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El cambio de color de la Naturaleza preavisa que el otoño se ha instalado con fuerza en este hemisferio austral: una gradación sutil entre el verde intenso y el amarillo dorado con algún tinte rojizo ha revestido los árboles de mi barrio, dotando al ambiente de un aura misteriosa y reflexiva.

El otoño se encuentra atravesado en mi lugar de nacimiento por el signo de Aries, que implica el punto de partida de todos los comienzos como iniciador del repliegue de las estaciones. Es una energía de introspección y silencio, un inicio del camino que implica desprenderse de aquello que ya no es necesario para ahorrar fuerzas, hasta que llegue el momento de transitar nuevamente el comienzo del renacer de la abundancia en primavera.

Otoño es también el inicio de Perséfone como soberana del Inframundo, el necesario descenso a la oscuridad para apreciar el retorno de la luz, porque la energía pionera de Aries tiene su correspondencia en el símbolo del hacha de doble filo cretense o labrys, empleada por las sacerdotisas minoicas en artes rituales. La raíz etimológica del vocablo es la misma que la que origina la palabra labyrinthos o laberinto, también vinculado al palacio minoico de Cnosos, el hogar del rey de Creta donde el Minotauro purgaba la sombra personal del tiránico soberano.

Al igual que Perséfone se abrió paso entre  tinieblas desconocidas, el otoño es tiempo propicio para plegarse a la energía de Aries y emprender la búsqueda del camino en el laberinto personal. Replegarse, respetar la merma de las horas de luz y desprenderse, como los árboles, de aquello que resulta superfluo por apego implica un ejercicio de introspección profunda que ha de redundar en una primavera luminosa.

Té en el hotel Iruña

Las últimas reuniones y jornadas de reflexión por el Día Internacional de la Mujer tuvieron lugar a fin de marzo; en esta ocasión fui invitada gentilmente por la filial de la ciudad de la Liga de Amas de Casa a tomar el té un domingo por la tarde en el Salón Tartufo del hotel Iruña, uno de los establecimientos más tradicionales de este rincón costero .

María del Carmen, alma mater de la cadena hotelera que supo edificar desde los inicios con su esposo, presidió la opípara mesa plena de exquisiteces dulces y saladas para degustar; la última generación de la familia se encontraba debidamente representada por Anastasia, una preciosa niña de once años que porta en sus genes la irreductible determinación de su abuela.

Durante varias horas compartimos opiniones e información, en especial respecto de la reconocida solidaridad que caracteriza a esta empresaria  que llegó a Argentina desde España cuando contaba con 13 años, se casó muy joven con un compatriota y a fuerza de trabajo y esfuerzo logró edificar un imperio hotelero. Si bien en la actualidad ha dejado en manos de su familia la administración, cada detalle en su presencia no pasa desapercibido y sigue ocupándose con capricorniana decisión.

Distinción, flores y reconocimiento especial por su trayectoria le fueron entregadas a María del Carmen, quien con 83 años continúa viajando, haciéndose presente allí donde se necesita una mano solidaria y haciendo planes con su nieta, con quien espera celebrar el momento en que reciba diploma universitario: a juzgar por la energía que despliega, hará realidad su determinación de vivir muchos y felices años más.

Testeos argentinos

Once años atrás, Carina Cavazza desarrollaba en Rosario, en el espacio demarcado por el garage de su hogar, los primeros jabones de La Pasionaria, una marca a la que soy adicta que se caracteriza por la calidad de los productos empleados; hoy cuenta con varios locales y franquicias, una amplia gama de aromas y propiedades en cada producto y una variedad que la empresaria describe como “muy argentina”: yerba mate, dulce de leche, uvas y hasta jabones patrios, ya que se emplean en su composición plantas originarias de esta región del planeta.

El jabón líquido de uva posee un perfume sutil y al mismo tiempo intenso, se encuentra enriquecido con ingredientes emolientes e hidratantes y su espuna es tan suave como la seda; es un buen preludio antes de probar los jabones a la carta inspirados en los sabores del vino, próxima delicia de La Pasionaria en el horizonte de mi piel.

Cuando Andrea Frigerio transcurría largas tardes junto a su abuela francesa aprendiendo acerca de botánica y aromas, atesoraba cada palabra y cada sensación en su interior. El tiempo la llevó por los derroteros del modelaje y la actuación pero su recuerdo famliar habría de impulsarla hacia nuevos senderos, y en el año 2009 fundó junto a su esposo una empresa familiar: Roses are Roses.

Calidad y precio no resultan antagonistas en este emprendimiento argentino, en el que la empresaria persigue el objetivo de acercar a la cotidianeidad el lujo de los aromas y las fragancias supervisando cada detalle de la composición. En esta ocasión, la crema para el cuerpo Tea Rose conjuga diversos varietales de rosas: damascena, silvestre y el perfume de la rosa té en una diversidad delicada que se funde sin esfuerzo y persiste horas sobre la piel.

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