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Ni Una MenosEl día 3 de junio de 2015 las redes sociales convocaron una marcha bajo el lema Ni una menos a partir del impulso de mujeres periodistas, artistas y militantes sociales. La masiva concentración en las plazas del país dio cuenta de una realidad que duele día a día: el patriarcado, con su nefasta influencia, sigue en pie, sacudido pero por momentos impertérrito. Este año, en ocasión de la misma fecha, se incorporó la frase Vivas nos queremos, toda una declamación en apenas tres palabras.

La consigna se hizo carne en la sociedad y los protagonistas se multiplicaron porque a pesar de los avances en la deconstrucción del paradigma sometedor/sometido impuesto a golpe y destrato, la violencia anclada en tantos siglos y sostenida desde las instituciones y el discurso azota con fuerza casi sin dar tregua: los femicidios no cesaron y las denuncias que dan cuenta de violencia física, psicológica, económica, obstétrica, mediática, siguen engrosando las estadísticas que vuelcan en datos el enorme sufrimiento de las víctimas.

La pregunta surge una y otra y otra vez: ¿cuál es el detonante, en qué momento histórico de la vida de un ser humano se dispara el impulso para convertirlo en un monstruo? ¿Cuándo la idea se plasma en la conducta y la conducta se convierte en un hábito? ¿Qué hace falta para que alguien pueda comprender que las relaciones no se cimentan en el miedo y el control, sino en la armonía y el respeto?

A poco de reflexionar las respuestas tan dolorosas como ciertas van surgiendo desde el interior profundo. Una sociedad que no respeta derechos fundamentales de otras sociedades, una concepción del mundo basada en el par de opuestos antagonistas en la que el registro del otro en tanto ser humano es utiitario e insensible, dificilmente puede dar lugar a relaciones basadas en la tolerancia y el afecto en el ámbito privado. Tres Iniciados reprodujeron en El Kybalión con su sabiduría arcana el Principio de Correspondencia: “Como arriba es abajo, como abajo es arriba” enunciado por Hermes Trimegisto en el antiguo Egipto; la humanidad sigue ignorando los mensajes de los maestros y las consecuencias se palpan, dolorosas, a diario.

Sin embargo, hay momentos históricos que devienen en puntos de inflexión para encontrar la salida del laberinto. Este año el Concejo Deliberante de la ciudad convocó a una jornada de reflexión invitando a sindicatos, estudiantes, ONG y efectores sociales para concientizar respecto de la violencia de género al género masculino, tradicionalmente excluído de la discusión salvo por el desagradable rol de victimario que algunos de sus integrantes se han ganado con creces. El debate, rico en conclusiones dada la pluralidad de aportes, abrió nuevas etapas con el compromiso de convocar mesas de reflexión en cada uno de los sectores que se encontraba representado a fin de procurar echar luz sobre la sombra, de una vez y para siempre, a través de la prevención y la educación.

Comenzar a deconstruir estereotipos culturales perversos y umbríos es tarea de todas las personas en tanto integrantes de este bendito Universo. El compromiso ha de empezar en el interior profundo con una mirada retrospectiva en la que hombres, mujeres e identidades sexuales diversas se examinen para extirpar de sí aquello que contribuye a perpetuar la violencia y el dolor; la responsabilidad en este aspecto debe ser extrema en quienes ocupan cargos públicos o roles políticos.

Porque Vivas nos queremos una enorme y heterogénea masa crítica pacífica se ha manifestado:hombres, mujeres, otras identidades sexuales, niños y niñas se han hecho presentes para continuar sembrando semillas vitales. He formado parte de ambas marchas con la certeza de que el patriarcado, en tanto tributo de los amos de la muerte, más tarde o más temprano será un recuerdo ante el nuevo orden social construído con premisas de horizontalidad, solidaridad y respeto mutuo: transitando ese camino nos encontramos hoy.

La fotografía, más que elocuente, fue tomada por Vero mientras integrábamos la marcha que recorrió las calles céntricas de la ciudad.

¡Ay amor divino!

Ay amor divino!El título de la canción, con letra de Leo Dan que resuena en la versión alegre de Café Tacuba, enmarca el unipersonal protagonizado por Mercedes Morán que se estrenó a sala llena durante el último fin de semana.

La ductilidad de la actriz y su dominio del escenario resultan evidentes, porque la obra de teatro de su autoría se sostiene con su sola presencia.  Un repaso tan divertido como sensible de la infancia y el pueblo donde nació en el marco de una familia católica, la adolescencia en la capital y la pasión por la actuación a la que se dedicó en cuerpo y alma. Los amores, desde aquel lejano y prohibido por su hermano mayor hasta el recuerdo de las relaciones que fueron determinantes, sus padres y el vínculo con cada uno, la etapa de la maternidad y los nietos: todo conforma un conglomerado de confesiones íntimas entre las que el público se siente como si estuviera compartiendo un café con una amiga.

El monólogo de Mercedes Morán se perfila desde el corazón para presentar a una mujer de carne y hueso, con las alegrías, tristezas y vivencias que han conformado a la persona que es hoy. Tan atractiva como interesante, la rodea un aura de plenitud que transmite sin esfuerzo y arranca aplausos espontáneos al interpretar el personaje que ha sabido construir con esfuerzo y dedicación: ella misma.

Ambientes armonizados

Universo Garden AngelsLa conciencia respecto del cuerpo físico no debería resultar limitante en cuanto a la influencia de las vibraciones energéticas, que no se encuentran al alcance de la vista pero influyen decididamente en el estado de ánimo y en el ambiente. Somos energía en constante evolución y esta impronta impregna los espacios y los circunda, de ahí la importancia de depurarlos y armonizarlos.

Los lugares por los que suelen circular muchas personas a diario se pueden tornar pesados y restrictivos debido al flujo ehergético que acarrea cada uno. Si las circunstancias de la vida imponen la permanencia durante varias horas los recaudos para evitar sus efectos nocivos deben extremarse, sin que sean necesarios cambios extremos ni inversiones exacerbadas.

El aromatizador ambiental de Universo Garden Angels, con notas de mora y sandía, integra desde hace un tiempo el espacio vital de mi oficina: es fresco, tiene un dejo frutal vivificante y contribuye a equilibrar humores densos. Sahumerios, fragancias y velas hacen lo suyo; luego resta examinar a conciencia la carga energética con la que cada persona impregna aquellos ambientes en los que desarrolla su vida.

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