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CCBA64CF0Cuenta la historia que un lejano 8 de marzo de 1908 las obreras textiles de la fábrica neoyorkina Cotton decretaron una huelga por las pésimas condiciones laborales. El patrón no habría tenido demasiados reparos ante la sublevación de las féminas: cerró el edificio con llave y lo incendió, causando la muerte de 129 mujeres rodeadas de telas de color violeta. El humo que se expandió hacia el cielo estaba teñido de este color, símbolo a partir de entonces de la lucha femenina para lograr la tan ansiada igualdad.

Sin embargo, yendo hacia atrás en el tiempo parece que el 8 de marzo de 1908 no podría haberse producido huelga alguna ni el consiguiente incendio, por cuanto era domingo y en consecuencia día de descanso, aunque los derechos laborales en cuanto al límite de días y horas fueron conquistas que se lograron con el avance del siglo XX. Tal vez el dato acerca de la fecha se remonte a 1857, oportunidad en que un grupo de mujeres de la industria textil ganaron las calles de Nueva York para reclamar acerca de las condiciones inhumanas de trabajo al que eran sometidas desde muy temprana edad.

“Pan y rosas” fue el lema con el que las mujeres obreras ganaron las calles de Nueva York en 1908  para reclamar el fin del trabajo infantil. el sufragio igualitario y salarios acordes al esfuerzo realizado. Retomaban el planteo formulado un año antes por Clara Zetkin en Stuttgart con motivo de la Primera Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas: la necesidad de luchar por el voto femenino.

1911 fue el año en que se conmemoró por primera vez el Día Internacional de la Mujer para sostener los reclamos que seguían cayendo en saco roto ante los oídos sordos del patriarcado: derecho al sufragio igualitario, a la educación, a ocupar cargos públicos. Derecho a intervenir y decidir sobre la res publicae, que sólo se regía por la voz masculina. El 8 de marzo de 1917 las mujeres rusas salieron a las calles a protestar por la falta de alimentos contra el régimen zarista: fue el prolegómeno de la revolución bolchevique del que casi no dan cuenta los textos históricos.

No fue sino hasta el año 1952 que la Organización de Naciones Unidas estableció el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer; para esa fecha algunas conquistas se habían logrado pero nada había sido fácil. Recién un año antes en Argentina el género femenino logró acceder a cargos públicos y elegir por primera vez a sus representantes: corría el año 1951 y Evita, con el rostro consumido por la enfermedad desde su cama del hospital, introducía en la urna el voto que simbolizó el acceso para las mujeres de mi país a sus derechos políticos. Vaya este homenaje a ella y a tantas ancestras que dejaron sus vidas en pos de legarnos un mundo más igualitario, a quienes les pertenece por derecho propio el 8 de marzo, hoy y siempre.

La fotografía ha sido tomada de la web y reproduce el momento en que Evita emite su sufragio.

Mamá decía

Mamá decíaPor gentileza de Marisa, en el marco de los actos y programas que se llevaron a cabo en ocasión del Día Internacional de la Mujer fui invitada a ver la obra de teatro Mamá decía. Diego Pérez y Marcelo Mazzarello, el último ganador del premio Estrella de Mar a la mejor actuación masculina de comedia, son los protagonistas de esta pieza teatral basada en el libro de Alicia Muñoz.

Mamá decía es la historia de dos hermanos que se reencuentran a partir de la muerte de su madre. La crianza de ambos transcurrió por caminos separados: el mayor partió con el padre a la ciudad, el más pequeño permaneció en el pueblo y mantuvo una relación estrecha con su progenitora. La influencia de esta última es notable en el hijo menor, quien tiene a mano una respuesta para cada cuestión que comienza con dos palabras: mamá decía.

Los hermanos son diferentes en educación y costumbres: el mayor, a imagen y semejanza del padre, es un mujeriego hombre de negocios que ha llevado a la quiebra a varias empresas. Vive aferrado al teléfono celular, haciendo equilibrio entre las cuentas impagas, los conflictos laborales y las mujeres, en un desborde estresante que lo conduce al vacío y la desesperación. El menor, un hombre ingenuo y simple de campo, resuelve de manera franca situaciones complejas siempre con el latiguillo que da título a la obra: mamá decía.

Las contingencias que se suceden llevarán a los hermanos a reconciliarse entre sí, mientras van aminorando los malos recuerdos que cada uno tiene del progenitor con quien no han convivido y al que necesitan perdonar para seguir adelante. Los momentos cómicos se tornan emotivos a medida que ambos se dan cuenta que las diferencias van cediendo y los envuelve una historia común de afecto, una vez expresadas en voz alta las experiencias ingratas del pasado.

La fotografía reproduce la imagen publicitaria de la obra teatral.

Testeos correctores

Dior & LorealSabido es que no hay pieles perfectas, por mucho esfuerzo que se concentre en el objetivo. El medio ambiente, los alimentos y los cambios hormonales influyen sobre el delicado equilibrio de la piel y se tornan visibles en el rostro, de ahí que las bases de maquilaje, que tienden a unificar y corregir los desmanes de la naturaleza, sean uno de los productos cosméticos más consumidos en el mundo.

El aspecto natural es uno de los efectos más buscados por las consumidoras, por ello el desafío de las empresas se aboca a que las texturas actuales resulten correctoras de manera natural, sin otorgar el aspecto de las máscaras kabuki propio de los artistas japoneses.

DSK Nude BB Cream concentra en su fórmula tratamiento y maquillaje de la mano de una de las firmas más exquisitas: Christian Dior. Con activos naturales que hidratan y protegen la piel, posee efecto alisador e iluminador dotando al rostro de un marco saludable y radiante.

L´Oreal Nude Magique Eau de Teint, en cambio, de tan fluída se asemeja al agua. Pero no por ello deja de cumplir su cometido, porque una vez dispersa sobre el rostro la textura muta y se transforma en un acabado sedoso y empolvado. Luminosa y saludable, la piel del rostro resalta con un aspecto aterciopelado dejando atrás los signos de cansancio propios de algunas jornadas intensas.

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