NatalicioDel latín natalicius, el adjetivo implica tanto lo perteneciente o relativo al día del nacimiento como los festejos y regocijos que se llevan a cabo en consecuencia. El tiempo lineal trancurre con prisa pero sin pausa y se ha cumplido un año desde la primera publicación de bell@espiritu. El tributo a las diosas magnánimas de la inspiración, cumplido con dedicación en mayor o menor medida, ha tornado posible arribar a esta primera etapa.

La Unidad es fuente y origen de todos los números, aquella que no se multiplica en partes sino en sí. Uno es principio y fin, primero en nacer y último en morir; se vincula en el plano intelectual con el Alma del mundo y en el plano elemental con la Piedra Filosofal. Este primer año del blog se asimila profundamente al significado del número porque bell@espíritu, a partir de la interacción en la blogósfera, ha devenido en un catalizador para cumplir los postulados que motivaron su creación: buscar belleza en la cotidianeidad y atesorar los instantes sacros que depara el diario vivir, como una manera de sutilizar la materia densa o de convertir en sagrado el oficio de transcurrir la existencia.

La relación con todas y cada una de las personas que derraman sueños, ideales, pasiones o andanzas por el placer de compartir, ya sea como autores de espacios virtuales o en carácter de comentaristas, ha sido proverbial en aquellos días complicados en los que conectarse con la esencia sutil parece una misión improbable. En estas ocasiones los espíritus blogueros, generosamente, me han devuelto a la senda en la que es posible transmutar el metal pesado en oro.

Al encender esta vela obsequiada por mi querida Ale para celebrar el primer año de bell@espíritu, doy gracias de corazón por interactuar en espacios ajenos al maremágnum cotidiano, lugares sagrados de pura energía positiva. Que se multipliquen en sí mismos como el Uno, una y otra vez.

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