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Stephen ArroyoA lo largo de la historia se han ensayado diversas definiciones respecto de los cuatro elementos primordiales: tierra, aire, agua y fuego; desde las culturas más antiguas hasta ciencias como la química han intentado elaborar conceptos generales, pero su profundo significado dista de ser fácil de entender, compendiar y explicar, ya que se vinculan con las fuerzas vitales que algunos autores han denominado “el alma de la Naturaleza”.

Desde el comienzo de los tiempos cosmovisiones antiquísimas los han incluido en sus tradiciones religiosas y mitológicas; en la mayoría de los casos se postula el principio de una energía primaria que se manifiesta como corrientes energéticas conocidas como los cuatro elementos. Relacionados directamente con las más remotas mitologías como el antiguo Sumer, donde las deidades fundamentales se correspondían con los elementos (Ninhursaga, Anu, Enki y Enlil representaban a la tierra, el aire, el agua y el fuego respectivamente), resultan el fundamento del zodíaco en los doce signos que reagrupan en tríadas las características de estas fuerzas vitales.

Tanto las escrituras sagradas de la India y del Tibet, la acupuntura y la medicina ayurveda como la astrología, el tarot y la cábala desarrollaron el concepto de los cuatro elementos. En la Grecia antigua los filósofos los equipararon a las cuatro facultades del hombre: moral (fuego), estética (agua), intelectual (aire) y física (tierra). Galileo en la Europa medieval los relacionó con los “humores” o temperamentos humanos que luego plasmaron en sus obras literatos como Shakespeare.

En la cábala, el número cuatro corresponde a Chesed, el cuarto Sephirot, que se representa como una figura de cuatro lados o tetraedro; se utiliza para simbolizar a Chesed la pirámide y le ha sido asignada la cruz de lados iguales. Las cruces representan distintos modos de funcionamiento del poder espiritual y en el caso de la cruz de brazos iguales ha sido asociada al equilibrio de los cuatro elementos: el gobierno de la naturaleza mediante la síntesis que sitúa a las cosas en un equilibrio armónico.

Tradicionalmente se los ha clasificado en dos grupos o expresiones de la energía: en Grecia la energía apoloniana del fuego y el aire y la energía dionisiana del agua y la tierra se corresponden con el yang e ying de la filosofía china; los primeros tienden a ser activos y conscientes y los últimos pasivos e instintivos; aire y fuego tienden a esparcirse y a elevarse, tierra y agua están bajo la influencia de la gravedad y se concentran en el nivel más bajo.

La relación entre el ser humano y los cuatro elementos remite a las antiguas hermandades y escuelas iniciáticas, que postulaban el necesario equilibrio que debían lograr los iniciados respecto de las fuerzas vitales que circulan en el microcosmos del ser, a imagen y semejanza del macrocosmos infinito. Para indagar al respecto, Astrología, psicología y los cuatro elementos  de Stephen Arroyo resulta un texto clásico y actual pese a que la primera edición data del año 1978.

En Junín

MUMAA orillas del río Salado, en el noroeste de la Provincia de Buenos Aires, Junín es la ciudad más importante de la zona, cabeza de partido y sede de los organismos administrativos, políticos y judiciales de la región. Fue uno de los primitivos asentamientos regionales para cría extensiva del ganado vacuno debido a la calidad de la tierra y al clima propicio para las pasturas.

Los primeros habitantes de la zona afrontaron a los malones indígenas que luchaban para defender sus tierras, y en 1827 se estableció un fuerte que dio origen a la ciudad. A principios del siglo XX el ferrocarril fue determinante para la pujanza de la zona y el municipio estableció un Mercado Público en la calle Saenz Peña, que con el tiempo se constituyó en la principal arteria comercial de la ciudad.

Hoy el antiguo edificio del Mercado alberga el Museo Municipal de Arte Angel María de Rosa, en homenaje al escultor homónimo nativo de la ciudad. Estuve en Junín por motivos laborales y visité la histórica construcción, en la que se puede disfrutar actualmente de la muestra organizada por la Escuela de Arte Xul Solar.

La fotografía pertenece al sitio web del Museo Municipal de Arte de la ciudad de Junín.

Tempus fugit en Sainte Jeanne

La MaisonEl Hotel Sainte Jeanne es un espacio elegante y único en la ciudad, y cuenta con un restaurant que se caracteriza por la variedad y selección de los platos que ofrece. Nosotras somos asiduas comensales y la ocasión ameritaba una reserva nocturna, ya que volvíamos a reunirnos para disertar acerca de las últimas novedades en la vida de cada una.

El salón nos recibió ornamentado en ocasión de las próximas fiestas y allí nos instalamos con Apreciable, Marcela y Ale prontas a filosofar respecto de cuestiones varias. Marcela había arribado del sur del país pocos días atrás y nos obsequió chocolate de Bariloche; por mi parte le hice entrega de los recuerdos adquiridos en tierras españolas, ya que no había tenido ocasión de verla aún.

Después de compartir risas y experiencias la ausencia de otros comensales nos hizo percatar del horario y estábamos cerca de las horas laudes, ya que eran casi las dos de la madrugada. La filosofía vitalista se pone de manifiesto en nuestros encuentros en Sainte Jeanne: ya que  el tiempo es efímero, vale la pena vivirlo a pleno y de la forma más agradable que sea posible.

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