Etiquetas

, , , , , ,

La CibelesEl otoño madrileño nos recibe amable y soleado pese al horario al que arribamos para bajarnos en Atocha, al decir del poeta. De allí al Barrio de las Letras hay un paso, así que nos instalamos y hacemos caso omiso al cansancio: es domingo en la ciudad y El Rastro está casi a la vuelta de la esquina.

Madrid tiene solera propia, una distinción capitalina que la torna multilingüe por los extranjeros que deambulamos ávidos de sus rincones y su estilo. A pesar de encontrarme comprendida por las generales de la ley no quiero escuchar-nos: el dejo madrileño, esa fusión entre chispa y altivez, deviene irresistible para mis oídos. Pero en El Rastro ese deseo resulta imposible en el maremágnum turista y nos plegamos a la marea humana.

Con el ritmo de un mercadillo urbano los puestos se suceden uno tras otro y ofrecen en su mayoría vestimenta, gafas, artesanías y recuerdos típicos como abanicos y mantones. También se encuentran antigüedades en las galerías circundantes y hay artistas callejeros que exponen sus obras al sol en alguna calle más tranquila.

La ciudad nos espera y dejamos El Rastro para caminar por las calles interiores de las Letras hasta llegar a la Puerta del Sol, entre tiendas y bares colmados de gente. El domingo es el día que los madrileños emplean para salir de compras y se nota: los comercios están abiertos y atestados, las calles comienzan a prepararse con espíritu navideño y nuestra mirada procura abarcar el señorío de las construcciones de la Gran Vía, la expresión hierática de la Cibeles que presume de palacio propio, la historia viva que trasunta la Puerta de Alcalá…

La fotografía, tomada por Juan, reproduce el esplendor del palacio que custodia a la Cibeles.

Arte y más arte

Jean Metzinger Año 1905 - Bañistas. Oleo sobre lienzoEl Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía es un señorial edificio ubicado muy cerca de nuestro hospedaje y de los principales enclaves artísticos de la ciudad. Madrid es fácil de recorrer porque todos sus puntos de interés se encuentran en un radio de veinte calles en círculo; nosotros caminamos sin prisa porque vamos a contemplar en unas horas la joya principal del Museo: el Guernica, de Pablo Picasso.

La Colección comienza con obras de fines del siglo XIX que reflejan la tensión entre progreso y descontento social en España. Cubismo, Dadaísmo y Surrealismo se erigen como las vanguardias liberadoras que sintetizarán arte y política ante la amenaza del fascismo, y confluyen en el Guernica. Dalí, Miró, Juan Gris son algunos de los creadores que pueden admirarse en este enclave del arte, matizando el recorrido con un momento de descanso en el jardín interior.

Caminamos después de un reparador café hasta el Palacio de Villahermosa, hoy Museo Thyssen-Bornemisza, en el que se expone la increíble colección de arte originariamente de esta familia que fue adquirida en gran parte por el estado español en el año 1993. En tres plantas se distribuye la Colección Permanente, que abarca desde los primitivos pintores italianos hasta el Renacimiento y el Barroco, la escuela holandesa y artistas modernos norteamericanos del siglo XIX, impresionismo y obras del cubismo, surrealismo y arte pop.

El Palacio fue ampliado en el año 2004 para albergar la colección de Carmen Thyssen-Bornemisza, heredera de obras de arte de Fragonard, Monet, Renoir, Gauguin y Picasso que incrementó en los años siguientes con Canaletto, Corot, Braque, Van Gogh y arte de vanguardia. Actualmente se puede disfrutar además de la exposición temporaria que reproduce todo el allure de Hubert de Givenchy.

Bañistas, obra sobre lienzo de Jean Metzinger, data de 1905 y pertenece a la colección de Carmen Thyssen-Bornemisza. La fotografía resulta mérito de Juan.

Toledo

AlcázarEl tren desde Atocha hasta Toledo es rápido, puntual y confortable; el arribo nos introduce en un enclave de cuento cuidadosamente conservado y el edificio de la estación es el primer ejemplo. El destino ha sido elegido no sólo por las referencias respecto de su encanto ya que Germán, oriundo de nuestra ciudad, se encuentra cursando un posgrado en la universidad de Toledo y será nuestro compañero de excursión.

Recorremos el camino lindero al río Tajo para llegar al mirador desde el que contemplamos los techos en tonos dorados de las fincas con el fondo del Alcázar, y luego de una larga caminata al sol cruzamos el puente de Alcántara e ingresamos al casco de la ciudad para deambular por las encantadoras callecitas. Toledo tiene tradición de órdenes de caballeros y de arte, de mazapán y acero, de moros, judíos y cristianos. La riqueza de su historia obliga a elegir los lugares a visitar, así que luego de almorzar en el simpático bar La Malquerida de la Trinidad estamos dispuestos a embebernos de la cultura toledana.

Nos dirigimos a la exposición sobre Templarios en la que se despliega la creación, apogeo y extinción de la mítica orden de caballeros que, según la leyenda, fueron custodios del Santo Grial. Tal vez por este motivo místico o por la causa terrenal de haberse constituido en banqueros de Europa, el rey Felipe de Francia persiguió, torturó y ordenó la muerte en la hoguera de los últimos templarios, entre ellos el Gran Maestre Jean de Molay. La exposición de los instrumentos de tortura que se empleaban en la época resulta más que elocuente respecto de los métodos pergeñados por las autoridades religiosas y seculares para castigar los cuerpos indefensos de los sometidos a proceso.

Dejamos atrás a los Caballeros de la Orden del Temple y su triste fin para dirigirnos al Museo Sefardí emplazado en la Sinagoga del Tránsito, que concentra la historia del pueblo judío que habitara la zona toledana, también perseguido por los poderosos brazos religioso y secular. En la primera planta se encuentra la Galería de Mujeres y en la planta principal se accede a la Gran Sala de Oración flanqueada por la exposición; hay en el exterior un Jardín de la Memoria con laudas sepulcrales.

Nuestro paseo culmina en el Museo del Greco, fundado por el marqués de la Vega-Inclán en una finca que se cree puede haber pertenecido al famoso artista que transcurrió parte de su vida en Toledo; entre los cuadros del Greco se encuentran las trece pinturas del Apostolado y colecciones de otros pintores como Zurbarán y Luis Tristán. Desde el exterior se puede acceder al único resto subterráneo del palacio construido por Samuel Leví en la cercana judería toledana, cuyas cuevas medievales resultan aún un misterio no develado.

Nos despedimos de Germán y volvemos prestos a la ciudad porque a la noche mi querida Florencia y su esposo Marcelo nos esperan para cenar en su hogar, sito en las proximidades de la Plaza del Niño Jesús. Terminamos el día felices; como corolario, Flor me ha obsequiado el libro Las brujas y su mundo, de Julio Caro Baroja.

La fotografía reproduce el Alcázar de Toledo y el puente de Alcántara, gracias a Juan.

Anuncios