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PetraLos nabateos, antiguos habitantes de Jordania desde el siglo II a.C., eran un pueblo próspero e influyente debido al dominio que ejercían sobre las rutas comerciales por las que circulaban las caravanas transportando incienso y sándalo, especias, seda y marfil. Alto era el peaje que se tributaba al cruzar sus tierras, proporcional al hospedaje y protección que recibían los agotados comerciantes.

El reinado se extendía desde Damasco hasta el Sinaí e incluía gran parte de Arabia. Totalmente abiertos ante las diferentes culturas que transitaban por el territorio, a veces luchando guerras y en otras oportunidades recurriendo a la diplomacia, lograron sobrevivir aún al poderoso Imperio Romano en el año II, cuando fueron anexados a la ciudad imperial. Petra y la civilización nabatea continuaron floreciendo hasta que los productos circulantes dejaron de tener interés económico y los barcos reemplazaron al transporte en caravana, entonces poco a poco las tierras fueron abandonadas y las ruinas cubrieron la otrora pujante civilización.

Petra, capital del reino nabateo, constituye un tesoro arqueológico sin igual y la joya turística de Jordania. Descubierta por el viajero suizo Johann Ludwig Burckhards en el año 1812, el desfiladero se va abriendo paso en una garganta estrecha de 80 metros de altura con extrañas formaciones geológicas y rocas de colores, cuevas cavadas que constituían las viviendas y nichos donde se rendía tributo a las divinidades. Y de pronto se despliega en todo su esplendor Al-Khazneh, el Tesoro donde transcurrieron las aventuras de Indiana Jones, que se extiende 30 metros de ancho a lo largo de 43 metros de alto, un colosal templo que originariamente fuera la tumba de un rey tallado en piedra rosada.

Más allá de la descomunal atracción que despliega Al-Khazneh, hay un segundo edificio conocido como Ad-Deir o El Monasterio, que requiere para ser contemplado  recorrer más de 800 escalones tallados en la roca hacia lo alto. Las vistas a medida que se gana altura y los puestos de venta de recuerdos atendidos por beduinos van matizando la subida; al arribar a la cima el templo al que se ascendía en procesión se despliega en toda su belleza. Y cansados pero felices nos sentamos en el bar instalado justo enfrente a beber una limonada con menta, mientras contemplamos la formidable arquitectura tallada por los nabateos 2.000 años atrás.

Wadi Rum

Wadi RumEl valle desértico llamado Wadi Rum o Valle de la Luna fue habitado antiguamente por los nabateos y hoy constituye el hogar de los beduinos, gente hospitalaria que mantiene sus costumbres ancestrales y conoce como nadie el idioma del desierto de arena y roca que constituye su hogar. Al desierto iban los antiguos maestros a iniciarse, a emprender el camino que los conectaría con el interior de sí mismos antes de retornar imbuídos de sabiduría. El desierto es luz y silencio, oscuridad y misterio, y hacia allí nos dirigimos para recalar en Sun City Camp.

Nos alojamos en una tienda cómoda y colorida con baño privado y comienza nuestra aventura en esta geografía casi irreal. Hay piedras con petroglifos antiquísimos, comercios montados en carpas por los beduinos y, como corresponde al entorno natural del desierto, dunas entre las que se encuentra aquella en la que se filmó la película El marciano que procedo a trepar con determinación pese al esfuerzo que conlleva.

El salón comedor del campamento desborda de alfombras y colores, la comida es sana y riquísima y la amabilidad un sello distintivo. Ante la llegada de un contingente de jóvenes árabes Mohamed nos comunica que van a trasladarnos a las suites para que el ruido no turbe la paz, entonces nos mudan a los cuatro a dos magníficas estancias con enormes camas mullidas ubicadas, literalmente, al borde del desierto.

La tarde transcurre sin prisa y, ante la proximidad de la puesta del sol, Mohamed nos pregunta de qué manera queremos trasladarnos al desierto profundo a contemplar ese momento sagrado. e insisto para que sea en camello. Así que los cuatro emprendemos una marcha silenciosa entre dunas y piedras acompañados de un beduino que no necesita de palos ni látigos para entenderse con los animales: con los sonidos que emite su boca es suficiente. Y atesoro el momento en que nos sentamos sin decir palabra ante el sol rojo que se despide, hasta que el paso lento de los camellos nos devuelve a nuestro hogar en el desierto.

El Mar Muerto

Mar MuertoEl último día en Jordania trancurre en el Dead Sea Spa, un enorme complejo situado a orillas del Mar Muerto para reponer fuerzas antes del regreso a la vida real. El hotel es también un centro de revitalización y tratamiento, donde se comercializan productos que prometen contener las propiedades minerales de este increíble lago salado.

Al bajar por los senderos que conducen a la playa se advierte el descenso que han sufrido las aguas en los últimos quince años: las represas de Israel y Jordania han mermado el flujo del río Jordán que alimenta al Mar Muerto, ya que la precipitación es escasa y las otras fuentes menores no compensan el aporte restado. Recuerdo la aseveración de Mohamed al respecto en cuanto a que hay proyectos para evitar que continúe el descenso de las aguas y espero que así sea, que se tomen medidas para que no desaparezca este singular enclave natural.

Calcio, magnesio y potasio son algunos de los minerales que enriquecen al Mar Muerto y el lodo se emplea como máscara natural para el cuerpo. El tratamiento es sencillo: flotar unos 20 minutos en el agua tibia, secarse al aire, untarse con lodo hasta sentirlo seco sobre el cuerpo y sumergirse nuevamente hasta que se disuelva, procurando que el agua salada no ingrese en los ojos. Se puede repetir una y otra vez teniendo en cuenta que hay que beber agua para evitar la deshidratación; mis labios se pelaron producto del tiempo que pasé flotando sin esfuerzo.

Madrid nos espera nuevamente, una breve escala antes de retornar sola a casa ya que Juan pasará unos días con su familia en Barcelona. Me despido con alegría de tantos sitios inolvidables que he tenido el privilegio de conocer aunque en algunos casos presiento que he regresado, que en algún momento del transcurrir por el universo mi alma ha habitado ciertos lugares increíbles que he reconocido como familiares.

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