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Humildad, del latín humilitas, proviene del vocablo humus, tierra. Sometimiento, del latín submittere, deriva de sub, debajo, y mittere, arrojar. Si bien suelen emplearse asociados al concepto de sumisión o subordinación y como contrapartida de soberbia, hay una saludable diferencia entre ambos vocablos, que conviene tener presente en razón de que el lenguaje que empleamos crea el mundo en el cual vivimos.

La humildad es una condición por la cual la persona se reconoce con sus aciertos y sus equivocaciones, sin alabarse por los primeros ni avergonzarse por los últimos. Desde el punto de vista cristiano, es una virtud que implica aceptar la insignificancia del humano frente a la trascendencia de lo divino; para el budismo representa un camino a seguir para liberarse del sufrimiento.

En tanto condición del ser, virtud o camino, la humildad se refiere directamente a una persona; el sometimiento, en cambio, es una relación que se entabla entre dos seres, requiere de un vínculo para desplegarse. La excepción en tal sentido podría ser el sometimiento a los mandatos, creencias y hábitos que nos rigen desde la sombra (inconsciente), pero en última instancia también éstos encuentran su origen en los vínculos fundantes de nuestra lejana infancia.

Don Juan Matus, el sabio maestro de Carlos Castaneda, distingue entre la humildad del guerrero y la humildad del pordiosero. El primero no agacha la cabeza ante nadie, pero tampoco permite que otro la agache ante él. El pordiosero pide perdón de rodillas ante aquel que considera más encumbrado, y exige la misma actitud de sometimiento a quien menosprecia.

“…Yo sólo conozco la humildad del guerrero, y eso jamás me permitirá ser el amo de nadie…” afirma Don Juan desde la seguridad de su maestría. Nosotros, lejos de dicha condición, revisando cuidadosamente nuestras acciones cotidianas podemos intentar trascender la posición sometedor-sometido, para aproximarnos algún día a la nobleza de Don Juan.

Reencuentro con Pablo

PicadaEl tiempo transcurre rápido en esta frecuencia vibratoria y ya pasaron seis meses desde la última visita de Pablo a la ciudad. Nuestro querido amigo ha vuelto, nuevamente en un viaje relámpago desde España, y lo hemos recibido el viernes en casa con enorme alegría.

Marcela, recién llegada de Ushuaia, se sumó al festejo para compartir unas horas con nuestro filósofo favorito. Pablo arribó con ejemplares de la revista InterseXiones, publicación internacional e interdisciplinaria que reúne contribuciones académicas y artísticas, y de la que resulta editor responsable.

En esta ocasión InterseXiones incluye en el capítulo dedicado al arte una referencia a Miguel Canatakis, entrañable amigo de Pablo y notable personaje de esta ciudad. Pintor y artista plástico que expone desde el año 1990, ha sido galardonado con numerosos premios y su obra integra colecciones privadas de Holanda, Francia, Canadá, Egipto y varios países de Latinoamérica.

Las horas volaron entre recuerdos, anécdotas y planes de reencuentro, esta vez en la muy española ciudad de León, lugar de residencia de Pablo y su familia. Nuevamente desde mi hogar virtual te digo hasta pronto, querido Pablo.

Hotel Los Balcones, Cuenca

Hotel Los BalconesCuando se emprenden largos periplos, más allá de la alegría por conocer nuevas tierras y del bagaje de riqueza intangible que representa cada viaje, hay un interregno constituído por los traslados que suele ser agotador. Arribar a un hotel en estas ocasiones representa un oasis en el desierto para el viajero.

La atención que brinda el hotel resulta directamente proporcional a la calidad de los amenities que reserva para sus huéspedes. El hotel boutique Los Balcones, en la bella ciudad de Santa Ana de los Cuatro Ríos de Cuenca, fue nuestro merecido remanso luego de un día muy largo: desde el Manatee en canoa hasta el aeropuerto de Francisco de Orellana para arribar a Quito, donde después de una larga espera dado el atraso en los vuelos abordamos nuevamente un avión rumbo a Cuenca.

No olvidaré la sensación de alivio al llegar al hotel de estilo colonial, con sus pisos de parquet lustrados, las escaleras señoriales y la enorme habitación que invitaba a sumergirse entre las mullidas almohadas. Y en el cuarto de baño, toallas bordadas y amenities fragantes, como corolario de la atención personalizada y amable que brinda este confortable hospedaje.

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