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Gospel in HarlemUna de las vivencias más intensas que se pueden experimentar en Nueva York es la concurrencia a una misa gospel en Harlem. El vocablo, del anglosajón godspel, significa palabra de Dios y se refiere a la música que comenzó a interpretarse en las iglesias afroamericanas en el siglo XVIII a partir de los denominados “espirituales negros”, ya que remite al sufrimiento de los esclavos brutalmente arrancados de su tierra y convertidos al cristianismo, que trajeron consigo un un estilo musical propio.

Coros y percusión son característicos del gospel, que fue incorporando a partir de la evangelización la palabra de Cristo, fuente de esperanza para la vida de quienes vivían bajo miserables condiciones impuestas por sus amos. La separación impuesta durante muchos años entre blancos y negros potenció el estilo gospel en las iglesias de los descendientes africanos, que hoy convoca a turistas de todo el mundo los domingos por la mañana para asistir a esta hermosa interpretación de los himnos metodistas.

Hay varios templos en Harlem y se puede contratar un tour o buscar información en la web y concurrir por cuenta propia, procurando arribar puntualmente para no irrumpir durante el servicio. Nosotros optamos por llegar en metro a Malcolm X  Boulevard cerca de las 10,30 horas, para aguardar hasta las 11 en que se abrieron las puertas de Ebenezer Gospel Tabernacle  y el pastor nos dio la bienvenida, con especial interés acerca de los países de procedencia de cada uno.

La misa transcurre entre los sermones y la interpretación del coro, con un ritmo tan conmovedor como vital que se acompaña con palmas y muy pronto induce al movimiento del cuerpo. A los pocos minutos de iniciada la ceremonia estábamos todos de pie cantando, siguiendo en las pantallas situadas a los costados del altar la letra de cada himno entonado por las feligresas. Luego varias mujeres de la comunidad leyeron pasajes de la Biblia con reflexiones posteriores, nuevamente hubo cantos y palmas y el sermón principal estuvo a cargo de la hermana Hildred Thomass, una inteligente mujer de edad madura que elaboró una profunda disquisición acerca de las etapas de la vida, la necesidad de encontrar a Dios en el corazón, el poder de la palabra y la concepción de la Creación o Espíritu como femenina o masculino sin distinciones.

Casi dos horas y media duró la ceremonia en la que se podía percibir una energía vibrante y armónica; al retirarnos partimos con el alma elevada y profundamente agradecidos: sin dudas que la asistencia a una misa gospel es una experiencia intensa, profunda e inolvidable para todo viajero que visite esta ciudad.

St. John The Divine

Saint John the DivineEl templo anglicano más grande del mundo se encuentra en Harlem y su construcción fue iniciada en el año 1892, de ahí que resulta conocida como “la incompleta” o “la inacabada”. Lo cierto es que St. John The Divine es una impresionante catedral que además de una estructura interior manifiestamente imponente, posee bellísimos jardines ornamentados con estatuas, silenciosos y calmos.

Los vaivenes que demoraron más de cien años su construcción son tan diversos como increíbles. Al principio fue una variación en el estilo, originalmente neoromántico-bizantino y luego neogótico a partir de la primera década del siglo XX, luego las dos guerras mundiales determinaron interrupciones y retrasos y a principios del siglo XXI un gran incendio la mantuvo cerrada durante siete años; a la fecha continúa en restauración sin haber sido terminada.

La arquiitectura gótica, el altar, el coro, los vitrales magníficos en los que la luz se filtra y despliega por la enorme estructura invitan a recorrer el interior en silencio para disfrutar de cada detalle, ya que las tallas de las piedras fueron realizadas por artesanos de Harlem siguiendo los antiguos métodos empleados durante la Edad Media en Europa. En la visita a los jardines se puede apreciar la soberbia Fuente de la Paz, que recrea la lucha entre el Bien y el Mal en las figuras del arcángel San Miguel y Satanás; en suma, St. John The Divine constituye otro sitio de visita obligada en Nueva York.

Strawberry Fields

Strawberry FieldsEl enorme pulmón verde del Central Park es el segundo hogar de los neoyorkinos que pasean, se reúnen, descansan, comen y trotan en sus senderos arbolados o alrededor de la laguna Jackeline Kennedy Onassis, llamada así en honor a una de sus más acérrimas defensoras. Hay espectáculos, zoológico, restaurantes y en épocas frías se arma la infaltable pista de patinaje sobre hielo; si bien es muy extenso existen opciones como recorrerlo en bicicleta o, en aras de preservar las piernas, alquilar un mateo para contemplar sus recovecos sin agotarse en exceso.

Nosotros optamos por caminar día tras día munidos de un plano para no extraviarnos, aún así no lo logramos y más de una vez dimos vueltas en redondo entre sus recovecos. El día que visitamos el lado oeste llegamos hasta el American Museum of Natural History para conocer la famosa sala dedicada a los dinosaurios y dimos una vuelta por el espacio destinado al sistema solar; habíamos arribado al promediar la tarde y ante el cierre inminente nos dirigimos hacia Strawberry Fields, el lugar que la ciudad de Nueva York dedicó en pleno Central Park a John Lennon.

Al caminar por West Side se pueden admirar edificios soberbios y macizos, como San Remo donde residía Rita Hayworth, o The Majestic, elegido por mafiosos de fuste como Lucky Luciano y Frank Costello en otras épocas. Pero el más famoso sin dudas de esta zona de la ciudad es The Dakota, donde Roman Polanski filmó las escenas inquietantes de Rosemary´s baby, desatando según algunas opiniones fuerzas extrañas que incidieron en el trágico final de su esposa Sharon Tate.

Uno de los departamentos de The Dakota era el hogar de John Lennon, donde vivía junto a Yoko Ono y su hijo con quienes solía dar largos paseos por el Central Park hasta el momento fatal en que Mark Chapman le disparó en la vereda del inmueble. Frente al edificio se encuentra el sector del parque que lo recuerda: en Strawberry Fields es común que músicos callejeros interpreten melodías de The Beatles mientras un tumulto de personas aguarda su turno para fotografiarse en el mosaico en el que se puede leer la palabra “Imagine“. Así la ciudad rinde a diario homenaje al músico inolvidable, que legó a los seres humanos la posibilidad de soñar con un mundo sin fronteras ni religiones, la certeza de que es posible construir una hermandad de paz.

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