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Crónicas de Playa Perdida y otras historias de mar es un libro de cuentos que transcurren entre la segunda y cuarta década del pasado siglo XX. Playa Perdida, cuyo mapa se incluye en la edición para orientar al lector acerca de este caserío de pocas cuadras cuyos habitantes se encuentran signados por la cercanía del mar profundo, es un lugar imaginario concebido por mi amigo Riki desde sus recuerdos de infancia, cuando la ciudad era percibida con esa extensión desde su mirada de niño.

El libro fue editado con el aporte previo que hicieron los futuros lectores, quienes confiando en el talento indudable del autor entregaron dinero a cuenta para financiar la edición. Curiosamente, los mecenas fueron más numerosos que la cantidad necesaria para financiar el libro y así estas crónicas vieron la luz, fueron presentadas en sociedad y dedicadas de puño y letra a cada uno de los lectores. El ejemplar que me correspondió e ilustra estas líneas fue un obsequio del autor: Riki me ha regalado cada uno de sus libros, siempre prologados con enorme afecto.

Como todos los seres humanos que hemos nacido al amparo de la brisa salada, Riki tributa al aire frío de la costa y al viento inclemente del invierno atlántico. Sus ausencias temporales de la ciudad fueron marcadas por la nostalgia del mar, ese espacio acuático y profundo en el que se pierden la mirada y el pensamiento. En estos cuentos se refleja esta devoción: hay barcos y muelles, un hotel abandonado en la costa e historias de mar con tinte borgeano en las que la muerte, la soledad y el amor resultan recurrentes y necesarias.

Playa Perdida fue concebida como un sitio pequeño como tantos otros en los que abundan tanto el drama como el romance, tanto la costumbre como el peligro. La pluma de Riki la ha dotado de personajes mágicos como el Ángel que camina por la playa del sur, así como de sitios entrañables como el Bar de las Paredes Rotas en el que mujeres tan hermosas como oscuras se vinculan con artistas que arrancan acordes a las guitarras. Y también de algún poema que da razón de sus dichos “…Marece un trago y una bendición / quien se le anima a una mujer de aquellas./ Merece algo importante -digo yo- / quien prueba en eso su ángel o su estrella”.

El cumpleaños de Ale

“Mis segundos 21” rezaba la invitación de Ale a su cumpleaños. Toda una declaración de principios acerca del paso del tiempo y de la actitud que se puede asumir al respecto: “Mis segundos 21¨ implica un renacer de la primera juventud, un retorno a los años en los que todo era posible y probable.

Más allá de números y edades, el ágape organizado por mi querida amiga incluyó vituallas dulces y saladas, café y té a elección, entremeses fríos y calientes y, como leit motiv supremo, otra oportunidad para agasajar y obsequiar a nuestra conspicua integrante del aquelarre.

Las fechas adquieren la importancia que cada persona quiera otorgarles y conspiran en consecuencia para cumplir con los sueños de quien las honra: con Ale celebramos estos nuevos 21 con la certeza que nos brinda saber que allí estaremos, juntas, cuando sea el momento de multiplicar por tres el mismo número, con la misma alegría y unidas por el mismo lazo invisible y fraternal.

Ojos rasgados

Las mujeres árabes se destacan por la tersura de su piel y la forma almendrada de sus ojos, generalmente oscuros. El realce de la mirada forma parte de los secretos ancestrales para adicionar a las bondades de la Naturaleza la colaboración de la cosmética, que dan como resultado ojos tan intensos como profundos y rasgados.

A falta de khol, el famoso delineador, se ha de emplear un lápiz de ojos de buena calidad conjuntamente con una máscara que alargue y distribuya las pestañas de manera uniforme. El delineado comienza en la línea interna del ojo, tanto superior como inferior, y luego se proyecta levemente hacia las esquinas para ampliar el efecto. Una vez concluída esta etapa, se puede intensificar con el trazado externo difuminado con un pincel.

El tercer paso consiste en aplicar la máscara de pestañas con generosidad, empleando a tal fin un producto de buena calidad para evitar que con el correr de las horas se produzcan desplazamientos; por la noche resulta imperioso limpiar la zona en profundidad a fin de permitir a los ojos y a la piel del contorno recuperarse así como evitar alergias e irritación. Lancôme cuenta con un kit que contiene los tres productos necesarios para delinear, arquear pestañas y luego limpiar puntillosamente una vez lograda la ilusión de lucir ojos semejantes a aquellos que se asoman, misteriosos, por encima del velo del chador.

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