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Hotel Provincial Sierra de la VentanaLa Comarca Turística Sierras de la Ventana está ubicada en la provincia de Buenos Aires y la componen cinco poblados, de los cuales Tornquist es la ciudad cabecera del partido. Sierra de la Ventana, Villa Serrana La Gruta, Villa Ventana y Saldungaray son pueblos emplazados en un paisaje serrano que se caracteriza por la vida al aire libre, el contacto con la naturaleza, la tranquilidad y la posibilidad de recorrer circuitos religiosos, históricos y culturales.

A lo largo de varios años hemos intentado reservar hospedaje en la Comarca ante la inminencia de un fin de semana largo, sin suerte hasta la fecha. Esta vez comenzamos con tiempo a averiguar por una cabaña pero las que nos gustaban estaban ya reservadas, así que optamos por una habitación con vista a las sierras en el Hotel Provincial Sierra de la Ventana que abrió sus puertas nuevamente totalmente renovado y cuenta con una fantástica vista al Cerro Tres Picos, el punto orográfico más alto del sistema de Ventania.

Salimos de la ciudad el jueves después del almuerzo y al caer la tarde arribamos al destino elegido. El tiempo frío y luminoso nos acompañó durante el transcurso del viaje, con un sol que explotó en tonos que iban desde el naranja al borravino sobre la llanura y que fuimos perdiendo de vista a medida que nos acercábamos a la zona serrana. Finalmente la silueta del hotel se dibujó ante nuestros ojos y nos instalamos en la enorme habitación, agradeciendo la calidez de los ambientes luego de percibir el viento helado al bajar del automóvil.

Con placer fuimos descubriendo una cama amplísima, amenities de cortesía en el cuarto de baño, escritorio y un ventanal de pared a pared para mirar la naturaleza al despertar. En el restaurant probé la trucha con almendras y papas al natural en tanto que Juan optó por un clásico bife de chorizo con papas fritas. Y con la fusión del cansancio del viaje sumado a la atmósfera calma de las sierras nos fuimos a dormir, placidamente arrullados por el silencio y la naturaleza.

De paseo por Tornquist

Plaza TornquistJuan me despierta bajo apercibimiento de perder la oportunidad de desayunar en el acogedor salón del hotel así que me resigno a abandonar las sábanas; nos espera un día de magia y descubrimiento, ya que cada viaje es una experiencia en tal sentido. Después de disfrutar de la oferta gastronómica matutina nos dirigimos hacia Tornquist, ubicada a unos 50 kms de Sierra de la Ventana y en el camino nos detenemos en la entrada del Parque Provincial Ernesto Tornquist que posee el tercer pico más alto de la provincia de Buenos Aires, cuevas con pinturas rupestres y el hueco en la roca que da nombre al sistema serrano: la Ventana, ubicado a 1134 metros sobre el nivel del mar.

Nosotros no vamos a escalar pero observamos la naturaleza desde el mirador y antes de irnos nos acercamos a un gentil señor que vende dulce de leche casero clásico y saborizado, así que compro el primero para mi papá y el segundo para Paula. Mientras conversamos nos asesora respecto del Santuario de la Virgen de Fátima emplazado en el camino y hacia allí nos dirigimos: situado en lo alto de un cerro, se inauguró en 1986 por la acción conjunta de la comunidad portuguesa y el municipio de Tornquist, las escaleras al aire libre nos conducen hasta una pequeña construcción donde se encuentra la estatua de la Virgen, hay una capilla pero está cerrada. Las sierras se despliegan ante nosotros en un degradé de colores verdosos y marrones bajo el cielo pleno de sol, dejamos a la Virgen y seguimos camino.

Tornquist fue fundada por Ernesto Tornquist en 1883 y es la ciudad más antigua de la Comarca. Visitamos la plaza del mismo nombre diseñada por el arquitecto paisajista Carlos Thays: son cuatro manzanas con estatuas, un lago artificial en el que se ven patos y juegos para niños así como una señorial estatua del fundador. La torre de la Municipalidad tiene 38 metros de altura y es obra del arquitecto Francisco Salamone, quien dejó su impronta en los bancos, faroles y puentes de la plaza.

La Iglesia de Santa Rosa de Lima fue construída con piedras serranas y se destaca por su austeridad, las únicas notas de color las constituyen las coloridas pinturas del techo y los vitreaux de las puertas de entrada. Continuando con el circuito religioso visitamos el Monte Calvario, ubicado a dos kilómetros de la ciudad sobre una de las faldas de los cerros, donde se representan las doce estaciones del sufrimiento de Jesús para culminar en una cruz de gran tamaño emplazada en lo alto; por su ubicación y por el paisaje que lo circunda es la sede de los eventos religiosos durante la Semana Santa.

