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4Cuarenta, afectos, calle La Ronda, guayaba, indulgencias, Riki
Del latín indulgentia, el vocablo significa gracia o remisión y ha sido empleado por el catolicismo ligado al concepto de pecado. La indulgencia no elimina el acto reprochable en sí, pero exime de la pena que debería aplicarse por decisión de un representante del clero. El uso y abuso del tráfico económico de las indulgencias durante el curso de la Edad Media determinó el cisma en la iglesia católica, a partir del planteo formulado por Martín Lutero.
Una pareja muy querida se ha separado; es difícil mantener secretos en esta era global en la que las redes sociales, los correos electrónicos y los teléfonos celulares expiden y reciben mensajes que pueden resultar letales para los vínculos constituídos. Una cosa es tomar conocimiento de una infidelidad y otra es leer los encuentros amorosos del ser con el que se comparte la vida en alguno de estos medios, sobre todo si quien los describe es la tercera en discordia.
La reacción del infractor ha contribuido al quiebre, porque al tratarse de una relación con algún contacto carnal pero continuada en gran medida en el espacio virtual, su posición fue que no podría considerarse seriamente que había quebrantado el voto de fidelidad, aunque ofreció las disculpas del caso. Sin embargo, los pactos normativos que regulan las relaciones de pareja incluyen a dos personas; una tercera no tiene cabida, sea ocasional, permanente, de cuerpo presente o con presencia virtual.
Pacta sunt servanda, determinó la parte ofendida en forma terminante, con un argumento que por fulminante no es menos cierto: es fácil ser indulgente respecto de sí mismo. Aún reconociendo el pecado cometido por lo general pensamos que con demostrar arrepentimiento basta, y que no es necesaria la sanción que toda infracción conlleva. Y traficamos indulgencias personales a riesgo de producir cismas en el cotidano vivir, producto del criterio benevolente con el que evaluamos las consecuencias de nuestras faltas.
4Cuarenta, Riki y tango
Fin de año es propicio para encuentros, cenas y eventos sociales, que algunas veces se acumulan y tornan imposible acudir simultáneamente, ya que el don de la ubicuidad múltiple es propio de ángeles y dioses. Pero este sábado por la noche habíamos acordado un compromiso previo con mis compañeros de trabajo: ir a cenar a 4Cuarenta y a escuchar a Riki, en mi caso, por millonésima vez.
Riki es un personaje citadino peculiar y muy querido por mí dada la cantidad de años que hace que nos conocemos y la confianza que nos une, propia de las relaciones que comienzan casi en la infancia. Ya presentado en otras oportunidades en este espacio, Riki es cantautor, poeta, compositor y brillante cantante de tango, aunque por lo general sólo interpreta melancólicas canciones de su autoría.
Una docena de personas alegres nos reunimos en el pequeño bodegón sito en un barrio típico de la ciudad, en las proximidades de la estación del ferrocarril, que poco a poco se va transformando en un polo gastronómico bohemio con lugares informales, buenos precios y música en vivo. Riki llegó con su placidez habitual y luego de una conversación que mantuvimos a solas en la barra para ponernos al corriente de las últimas novedades de nuestras vidas, dio comienzo el espectáculo guitarra en mano.
La voz dulce de Cecilia acompañó como un bálsamo la letra de las canciones, luego llegó el momento de los clásicos de Riki entre los que incluyó temas que formaron parte del Memorial del Diablo, obra de su autoría que se expuso en el Teatro Colón de esta ciudad. No pudo sustraerse a nuestros aplausos y antes de irse Corrientes y Esmeralda fue desgranado por su voz pausada; la próxima vez acordamos que la reunión será en mi casa para escuchar a Riki sin prisa y sin pausa, hasta que las velas ardan.
La fotografía corresponde al sitio web de 4Cuarenta.
Guayaba en jabón
La guayaba es una especie de árbol de clima tropical cuyo fruto tiene un aroma fuerte y persistente, con una pulpa ácida que varía entre el color amarillo intenso y el rojo suave y gran cantidad de semillas duras. Contiene licopenos, antioxidantes que deberían integrar la dieta diaria dado que combaten el estrés oxidativo celular.
Las hojas y la corteza del árbol han sido empleados por las comunidades indígenas como reconstituyentes de las úlceras, así como para prevenir anemias al beberlas como un té una vez cocidas. Por su gran contenido de vitamina A se la utiliza como sucedáneo de los cítricos a fin de reforzar el organismo en los estados gripales.
