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Vulnerabilidad, vocablo compuesto de origen latino, proviene del sustantivo vulnus que significa herida, la partícula abilis que implica posibilidad y el sufijo dad, que indica cualidad. Vulnerabilidad, entonces, es la cualidad o capacidad de una persona para ser lastimada o herida.

En tanto seres que transitamos por la existencia provistos de máscaras sociales para desempeñar diversos roles o para resguardarnos de las opiniones de los demás, arrastramos creencias y mandatos que nos impiden develarnos como somos bajo apercibimiento de ser tachados de débiles, incapaces o pusilánimes. En todo momento y ocasión debemos demostrar fortaleza, capacidad, determinación: en suma, la vulnerabilidad tiene mala prensa y mostrarse vulnerable es un defecto, o una inexcusable debilidad.

La semana pasada mi hijo fue sometido a una intervención quirúrgica para reparar el ligamento cruzado de la rodilla izquierda, lesionado luego de brutalidades y descuidos propios de los deportes de contacto. Con el corazón en la mano y el alma en un puño lo acompañé hasta que se lo llevaron al quirófano, mientras con una sonrisa forzada procuraba infundirle tranquilidad; después transcurrieron dos horas que se prolongaron, eternas, hasta que el enfermero vino a buscarme con una sonrisa cuando ya se encontraba nuevamente en la habitación de la clínica y la operación había concluido exitosamente.

Y durante el curso de esas horas no fingí, no recurrí a la máscara, no disimulé: todo mi ser expresó la angustia que sentía ante la situación, ese miedo irracional que se instala como una garra cuando nuestros hijos padecen algún traspié de salud, por menor que sea. Tal vez porque la maternidad es un voto irrenunciable, tal vez porque nuestra aura los abarca aunque hayan transcurrido años desde que los tuvimos en brazos por primera vez, aceptamos humildemente en momentos difíciles nuestra omnipotencia ilusoria y elevamos una oración a la Divinidad para que los preserve, con conciencia absoluta de nuestra humana vulnerabilidad.

Circo Imperial de China

El magnífico espectáculo denominado El panda y la naturaleza, en el que los artistas del Circo Imperial de China despliegan técnicas tan asombrosas como milenarias, se encuentra recorriendo este año diversos países de Latinoamérica. Innumerables son las distinciones recibidas por los integrantes de este Circo en el que los pandas son marionetas humanas gigantes que cuentan una historia encantadora: medallas de oro en el Festival Mondial du Cirque de Demain en París, de plata en el Festival Internacional de Montecarlo, primeros premios en el Festival Circuba cubano… Asia y Australia también fueron parte de la gira de este show internacional, cuyos artistas dejan boquiabierto al público con sus habilidades.

La avant premiere se llevó a cabo en la ciudad y tuve la suerte de concurrir invitada por Marcela. Luego de la recepción inicial con café y una copa de espumante champagne nos dispusimos a disfrutar de una puesta en escena tan osada como compleja, que contaba con más de 40 artistas. A las técnicas circenses clásicas se adicionan coreografías plenas de luz y color, efectos especiales y un vestuario que potencia el despliegue de habilidades de los integrantes, mientras cada cuadro configura una composición mágica acerca de la historia del panda y la naturaleza.

La labor de los artistas, acróbatas consumados, combina técnicas milenarias con contorsionismo increíble, trabajo con diábolos cuya historia se remonta a casi 4.000 años atrás, malabarismos y torres humanas que cortan la respiración. Claro que nada se encuentra librado a la improvisación: más de un año de ensayos e inversión millonaria son necesarios para lograr la excelencia de un espectáculo de estas características y la ciudad reconoció este esfuerzo: las localidades agotadas obligaron a añadir otra función a las inicialmente previstas antes de la partida hacia nuevos éxitos.

La fotografía resulta mérito exclusivo de Marcela.

Green Tea Mask

Las catequinas, sustancias antioxidantes propias de la composición del té, pertenecen a la familia de los flavonoides y poseen tanto propiedades medicinales como rejuvenecedoras para la piel. Si bien se encuentran en general en todas las variedades, el té verde las contiene en cantidad tal que ayudan a combatir la proliferación de los inclementes radicales libres, responsables del proceso de envejecimiento.

El empleo de té verde en cosmética es relativamente nuevo y se debe en gran medida a Oriente, ya que en aquellas tierras existe un verdadero culto tanto por el cuidado de la piel como por el consumo de esta noble bebida. Las manchas debidas al sol o a la edad, los brotes de acné y las inflamaciones por irritación pueden ser visiblemente atenuadas por el empleo de cosméticos con té verde en su composición.

MJCare es una compañía de cosmética coreana que se especializa en máscaras faciales, en cuya composición emplean principios activos naturales y agua de hamamelis; la distribución no es sencilla en esta parte del planeta, pero se pueden conseguir en Tina&Co, encantador sitio ubicado en pleno Barrio Chino de Buenos Aires. Y beber en el tercer piso del lugar, luego de adquirir una considerable provisión de máscaras, alguna taza de té verde de buena calidad para incorporar al organismo una buena dosis de aminoácidos saludables como las teaninas, responsables de la intensidad del gusto de esta infusión.

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