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Riu Palace Las AméricasAl nordeste de la penìnsula de Yucatán, en el estado mexicano de Quintana Roo, se encuentra emplazada Cancún, un paraíso natural por sus playas y clima cálido, y artificial en cuanto a las descomunales construcciones de la denominada Zona Hotelera. Nada menos que 23 kilómetros de alojamientos catalogados con estrellas múltiples, clubes de mar, resorts y condominios que albergan a los 3.500.000 de visitantes que arriban año tras año, dispuestos a gozar de las playas de arena blanca y mar color turquesa que se extienden al borde de las edificaciones.

El Boulevard Kukulcán, cuyo nombre alude a la deidad maya conocida como Serpiente Emplumada, es la arteria que conduce al viajero asombrado por el espectáculo que se extiende ante sus ojos hasta llegar al destino elegido en la Zona Hotelera. Flanqueado por palmeras se va delineando un paisaje que incluye a un lado el mar inmenso y al otro la laguna Nichupté, donde habitan unos 850 cocodrilos cuyos antepasados poblaron el entonces enorme pantano en el que reinaban con aire displicente.

Nosotros arribamos luego de las contingencias transitorias que implica cualquier viaje desde el sur del mundo, donde la temperatura rondaba los 0 grados por la noche, a este paraje casi irreal en el que el aire cálido es una bocanada permanente desde las primeras horas de la mañana. Las columnas blancas del hotel Riu Palace Las Américas anunciaron que finalmente habíamos llegado a destino y nos instalamos en este majestuoso enclave de la costa mexicana.

Pero Cancún alberga algo más que alojamientos de ensueño y shoppings imponentes por diseño y diversidad como La Isla, porque constituye la puerta de entrada al mundo maya, a la fantástica cosmología de este pueblo originario que desarrollara un conjunto de conocimientos metafísicos, astronómicos y matemáticos que aún nos siguen asombrando. Parte de este legado cultural se encuentra aquí, a pocos kilómetros, en la zona conocida como la Riviera Maya, y será parte de la aventura que emprenderemos en los próximos días.

Xcaret

XcaretLos mayas denominaron Xcaret a uno de sus centros ceremoniales más importantes debido a las características geográficas del sitio, ya que el nombre significa “pequeña caleta”. Hoy es un parque destinado a ensalzar tanto el entorno natural como la tradición mexicana, así como un sitio ideal para los amantes de las actividades acuáticas.

La fauna que habita en Xcaret es tan variada como colorida, acorde al paisaje exuberante en el que se emplaza el parque: flamencos, pumas, jaguares, mariposas, tortugas, papagayos, delfines, tiburones, son sólo algunas de las especies que pueden observar los ojos asombrados del visitante, siendo posible interactuar con algunos de ellos o admirarlos en caminatas terrenas o submarinas.

Seis rutas de acuerdo a las preferencias de cada uno pueden seguirse en Xcaret, delimitadas por un color diferente: negro para el río, azul para el acuario, verde para la playa, roja para los delfines, blanca para el pueblo maya y del color de la tierra para la tradición mexicana. No alcanza el día para recorrer en profundidad todas las atracciones, entonces optamos por compartir algunas y nos dividimos en otras  ocasiones, dados los intereses encontrados entre madre e hijo.

Así, durante la mañana y el fin de la tarde nos sumergimos en los ríos subterráneos Maya y Azul para avanzar flotando entre cavernas y cuevas. Esta red de canales que se extiende bajo la península del Yucatán, entre túneles iluminados por luz natural que se filtra en las diversas entradas hasta desembocar en el mar, en la que sorpresivamente se pueden encontrar estatuas que emergen del agua o mandalas al elevar la vista, configura un magnífico recorrido natural. La tarde es el mejor horario ya que la mayoría de los visitantes optan por descansar en la playa, tumbados cómodamente en reposeras o hamacas, luego de haber recuperado fuerzas en alguno de los restaurantes del parque.

Nosotros optamos por almorzar temprano y mientras mi hijo se sumergía en la profundidad marina munido de snorkel, un rato a la sombra a orillas del mar fue mi preludio para concurrir al temascal, emulando el antiguo ritual maya de purificación en el que las piedras se calientan en la hoguera y luego se introducen en un recinto cerrado para ser bañadas con agua que contiene hierbas aromáticas. Si bien la temperatura pasa holgadamente los 50 grados, al ser gradual no resulta demasiado incómodo y al terminar los poros se cierran en el agua fresca del río subterráneo. La depuración del cuerpo y del espíritu que redunda al terminar la ceremonia deviene en un estado de paz y armonía que justifica con creces la relativa incomodidad que genera.

El día concluye en Xcaret con un espectáculo magnífico, en el que más de 300 artistas despliegan un vestuario impresionante para recrear la historia mexicana desde las antiguas leyendas mayas, la violencia desplegada por la conquista, la revolución y la tradición cultural de los distintos estados. Este verdadero tributo a México, musical y variopinto, marca el final de una jornada de vivencias intensas en esta franja de la magnífica tierra que habitaron los mayas.

Cenotes

CenoteEl agua en tanto fuente de vida fue objeto de reverencia para los mayas. Los cálculos llevados a cabo por los sacerdotes a fin de predecir los tiempos de sequía y lluvia para asegurar las cosechas, con la minuciosidad debida dado que de ellos dependía la subsistencia del pueblo, aún hoy siguen asombrando dado que les permitieron sobrevivir en épocas adversas.

La península de Yucatán absorbe el agua a la manera de una esponja debido a la composición del suelo; a medida que va filtrando entre las capas se forman cavernas que con el tiempo emergen a la superficie total o parcialmente, dando origen a los cenotes. Del maya dzonot, que significa “caverna con agua”, los cenotes eran para los mayas lugares sagrados debido a que a través de ellos se entraba en contacto con el mundo de los dioses; pueden ser abiertos, semiabiertos o encontrarse dentro de una caverna y configuran una de las maravillas naturales más atractivas de esta zona mexicana.

Recorrer a nado las aguas frescas, sumergirse en alguna de las cuevas subterráneas o simplemente visitar el cenote sagrado que se encuentra en la zona arqueológica de Chichen Itzá, utilizado para hacer sacrificios a los dioses y en el que se encontraron desde huesos humanos hasta piezas de joyería, son algunas de las opciones que pueden emprender aquellos que se desplacen por tierras mayas.

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