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El pasado domingo se festejó el Día del Padre en Argentina y durante la semana previa los comercios ofrecieron una pluralidad de artículos y ofertas de todo tipo y condición. En consonancia con este evento anual acompañé a mi hijo a elegir un obsequio para Juan y con Paula fuímos a comprar a su vez el regalo para nuestro progenitor; finalmente nos reunimos en mi casa a fin de pasar la tarde y mirar el partido de fútbol con las consiguientes delicias gastronómicas para degustar.

Más allá de días prefijados y consumo masivo, la fecha no pasa inadvertida porque se puede transitar como un día de reunión y festejo o bien como una jornada de recuerdo por la ausencia física del progenitor, y hasta transformarla en un buen momento para reconciliaciones y reencuentros entre aquellos padres e hijos separados por las diferencias de la vida cotidiana. Mientras observaba a mi papá y a Juan en sus roles de padres, no pude evitar la comparación desprovista de todo juzgamiento respecto de las diferencias pasadas y actuales en el ejercicio de la paternidad.

Mi papá es un exponente de la generación bisagra entre la modernidad y la postmodernidad y tuvo que asistir a la caída de todas las premisas que fundaron su educación y su manera de estar en el mundo: el autoritarismo, los límites rígidos, el cumplimiento a rajatabla  de las órdenes de los mayores y los roles preadjudicados de cada progenitor en la crianza. Juan ha cambiado pañales, ha empujado el cochecito de nuestro bebé, a regañadientes toleró la flexible disciplina del colegio al que concurrió su hijo y algunos excesos en cuanto a falta de límites producto de mi defensa acérrima de los derechos de la infancia.

Pese a la diferencia generacional ambos debieron bregar con los resabios de la masculinidad tóxica, al decir de Sergio Sinay, que inoculó el patriarcado: un modelo de varón fuerte, poderoso y ausente emocionalmente, que encuentra en su rol de macho la razón de ser de su masculinidad. Esa incapacidad de vincularse afectivamente aún se observa en muchos hombres, en esta transición que conserva, mitigada ciertamente, la impronta de los siglos que nos precedieron. Y no es sólo responsabilidad del género masculino, ya que no hay que olvidar que los estereotipos se sostienen por obra y gracia de todos los integrantes de una sociedad, que los reiteran de una manera u otra y en consecuencia los replican aún con la preeminencia de un discurso contrario.

Creo que la empatía es una herramienta fundamental para sanar relaciones, porque ponerse en la piel del otro desarma los sentimientos negativos que se puedan albergar; el Día del Padre puede ser un buen momento para comenzar a comprender a aquellos que nos criaron como pudieron y como supieron, basados en certezas que hoy se encuentran en crisis pero que durante buena parte de sus vidas fueron ley suprema. Y así entregar el obsequio elegido con un beso y una sonrisa, y con el alma y el corazón en paz.

Entre adquisiciones y conclusiones

Tapado VitaminaHa llegado, decididamente, el invierno. Hace frío sin pausa y ya no alcanza con un abrigo liviano para las horas críticas de la mañana y el atardecer; el viento del sur nos impone arroparnos y las pashminas, bufandas y sombreros dejan de ser accesorios elegantes para convertirse en aliados que preservan nuestro cuerpo de las inclemencias climáticas.

Pero el frío tiene sus encantos, como la posibilidad de caminar una tarde a la hora del sol, tomar un café en compañía de mi querida amiga Marcela y luego dedicarnos a la agradable costumbre femenina de mirar vidrieras, recorrer comercios y estar atentas a la aparición de nuevas prendas para renovar nuestro siempre ávido guardarropas. En este caso teníamos la excusa perfecta: Marcela partía al Uritorco para asistir a una práctica de zazen en pleno mes de junio y necesitaba una campera acorde a los rigores invernales que la aguardaban.

