Etiquetas

, , ,

Templo de KarnakMunidos de una “cajita feliz” para el desayuno proporcionada por el hotel debido al horario, según nos había informado risueño Miguel, somos trasladados nuevamente a fin de tomar el vuelo a Luxor antes de las 6 de la mañana. Después de cumplimentar los trámites pertinentes, que incluyen doble control de rayos X y de pasaportes antes de ingresar tanto al aeropuerto como a la puerta de embarque, en poco más de una hora aterrizamos en nuestro nuevo destino.

Aquí nos recibe el amable Mohamed, nuestro guía hasta que concluya en la ciudad de Asuán el viaje en barco por el Nilo. Antes de abordar el pequeño crucero Amarco I visitamos el templo de Karnak, dedicado al dios Amón y su familia, compuesta por su esposa Nut identificada con la luna y su hijo Jonsu el viajero. Se remonta al siglo XXII a. C. y constituye un complejo que era tanto recinto sagrado como espacio dedicado al desarrollo intelectual, siempre teniendo a la vista a Amón en su triple aspecto de escarabajo, sol luminoso y animal mítico o ser humano, por ello a la entrada se pueden observar impresionantes esfinges alineadas de animales con cuerpo de león y cabeza de carnero que representaban a la deidad.

El templo tiene varias construcciones porque los sucesivos faraones, cada uno con una impronta personal, expresaban su devoción al dios, así que las estructuras sufrieron modificaciones y restauraciones y cuanto más se ingresa al lugar, más antiguas resultan las construcciones. Las columnas que miden cerca de 20 metros y pesan varias toneladas custodian las sucesivas salas y el recinto de Amón; se puede ver una estatua colosal del siempre presente Ramsés II y su esposa nubia Nefertari, así como obeliscos de Tutmosis II y de la reina Hatshepsut.

Hay columnas esculpidas con la flor de loto y el papiro, plantas sagradas del Alto y Bajo Egipto, así como un lago sagrado al que eran conducidas todos los días las aves acuáticas a través de un túnel que comunicaba el corral con el agua. La Avenida de las Esfinges, casi tres kilómetros de largo, comunica con el templo de Luxor, construido por Amenhotep III para trasladar cada año en verano las estatuas del dios y su familia en barcas por el Nilo junto con el faraón a fin de recibir la nueva estación, en una festividad que traslucía la importancia otorgada por los antiguos egipcios a la solar deidad que aseguraba la vida y la fertilidad. Al regreso, la Avenida de las Esfinges  conducía por tierra a la familia sagrada de regreso al hogar.

Karnak resulta un templo impresionante tanto por su extensión como por la enorme dimensión de las estatuas que alberga. La riqueza histórica contenida en el cincelado de sus paredes así como las sucesivas salas dan una somera idea al visitante del poderío de los faraones, quienes pese a su posición privilegiada rivalizaron para ofrecer al poderoso Amón más y mejores ofrendas que su antecesor inmediato, a fin de asegurarse la retribución que esperaban de él: nada menos que la vida eterna.

La reina Hatshepsut

Templo de HatshepsutEntre tantos hombres que gobernaron Egipto destaca una mujer que se mantuvo durante 20 años en el poder, que vestía de hombre para que su autoridad no fuera cuestionada y que cosechó tanto la admiración del pueblo así como el odio de sus parientes cercanos: Hatshepsut. El templo de la reina, una formidable construcción denominada por la mismísima soberana Djeser Djeseru (El sagrado de los sagrados) estaba destinado al culto de Amón Ra al que rindió tributo; su tumba, en cambio, se encuentra en el cercano Valle de los Reyes.

Hatshepsut gobernó el imperio egipcio a partir del temprano fallecimiento de su cónyuge, el faraón Tutmosis II. El sucesor era Tutmosis III, hijo de otra esposa del occiso, quien fue desplazado por la audaz soberana que no dudó en vestir a la usanza masculina como una manera de acentuar su determinación y derecho al gobierno. A partir de su fallecimiento, su odiado hijastro intentó por todos los medios que el pueblo olvidara a Hatshepsut procurando eliminar todo rastro de la reina, por ende algunas de sus imágenes fueron dañadas adrede ya en aquellos tiempos.

Las tres terrazas escalonadas del templo de Hatshepsut se estructuran como balcones y en sus diversas columnas narran desde el nacimiento y origen divino de la reina así como las expediciones emprendidas hacia el sur de África; la tercera entre las terrazas contiene un santuario de Amón esculpido en la roca, precedido por un pórtico de granito rosado. Al otro lado de la colina donde se emplaza esta magnífica obra arquitectónica se encuentra el espectacular Valle de los Reyes.

El Valle de los Reyes

Valle de los ReyesEl objetivo de asegurar la vida eterna tenía como correlato encontrar un lugar en el que la momia del faraón pudiera descansar en absoluta paz, sin que los posibles saqueadores se apoderaran de los tesoros cuantiosos que constituían el ajuar del difunto. Las tumbas de los faraones del Imperio Nuevo eran intrincadas construcciones talladas en la montaña debido a que las pirámides no fueron suficientes para evitar, pese a tantas precauciones, que las riquezas que acompañaban a los faraones del Imperio Antiguo quedaran a salvo de los depredadores.

Aún cuando tampoco el desierto y la arena obraron como factor disuasivo y los saqueadores cumplieron en muchos casos su cometido, las 62 tumbas del Valle de los Reyes configuran un cementerio que asombra tanto por su intrincada arquitectura como por la riqueza de las pinturas que aún se conservan en las paredes, tendientes a guiar según el Libro de los Muertos al faraón en su camino hacia la otra vida.

Debido a la multitud de personas que visitan a diario el complejo la apertura de las tumbas va rotando; en nuestro caso pudimos visitar las cámaras mortuorias de Ramsés IV, Merenptah y la profunda morada de Horemheb, quien accedió al trono como militar y murió como faraón, asegurándose para su tránsito eterno una increíble galería subterránea cuya profundidad resulta disuasiva, así que pudimos transitar relativamente cómodos una vez superadas las larguísimas escaleras.

Mientras nos encontrábamos en Egipto se anunció la posibilidad de explorar, finalmente, la pared de la famosa tumba de Tutankamón que guardaría en una cámara posterior la momia y el ajuar funerario de su bella esposa Nefertiti: el Valle de los Reyes sigue guardando secretos que el paso del tiempo, aún, no ha logrado descifrar.

Anuncios