En mi caso, al residir tan lejos de aquellos países latinoamericanos bendecidos con el clima tropical en el que prolifera el árbol de la guayaba, sólo puedo disfrutar del fruto en ocasión de algún viaje. Antes de regresar de Ecuador adquirí en la calle La Ronda, esa arteria encantadora de la ciudad de Quito, una buena provisión de jabones de guayaba sin conservantes, para aspirar el aroma del fruto hasta la próxima vez que lo tenga entre mis manos.
Qué post Bella…De más jóven estaba muy enamorada hasta que una tarde osé seguir una intuición y descubrí un engaño. Lloré , lloré «yo nunca había llorado así…»
Tal vez seria mejor hablar de «error» y no de pecado…y de expiación como forma de «des hacer» el error…
Creo,también que no todo es engaño.Si alguien siente con honestidad que no engaña no lo hace aún cuando para todos lo haga. Seria como requerir en ese pacta sunt servanda el «animus engañandi»,( de existir esto en latin) Si con el corazón en la mano,mirando a los ojos dice que no existió animo de engañar merecería la expiación.(Siempre y cuando exista el ánimo de dejar el error en el pasado por el otro lado)
Podemos culpar a quien tiene miedo a perder tantas ventanas (como dice el gran Julio en Andele?) «con amores que inevitablemente superponen tres, cinco, siete mundos que deberían latir consecutivos y en cambio se combaten simultáneos?»
Si lo único que tenemos es el presente, este Ahora único y maravilloso en si mismo quizás convendría canturrear like a mantra el final de Olhos nos olhos y good show, no?
Gracias por tu visita, mi querida Apre. El tema tiene muchas aristas, pero creo que hay que estarse al contrato original; si las pautas de la relación son claras, el transgresor podrá indultarse pero la otra parte hará lo que crea conveniente habida cuenta de que el pacto no ha sido honrado.
La medida del error, falta, pecado o como quiera que lo denominemos, es relativa también a la recepción del ofendido, ya que el receptor construye el mensaje en comunicación humana. Y allí las interpretaciones pueden ser diversas; me parece que en este caso la indulgencia que exhibe hacia sí mismo quien cometió la falta no sería tan amplia si hubiera sido a la inversa, de allí la intransigencia resultante por la otra parte.
Coincido con Julio y este instante es nuestra vida, como parafraseó a Khayyam el (irresistible) tercero en discordia en la película «Infidelidad». Pero los actos tienen consecuencias en el cosmos y de ésto no podemos escapar; creo que conviene entonces evaluar la medida de esas consecuencias hacia nosotros mismos. Después, cada uno hará lo que pueda con el resultado.
Esta conversación merece profundidad con un vino, tostados, café y la esencia de Julio en el sillón contiguo, un abrazo para ti.
¡Guayabas!
Gracias por tu visita, Mis Retazos. Sí, ¡guayabas¡
Geniales tus reflexiones en torno a la palabra indulgencia, que, como dices, no elimina el acto reprochable en sí, pero exime de la pena que debería aplicarse…
El tono legalista de tu texto me ha parecido fascinante.
Lo de las guayabas, por su parte, tiene un claro efecto multiplicador 🙂
Un abrazo Bella, Aquileana 😀
Gracias por tu visita, Aquileana, y tus apreciaciones.
El tono legalista es defecto de profesión, no hay manera de disimularlo…
Las guayabas son multiplicadoras, en mi caso, de nuevas rutas por los países de las que resultan oriundas.
Un abrazo para ti.
Fascinante trío, para darnos gusto indulgentemente con Riki y bañarnos con jabones de guayaba.
Gracias por tu visita, Después de la media rueda. Riki estará esta noche en mi casa y ya tiene previsto una nueva presentación dedicada a tangos clásicos en un bar de la ciudad, dentro de un mes. Iremos en banda a escucharlo, si andas por aquí estás invitado.
Muy buen post Bell@! Seriamos mas sabios si de la misma manera que hacemos uso de las indulgencias personales frente a nuestros «errores» pudiéramos aplicar el mismo criterio cuando somos nosotros los ofendidos. Siempre es un placer deleitarse con buena música, mas si se comparte en clima festivo con personas muy apreciadas…y esta no fue la excepción, Ricki un deleite de cantautor…y la dulce voz de Cecilia puso el resto para una hermosa velada. Ahora a la espera de la próxima interpretación… Que por supuesto Bell@ te la estaré recordando a mediados de enero jajaja. Un beso grande para ti!
Gracias por tu visita, Kari. Nos es muy difícil medir con la misma vara a los demás, de ahí el refrán «la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio»; forma parte de nuestro ego y de nuestra imperfección.
Riki interpretará en el mes de enero tangos clásicos, pero antes podremos tenerlo en una función privada, lo prometido es deuda.
Un beso navideño para ti.