrega diversas localidades emplazadas al pie del sistema de Ventania, encontramos en Villa Ventana una casa de cuento entre árboles y plantas: en este entorno privilegiado, su propietaria, bioquímica de profesión, elabora con los ingredientes que le proporciona la Naturaleza una diversidad de productos cosméticos que carecen de todo componente sintético conforme al lema de la marca Di Natura: “De la Naturaleza a tu piel”.

Recordando nuestro periplo por la Comarca he disfrutado del jabón líquido elaborado en base a uva con aceites esenciales y vegetales que depara una suave limpieza sin irritar ni resecar el órgano más extenso de nuestro cuerpo físico, al que debemos la protección que nos brinda día a día a lo largo de toda la existencia.

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