Nos vamos de Tornquist para pasar la tarde en Villa Ventana. La fotografía del patriarca con el fondo de la Iglesia de Santa Rosa de Lima resulta mérito de Juan.

Villa Ventana y la historia del pasado esplendor

Museo Histórico Villa VentanaVilla Ventana es un pueblo de aproximadamente 800 habitantes, que puede llegar a unos 2000 en el curso de los fines de semana y vive del turismo como industria principal. Es similar a una comarca que podría imaginar Tolkien, con actividades vinculadas a la naturaleza y la vida al aire libre, destacada gastronomía y talleres de artesanos que se pueden visitar, generalmente instalados en las mismas viviendas. Antes de comenzar a recorrer su geografía nos sentamos a almorzar en Da Roberto, un restaurant italiano donde el concepto “fatto in casa” se respeta a rajatabla: pan casero tibio, pastas exquisitas y helados artesanales son su marca de fábrica.

Una vuelta por el centro para recorrer las casas de productos regionales y una parada en Di Natura, emplazada entre árboles y propiedad de una amable bioquímica que elabora jabones, cremas y emulsiones de rosa mosqueta, de coco, de hierbas, con fórmulas propias y taller instalado en el mismo lugar donde se exhiben los productos. El tiempo pasa rápido y ya podemos visitar el Museo Histórico que abre sus puertas de 15 a 19 horas: una recorrida por el pasado del pueblo y de la Comarca a través de sus tres salas con la explicación entusiasta de la guía. Es administrado por una familia que se ocupa de atesorar la historia de la localidad que creció en las tierras del que fuera el mejor alojamiento de América del sur: el Club Hotel de la Ventana hoy en ruinas, uno de los primeros casinos del país con canchas de golf y de tenis, capilla y un tren de trocha angosta para trasladar a los distinguidos huéspedes.

La construcción demandó siete años, los capitales eran en su mayoría ingleses y se inauguró el 11 de noviembre de 1911 con la presencia de lo más selecto de la sociedad argentina. El menú inaugural contó con una enorme variedad de platos principales y postres, de estos últimos conté veintitres variedades. Las habitaciones tenían timbre para llamar a la mucama, hacerlo sonar dos veces significaba que se necesitaba servicio de mucamo para los señores, en tanto que la reserva de los turnos para practicar deportes estaba a cargo de un mayordomo. Vajilla de plata y porcelana de estilo renacentista para el Gran Comedor, el Hall, el Solarium y la Sala de Recepción, atendidos por personal especializado del Plaza Hotel de Buenos Aires.

Semejante esplendor digno de la Belle Époque sólo duró seis años. En 1914 estalló la Primera Guerra Mundial y en 1917 el gobierno de Hipólito Irigoyen prohibió los juegos de azar: los propietarios ingleses dispusieron de inmediato la liquidación del establecimiento, finalmente fue cerrado en 1920 y pasó por varias etapas hasta su abandono total. Incluso un incendio cuya causa aún se ignora consumió en 1983 gran parte de su magnífica estructura. Después de varios litigios judiciales ha sido recuperado por la Municipalidad de Tornquist, se celebraron en el año 2011 los cien años de su inauguración y se llevan a cabo fiestas regionales en su entorno. Y definitivamente forma parte de la historia de Villa Ventana, que fue fundada en una porción de los 6400 metros cuadrados que abarcaba este gigante símbolo de una época.

La sensación de tristeza por la pérdida de un monumento de valor histórico-arquitectónico de tamaña importancia se va disipando al pasear por las proximidades del pequeño Museo, que emplazado en el entorno natural reflejado por la fotografía invita a caminar por el paisaje serrano para contemplar el sol que va cayendo sobre las sierras.  Volvemos al centro de la villa para tomar el té en Dandeleon, que debe su nombre al diente de león que prolifera en la zona. La carta incluye variedades de Tealosophy que optamos por acompañar con la tarta de manzana más tentadora que he visto en los últimos tiempos. Pero ya no hay porque la mesa que nos precede ha encargado las dos últimas porciones, así que nos conformamos con una torta de coco con dulce de leche increíble y nos obsequian amablemente una porción reducida de manzana que es exquisita. Sentados en los sillones al lado de la chimenea degustamos el festín vespertino, dejamos pasar el tiempo y, ya de noche, nos disponemos a retornar a nuestra transitoria morada.

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