Con este importante cometido por delante nos dirigimos a Vitamina, que contaba con una promoción a la que se adunaba la posibilidad siempre tentadora de las cuotas con tarjeta de crédito; media hora más tarde salimos del local munidas de enormes bolsas que contenían, en el caso de Marcela, una campera soñada, y en mi caso el abrigo de colores cuya fotografía se incluye. Luego de recorrer la calle Güemes, transversales y aledañas, nos detuvimos en Sainte Jeanne a tomar sendos té de hierbas y nos dedicamos a reflexionar acerca de la diferencia entre hombres y mujeres respecto de las adquisiciones que son necesarias o superfluas en un guardarropas.

Si bien no se puede generalizar pues toda regla contiene sus destacadas excepciones y conozco hombres tanto o más consumidores de prendas de vestir que las mujeres, lo cierto es que son una minoría en comparación con nuestro género. Nos preguntamos con Marcela por qué es tan difícil para nuestros compañeros de vida internalizar que deben ceder más de la mitad del placard o vestidor, dada la diferencia entre la cantidad y variedad del guardarropas de unas y otros. O por qué reiteran, aún a sabiendas de que no serán atendidas sus quejas, que no tiene sentido adquirir una prenda más porque han contado la cantidad exacta de modelos similares al objeto de deseo en cuestión que obran en nuestro poder.

Concluimos que las quejas y protestas forman parte del folklore cotidiano, porque aunque tengamos que esconder transitoriamente las bolsas con las nuevas adquisiciones en casa de alguna amiga para introducirlas subrepticiamente cuando no se encuentre en las cercanías el señor en cuestión, resulta para ellos una batalla perdida. No renunciaremos al placer de una tarde de compras aún a riesgo de tener que guardar los sweaters en el horno por falta de espacio, como alegremente proponía Carrie Bradshaw en la inolvidable Sex and the city.

Testeos de productos capilares

Natura : CapilatisCreo que si se hiciera una encuesta entre mujeres de toda edad y condición respecto de las cualidades que esperan encontrar en un shampoo, la capacidad para la limpieza y el brillo serían dos de las condiciones que encabezarían el ranking. Buscando ambos extremos es que he llegado a testear de la línea Capilatis Brillo Extremo, el producto que promete el esplendor ansiado debido a la restauración de la fibra capilar por la incorporación de semillas de lino y siloxanos, ingredientes que reflejan la luz y otorgan suavidad.

La linaza o semilla de lino posee gran cantidad de Omega 3 en su composición, que coadyuva al crecimiento saludable del cabello y minimiza los efectos del medio ambiente y el empleo de químicos, planchitas y secadores. En relación a los siloxanos, puesta a investigar he encontrado que su utilización resulta controvertida ya que si bien las opiniones resultan coincidentes en cuanto a la suavidad que proporcionan, algunas investigaciones aluden a que podrían resultar tóxicos y hasta interferir con las funciones hormonales. Y en cuanto al shampoo en sí, su utilización no ha supuesto ningún beneficio extra para mi pelo más allá de la limpieza, por ende no amerita más apreciación que ésta al respecto.

El acondicionador de Natura de la línea Plant con aceite de nuez pecán como ingrediente principal para la revitalización post química promete no sólo reconstruir las fibras capilares dañadas, sino también proporcionar brillo e hidratación. El shampoo había sido objeto de testeo en el pasado mes de enero, oportunidad en la que hice referencia a las propiedades de este fruto seco conocido como “la reina de las nueces”.

De sabor dulce y untuoso, con alto contenido de ácido oleico, vitaminas y minerales, resulta un alimento de calidad que en los últimos años ha sido buscado por consumidores exigentes, con amplio crecimiento de su producción por ese motivo. Natura ha logrado un acondicionador que cumple lo que promete al utilizar nuez pecán: la textura es consistente, el aroma muy agradable y el resultado para destacar. Claro que todo depende en definitiva de las características del pelo de quien lo emplee, pero salvo en caso de cabellos grasos por su untuosidad, puede ser un buen aliado para el empleo cotidiano.

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