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Los Cuatro AcuerdosMiguel Ruiz nació en México, es médico cirujano y pertenece a una familia de naguales de origen tolteca, aquellos “hombres y mujeres de conocimiento” que abrazan una tradición esotérica ancestral basada en la libertad y el amor. Los Cuatro Acuerdos ha sido reeditado en diversos países debido a su éxito, y postula un camino para deshacer aquellas creencias heredadas o Acuerdos, que nos limitan e impiden la expansión de la conciencia.

Apreciable, con quien compartimos una larga tarde de tostados, café y vino rosado, adquirió dos ejemplares de Los Cuatro Acuerdos y me obsequió uno de ellos generosamente. Es un libro pequeño y simple pero los conceptos son profundos y determinantes; como todo camino de conocimiento, pese a parecer sencillo requiere de trabajo y esfuerzo personal para llevarlo a cabo y desmontar los hábitos nocivos que hemos internalizado a través del tiempo.

Ser impecable con las palabras, no tomar nada personalmente, no elaborar suposiciones y hacer siempre lo máximo que se pueda son Los Cuatro Acuerdos que debemos celebrar con nosotros mismos, según nos ilustra este descendiente del linaje de los Guerreros del Águila. Para desmontar el sueño externo que nos aprisiona desde nuestro nacimiento, conforma nuestro sistema de creencias y determina todos nuestros juicios al asumir alternativamente el rol de Juez o Víctima, hemos de renacer a un nuevo sueño interno no condicionado por la domesticación impuesta desde el exterior.

El nuevo sueño de los toltecas equivale al Nirvana budista o al Cielo cristiano, un espacio de amor y libertad que pervive en el inconsciente colectivo como el paraíso perdido. El Dr. Miguel Ruiz ha escrito un libro que es un pequeño tesoro para quienes estén dispuestos a trabajar en pos de su evolución personal, volcando en sus páginas la sabiduría ancestral de su pueblo transmitida de generación en generación por los sucesivos linajes de naguales. Celebrar nuevos Acuerdos deviene en una tarea vivificante y poderosa para el camino del conocimiento de sí.

Naturaleza y gastronomía

Desde MendozaEs sábado por la noche y la perspectiva no puede ser más agradable, porque al buen tiempo citadino y a la plenitud lunar se añade la expectativa gastronómica en casa de Adriana y Tony para compartir nuestras respectivas bitácoras de viaje. Algo sencillo, anticipa nuestra anfitriona, y nos recibe con una picada suculenta a la que ha adunado paté de ajo y almendras, crema de aceitunas y tomates secos, adquiridos en el reciente periplo que emprendieran por Mendoza, la tierra del vino y del sol.

Intercambiamos experiencias y anécdotas del Mediterráneo y del Pacífico, porque nuestros amigos cruzaron la cordillera de los Andes y desde Santiago de Chile recorrieron la franja costera hasta Viña del Mar; al regreso se instalaron en San Rafael a disfrutar del amable hospedaje de las Cabañas del Sol, a escuchar en el silencio el sonido del río Atuel que pasa por el complejo y genera una singular atmósfera de paz. También nosotros, en el año 2009, fuimos hechizados por el ritmo acompasado de este curso de agua mientras perdíamos la vista en la naturaleza.

Adriana y Tony tuvieron tiempo para extrañarnos en Mendoza y nos obsequiaron vino adquirido en una de las bodegas de la zona; la fotografía fue tomada por Adri en Bandidos Rurales, encantador reducto de Cacheuta donde recalaron a tomar fuerzas y nos recordaron, soñando con un día no tan lejano en el que los cuatro disfrutemos naturaleza y gastronomía en esa bella tierra cordillerana. Nosotros, a fin de compartir una muestra de la historia de la hospitalaria León, les hicimos entrega de un calendario románico recuerdo de nuestra visita a la imponente Basílica Real Colegiata de San Isidoro.

Cerería condal

CerabellaEn las proximidades de Plaza Cataluña, situada en una de las encantadoras callecitas que convergen en la Catedral desde el Portal del Ángel, hay un sitio soñado para los amantes de la cerería: Cerabella, fabricantes de velas en Barcelona desde 1862, año en el que Francesca Abella instaló un pequeño puesto de cirios en la Plaça del Pedró, cuando las velas eran la única luz durante las horas oscuras.

Cinco generaciones continuaron el oficio de la cerería, que actualmente se ha convertido en un arte para crear perfumes, colores y belleza a partir de la fabricación de velas. Con un catálogo para todos los gustos, en colores básicos, esmaltados o perfumadas, con propuestas alusivas a cada época y estación del año, Cerabella es un reducto para perderse y soñar si se visita la Ciudad Condal.

En mi caso, no he encendido aún la vela de nerolí que me acompañó en la maleta como recuerdo de mi visita a Cerabella, pero basta con abrir el frasco para que despida un aroma intenso y relajante. Otra creación de esta tradicional casa ya ha sido entregada a su destinataria: la fragancia del higo fue la elegida para perfumar el hogar de otra experta en velas, mi querida Ale.

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