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Árbol de vidaEn el marco del centenario del genocidio armenio, la iniciativa Árbol de vida patrocinada por los descendientes de las víctimas del trágico suceso ha encontrado una manera de trocar muerte por renacimiento: plantar árboles como símbolo de aquellas existencias truncadas. A la superficie de diez selvas equivalen las comunidades de Armenia Occidental que fueron perseguidas y exterminadas por los gestores del plan sistemático, un siglo atrás.

Se estima en un millón y medio de personas el número de víctimas que debieron morir, con el fin de hacer desaparecer todo vestigio de la cultura armenia conjuntamente con sus comunidades. El Imperio Otomano se encontraba en descomposición y el gobierno turco intentó homogeneizar a su población con la consigna más cruel que ha reiterado el ser humano en el curso de la historia: la demonización del semejante que resulta diferente por etnia, raza o religión.

Durante la Primera Guerra Mundial, entre los años 1915 a 1918, los armenios fueron deportados, torturados y condenados a muerte por inanición, sin diferenciar entre su población a niños inocentes que resultaron objeto de tratos crueles y todo tipo de abusos. La riqueza cultural y material fue expropiada y ni siquiera con el fin de la contienda cesó la masacre; en masa fueron deportados desde Armenia y Anatolia a Siria, travesía en la que el hambre y la sed cobraron miles de vidas.

La comunidad internacional advirtió en 1915 al estado turco respecto de la matanza pero los oídos sordos han continuado hasta la fecha, ya que no ha habido la correspondiente asunción de responsabilidad histórica de parte de los gobiernos sucesivos. Recientemente el Papa Francisco ha hecho expresa referencia al “primer genocidio del siglo XX”, continuando la línea inaugurada por su predecesor Juan Pablo II, en presencia del presidente y de los patriarcas armenios.

Lucin Katcherian nació hace más de cien años en Aintab, reside hace más de ochenta en Argentina y es la única sobreviviente de la masacre. Tenía seis años cuando se desató el desastre y no ha olvidado a su familia muerta, entre la que se cuenta una madre de la que no tiene recuerdos y un padre joyero que logró llegar a Siria con su familia y falleció al poco tiempo, cuando Lucin había cumplido ocho años.

Lucin es el testimonio vivo de un pueblo que continúa esperando un gesto de reparación respecto de su tragedia. Mientras tanto, cada árbol plantado representa a una persona que vio truncada su existencia por la absurda razón de su origen; a despecho del fin perseguido la selva armenia se ha de extender, inmensa, como un hálito de vida ante la muerte negada por sus ejecutores.

La fotografía ha sido tomada de la página web Centenario del Genocidio Armenio.

El cumpleaños de Jesi

Cumpleaños de JesiJesi cumplía años y sus compañeras de trabajo decidimos improvisar un pequeño festejo que se llevó a cabo en mi hogar la noche del viernes, a fin de agasajarla con la llegada de la medianoche y apenas iniciada la fecha en que arribara al mundo, luego de que la homenajeada concluyera su larga jornada de curso de posgrado.

La comida, china una vez más, fue encargada con precisión milimétrica por Vero, a fin de que no sucediera lo corriente en estas ocasiones, ésto es, un cálculo desproporcionado que derive en ingentes cantidades de alimento no consumido en el curso del evento en cuestión. La torta, cubierta con chocolate blanco y rellena de hipercalórico dulce de leche y merengue, fue el broche de oro para acompañar unos chupitos de agave procedente de México, cumpliendo el tradicional rito del limón y la sal.

Jesi recibió obsequios, apagó la vela pertinente luego de susurrar para sí los tres deseos y la celebración concluyó pasadas las dos de la madrugada. Chispeantes, distendidas, llegó el momento de regresar a la vida cotidiana, luego de haber transcurrido unas horas que resultaron mágicas por la alegría y el afecto compartidos.

Gran Hotel San Martín

Hotel San MartinEn el curso de una vida viajera, los hoteles resultan hitos importantes y las características del alojamiento pueden resultar el broche de oro de un periplo, o bien reconvertir una jornada intensa de vivencias en un incordio. La elección del hotel, entonces, no es un tema menor al elegir nuevo destino.

En Ourense no elegimos alojamiento, por cuanto debido a la actividad académica que determinó el traslado a esta pujante ciudad gallega, el sitio donde íbamos a residir durante dos días corrió por cuenta y orden del organizador. Al arribar a destino fue una grata sorpresa encontrarnos con el Gran Hotel San Martín.

Sumado a la ubicación privilegiada y a la amabilidad del personal, el edificio posee un halo vintage en el aspecto general, en el mobiliario y en el mármol negro del toilette del baño, con pequeños amenities para uso personal de buena calidad y agradable fragancia, que suman un plus al tradicional establecimiento hotelero de esta bella región española.

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