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PachamamaEl 1º de agosto es dia de caña y ruda para los pueblos andinos porque conmemoran la festividad de la Pachamama, esa divinidad omnipresente que representa a la Madre Tierra concebida como una trama interdependiente que nuclea amorosamente a todos sus hijos.

Poderosa sanadora, contiene en sí los atributos de creación y regeneración, fecundidad y destrucción: la Pachamama es la Madre Cósmica, la creadora del Todo; es la tierra y el tiempo, lo femenino y la divinidad sagrada. Pero a diferencia de otras cosmovisiones, no se concibe en un sentido abstracto espiritual sino como realidad concreta material. En ella convergen la tierra, los animales, las plantas, los minerales, las montañas, las piedras, las aguas, las herramientas, los instrumentos musicales…

Los rituales en su honor comienzan con el primer trago que se arroja al suelo porque le está destinado, al igual que las hojas de coca y las apachetas, pequeños montículos de piedras que se erigen al internarse en las montañas que le pertenecen. He armado apachetas en Jujuy antes de emprender una caravana de llamas y las he visto en tierras bolivianas y en las que circundan Machu Picchu, la antigua ciudad sagrada.

La conquista y colonización trajo consigo una profunda represión cultural, procurando desplazar la cosmovisión indígena por la nueva religión proveniente de España; no obstante, como sucedió en otros territorios, el sincretismo nacido de la evangelización y el culto propio que clandestinamente sostuvieron los pueblos originarios dieron como resultado vírgenes mestizas y cementerios con cruces y tumbas multicolores, bien provistas de cigarros, licor y hojas de coca.

Actualmente, con la conciencia ecológica y el regreso a las costumbres ancestrales, la energía andina que representa la Pachamama está presente con los rituales de antaño. Flautas, quenas y bombos dejan oir su cadencia entre los valles del Altiplano: caña y ruda, maíz y especias y una invocación a los cuatro elementos para honrar a la Pachamama.

Domingo en Mar de las Pampas

Mar de las PampasMar de las Pampas es una comunidad balnearia que integra el partido de Villa Gesell, y se caracteriza por su emplazamiento entre dunas rodeadas de bosque frondoso con especies arbóreas como cipreses, álamos, pinos y acacias que a su vez cobijan numerosas aves.

Es una villa tranquila y joven ya que las parcelas comenzaron a comercializarse hacia fines de la década del 70, y ha sido trazada respetando las condiciones del ambiente natural en el que se emplaza; no existe el asfalto y las construcciones bajas se despliegan en un ámbito agreste, en el que se respira el olor de los árboles y del mar.

Los comercios que se multiplicaron con los años configuran un paseo de compras encantador a lo largo de la avenida principal, donde se puede encontrar tanto gastronomía como locales de venta de regalos y ropa. Al paseo de la Pinocha original se adunaron el paseo Serendipity y la original Aldea Hippie, con pequeños puestos de artesanos que ofrecen sus creaciones en un ambiente ideal por el entorno y regulado por los principios del feng-shui.

El domingo por la tarde nos encontró en Mar de las Pampas, donde tomamos un reparador café cuando la temperatura comenzó a descender luego de adquirir un mandala a una simpática artesana; me costó elegir entre tantas variedades, finalmente opté por una imagen femenina con sus manos unidas frente al tercer ojo: Namasté a la hospitalidad plena de naturaleza de Mar de las Pampas.

Fragancias de La Ronda

Jaboncito de la calle La RondaLa Ronda es una una calle maravillosa, la más antigua de la ciudad de Quito, tradicional paseo turístico y centro comercial donde se puede adquirir desde arte ecuatoriano hasta empanadas de viento, para reponer energía mientras se camina paso a paso.

Cuna de pintores, escritores y poetas que la habitaron durante los años 30, los pasillos de sus casas tipo chorizo guardan secretos de bohemios y revolucionarios que despuntaron su arte o su rebeldía entre las paredes plenas de historia.

La Ronda debe su nombre  a la conquista española, porque antes de la llegada de los colonizadores la habitaban los indígenas originarios que la denominaban “El Chaquiñan“, término que podría traducirse como sendero. Fue trazada allá por 1480 cuando los poderosos incas llegaron a Quito, dada su proximidad con el arroyo de aguas puras que descendía del volcán Pichincha.

Hoy La Ronda integra el Centro Histórico de esta ciudad inolvidable y ofrece todo tipo de recuerdos para quienes caminan por sus calles empedradas. El jabón fragante, que recuerda en diseño y aroma el interior de una fruta tropical, fue adquirido en una de las perfumerías artesanales de esta arteria típica de la ecuatoriana San Francisco de Quito.

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