Etiquetas

, , , , , ,

Arribamos a Florencia en tren desde Roma, luego de dormir más de 12 horas entre las sábanas confortables del hotel Piram. El descanso era necesario dada la distancia y el tiempo recorridos desde la salida de nuestra ciudad hasta aterrizar en la urbe del César, con el aditamento del cambio de horario y de clima: cinco horas más tarde y fin del verano boreal, en contraposición a nuestro helado invierno austral.

Florencia se desplegó ante nosotros desde Santa María Novella y luego continuamos grabando sus perfiles en las retinas mientras el taxi nos conducía hasta nuestro alojamiento, a metros de la casa del Dante. Pero esta ciudad es más, si cabe, que la belleza de su arquitectura y el trazado increíble de su centro histórico: el alma florentina remite a los primeros pasos de Maquiavelo y Da Vinci, a la obra descomunal de Brunelleschi, al talento primario de Miguel Ángel y al sello imperecedero de Cosimo de Medici, Pater Patriae por los siglos de los siglos secundado por la nobleza aristocrática de su nieto Lorenzo, el Magnífico.

El centro histórico de Florencia constituye un trazado de la historia de la ciudad: la Piazza della Signoria rinde tributo al Gran Duque Cosme I con una estatua ecuestre situada en el centro, a continuación se encuentra la monumental fuente de Neptuno, acto seguido el imponente Palazzo Vecchio y luego la Gallería degli Uffizi, que alberga una de las colecciones de arte más grandes del mundo. El primero fue durante un período de tiempo hogar de la familia Médici; la última resultó de la inquietud de Cosme i, quien soñaba con reunir en el segundo piso del Palazzo degli Uffizi los tesoros artísticos de la familia, sueño que finalmente plasmaron sus descendientes Francisco y Fernando.

Florencia se encuentra atravesada por el río Arno y no hay mortal que pise sus calles que no se dirija a cruzar el Ponte Vecchio, donde antaño se encontraban los comerciantes exhibiendo sus mercaderías para la venta: la falta de pago de sus deudas autorizaba a los soldados a romper las bancas que cumplían la función de tenderetes y así se habría originado la expresión bancarrota, tan temida por el mundo empresarial.

Una vez más la descendencia de Cosimo atraviesa la historia, porque fue Cosme I luego de su matrimonio con Leonor de Toledo quien adquirió el Palazzo Pitti situado al otro lado del puente, conectando su residencia de verano con el Palazzo Vecchio a través del Corredor Vasariano, que atraviesa la parte superior de las tiendas por la vereda izquierda. Fernando I autorizó luego a los orfebres a instalarse sobre el puente y los comercios conservan hasta hoy el brillo de las joyas que se destacan en sus escaparates y rivalizan, sin éxito, con el paisaje.

La basílica de San Lorenzo

La pequeña iglesia fundada por San Ambrosio en el año 393 fue concebida como una monumental obra religiosa de principios del Renacimiento por Filippo Brunelleschi a instancias de Cosimo y culminada en 1460 por Antonio Manetti, fiel ejecutor del encargo inicial.

La idea del patriarca mediceo era recuperar el clasicismo de las iglesias cristianas, con trazado de cruz latina y capillas adosadas a los costados. En esta magnífica construcción se destaca la capilla original concluída por Brunelleschi en 1422, la cabecera de la nave central con dos púlpitos de bronce de Donatello y la decoración interior debida nada menos que a Miguel Ángel por encargo del papa León X, segundo hijo varón del Magnífico.

El primer miembro de la dinastía Médici descansa en una tumba bajo suelo a la que se accede a través de los jardines de la basílica, en una cripta debajo del altar de la capilla familiar. Un monumental pilar de mármol sostiene el coro en la planta principal y el sarcófago se encuentra custodiado por dos leones sentados: la leyenda tallada consigna que allí yace Cosimo el Viejo, fundador de la familia y puntal del pilar que sostiene el presbiterio de la capilla y la suerte de los Médici, que el monumento fue realizado por Andrea del Verrocchio en 1464 y que un año después la Signoria añadió a la tumba la inscripción Pater Patriae. Todo un símbolo.

La casa de Dante

Cuando el poeta de los poetas falleció en el exilio en Rávena en el año 1322, su hermano vendió la mitad de la casa familiar en la que había nacido Dante. Con el tiempo, su hijo abandonó la ciudad acuciado por las necesidades económicas y el resto del inmueble también fue enajenado, sirviendo para fines diversos como depósito o baulera y perdiendo en consecuencia condiciones de habitabilidad.

No obstante, la tradición popular continuó viva y los vecinos señalaban el sitio como “la casa de Dante”, en alusión al lugar donde el padre de la lengua italiana había abierto los ojos por primera vez. Recién en el año 1960 el Ayuntamiento de Florencia decidió recuperar el inmueble y construir un edificio similar al que había albergado a la familia Alighieri, que hoy es la sede del museo dedicado al insigne florentino y dista pocos metros de la iglesia de Santa Margherita dei Cerchi, donde Dante quedó prendado de Beatriz al verla por primera vez.

La casa de Dante se estructura en tres pisos que dan cuenta de los diversos estadios de la vida del poeta. En el primer piso, su niñez y juventud se amalgaman con la  impronta florentina del siglo Xiii: un muy joven Dante contrae matrimonio a los 12 años y evoluciona desde el empleo público hasta involucrarse en la vida política de la ciudad. En la segunda planta la exposición se centra en su rol como embajador ante los estados pontificios, la multa impuesta por el papa Bonifacio VIII conjuntamente con el exilio por dos años y la imposibilidad de hacer frente a la suma dineraria que lo condenaría a exilio perpetuo.

En el último tramo se pueden observar documentos relativos a su obra cumbre, como una copia de La Divina Comedia del Codice Trivulziano de 1337 y la más pequeña de sus ediciones que data de 1899. El museo se encuentra engalanado con algunas esculturas de Dante, por ejemplo la que ha registrado la fotografía de Juan cuyo autor es el artista ruso Stepan Mokrousov y fue donada en ocasión del 750 aniversario del nacimiento del ilustre florentino.

Para visitar el pequeño santuario en el que Beatriz y Dante contrajeron matrimonio con sus respectivos cónyuges, donde tanto la esposa como el amor imposible del poeta fueron enterradas, hay que tener en cuenta que sólo se encuentra abierta entre las 10,30 y las 12,30 horas y armarse de paciencia ante los grupos de turistas que se instalan para escuchar aplicadamente las explicaciones de sus guías. Cada contingente no permanece más que unos minutos, y en el breve lapso entre unos y otros es posible sentarse, respirar e imaginar el sentimiento que inspiró al Summo Poeta allá por el siglo XIII, vigente como el primer día.

Anuncios