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Las fotografías tomadas por Juan en el extremo sur del país rememoran, una vez más, el inolvidable viaje por Ushuaia. Entre los recuerdos de nuestros últimos días en la isla austral se encuentra la visita a Siberianos de Fuego, el criadero en el que conviven más de 100 perros de esta raza, con los cuidados especiales que cada uno requiere.

Siberianos de Fuego es un emprendimiento de la familia Flores y sus miembros se ocupan personalmente de la atención y el adiestramiento de estos hermosos perros originarios de la estepa rusa. Son animales nobles y cariñosos en los que se advierte a simple vista el afecto que tienen por sus cuidadores: apenas nos acercamos rivalizan en saltos, aullidos y gestos para recibir tanto la caricia de nuestro guía como las efusivas demostraciones de amor de los visitantes.

La cabaña en la que se emplaza la administración es un sitio acogedor en el que se disponen bancos cubiertos con mantas alrededor de una estufa a leña; con una taza de té o café en la mano los turistas conocen los 24 años de historia del lugar, el origen de los perros así como sus condiciones de vida y el ejercicio físico que deben realizar a diario conjuntamente con sus cuidadores, ya que la raza requiere de este entrenamiento ancestral propio de las zonas inhóspitas de las que proviene.

Hay tanto Siberian como Alaskan huskies; los primeros son más livianos e independientes, los últimos más fuertes y resistentes. Han ganado las carreras más importantes en el país y en el exterior pero compiten hasta que llegan a los 10 años de edad; luego residen con sus semejantes en el criadero hasta que abandonan su cuerpo físico, rodeados de afecto y cuidados.

Vimos cachorros y perros ya ancianos, algunos en el mismo hábitat y otros separados del resto, como un hermoso husky de ocho meses que ya había accedido a espacio propio por haber alcanzado casi el doble del tamaño de sus hermanos debido a la voracidad con que se alimentaba en desmedro de los más pequeños. Absolutamente cariñoso y adorable, estaba en proceso de adiestramiento como perro guía y aullaba cada vez que nos acercábamos: había aprendido que así lograba más atención que otros ejemplares más tímidos.

A Siberianos de Fuego también llegan algunos ejemplares que languidecen en las ciudades hasta que sus familias se dan cuenta que requieren de espacio, ejercicio físico cotidiano y temperaturas frías: algunos necesitan paciencia y tiempo para recuperar músculos atrofiados y la independencia propia de la raza, pero el cariño y la dedicación obran milagros. Una larga serie de aullidos nos despide antes de emprender el regreso: el pequeño guía reclama, una vez más, toda la atención para sí mismo.

Almuerzo en el lago Fagnano

Los onas, habitantes originarios de Tierra del Fuego, llamaron Khami a esta maravilla lacustre, que en su lengua significaba Agua Grande. Los colonos, siglos más tarde, lo bautizaron Fagnano en honor al religioso salesiano que ejerció el primer ministerio apostólico en la región; la calma naturaleza que lo circunda y complementa, seguramente, vibra con la nominación que recibió de aquellos sabios ancestros.

El lago reconoce su origen en los glaciares y desemboca en el Estrecho de Magallanes; sus 110 kilómetros de largo cubren una superficie total de 539 kilómetros cuadrados. Para llegar a estas orillas pedregosas atravesamos en un vehículo tipo 4×4 las proximidades del lago Escondido, ubicado al pie del Paso Garibaldi, el único portal fueguino que permite atravesar la Cordillera de los Andes. Después de un descenso para tomar fotografías que apenas logran captar la inconmensurable belleza del paisaje seguimos camino entre las lengas; lamentablemente en algunos tramos la acción del castor ha convertido en troncos secos la pujanza de los árboles.

El bosque patagónico y los picos nevados de las montañas resultan el marco perfecto para el inmenso Fagnano, que además concita el interés de los científicos porque año tras año se desplaza en sentido lateral en dirección este-oeste, unos cinco milímetros cada vez. Los expertos que han procurado encontrar el origen del fenómeno lo atribuyen a la línea imaginaria que marca la ubicación de una falla geológica entre las placas tectónicas Sudamericana y de Scotia, cuyos desplazamientos provocan el consiguiente movimiento de la masa lacustre.

Ajenos a todo ésto los visitantes que arribamos a la cabaña ubicada a orillas del lago recorrimos el pequeño embarcadero, caminamos entre las piedras que delimitan la orilla y disfrutamos de un almuerzo preparado en la parrilla exterior. Antes de partir tuvimos un convidado inesperado: el zorro patagónico, atraído por el aroma que flotaba en el aire, se acercó despreocupadamente a alimentarse ante nuestros ojos asombrados.

Casa Beban

Fortunato Beban arribó a Ushuaia desde Europa en la primera década del siglo XX. El comercio marítimo le fue propicio y su fortuna personal se multiplicó; entre 1911 y 1913 una construcción de madera y chapa que arribó desde Suecia en materiales que se ensamblaban dio origen a la primera vivienda de estilo que conoció el pequeño poblado que era Ushuaia en aquella época.

La casa, de 280 metros cuadrados y diseño europeo, fue el eje de las reuniones sociales y políticas de la época: ningún acontecimiento era considerado importante si no se llevaba a cabo entre sus paredes. Cuando su dueño falleció los descendientes la alquilaron y allí funcionó una clínica, el primer centro de medicina privada de Ushuaia. Con el tiempo también fue sede del hotel Las Goletas, así llamado por las embarcaciones que le dieron a Beban su riqueza y posición social; aquí también tuvieron lugar los eventos sociales más sonados de la ciudad.

La construcción fue vendida en los años ´90 y durante un período tuvo destino meramente comercial, ya que allí se instaló una empresa automotriz que vendía las unidades en este entorno peculiar. Pero el municipio de la ciudad comenzó una lenta tarea de recuperación del patrimonio histórico, entonces se emprendió el traslado previo desmontaje y la posterior instalación en el Paseo de las Rosas, donde hoy se emplaza. Enfrente se destaca la antigua Casa Pena, actualmente sede del Museo de la Ciudad, y en el medio de ambas la glorieta Graciela “Tati” Trebucq: tres joyas arquitectónicas que reflejan la historia de la ciudad.

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