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PirámidesArribamos nuevamente a El Cairo muy temprano por la mañana prestos a sumergirnos en el misterio de las pirámides de Giza, únicas maravillas del mundo antiguo que aún se mantienen en pie. Sin perjuicio de las multitudes, los exacerbados controles y el enjambre de vendedores ambulantes que constituyen una verdadera legión, el influjo misterioso de los monumentos que conforman la necrópolis resulta evidente.

Nada menos que 45 siglos ha cumplido la Gran Pirámide, construída con 2,3 millones de bloques de piedra como templo mortuorio del faraón Jufu, cuyo nombre en griego era Keops. El revestimiento calizo que la recubría en toda su dimensión se desmoronó en uno de los terremotos que asolaron El Cairo durante el siglo XIV. Si bien no hay certeza absoluta respecto de las técnicas utilizadas para su construcción, parece que se habrían empleado aparatos conformados por maderos cortos para subir las piedras paso a paso, en un proceso que según el historiador Heródoto habría demandado 20 años.

La segunda pirámide fue construída por Kefrén, hijo de Jufu, y el hijo de éste, Micerino, también erigió su propio monumento triangular, aunque en este caso la altura es considerablemente menor ya que alcanza unos 70 metros. A pasos de la Gran Pirámide se encuentran tres construcciones más pequeñas destinadas a las esposas del faraón, que se han deteriorado notablemente con el devenir del tiempo y las contingencias climáticas.

Para contemplar la pirámide escalonada, obra del arquitecto Imhotep destinada al faraón Zóser, es necesario trasladarse hasta Saqqara. La pericia y originalidad de Imhotep trocaron el tradicional sepulcro egipcio de adobe llamado mastaba por bloques de piedra escalonados que dieron lugar a la primera construcción piramidal, prototipo de las que luego devinieron en maravillas del mundo hasta la fecha.

Esfinges

Esfinge de MenfisAl este de la pirámide de Kefrén se encuentra la Gran Esfinge conocida como Abu ´l Hol (padre del terror en árabe), aludiendo a su condición de guardiana o vigilante del lugar. Su rostro sería el del mismísimo faraón con cuerpo de león, dotado de la fuerza característica del rey de los animales.

El enorme bloque de piedra caliza en el que fue tallada impresiona con sus 20 metros de altura; más de cinco metros corresponden al rostro plácido que ha soportado impertérrito los rigores de siglos. Sheps-Anj la llamaron los egipcios antiguos en alusión a la imagen viviente que representa, que luego derivó en esfinge; difieren por sus rostros masculinos y la falta de alas de las talladas por los griegos.

En las proximidades de la necrópolis de Menfis, la primera ciudad imperial del mundo, se encuentra el museo al aire libre Mit Rahina, en el que se puede observar una colosal estatua del siempre presente Ramsés II y, en el jardín, una preciosa esfinge de alabastro que podría representar a la reina Hatshepsut, extraordinariamente conservada dado que se remonta al Imperio Nuevo, nada menos que 1700 años antes de Cristo.

Alejandría

AlejandriaFundada por Alejandro Magno en el año 331 a.C., fue una de las 33 ciudades que rememoraban con su nombre al poderoso rey de Macedonia. Dueña de una costa magnífica y luz intelectual del mundo antiguo, a la fecha se encuentra deteriorada pero conserva destellos de su antiguo esplendor.

Alejandría es una inmensa fuente de tesoros que se encuentran sepultados bajo las huellas de la civilización: un pobre burro cayó en un pozo y las catacumbas de Kum Al Shuqafa emergieron del anonimato en que se encontraban sepultadas, un intrincado cementerio romano con medusas talladas y dioses egipcios vestidos a la usanza de los legionarios.

Visitamos el Serapeum en el que dos esfinges de granito dan cuenta de la gloria del templo dedicado a Serapis. Los vestigios de la segunda biblioteca de Alejandría, que albergaba los manuscritos de Cleopatra, conforman pasillos con huecos en las paredes donde la imaginación vuela para imaginar la vida intelectual del magnífico espacio. Al retornar a la luz del sol la columna atribuída por los cruzados a Pompeyo se yergue, altísima; en realidad habría sido dedicada a Diocleciano y sostenía su efigie en lo alto.

Antes de visitar la actual biblioteca, un edificio espectacular con una espléndida colección de arte contemporáneo, recorremos el centro de la ciudad para encontrar la calle que  alberga el museo dedicado a Konstantinos Kavafis, el poeta griego autor de obras inolvidables como Ítaca. Luego de varias idas y vueltas subimos los dos pisos de escaleras y contemplo, emocionada, el sitio donde Kavafis residió los últimos treinta años de su vida.

La Corniche alejandrina conduce bordeando el Mediterráneo hasta el fuerte de Qaitbay, erigido con materiales procedentes del famoso faro construído en 279 a.C. en honor a  Ptolomeo II; el fuerte data del siglo XV y constituye un marco imponente así como un exponente de la arquitectura mameluca. Para reponer fuerzas Ahmed nos conduce a Tikka Grill, donde flanqueados por la vista del azul del mar almorzamos sin prisa: mi último pensamiento en Alejandría es para Hipatia, la notable filósofa asesinada por la barbarie patriarcal.

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