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Buenos Aires se despliega, casi interminable, desde la ventanilla del avión que nos deposita en menos de una hora en la gran metrópoli. El fin de semana sólo cuenta con 48 horas pero nos disponemos a disfrutar, casi sin pausa, las infinitas posibilidades que depara la ciudad.

En las barrancas de Belgrano, barrio porteño del que era oriundo mi papá, una oleada de inmigrantes de origen asiático encontró su hogar a partir de la década del ´80. Las familias que se establecieron a lo largo de dos calles se dedicaron al comercio de comestibles, recuerdos y servicios como tintorería; con el tiempo inauguraron el templo budista Chong Kuan e instalaron un arco de acceso cuyos dragones custodian el límite del Barrio Chino de Buenos Aires.

El fin de semana las calles se pueblan de extranjeros y visitantes que se entremezclan con los vecinos que realizan las compras cotidianas: la adquisición de productos es una buena oportunidad para practicar el don de la paciencia. Tanto los supermercados, pródigos en ingredientes para preparar comidas típicas y en productos orgánicos y vegetarianos de excelente calidad, como los comercios en los que se puede encontrar desde vestimenta hasta abanicos, desde cosmética hasta enseres para la casa, rebosan de gente a toda hora que trajina con más o menos prisa mientras porta bolsas en sus manos.

A la hora de almorzar nuevamente hay que ejercitar la paciencia hasta encontrar una mesa en los concurridos restaurantes; nosotros tuvimos suerte y conseguimos lugar para dos en el famoso Lotus Neo Thai, que desde 1994 se ha ganado un merecido sitio entre los mejores de la ciudad debido a la calidad en la elaboración de sus platos tailandeses. Entonces luego de un descanso merecido matizado con la comida riquísima seguimos caminando un rato más por las calles atestadas de este rincón oriental que nos depara Buenos Aires.

Museo Nacional de Bellas Artes

Emplazado en plena Avenida del Libertador, en el barrio de Recoleta, el edificio remodelado por el arquitecto Alejandro Bustillo alberga desde el año 1933 la mayor colección de arte del país; previamente fue el lugar donde se emplazaban las estaciones de bombeo y los depósitos de agua potable de la ciudad

Corría el año 1896 cuando el Museo Nacional de Bellas Artes abrió sus puertas en el soberbio edificio del Bon Marché, hoy Galerías Pacífico. Eduardo Schiaffino, fundador de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, fue el alma mater del proyecto y su personalidad exuberante hizo el resto. Schiaffino, historiador, artista y hombre de armas tomar, quien llegó a batirse en duelo con Eugenio Auzón para defender sus puntos de vista, sentó las bases de la actual pinacoteca argentina.

Fueron 163 el total de obras exhibidas en cinco salas hace más de 120 años; a partir de ese momento el arte internacional de los siglos XVII y XVIII habría de llegar al público en obras provenientes de España, Francia y los Países Bajos; también la pintura argentina y las esculturas gestadas en las misiones jesuíticas permitían entrever las inmensas posibilidades del arte autóctono e incipiente del país.

Con el correr de los años tanto el Estado nacional como la generosidad de los particulares fueron enriqueciendo el patrimonio cultural de la institución: una colección de 12.000 piezas se exhibe en el hermoso edificio y constituyen un ejemplo tanto de las diferentes escuelas como de las diversas épocas. La exposición conmemorativa de los 120 años constituyó un homenaje a la visión de Schiaffino, a la generosidad de los donantes y al trabajo constante de la Asociación de Amigos, que ha cumplido nada menos que 85 años.

Bacante, una de las primeras obras del escultor argentino Arturo Dresco, integró el patrimonio del Museo en sus orígenes. Dresco se había formado en la Sociedad Italiana Unione e Benevolenza así como en la Sociedad Estímulo de Bellas Artes. El yeso, realizado en Florencia y luego enviado a Buenos Aires, obtuvo Medalla de Bronce en la Tercera Exposición Anual del Ateneo: la mujer que descansa sonriente luego de rendir tributo al dios Baco fue tallada a partir de un modelo vivo.

La exposición se puede visitar hasta el 30 de abril del corriente año y la entrada al museo es gratuita.

Hotel Cyan Recoleta

Ubicado en la tradicional calle Junín, en las proximidades de La Biela y frente al cementerio más conspicuo de la ciudad, el hotel Cyan Recoleta se encuentra a pocos pasos tanto de centros culturales y museos como de establecimientos comerciales y gastronómicos de la zona.

Allí nos alojamos el último fin de semana, para hacer pie en los pocos momentos que dedicamos a descansar mientras recorríamos los itinerarios previamente trazados a fin de aprovechar al máximo los dos días en la gran urbe.

Por la noche, antes del sueño reparador luego de tantas horas de caminata, recorrida y paseo nos aguardaba una ducha reparadora, amenities correctos y una enorme y confortable cama para recobrar fuerzas después de los felices kilómetros recorridos  a pie en la siempre sorprendente Buenos Aires.

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