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Casa ValentinaEl término crossdresser es un neologismo acuñado para definir a los hombres que se visten de mujeres porque conciben la femineidad como un valor estético en sí mismo, aún identificándose con la heterosexualidad. Un crossdresser puede mantener un vínculo matrimonial o de pareja con una mujer que acepta esta condición transgénero, sin asumir en público una identidad social femenina.

Casa Valentina es una obra de teatro dirigida por José María Muscari inspirada en Casa Susanna, una finca que en los años ´60 era tanto el hogar de un matrimonio feliz como la residencia de fin de semana de un grupo de crossdressers, quienes disfrutaban en secreto su nombre, vestimenta e impronta femenina. Con la participación de destacados actores se recrea la atmósfera de un lugar que fue descubierto por casualidad hace unos años, cuando en el mercado de pulgas las fotografías de un grupo de señoras disfrutando de sus vestimentas, maquillaje y compañía dieron lugar a la investigación, el libro, la película y la obra de teatro.

Los respetables señores que durante la semana cumplían con sus deberes laborales, sociales y maritales se encontraban, aliviados y felices, para dar rienda suelta a su identidad oculta no sin riesgo, ya que lejos se encontraba aquella sociedad de la comprensión por la diversidad que rige en estos tiempos, aún cuando dicha comprensión deviene a veces de una posición hipócrita.

En Casa Valentina se ventilan los prejuicios y los miedos que enfrentan los visitantes, incluido el dueño de la finca, Renzo, cuyo nombre femenino titula el lugar, y su comprensiva esposa: la bancarrota acecha al matrimonio, la policía sospecha de las actividades que se despliegan, una serie de fotografías pornográficas homosexuales que implican a alguno de los miembros desencadenan el cuestionamiento subyacente respecto de la sexualidad… Semejante panorama puede ser sorteado, propone uno de los visitantes autonominado Georgina, si conforman una asociación, se sinceran con sus esposas y firman una declaración de principios por la que se reconocen heterosexuales y reniegan de las “anormalidades”: claudicar, en definitiva, ante la amenaza de pérdida de la reputación y la posición social.

Si bien la historia en sí misma contiene la riqueza suficiente para disparar una pluralidad de interrogantes acerca de la sexualidad y la condición humana y las actuaciones resultan, en algunos casos, desopilantes, la obra no ha llegado a conmoverme en su totalidad. Tal vez porque abusa del lugar común en cuanto a los gestos e inflexiones de voz de los personajes en su manera femenina o porque no termina de definir el sustrato complejo de cada uno, en Casa Valentina advierto la carencia de una reflexión profunda acerca de la condición que ha traído desazón y tristeza a tantas personas a lo largo de la historia.

Psicodelia en los pies

Cuando Humphry Osmond acuñó la expresión psicodelia a partir de los vocablos griegos alma y manifestar trazó acertadamente su significado: aquello “manifestado por el alma” surge como creación desde el interior profundo de la psiquis. Psicodélico fue el adjetivo calificativo que define desde aquel momento un modo de arte que refleja experiencias de apertura de conciencia, por lo general logradas a partir del empleo de sustancias psicoactivas.

En tanto esencialmente contracultural, el arte psicodélico emplea expresiones radiales, espirales, formas expansivas y uso y abuso del color tanto de manera armónica como contrastante. Sin patrones convencionales y con imágenes caleidoscópicas, los artistas de la década del ´60 procuraron plasmar en sus creaciones la alteración psíquica producida por las drogas alucinógenas, plenas de colores brillantes en los que subyace la idea de la libertad del espíritu.

Las corrientes artísticas, como la vida, son cíclicas y retornan bajo nuevos parámetros cuando han agotado su expansión. En la década del ´80 la psicodelia retornó de la mano de un género musical denominado trance psicodélico, a partir del empleo de la música como instrumento de meditación y el respeto a la integridad de la Tierra como filosofía subyacente.

La moda, en tanto expresión artística y cultural, tuvo en la psicodelia y el movimiento hippie una de las formas más radicales de empleo del color y las texturas. El verano es propicio para estrenos vintage de colores y texturas que remiten a aquellas décadas de rebeldía y descubrimiento, de revolución y prédicas de paz. Vero, con su habitual generosidad, ha puesto en mi pies sandalias playeras cuyo diseño en tonos vivos se inspira en las premisas psicodélicas, aquellas que modificaron de raíz un mundo estructurado en aquellas décadas inolvidables.

Aceite de abedul

aceite-de-abedulRudolf Steiner, fundador de la antroposofía, filósofo, escritor y maestro de las artes ocultas, fue también el alma mater de Weleda, marca de cosmética orgánica que privilegia la concepción del ser en su totalidad, en tanto integrante de la Naturaleza que lo cobija e incluye.

El logotipo de la marca es una declaración de principios, ya que conjuga una vara vertical central intercalada con una forma espiralada, rodeadas a su vez por dos segmentos exteriores en movimiento. La vara simboliza a Mercurio como mensajero entre el cielo y la tierra, vinculado con la ondulante serpiente como naturaleza divina en ascenso; los signos exteriores implican protección y relación social, una suerte de yin-yang que simboliza la dualidad complementaria.

El aceite compuesto de extractos de hojas jóvenes de abedul, romero y rusco, promete devolver u otorgar a la piel el aspecto elástico y firme perdido por los factores ambientales, el transcurso del tiempo y el abuso del sol. Combinado con aceite de germen de trigo y aceite de hueso de albaricoque conforma una fórmula potente y natural para reparar aquellas áreas del cuerpo afectadas por la molesta e impertinente celulitis o “piel de naranja”.

Ya sea para mejorar el aspecto de la piel o para estimular la circulación, el aceite de abedul también resulta un poderoso revitalizante debido a su aroma peculiar, así como un hidratante natural que no contiene petroquímicos ni conservantes. Como en todos los aspectos de la vida la constancia es indispensable para ver resultados, pero en este caso el deber diario se convierte en un placer cotidiano.

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