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“Hombre versado en todas las disciplinas, curioso de todos los arcanos, padre de escrituras, de lenguaje, de utopías, de mitologías, huésped de infiernos y de cielos, autor panajedrecista y astrólogo perfecto en la indulgente ironía y en la generosa amistad, Xul Solar es uno de los acontecimientos más singulares de nuestra época”:  así se refería la pluma incomparable de Borges a su amigo en el año 1949, en ocasión de la exposición llevada a cabo en la Galería Samos que supo prologar.

Nacido Alejandro Schulz Solari en 1887, luego de un breve paso por la carrera de Arquitectura se trasladó a Londres en 1912; a partir de allí residió en cada ciudad europea que atrajo su atención: París, Marsella, Florencia, Milán, Munich fueron testigos de su amor por las acuarelas y su curiosidad por la filosofía hermética y las religiones no convencionales.

En Milán se llevó a cabo en 1920 su primera muestra conjuntamente con el escultor Arturo Martini, donde adoptaría el nombre que habría de trascenderlo: Xul Solar. La influencia del expresionismo y del fauvismo serían notorias a lo largo de su carrera como instrumentos para expresar su acentuada espiritualidad y la simbología esotérica de la que era devoto.

Un encuentro trascendental habría de producirse en París en 1924, porque el ocultista Aleister Crowley y el pintor compartirían largas tertulias  en las que el místico lo inició en el método para interpretar y registrar sus visiones que daría lugar a Son Signos, su libro de transmisión de símbolos. Tampoco le fueron ajenos el I Ching, los seres elementales como genios y duendes y las jerarquías angélicas, vínculos de acceso a verdades ocultas a los ojos profanos.

Desde su conocimiento de la astrología y los caminos del Tarot y la Cábala reinterpreta los símbolos con expresiones propias, imagina un teatro para adultos, desarrolla el juego del pan-ajedrez y concibe un nuevo lenguaje al que bautiza neocriollo y un idioma universal denominado panlingua. Ambos obedecen a una búsqueda constante de la manera de mejorar la comunicación entre los seres humanos, a partir de su profunda creencia en la necesidad de alcanzar la armonía universal.

El artista concebía una definición de sí mismo tan versátil como original, fiel a su estilo: “Alejandro Xul Solar, pintor, escribidor y pocas cosas más. Duocecimal y catrólico (ca-cabalista, tro-astrológico, li-liberal, co-coísta o cooperador” (Nota autobiográfica, Mirador, Buenos Aires,junio de 1957). La exposición temporaria Xul Solar. Panactivista se puede visitar hasta el 7 de julio en el Museo Nacional de Bellas Artes, con entrada libre y gratuita.

Como muestra 7 Rishis, témpera y goauche sobre papel sobre carbón data del año 1944, cuando Xul Solar participaba de la Orden Marinista de la América del Sur y se vinculaba con el grupo independiente de Estudios Esotéricos de Montevideo, apodándose Hermano Nulo. La obra tenía un objeto predeterminado y así fue concebida por la imaginación desbordante del artista: encabezar un espacio de meditación donde se llevarían a cabo las actividades de la Orden.

Botero en Buenos Aires

Fernando Botero, colombiano, autodidacta, pintor e ilustrador, con alguna influencia del muralismo mexicano y una inclinación evidente hacia las formas rotundas del Renacimiento italiano, ha logrado consolidar un estilo único que algún crítico denominó boteroformismo.

Luego de su consagración en el arte pictórico, las primeras incursiones en la escultura se remontan al año 1964, cuando las figuras monumentales a las que era afecto en la pintura encontraron en los bloques la expresión del Renacimiento en la piedra: las enormes esculturas conquistaron los Campos Elíseos de París en el año 1992, la Quinta Avenida de Nueva York y lograron admirados calificativos en lengua española en Madrid y Buenos Aires.

En el año 1994, el artista donó a Buenos Aires Torso Masculino Desnudo, una monumental escultura de bronce sobre base de mampostería que se encuentra emplazada en Parque Thays. La impresionante imagen, en la que resultan resaltados exageradamente los músculos abdominales y dorsales así como las extremidades altas de la figura masculina, contrasta con la serenidad verde que se respira en este espacio natural de Buenos Aires.

Floralis Genérica

La Plaza de las Naciones Unidas se encuentra ubicada en la Avenida Figueroa Alcorta, en pleno barrio de Recoleta. La superficie verde recibió su denominación en el año 1956, a pocos años de la creación del organismo internacional que reemplazó a partir de la finalización de la Segunda Guerra Mundial a la Sociedad de las Naciones Unidas.

En el año 2000, el arquitecto Eduardo Catalano donó a la ciudad de Buenos Aires el monumento que habría de modificar la fisonomía serena de la plaza: la Floralis Genérica, una inmensa estructura de acero inoxidable y aluminio, de 18 toneladas de peso y dotada de un mecanismo complejo hidráulico con células fotoeléctricas. Dos años después culminó la instalación que representa un homenaje a las flores, ya que sus seis pétalos, pese a sus 20 metros de largo, se abren por la mañana y se cierran con la puesta del sol; desplegada, el diámetro de la obra alcanza los 32 metros.

Una tormenta considerable dañó el mecanismo de los pétalos y la Floralis permaneció abierta durante varios años, hasta que finalmente el 10 de junio de 2015 recuperó el movimiento: desde ese momento, salvo en caso de fuertes vientos, se puede contemplar la apertura y cierre de esta escultura que ha logrado convertirse en poco tiempo en un ícono de Buenos Aires.

Todas las fotografías resultan mérito exclusivo de Juan.

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