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En ocasión de nuestra reunión matutina de aquelarre en casa de Ale, mientras debatíamos frente a la mesa dulce y salada bajo la mirada atenta de Delfina, pendiente de cada una de las asistentes desde sus cinco meses de edad, sonó en el aire la melodía de una canción de Joaquín Sabina. Adriana, con los ojos brillantes, manifestó mirándome que no podía escuchar determinadas composiciones sin que la invadiera una sensación de melancolía.

Su remembranza se remonta a épocas de nuestras vidas en las que éramos asiduas de un bar donde Sabina era presencia constante desde la interpretación de la banda que integraban varios músicos; con algunos de ellos compartíamos largas tertulias acerca de alegrías y congojas. Nuestras vidas personales atravesaban momentos complicados y esos instantes eran remansos; si bien los recuerdos son gratos, hay una chispa de nostalgia que se cuela y provoca esa sensación que mi querida Adri expresó aquella tarde, con el corazón en la mano.

Porque la melancolía, contrariamente a la concepción griega de los humores en tanto determinantes de las emociones que aludía a la “bilis negra” como sinónimo de congoja o abatimiento, no es equiparable a esa tristeza vaga o permanente que puede conducir a la depresión. La melancolía es, como bien lo manifestara Víctor Hugo, “la felicidad de estar triste”, la evocación de un grato momento que forma parte de nuestro acervo personal al que ya no podemos retornar.

El instante vuelve a nosotros desde el fondo de los tiempos y se instala sin permiso proveniente de nuestra memoria y nuestro recuerdo. Si el presente es satisfactorio, la sensación tendrá una duración más o menos limitada y luego retornará al sitio que ocupa en nuestro interior la memoria pretérita; si permanece o se instala con frecuencia, quizás sea tiempo de bucear en nuestra realidad actual para comprender por qué retornamos al pasado en lugar de disfrutar de las infinitas posibilidades que ofrece la actualidad.

Tal vez porque la melancolía arrastra los pensamientos como el otoño a las hojas es que la estación otoñal se encuentra teñida por la melancolía, como bien señalara en una conversación virtual que mantuvimos mi amiga bloguera Paloma. Y es que otoño y música componen un dúo que incita a este estado anímico al que los seres humanos tenemos la gracia de retornar de vez en cuando, con los ojos brillantes como Adriana.

No obstante y pese al dulce desasosiego que causa, la melancolía es fuente de inspiración para artistas y poetas y también proveedora de instantes únicos para comunes mortales, que atesoramos recuerdos felices hasta que en algún momento resurgen para provocarnos esa tristeza confortable e indefinible. Como ejemplo de poeta entre los poetas, Jorge Luis Borges evoca en Caja de música la melodía perdida del Japón como “un ayer que vuelve” de algún lugar que no puede precisar, pero esa incertidumbre respecto del origen no lo desvela: “…No lo sabré. No importa. En esa música / yo soy. Yo quiero ser. Yo me desangro”.

De blogs y premios LIV

Desde Blog de Themis, su autora sorprende y emociona con las historias del Petate en un pueblo mexicano que parece de cuento. Themis ha nominado este blog en el pasado mes de agosto al premio Blogger Reconigtion Award, agradezco su amabilidad y he de cumplir con las reglas al respecto, que en este caso implican agradecer y enlazar al blog del que proviene, compartir cómo comenzó la aventura bloguera, aconsejar a los principiantes y seleccionar quince blogs para nominar al premio, a los que han de notificarse al respecto.

En cuanto al comienzo del blog ya me he referido en alguna oportunidad, obedeció a la pasión por escribir y a la necesidad de plasmar el milagro cotidiano que se evidencia en tantos motivos de agradecimiento. Fue el primer paso de un camino personal que genera inmensas satisfacciones, pero creo que cada experiencia es única e intransferible y por ello a los recién iniciados sólo les diría que sigan su voz interior.

En cuanto a los nominados en esta oportunidad:

  1. Jon Ícaro: el blog de un escritor profesional.
  2. God Bless Lipsticks: sitio italiano de maquillaje, belleza y estilo.
  3. Diario de una famlia frustrada: o la historia de los Vasquez.
  4. Acuere.es: tecnología y marketing digital.
  5. The Happy Book: interesantes contenidos acerca de la gracia de vivir.
  6. Delicias do Momento: decoración, viajes, diseño…
  7. Ana de Lourdes: miscelánea de sensibilidad e información.
  8. Neide Brasileiro: poesía, arte, pintura.
  9. An Obvius Oblivion Blog: la pasión por la palabra escrita de Anushka.
  10. Femme et Infos: o el glamour francés.
  11. Gioarantes: pensamientos, poemas y cuentos de Giovani.
  12. Influencer digital: un joven blogger colombiano.
  13. Un poco de Tertulia: compartir, relatar y profundizar acerca de la vida.
  14. Julio L. Calderón: un escritor nómada con paradero desconocido.
  15. Sólo por la luz: o el arte de recolectar instantes.

Gracias a todos por su participación en la blogósfera.

Bruma angelical

Las gradaciones entre las fragancias dependen del porcentaje de esencias aromáticas que incluyan en su composición. En una gradación entre el perfume puro y las brumas, también llamadas splash o body mist, la diferencia oscila entre un 40% y apenas un 1% de esencias aromáticas; las últimas no contienen un porcentaje elevado de alcohol y pueden ser aplicadas también sobre el cabello y la ropa por esta razón.

Victorias´s Secret es una marca que se caracteriza por la diversidad e intensidad de sus brumas, que persisten sobre la piel debido a la calidad de los elementos utilizados en su composición. En este caso, Angels Only huele a flor de manzano, fresia y violeta y constituye una buena compañera para las tardes de fines del verano, cuando aún el sol entibia el aire y en la piel persiste el tinte bronceado estival.

Como complemento luego de la ducha, Dream Angels Kiss Lotion fusiona las flores rosadas con un toque de menta y miel de osmanto: ambas se entrelazan en una síntesis dulce floral que no resulta empalagosa. Agradezco haber gozado de ambas creaciones de Victoria`s Secret merced a la generosidad de mi querida Ale.

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