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Ajna ChakraLos chakras son centros o vórtices de energía inmensurable que se encuentran en los cuerpos sutiles del ser humano. La etimología de la palabra alude a círculo, disco, rueda; proviene del hinduismo, que establece seis chakras principales que luego fueron ampliados a siete a partir de la teosofía. Son visualizados como flores de loto con diversa cantidad de pétalos y cada uno posee un color particular.

Siete son entonces los vórtices de energía de nuestro cuerpo, cada uno se relaciona con un chakra principal. Emprender un camino espiritual significa sutilizar el cuerpo físico y ampliar el espectro de energía, expansión que ha de repercutir directamente en el grado de actividad de cada chakra.

Ajna chakra, que forma parte de la trilogía de los chakras metafísicos, se caracteriza por su color índigo y posee como elemento la luz. Las mujeres hindúes colocan una joya o bindi en el llamado “tercer ojo”, allí donde se localiza Ajna para activarlo. Con los dos ojos hay visión del mundo normal, con el tercer ojo se logra la visión de los mundos sutiles.

Situada en el entrecejo se ubica la glándula pituitaria, que tiene dos partes, anterior y posterior, cada una de ellas surge de un área diferente en el embrión y sin embargo están asociadas. Ajna representa la integración de la personalidad por encima del par de opuestos, para dar lugar a la conexión con la sabiduría universal a través  de la creación artística, los sueños y la intuición.

Ajna significa comando o dominio. El sagrado monosílabo OHM pronunciado en voz alta estimula la glándula pituitaria y aquieta el discurso de la mente, dando lugar al flujo de energía que se visualiza como una luz interna, la que algunos místicos han definido como la visión de Dios en una explosión de colores. Porque el dominio que Ajna postula es el de la maestría interna, la superación de las polaridades que rigen como par de opuestos nuestras humanas existencias.

El primer año de Alma
AlmaAlma ha llegado a su primer año de vida, y celebró su cumpleaños con un evento en el que los invitados fueron recibidos con la pequeña vestida como Minnie Mouse, sin las consabidas orejas debido al fastidio manifiesto que generaban en la homenajeada.

Tal vez tuvo conciencia del enorme significado que su círculo familiar asignó al evento. O tal vez fue sólo una jornada para recibir abrazos y regalos sin comprender demasiado qué sucedía; y con el correr de las horas se refugió en los brazos de su mamá para suspirar feliz mientras dormía, ajena al parloteo incesante de los invitados.

Pero lo cierto es que Alma convidó con un buffet variado, el consabido pastel de cumpleaños, variedad de tartas y una mesa temática con golosinas para los niños y souvenirs para los adultos. Todo un festín preparado con enorme amor por sus tías para deleite de los comensales.

En un mundo en el que los seres pequeños no resultan valorados en su conjunto, reconforta encontrar personitas amadas y cuidadas como Alma. Porque la energía del amor replica y multiplica, y Alma ha de retribuir con amor la inmensa corriente amorosa que envuelve y acuna las horas de su infancia.

Ropa interior ayer y hoy

RosaA lo largo de la historia de la humanidad, la ropa interior ha mutado su diseño y función de la mano de las transformaciones sociales y de la emancipación de la mujer. Desde la primitiva función del taparrabos, empleado para resguardar las partes íntimas del medio natural, hasta los materiales que convierten a la lencería en una segunda piel, han transcurrido siglos y costumbres variopintas que reflejan el rol de las mujeres en la sociedad.

En Grecia, la ropa interior femenina se relacionaba tanto con el estado civil como con la posición social de las féminas, que empleaban el zoster o banda de lino bordado que se ceñía a la cintura, en tanto que las casadas utilizaban el apodesmo como sujetador, que se resaltaba con cintas de colores entrelazadas.

El antecesor del corpiño o sujetador fue el incómodo corset, cuyo empleo se remonta al siglo XVII, utilizado para realzar la cintura y aumentar el tamaño del busto. En el siglo XVIII se comienza a emplear en Francia la llamada cotilla, especie de corset más pequeño, sin mangas y con ballenas bajo el busto hasta la cintura, que se reservaba para aquellas mujeres que no realizaban trabajos físicos debido a que no permitía, por razones obvias, demasiada amplitud en los movimientos.

En el siglo XX el traje de algodón tejido que cubría el cuerpo da lugar a las dos piezas de ropa interior femenina que van reduciendo su tamaño con los años. El primer corpiño data de 1914, y los calzones largos se van acortando para acompañar el devenir de las faldas. La lencería se transforma en industria y los tejidos cómodos como el algodón y la lycra conviven con la suntuosidad de la seda, el encaje y las puntillas.

En 1980, empresas líderes como La Perla y Victoria´s Secret se expanden de la mano de fenómenos como Madonna,  un ícono con sus corpiños en punta y el empleo de aros de alambre como precursores del Wonderbra, que aumenta artificialmente el tamaño de los senos mientras la silueta se delinea con los nuevos materiales y los colores cobran su propio significado.

Blanco virginal, rojo pasión, negro suntuoso o el desenfado de los colores flúo, la ropa interior implica tanto ocultar como revelar la piel, en una ceremonia lúdica que le confiere un lugar de privilegio para la vida íntima. Porque desde hace más de dos mil quinientos años, su sola visión cubriendo parcialmente el cuerpo ha generado todo tipo de fantasías.

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