Etiquetas

, , , , , , ,

PicadaY finalmente arribamos a media mañana a destino, luego de varias horas en Aeroparque dado que el preembarque comenzaba al inverosímil horario de las 4 de la madrugada. Pero el cansancio del traslado se diluye al ver la imagen alegre de Gisella y sus ojos claros que brillan de alegría al reencontrarnos; por la autovía nos dirigimos hacia Ubatuba, enclave natural del litoral marítimo de Sao Paulo rodeado del increíble paisaje que conforman los morros y el mar.

Tres horas nos separan del hogar de Gisella así que la parada resulta obligatoria para un tentempié y descendemos en Bufalat, una encantadora casita que parece de cuento en la que sirven café y nos convidan con una degustación de productos de muzzarella de búfala. La diferencia es la ligereza ya que la leche no tiene contenidos grasos, entonces tanto la ricota como el queso resultan sutiles y deliciosos; un arrollado de muzzarella con tomates secos y rúcula nos acompaña, será un buen compañero del vino argentino que hemos traído para nuestra anfitriona.

Una vez en Ubatuba redescubrimos las calles colmadas de paulistas que han venido a pasar el fin de semana; hay una bruma sobre el mar que predice lluvia así que descansamos un rato y luego nos dirigimos al restaurante de Mónica, el colorido Refúgio da Louca. Es un ámbito agradable en el que priman la atención al público y los ingredientes de calidad, Mónica nos sorprende al recordarnos que nos conocimos en nuestra visita anterior en el bar de Ellen, exquisito reducto hoy con nuevo local totalmente renovado donde  tomamos café con quindim, tocino del cielo con base de coco elaborado con la receta checa de su dueña, entrañable amiga de Gisella.

La tarde nos encuentra caminando despacio para recorrer los nuevos locales, los artesanatos, la avenida costera que se adentra en el mar. El calor tenue y el olor a lluvia convergen en un aroma peculiar propio de las zonas cálidas y propicia las conversaciones eternas al aire libre. La morada blanca y amplia de Gisella ha adicionado un nuevo ambiente, un quincho techado abierto con barra de madera en el que nos instalamos con una picada y el arrollado aludido.

La fotografía, tomada por Juan, revela el ámbito en el que concluyó la apacible jornada de gastronomía y amistad.

Paseando a ritmo plácido

Rua GuaraníEl trazado de la ciudad comprende dos zonas bien diferenciadas: el centro bullicioso que envuelve la plaza en la que se encuentra la pequeña iglesia, y la zona comercial que rodea al Aquário, emprendimiento privado fundado en 1996 por un grupo de oceanógrafos con el objetivo de destacar la importancia de la conservación del medio ambiente marino.

En las proximidades del Aquário se encuentra el Proyeto Tamar, concebido con el fin de preservar y proteger a las tortugas marinas, ya que por la acción de los barcos, la pesca indiscriminada y la destrucción de su medio ambiente se encontraban en peligro de extinción. Las tortugas rescatadas viven en un hábitat similar al marino y en caso de no adaptarse a la vida natural por el trauma sufrido, terminan sus días protegidas y cuidadas por las personas que llevan adelante el proyecto.

La tarde resulta propicia para iniciar una caminata desde el Aquário hasta el centro, en un ida y vuelta plácido para detenerse en cada comercio, recorrer los artesanatos clásicos y admirar aquellos que cobijan pequeñas obras de arte de materiales diversos. Y en cada recodo de la costa, los morros y el mar sorprenden una y otra vez por la maravillosa conjunción que componen el azul profundo del agua con el verde frondoso y diverso de la vegetación.

De playa en playa

Peixe com BananaEl litoral marítimo de Ubatuba se extiende unos 100 kilómetros a lo largo de la costa y comprende playas diversas en geografía y belleza. Turísticas, escondidas, agrestes, en todas predomina el oleaje que ha hecho de Ubatuba un paraíso para los amantes del surf y los deportes náuticos.

Praia Vermelha, praia do Sol, praia das Tonhinas…La praia do Tenorio nos recibe por la mañana con música y bares simpáticos, que prestan sus instalaciones de sombra a cambio de una consumición para los viajeros que aún conservan el color pálido de la ciudad. Nos instalamos en uno de estos reductos y la contemplación del mar, el morro y la arena ocupan nuestra atención. Paisajes que se atesoran en los ojos y en el alma y reconfortan cuando se impone la vida real.

Hacia la zona sur de la ciudad se encuentra la marina de Saco da Ribeira, centro náutico desde el que se pueden realizar paseos marítimos y recorridos por las playas así como excursiones de pesca. Nos detenemos para almorzar tardíamente en el tradicional restaurante Peixe com Banana II, un róbalo exquisito acompañado con arroz cocido al barro y farofa de banana. La farofa es un plato típico realizado con harina de mandioca que preparaban los caiçaras, antiguos habitantes del litoral que se alimentaban principalmente de pescado, plátanos y mandioca; hoy la cocina de los caiçaras se ha revalorizado por su sabor, variedad y aporte nutricional.

La tarde nos encuentra en la praia da Dominga Dias, en el condominio homónimo cuyas fincas sitas sobre la línea de playa contribuyen con su arquitectura despojada a potenciar la belleza del paisaje. Escuchar el silencio sólo interrumpido por la cadencia de la rompiente es nuestra única tarea; al caer el sol nos retiramos sin prisa, prestos a tomar la balsa que en un par de horas nos trasladará a la casa de Mauricio, en la paradisíaca Ilhabela.

Anuncios