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Feria de Santa LucíaBarcelona nos recibió una vez más con su aire cosmopolita. He estado en varias ocasiones en esta ciudad y hay rincones que siempre atraen, irresistibles: la zona de Plaza de Cataluña, que abarca Paseo de Gracia, el Portal del Ángel, el Barrio Gótico, las Ramblas hasta la Barceloneta…todo ese conglomerado urbano con sello propio siempre atiborrado de turistas, que conforma el alma de la Ciudad Condal.

En Barcelona tenemos familia y ésta es una ocasión especial porque conocemos finalmente a Eric, nuestro muy catalán sobrino más pequeño que vino al mundo hace casi seis meses y nos recibe en su hogar conjuntamente con sus padres y su hermanita. Después de descansar y ponernos al día respecto de las novedades familiares llega el momento de dar un paseo por la ciudad.

El clima propio de la proximidad de las Fiestas se advierte en las calles que comienzan a vestirse para la ocasión, en los comercios en los que se respira la febril actividad de esta época del año, en la feria navideña de Santa Lucía que alborota la zona de la Catedral. En el Portal del Ángel se ha instalado también una feria artesanal donde turistas y residentes escogen entre las diversas ofertas; Paseo de Gracia explota de gente: las marcas nacionales e internacionales han adoptado el “Black Friday” al igual que el tradicional Corte Inglés.

Nosotros recorremos una vez más las arterias de esta urbe única, peculiar, atractiva aún con la marea humana que torna difícil ingresar en una tienda, comprar un obsequio o un recuerdo, deambular procurando no perdernos de vista…La noche se despliega y las luces navideñas iluminan como por arte de magia la feria de Santa Lucía tal como refleja la fotografía, mientras la Catedral de Santa Eulalia proyecta su sombra señorial ante nuestros ojos asombrados.

La Basílica de la Sagrada Familia

GaudíLa obra cumbre del arquitecto catalán Antoni Gaudí i Cornet se caracteriza por los novedosos aportes estéticos y el diseño de la simbología del templo, inspirado en la naturaleza. Gaudí asumió la dirección de la Sagrada Familia en el año 1883 y dedicó toda su vida profesional a esta maravilla arquitectónica; en sus últimos años fue consciente de que no podría concluir su sueño ya que sólo había logrado construir el ábside y las fachadas laterales, estableciendo un detallado plan de continuación para sus sucesores.

Aún considerando al estilo gótico como “imperfecto” siguió sus lineamientos y estructuró el templo en tres pórticos flanqueados por cuatro campanarios, dedicados a  José, Jesús y María y asociados a las virtudes teologales de Esperanza, Caridad y Fe. Las tres fachadas de la obra están basadas en los tres momentos fundamentales de la vida de Jesús: nacimiento, pasión y gloria; la basílica fue concebida como la más alta de Barcelona en su época y representa un vínculo entre el cielo y la tierra, a la manera de las grandes catedrales del Medioevo.

La primera vez que visitamos esta construcción única y descomunal, el interior del templo aún se encontraba en obras y se accedía a las torres mediante precarias escaleras montadas para continuar la construcción. En el año 2010 se concluyó el interior siguiendo expresas instrucciones de Gaudí; sobre el altar se instaló un baldaquino colgante del que pende la imagen de Cristo esculpido según un diseño que realizara para la Casa Batlló, que se refleja en la fotografía gracias a la pericia de Juan.

La Sagrada Familia constituye el legado de Gaudí para la humanidad y resulta difícil describir con palabras la impresión que produce ingresar en este remanso de luz y espiritualidad. Los vitrales iluminan de manera sobrenatural la magnificencia interior;  sólo basta sentarse en silencio para que el alma se inunde de emoción en un espacio desprovisto de connotaciones terrenales.

Volver a casa

Pequeño EricTodo periplo concluye con sensaciones encontradas, ya que la alegría por el retorno al hogar contrasta con la añoranza por los lugares explorados. Este doble sentimiento se intensifica si en los sitios visitados hay afectos a los que no veremos durante un lapso de tiempo indeterminado.

Nuestro día de retorno comenzó con un desayuno familiar al que siguió la tarea titánica de armar las maletas, y luego compartimos un alegre almuerzo en el restaurant elegido hasta que llegó la hora del traslado al aeropuerto. Y hacia allí nos dirigimos estirando los últimos momentos, matizados con el parloteo incesante de la pequeña y los planes futuros de visita a uno y otro lado del océano.

La última imagen en la retina al ingresar al control de equipajes es la del pequeño y adorable Eric rodeado de la burbuja de amor que conforman sus padres y su hermanita, quien nos entrega un mandala que ha pintado para su primo argentino. Como un caleidoscopio se suceden las imágenes de todas las personas queridas con las que hemos compartido este viaje, a las que nos llevamos con nosotros en el corazón hasta que volvamos a encontrarnos.

El crédito de la fotografía de Eric corresponde a su amorosa madre.

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