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Vela de Kali MaEn la película Indiana Jones y el templo de la perdición, el irresistible arqueólogo junto con la cantante Willie Scott y el niño huérfano Short Round arriban a Maypore, una aldea hindú devastada por el hambre y el dolor: los hijos de los aldeanos han sido secuestrados por los secuaces del maharajá del palacio Pankot, quienes también se han llevado la piedra Shankara, ligada a la fertilidad de la tierra. El anciano sacerdote afirma con fe inquebrantable que el bondadoso dios Shiva ha traído a Indiana para que los ayude, libere a los niños y recupere la piedra.

Al templo maldito se ingresa por un pasadizo secreto desde el interior del palacio, un lugar siniestro donde los integrantes de la secta Thug mantienen prisioneros a los niños como esclavos en una mina mientras adoran a Kali Ma. La diosa, una deidad maléfica y cruel, exige sacrificios humanos como parte del culto que se le tributa; en contraposición, Shiva acabará con el líder de la secta por obra y gracia del mantra pronunciado por Indiana.

El patriarcado ha modificado sustancialmente el arquetipo de Kali Ma, reduciendo a la diosa en base a las cincuenta y dos calaveras que cuelgan de su cuello, a la cabeza que sostiene en sus manos y a la danza sobre el cadáver de su consorte Shiva, a un estereotipo aterrador. Sin embargo, desde la etimología sánscrita de su nombre, derivado del prefijo kal que significa “tiempo”, Kali Ma emerge como la Madre Oscura  cuya integración es necesaria para hacer visibles las propias zonas en sombra.

Kali Ma encarna en el hinduismo a la Triple Diosa en sus aspectos de doncella, madre y sabia, es a la vez útero y tumba, arquetipo de vida y deceso que representa tanto la danza cósmica como la necesaria muerte del yo para dar lugar a una nueva manera de estar en el mundo. Su apariencia externa alude a la energía poderosa y necesaria para llevar adelante los cambios que impiden la evolución, debido al mundo ilusorio o maya que se presenta como cierto ante nuestros ojos e impide ver más allá.

Creencias, hábitos y mandatos deben ser destruidos para dar lugar a un nuevo ciclo evolutivo. El poder creador de Kali Ma se torna visible en cada una de las cincuenta y dos calaveras en las que la diosa ha escrito cada letra de la lengua sánscrita, de la que proceden los idiomas indieuropeos; el lenguaje, es sabido, configura energía creativa en sí mismo.

Kali Ma es negra y sus colores son el rojo y el amarillo brillante, danza ante el miedo y transmuta rabia por ferocidad con una fuerza femenina ancestral y primitiva, de la que ha de surgir un nuevo estado purificado luego del vendaval. Ante semejante despliegue de poder, no es de extrañar la demonización del arquetipo que procuró infructuosamente el patriarcado, tendiente a sofocar la plenitud de la energía liberadora primordial.

EmpreArte

FeriaUn nodo es un área en el que se entrelazan otros espacios que comparten características comunes, en una armonía horizontal desprovista de jerarquías. Diversos emprendedores de la ciudad se unieron en el proyecto Nodo EmpreArte, a fin de fusionar el arte con la producción en un sitio interactivo que trascienda el aspecto comercial para constituirse en un ámbito de referencia social.

La feria se encuentra emplazada en una finca situada a metros de la calle Güemes y resulta un atractivo en sí misma por la amplitud de los ambientes y el jardín, propicio para espectáculos al aire libre cuando arribe la primavera; mientras tanto, el colorido de los productos y la amabilidad de los emprendedores se adunan para recibir a los visitantes.

La expresión artística estuvo representada en esta primera fase de apertura con la obra de Miguel Canatakis, conspicuo artista e hijo adoptivo de la ciudad, de reconocida trayectoria en el mundo de las artes plásticas. Nodo EmpreArte se avizora como un interesante espacio donde confluirán diversas expresiones, en un entorno que resignifica el acervo cultural y productivo de la ciudad.

Té de domingo
Té en Sainte JeanneEn el hotel Sainte Jeanne los domingos por la tarde configuran el tiempo como una larga pausa para tomar el té, en un rito reparador previo a la intensidad que demanda la semana laboral.

El pasado domingo nos instalamos con Apreciable en el bistró que remonta a la elegancia parisina, con la perspectiva de disfrutar de una tarde para explayarnos acerca de nuestras respectivas existencias.

Aunque el pantagruélico servicio permaneció en su mayoría intacto en los platos, ya que dimos cuenta sobre todo de jugo de naranja y agua, con el paso de las horas degustamos felices una copa de champagne rosado mientras fuera de los muros del establecimiento la noche se iba asentando en toda su extensión.

Los instantes transcurren por lo general sin que nos demos cuenta en una progresión incesante que va hilando el tiempo y la vida, pero los momentos pueden ser eternos cuando se disfrutan a pleno. Nuestra tarde de domingo y té configuró uno de esos episodios que parecen situarse fuera del tiempo, en los que la conversación viró desde la literatura hasta los viajes, desde las ciudades mágicas hasta los arquetipos, desde los hijos hasta los recuerdos amorosos de cada una, en un entramado de amistad que resulta tan incondicional como reconfortante.

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