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El jueves por la tarde Moni I. festejó su cumpleaños. Tenía motivos para organizar una reunión, cocinar tartas dulces y reunir a sus afectos porque el año había comenzado complicado: primero el regreso de su hija a la ciudad luego de residir en la capital y después la enfermedad de un ser querido, hoy en franca recuperación. Cuando suceden imprevistos que no hemos considerado como probables, nuestra vida se trastoca hasta que comienza a surgir del caos transitorio un orden nuevo y diferente.

En el caso de Moni adoptó una postura taoísta producto de sus años de práctica espiritual: respetó la decisión de su hija comprendiendo su necesidad personal de conectar con algo más que el consumo y la vida febril de la gran ciudad, y acompañó la enfermedad y la recuperación con meditación, plegándose a las circunstancias.

En ningún momento la he escuchado vibrar en sintonía densa rebelándose contra lo que sucedía aún cuando debió resignar un viaje largamente esperado; simplemente se alineó con el convencimiento de que eran situaciones transitorias que pasarían más tarde o más temprano. Y así fue: su hija comenzó a trabajar casi inmediatamente, pronto comenzará a estudiar profesorado de yoga en una fundación con amplia trayectoria en la ciudad y fue un sostén para su madre en los momentos complicados que atravesaron. En definitiva, su traslado terminó siendo una bendición porque acompañó a su familia de una manera que no hubiera sido posible al residir en la capital.

El jueves, mientras Moni apagaba la velita luego de recibir una considerable cantidad de obsequios, sentí una profunda alegría por ella así como una sensación de agradecimiento por lo que ha transmitido. Porque su sonrisa confirmó lo que creo profundamente: que nuestros pensamientos configuran el mundo, que cuando nos adaptamos a las circunstancias deponiendo el control surgen opciones nuevas, y que la meditación y la oración resultan anclas para nuestro ser interior en momentos difíciles que todos debemos transitar.

Feliz cumpleaños, Moni, y muchas gracias.

Lao Tse, Tao y Wu wei

Lao-Te-ChingDurante la época de la dinastía Zhou, que gobernó China algo más de mil años desde alrededor del 1050 a.C., florecieron la cultura y las artes manifestadas sobre todo en las obras tendientes a conectar a los hombres con la Divinidad. En esta prolífica etapa nacieron Lao Tse y Krong Fou Tse, el primero fundador del taoísmo, el último fundador del confucionismo. El prefijo Tse significa maestro en la lengua oriental y ambos fueron merecedores con creces de tal distinción.

Lao Tse trabajaba en los archivos reales de la provincia de Chow, cargo sacerdotal de suprema importancia al que renunció para retirarse; al pasar por la puerta de Han Ku un oficial le pidió que le obsequiara un texto como recuerdo: Lao Tse le regaló el Tao Te Ching y desapareció para siempre. El nombre del libro procede de las palabras con las que comienzan cada una de las dos partes en las que está dividido: Tao o camino y Te o virtud, en tanto que Ching alude a su carácter de libro clásico.

Desde su más remota ancestralidad los chinos veneraron a la naturaleza considerada en íntima comunión con el hombre: si éste actúa mal, la tierra no prospera. De estas observaciones surgieron los conceptos de ying e yang, los dos principios que del Tao que obran en el Universo representando fuerzas complementarias: lo femenino, la luna, lo frío y lo oscuro; lo masculino, el sol, lo caliente y la luz. Ambos son necesarios para mantener el equilibrio tanto en la naturaleza como en la vida de cada persona; uno es semilla y germen del otro que luego dejará de ser, en un ciclo sin fin de nacimiento y deceso.

Aplicar el concepto del Tao a la vida cotidiana implica comprender que hay una manera natural de hacer cada cosa, y que todo tiene su lugar apropiado y su función adecuada. Ajustarse al Tao y no estorbar su fluir es una concepción fundamental en la concepción metafísica china: la inacción, la pasividad, la ausencia de resistencia configuran el Wu wei o quietud: la naturaleza no necesita de la acción para desarrollarse, simplemente lo hace. Sin embargo, no debe confundirse “no actuar” o acoplarse al ritmo natural con “no hacer nada”. No forzar las cosas o situaciones con artificios para ejercer un control ilusorio no significa abstenerse de actuar, sino que implica no contrariar la armonía natural para beneficio propio, aún cuando esa armonía no sea lo que nos conviene desde un punto de vista individual.

Confucio se dedicó a la enseñanza desde los 30 hasta los 50 años, a esa edad fue elegido magistrado y luego encargado de obras públicas; más tarde se desempeñó como consejero del monarca. El confucionismo es una expresión del concepto del Tao desde el punto de vista pragmático del orden social: los sabios destinados a gobernar o a asesorar a los gobernantes deben desempeñar el rol que les es propio conforme un código de ética basado en la armonía moral, que correlativamente se expresará en armonía política: “…Para gobernar bien bastará que el príncipe sea príncipe, el ministro, ministro; el padre, padre y el hijo, hijo…”.

Para conciliar el Tao con los humanos asuntos hay que procurar alcanzar la unidad armonizando los opuestos y aceptar que existe una manera natural en que se desenvuelve el orden de las cosas, que lo que hoy se eleva mañana desciende, que las verdades son relativas y que las paradojas pueden reconciliarse. No es fácil seguir el legado de los maestros orientales, pero Lao Tse nos da una esperanza al respecto cuando señala que “un viaje de mil millas comienza con el primer paso”.

Dulces testeos

Volcán de Dulce de Leche : VZUtilizo gel antibacterial diariamente en el trabajo. Las oficinas son lugares donde la presencia continua de gente y la proliferación de archivos, expedientes y efectos nos pueden exponer a la acción de ácaros, bacterias y otras delicias provenientes del reino de los microbios. Pero el frasco de alcohol básico y desprovisto de glamour no tiene por qué ser la única opción para cumplir tal cometido.

Belén Couso ofrece una línea de geles antibacteriales tan efectivos como prácticos ya que se presentan en varios tamaños, siendo el pocket que registra la fotografía apto para llevar en la cartera. El concepto de salud más estética ha sido abordado por la marca añadiendo como premisa el pensamiento positivo, para promover un universo sano y feliz.

La línea de geles antibacteriales se nutre en los aromas de la cocina, en mi caso he testeado el gel inspirado en el volcán de dulce de leche, que se despliega con una fragancia dulce y contiene además en su composición microesferas que liberan proteínas de seda, para cumplir una función hidratante conjuntamente con la específica antibacterial a la que está destinado.

El aceite humectante de la línea This is Sweet es de VZ y apunta a suavizar la piel, hidratar y actuar como un reestructurante de tejidos. Se puede emplear disolviendo una porción en el baño de inmersión, como aceite para masajes corporales o bien directamente sobre el cuerpo después de la ducha.

El aroma a vainilla es uno de mis favoritos sobre todo en invierno, aún si es demasiado empalagoso no deja de seducirme. This is Sweet huele a vainilla con ganas y puede ser una opción para pieles muy secas, pues me ha resultado demasiado untuoso para aplicarlo después de la ducha en lugar de una crema corporal.  Así que lo he disuelto en el baño de inmersión y luego no he tenido necesidad de aplicar loción humectante. Y el perfume ha perdurado plenamente, aún con el paso de las horas.

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