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NavidadSol sistere es una expresión latina que significa “el sol está quieto” (solstitium); para los antiguos el solsticio de invierno era el momento astronómico en que el sol salía y se escondía en el mismo lugar durante tres días. El 25 de diciembre comenzaba a moverse otra vez hacia la dirección opuesta y se iniciaba “el retorno de la luz” en el hemisferio norte, de ahí que en las antiguas cosmologías los reyes solares resuciten en este día.

Para los pueblos precristianos la reverberación solar era acompañada por el despertar de la Naturaleza y la fertilidad de la tierra, una nueva esperanza de supervivencia que celebraban con ceremonias colectivas, hogueras y la renovación de pactos con espíritus protectores. El fuego atraía el fuego: con las danzas alrededor de las hogueras se procuraba incitar a un sol recién nacido para que potenciara su calor, demostrándole alegría y esperanza.

Egipcios y persas, griegos y romanos, hindúes y sirios en el hemisferio norte así como las civilizaciones precolombinas en el sur entre las que se destacan incas y aztecas, han celebrado durante el curso del solsticio de invierno el parto de la Reina de los cielos y la nueva llegada de su hijo solar. Como ejemplos en el norte, Mitra, Osiris, Krishna y Adonis fueron paridos por vírgenes un 25 de diciembre, condenados a muerte y luego resucitaron plenos de vigor, como la Naturaleza.

En el año 325 se llevó a cabo el Concilio de Nicea que determinó el carácter consustancial del Padre y el Hijo y habiéndose transmitido a Jesús las cualidades de los dioses solares con la oficialización de la nueva religión, se atribuye a Juan Crisóstomo el triunfo en la elección de la noche del 24 al 25 de diciembre como natalicio del Cristo, frente a quienes postulaban el día 6 de enero como actualmente las iglesias cristianas orientales.

La creencia, mandato, hábito o posición indiferente respecto del significado navideño pertenece al ámbito privado y muy respetable de cada uno. En mi caso me gusta creer que hubo un Iniciado en los misterios que perteneció a la secta zelote, que apartó de sí el cáliz del miedo para cumplir con el destino que presentía y que hizo de un instrumento de muerte como fue la cruz el símbolo de Amor más puro que se concibió hasta ahora. Era un Maestro y nos legó enseñanzas que aún no hemos honrado; después vinieron tanto las matanzas como los milagros en Su nombre, pero eso es otra historia.

De todo corazón, Feliz Navidad.

Holda y el solsticio de invierno

HoldaPara los celtas y los escandinavos precristianos, el solsticio de invierno es tiempo de Yule o Júl, época para celebrar la familia, la hospitalidad y recordar a los ancestros. Santa Claus o Papá Noel formaba parte también del antiguo mito del solsticio; con el advenimiento del cristianismo la figura perduró a lo largo de los siglos como el hombre corpulento y bonachón que trabaja denodadamente la noche del 24 al 25 de diciembre para repartir regalos a los niños.

En los cuentos acerca de la vida de Santa Claus, su esposa permanece en el hogar mientras el anciano y su reno realizan el viaje anual; sin embargo, en algunos países como Alemania y Suiza, es la diosa Holda la responsable de la tarea asignada a Papá Noel. Patrona de los nacimientos y protectora de los niños, viste también de rojo y blanco y se abriga con una capa de plumas de ganso para repartir los regalos, proporcionando afecto y felicidad a quienes lo merecen.

En la mañana navideña, la gratitud hacia Holda impone colocar un tazón de leche en la puerta de cada hogar en retribución a sus obsequios; si la mitad de la bebida desaparece significa que la diosa ha aceptado la cortesía y el líquido que queda en el recipiente estará dotado de poder mágico. La figura de Holda o Frau Holle (Madre Nieve) constituye el personaje principal del cuento de los hermanos Grimm, es la Dama Blanca que haciendo gala de su espíritu ecuánime cubre de oro a la joven que lo merece. Y mientras premia buenas acciones sacude su capa de plumas, para generar los copos de nieve que acompañan a la época invernal.

Inmersión efervescente

Bombas SephoraDespués de un día de playa, almuerzo de ensalada de frutas y trote por la costa para depurar el cuerpo de los festejos de los últimos días, no hay perpectiva más agradable que el rito de un baño de inmersión. Egipcios, griegos y romanos cultivaron la costumbre de relajarse en agua templada a la que se agregaban sustancias aromáticas para potenciar el placer; hoy contamos con una prolífica variedad de productos para sumergirnos sin prisa en compañía de un libro y del silencio.

Sephora, la tradicional tienda de cosmética que aún no tiene sucursal en Argentina, es un sitio para deambular y elegir a partir de la preferencia por los aromas aquellas bombas efervescentes que luego se emplearán en la inmersión soñada. En mi visita a España visité algunas de las tiendas Sephora y adquirí estas pequeñas esferas para regalar y para uso personal.

Los aceites que componen las bombas aportan gran hidratación a la piel y la impregnan con la persistencia de su perfume. Al sumergirlas en el agua se deshacen con un siseo característico generando una espuma colorida que rodea el cuerpo como un río aromático, transformándose en una caricia efervescente para disfrutar a pleno.

La esfera de cerámica contiene en su interior un potpurrí de flores secas y pertenece a una colección limitada y elaborada hace unos años por mi querida Ale.

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