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El Calendario Maya divide la bóveda celeste en trece partes, en base a una formulación elaborada a partir de los códigos matemáticos de esta sabia cosmología. Siguiendo el ciclo natural del satélite de la Tierra cada luna contiene 28 días; desde el 13 de diciembre al 9 de enero rige la luna rítmica del lagarto.

Como la iguana, el lagarto es un arquetipo de adaptación al entorno aún en condiciones extremas; representa la necesidad de aprender a sobrevivir en un medio hostil a través de la transformación interna, que tiene su correlato en el exterior. Implica una apertura en libertad a nuevas maneras de estar en el mundo, a partir de dejar morir aquello que ya no es útil para la evolución.

La transformación es la consecuencia natural del cambio permanente al que estamos sometidos, aún cuando no seamos conscientes en lo cotidiano. Toda mutación implica muerte y renacimiento porque al expirar los viejos patrones liberan energía para que fluya lo nuevo; se alinea así el devenir vital con el ciclo sin fin de la naturaleza.

La luna del lagarto trae consigo adaptación y superación de las adversidades, condiciones necesarias para que la renovación imperceptible se torne evidente en nuestras vidas. Como el lagarto, debemos mutar con el fluir permanente y las necesarias contingencias que implican los nuevos aprendizajes, que aunque puedan parecer adversos representan fomidables oportunidades para evolucionar.

Estío en el hemisferio austral

RegaloY finalmente ha llegado, a paso lento y sin prisa, el tan ansiado tiempo estival. Aunque algunos días se resistan a adaptarse a la época del año y haya rémoras que pueden calificarse como otoñales, el calendario marca que el verano ha hecho su entrada triunfal.

En mi ciudad, diciembre implica una bocanada de aire fresco previo al éxodo de turistas que todos los años arriban buscando el horizonte sin límites del mar. Las playas están semidesiertas, los balnearios ofrecen instalaciones plenas de espacio y las arenas amplias resultan un destino codiciado en las mañanas de oficina, hasta que la media tarde habilita la caminata rápida para disfrutar del sol y de un chapuzón en el mar.

El verano descubre piel y cuerpo, desplaza las prendas de vestir por ropajes mínimos y no requiere más que de un traje de baño y un vestido en el caso de las féminas, más que suficientes para una jornada de playa. Un sombrero amplio para proteger la piel del rostro, el libro elegido para disfrutar y la llegada de Marcela se conjugaron en una tarde memorable: casi 30 grados al ponerse el sol, ensaladas de frutas que nos trajo la amable camarera del bar y dos reposeras fueron suficientes para materializar el paraíso en la Tierra.

Uñas magnéticas

KikoKiko Milano es una marca italiana que desde 1997, bajo el lema “Be What You Want to Be”, ofrece una amplia variedad de productos cosméticos y de maquillaje que hacen honor a la ciudad italiana de la que resultan originarios. La calidad y diversidad de la oferta tiene su correlato en el precio: Kiko guarda una excelente relación en este sentido y se renueva permanentemente con ofertas convenientes.

La misión de la marca es que sus clientas puedan probar y experimentar las diversas líneas sin que el costo influya negativamente, como sucede con las firmas tradicionales. En mi caso no sólo me gusta Kiko por estos motivos: no experimentan con animales, y este concepto de belleza sin sufrimiento de otros seres vivos inclina decididamente la balanza a favor de la marca.

Kiko no se encuentra en Argentina así que cuando tengo oportunidad de viajar por países como España, donde hay tiendas de la marca en las principales ciudades, cargo con un buen bagaje de productos tanto para regalar como para consumo personal. Los esmaltes en tonos gris plata (Charcoal) y beige profundo (Wood) de la línea Magnetic Nail Lacquer son dos ejemplos, adquiridos para vestir las uñas en estas festividades que se aproximan.

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