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Sabido es que las relaciones humanas se desenvuelven, crecen y se extinguen por la necesidad permanente de equilibrar las voluntades comunes, ésto es, porque el vínculo en sí y la convivencia como expresión extrema de ese vínculo requieren de un ejercicio de paciencia y tolerancia respecto de las costumbres, manifestaciones y manías del otro que no somos nosotros. En este contexto, el sentido del “orden” de cada uno de los integrantes de la pareja ocupa un lugar central en la suerte de la relación.

Porque ¿qué es el orden? En filosofía, proviene del griego cosmos y es lo que se opone al caos. Podría definirse entonces al orden como aquello que constituye una forma coordinada y metódica de funcionamiento; traducido a la vida cotidiana sería ubicar cada cosa en el lugar que le corresponde, de manera que la información recibida al respecto resulte armónica, clara y específica.

Claro que la medida del orden es diferente para cada ser humano, y en consecuencia el orden de una parte puede significar el caos para la otra. ¿Dónde empieza el desorden y culmina el orden? ¿Cuál es la justa medida para determinar uno y otro? La falta de respuesta precisa ha provocado innumerables desencuentros, disputas y hasta separaciones devenidas del criterio disímil para establecer la variable en nuestras humanas existencias.

Como pauta para moderar las diferencias, en la antepenúltima clase del curso con Silvia exploramos la noción de “flexibilidad” bajo su dirección y en base al concepto acuñado por Gregory Bateson, quien la define como “la posibilidad que tiene toda variable para el cambio” y sostiene que el grado de integración de alguien se podría medir por su capacidad para relacionarse con sistemas más vastos.

He reflexionado acerca de la utilidad de incorporar los conceptos de Bateson a lo cotidiano, porque implican comprender que hay más de una manera de concebir el orden de las cosas y que en definitiva orden o desorden son conceptos que tienen que ver con la medida de la flexibilidad de nuestra posición respecto del otro. Y me parece que para procurar una convivencia armónica, resulta un ejercicio interesante medir nuestra capacidad para relacionarnos con la vastedad del microcosmos que constituye nuestro hogar y el grado de integración que hemos logrado al respecto.

Atenea la de ojos brillantes

Vela de AteneaDiosa griega de la sabiduría, protectora de los héroes y de Atenas, ciudad que adoptó su nombre, es la única deidad que nació de la cabeza de su padre Zeus vestida con coraza y yelmo sin visera para exhibir sus ojos garzos. Su madre Metis había sido violada y luego devorada por Zeus, una vez concebida Atenea. El simbolismo del nacimiento habla a las claras de su posición en el Olimpo ya que no reconoce más progenitor que su padre, quien a su vez le confió tanto el rayo como la égida, instrumentos de su poder.

Homero la menciona una y otra vez en la Odisea: Atenea la de ojos brillantes forja el destino de Ulises al ayudarlo a regresar a Itaca. En el mito de los argonautas presta colaboración a Jasón para construir la nave que lo conducirá hasta el vellocino de oro. Cuando Orestes, hijo de Clitemnestra y Agamenón, mata a su madre para vengar el asesinato de su progenitor, Atenea dirime el juicio al votar a favor de Orestes aceptando el argumento de Apolo respecto de la preeminencia del hombre sobre la mujer, en un fallo que consagra al patriarcado en la primera narración de un debate oral en la literatura occidental.

Pero en su origen matrístico Atenea es la diosa serpiente libia Neith, patrona de las amazonas, y en la mitología prehelénica es un aspecto de la triple diosa en su imagen de doncella, conjuntamente con Metis como madre y Medusa como anciana o bruja. Como doncella es virgen en la acepción pura de la palabra: se pertenece a sí misma, es autónoma y no pertenece a ningún hombre. La preeminencia posterior de los dioses patriarcales fragmentó a la Triple Diosa libia Athene en Atenea, Metis y Medusa; no resultando suficiente la escisión, Medusa fue convertida en una virgen del templo de Atenea violada por Poseidón e injustamente castigada por la acción del dios: su cabello fue convertido en serpientes y su imagen incorporada al escudo de Atenea.

Como diosa de la artesanía urdirá las estrategias para alcanzar la victoria en los campos de batalla, en una simbiosis implacable de coraje e inteligencia que, unidas a la organización y a la lógica, derivaron en su condición de sabia; de ahí que los griegos la honraran y visitaran su templo para solicitarle consejo y guía, sobre todo en tiempos de guerra.

El arquetipo representa tanto la intuición y el conocimiento fusionados de manera lógica como también la necesidad de reconectar con la naturaleza amorosa de la femenino, la madre, en aquellas mujeres que en pos de la inteligencia dejan de lado la parte nutricia que se vincula con la creatividad. Se la puede invocar en su condición de estratega del destino para alcanzar los proyectos con disciplina y voluntad, meditando frente a su imagen con música de Wagner y una vela de color blanco como la que he encendido para tomar la fotografía, elaborada y diseñada por mi querida Ale.

Imágenes sabias

LechuzasLa lechuza es el ave de presa nocturna que acompaña conjuntamente con la serpiente a Atenea y se vincula tanto con la oscuridad como con el espíritu, ya que la particularidad de estos pájaros es que pueden cazar con éxito mientras vuelan, debido a su observación de la presa y a sus condiciones para la vida nocturna. En la antigüedad fue un tótem ancestral conocido como pájaro de muerte y renacimiento, que encarnaba entre los animales la sabiduría femenina, la Luna y lo arcano.

Compañera de las brujas en sus vuelos a medianoche, las hechiceras han contado con una lechuza con la que podían fundirse o mimetizarse, participando conjuntamente en los aquelarres. Muy pronto la asociación de hechiceras y lechuzas convirtió al ave en un animal vinculado al demonio por influencia de los sacerdotes católicos, que le otorgaron el carácter de criatura maligna.

La lechuza se relaciona con la Luna por su carácter de ave nocturna que se instala a observar a la naturaleza cuando todo duerme; de ahí su conexidad con la filosofía que surge en el ser humano después de haber transitado una parte de su camino, cuando se detiene a reflexionar sobre el sentido de la existencia: la simbología ancestral le ha otorgado el carácter de ave reflexiva y así los griegos la relacionaron con la sabiduría atribuída a Atenea.

Conviene tener cerca imágenes de la lechuza para conectar con las cualidades de Atenea y con los atributos de este pájaro sabio; en mi caso, el llavero fue un obsequio de Carla, quien vende bijouterie y joyas irresistibles, en tanto que el colgante y los aros los adquirí en una tienda del aeropuerto de Quito.

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