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Rambla de MontevideoPara los uruguayos, el nombre de la capital de su país proviene de Monte vide eu (“he visto un monte”), frase que habría pronunciado el anónimo marino que acompañaba la expedición de Fernando de Magallanes al avistar el cerro situado frente a la bahía en la que se emplaza la ciudad.

Montevideo
se extiende a lo largo de los 22 kilómetros  de la costanera que bordea el Río de la Plata y define zonas y barrios variopintos. La rambla portuaria, el encanto de la Ciudad Vieja, el pulmón verde del parque Rodó, las playas de Punta Carretas y Pocitos, la zona residencial de Carrasco… la vida de los habitantes de Montevideo se desarrolla vinculada al paseo costero donde las caminatas, el running y los deportes náuticos forman parte del paisaje cotidiano.

Montevideo me recibe cordialmente luego del viaje en el buque Francisco para reencontrarme con mi querida Susana, con quien recorreré durante el fin de semana algunos rincones de la ciudad. En Pocitos antaño las lavanderas empleaban las arenas limpias para fregar la ropa y para ello hacían pozos en la superficie de la playa; hoy se suceden una tras otra las calles arboladas y los edificios confortables y aquí me instalo, feliz de encontrarme nuevamente en tierras uruguayas.

Ferias y mercados

Mercado del PuertoMontevideo es pródiga en ferias y mercados que los fines de semana se atiborran de residentes y turistas ansiosos por degustar, adquirir o curiosear entre los puestos de artesanías, antigüedades, gastronomía, indumentaria y un largo etcétera para regalar y regalarse.

Nuestra opción sabática comienza en Villa Biarritz, donde se despliega la feria de Punta Carretas en la que se pueden encontrar desde productos hortícolas y plantas hasta cosmética artesanal y tejidos tradicionales. El día pleno de sol invita a dar vueltas sin prisa para detenerse en cada puesto e intercambiar unas palabras con los cordiales vendedores, hasta que casi sin querer se precipita la hora del almuerzo y nos dirigimos hacia el Mercado del Puerto.

Inaugurado en 1868, hoy constituye un polo gastronómico en el que las parrillas despliegan carnes y achuras que se cocinan a la vista de los comensales, quienes se agolpan en la barra y las mesas de los locales, o bien almuerzan parados sandwiches  acompañados de Medio y Medio, el tradicional vino uruguayo. En el exterior, los cantantes acompañados por sus guitarras y hasta alguna banda que improvisa un candombe añaden otra nota de color al ambiente festivo del lugar.

El domingo nos encontrará en el Mercado Agrícola, cuyos productos orgánicos y naturales se pueden consumir en el espacio nucleado en La Cocina del Mercado, con una variada oferta gastronómica que lo ha transformado en la nueva opción turística de la ciudad. Para los afectos a los mercados de pulgas, la feria callejera de Tristán Narvaja es el paseo dominguero por excelencia: entre los centenares de puestos y rubros se pueden encontrar desde mobiliario hasta objetos de colección y se remonta al año 1909.

La Ciudad Vieja

Mirando Mundos El casco histórico de Montevideo se encuentra en plena transformación, porque los antiguos edificios de color gris han sido reciclados y comienzan a cobijar manifestaciones culturales o artesanales que se despliegan en torno a la plaza de la Independencia, la iglesia matriz y la puerta de la Ciudadela, antigua entrada de la ciudad.

El Palacio Salvo, el teatro Solís y el enorme monumento construído en homenaje a José Gervasio Artigas se encuentran flanqueados por restaurantes, hoteles, comercios destinados a los turistas y originales propuestas que encuentran en la arquitectura colonial el emplazamiento ideal para atraer la atención de los visitantes.

Mirando Mundos
es una galería de arte que alberga en su interior un amplio espacio donde admirar artesanías latinoamericanas, patio soleado para descansar y escuchar música y hasta un escenario donde se desarrollan espectáculos culturales. Lugares, instantes y recuerdos para atesorar cuando se impone el ritmo cotidiano hasta que llegue el momento de retornar a Uruguay una vez más, para descubrir o volver a recorrer otros rincones de la ciudad en compañía de mi querida amiga.

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