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Encuentro de geniosUn atribulado Woody Allen se debate consigo mismo: debe escribir la biografía de uno de los cuatro personajes que dejaron su impronta a lo largo de la historia. No tienen casi nada en común, salvo que son hombres y descollaron por motivos diversos: John Lennon, Juan Domingo Perón, Albert Einstein y Sigmund Freud desvelan al director de cine, que finalmente decide invitarlos al living de su casa y a partir de lo que allí suceda, optar finalmente por uno de ellos.

La idea de Beto Casella, plasmada actualmente en una obra de teatro que sorprende tanto por su calidad como por la semblanza de los actores que interpretan a cada genio, surgió en principio como un proyecto literario basado en la atracción del autor por las biografías. Casella se dejó llevar por su imaginación para enhebrar los diálogos, las grandezas y las miserias de cada uno de ellos; salvo el caso de Freud y Einstein, no se conocieron entre sí.

La obra contiene escenas de humor muy bien logradas, momentos de profundos cuestionamientos acerca de las zonas oscuras de cada uno, tributos al aspecto luminoso y al legado que los caracteriza: las discusiones entre Freud y Perón así como la intransigencia de Lennon ante la consabida misoginia de Einstein resultan tan cómicas como punzantes.

La indecisión de Allen respecto de su elección lo impulsa a dirimir la cuestión a la manera de un reality show: los personajes deberán eliminarse entre ellos y elegir al que cada uno considera que debe abandonar la casa del director. El final es desopilante y terminarán descubriendo que todos tienen algo en común con el otro, una suerte de hilo conductor que los asemeja en las diferencias.

Encuentro de genios es una propuesta teatral tan divertida como aguda, para reír a carcajadas y también para reflexionar acerca de grandezas y abismos que hermanan a todos los seres humanos, sin perjuicio del rol más o menos trascendente que se desempeñe a lo largo de la historia. La interpretación de los actores resulta impecable: entre ellos destaco a Juan Palomino en la piel de Perón ya que hasta el timbre de voz remonta al inolvidable, amado y cuestionado ex presidente argentino.

Larimar

LarimarLarissa Méndez no habría imaginado que las dos primeras sílabas de su nombre unidas a la palabra mar darían como resultado la denominación de una variedad de pectolita o roca semipreciosa. Miguel Méndez y Norman Rilling se sintieron fascinados por el tono azul volcánico de las rocas de la costa de Barahona, una de las provincias del pequeño paraíso llamado República Dominicana; el nombre de la hija de Méndez y el mar fueron la síntesis y el larimar se convirtió en la joya por excelencia de esta zona del Caribe.

Pero antes del año 1974, época en la que Mèndez y Rilling deambulaban por estas costas, el sacerdote Miguel Domingo Fuertes Loren había advertido la vibrante belleza de la roca azul, como la llamaban los lugareños en 1916. El permiso que solicitó para explotar la mina ubicada en Los Chupaderos fue denegado: mejor suerte tuvieron quienes arribaron casi 60 años más tarde, ya que no sólo les fue concedido sino que el larimar adquirió carácter de piedra semipreciosa debido a resultar exclusivo de esta zona de la Tierra.

Hoy se utiliza el larimar en joyería debido al delicado azul que lo caracteriza, aunque también es posible encontrar una tonalidad verde intensa similar a la esmeralda que se unen con oro y plata en llamativos diseños. Debido al carácter fotosensible de la pectolita requiere ser conservada al resguardo de la luz solar, pero aunque con los años ha de perder su intensidad tonal se podrá disfrutar, durante un largo tiempo, de su azulada belleza.

Lady One

Lady OneElaborado a la manera de los antiguos jabones de pasta natural, Lady One es una pastilla enorme y perfumada que hidrata profundamente la piel debido al agregado de crema humectante en su composición.

Como todo producto artesanal, no se encuentra a la venta en lugares masivos y resulta limitado en cuanto a la variedad de fragancias para elegir; en mi caso, el aroma del coco y las almendras fueron suficientes para seducirme y lo incorporé al baño diario.

Lady One no me decepcionó: día tras día mantuvo incólume su forma cuadrada ligeramente convexa hasta el final de su vida útil. No volví a encontrar a la venta su perfumada consistencia y, a la fecha, sólo conservo el recuerdo del coco y las almendras en mi memoria olfativa.

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