Etiquetas

, , , ,

Reunión oracularDurante la semana el único día que resulta apto para incursionar en reuniones nocturnas es el viernes, dada la posibilidad de acostarse sin la preocupación del despertador. El resto de los días prefiero descansar en mi hogar luego de la consabida actividad física, y la infracción a esta regla debe ser justificada y pertinente.

Una reunión de amigas es un motivo suficiente para quebrantar cualquier pauta. Marcela había propuesto el viernes pero finalmente consensuamos el martes ante mi imposibilidad de concurrir el día señalado, con la ausencia prevista de Apre dado el inicio más que cruel de su jornada laboral de los miércoles, que la obliga a despuntar el día a las cinco y media de la madrugada.

La cita fue en casa de Marcela y hacia allí nos dirigimos con Ale; en el living resonaban los acordes de Giramundi, el CD que compila danzas circulares de diversos países y etnias. Los sillones mullidos nos encontraron degustando la picada con bebidas de hierbas que Ale inmortalizó para esta publicación, y luego acompañamos el té con unos bocados de dulce de zapallo y de batata con cerezas.

Y llegó el momento cúlmine de la reunión al aproximarse la hora de las brujas, en la que las consiguientes consultas a los oráculos celta, de la Diosa y de Madrepaz nos introdujo en el mundo arcano de los misterios. Una y otra vez nos hemos congregado al mismo fin y efecto y una y otra vez nos sorprendemos con la precisión de la energía que transitamos y la carta que extraemos en consonancia.

Tal vez la sintonía sea consecuencia de la frecuencia vibratoria en la que transcurren nuestros conciliábulos, o se deba simplemente a sincronicidad. Pero lo cierto es que cada una de nosotras se va con un mensaje y un trabajo para realizar respecto de sí para ese momento de su vida, producto de la alineación con el Universo que surge de la atmósfera mágica que se genera. Causalidad o milagro, concluyo que las reuniones de amigas representan ámbitos sagrados de conexión con lo más profundo de nosotras mismas.

Mora Godoy y el tango

Mora GodoyNoche de viernes en la ciudad helada. Nos dirigimos al Teatro Auditorium desafiando al viento frío que proviene del mar: Adri y Tony nos esperan para ir a ver “Buenos Aires Tango“, el espectáculo de danza del que resulta autora, directora e intérprete Mora Godoy al que nos han invitado gentilmente. A la destreza de la danza la artista le ha incorporado coreografías que narran historias a través del baile, renovando este género clásico, entre las que se destaca a mi gusto un sainete que tiene a una de las parejas de bailarines que la acompañan como intérpretes.

Los espectáculos que han tenido como protagonista a Mora Godoy recorrieron el mundo y los premios y reconocimientos se acumulan en su haber. Bailó en excusiva para los Rolling Stones y sus familias en el año 2006 y con la orquesta del maestro Daniel Barenboim; desde Francia hasta los países eslavos, desde China hasta Israel, desde Suecia hasta España y América Latina, el público se ha conmovido con la sensualidad del tango combinado con la acrobacia y la audacia de las coreografías.

Acompañada por bailarines tan expresivos como dúctiles, este espectáculo es ágil y se desarrolla sin pausas en una danza sin fin. Tango y milonga se fusionan con música electrónica, con salsa, con candombe y el género despliega su versatilidad: tanto el clásico “El choclo” como “Oblivion“, la composición de Astor Piazzolla adquirida para la banda sonora de la película “Enrique IV” del director italiano Marco Bellocchio, son empleados para lograr cuadros musicales en los que la profesionalidad de Mora Godoy logra algunas puestas en escena notablemente bellas, como es el caso de la inspirada en el bandoneón de Piazzolla.

Tan etérea y menuda como meticulosa y profesional, su pasado de bailarina egresada del prestigioso Instituto Superior de Arte del Teatro Colón se evidencia en el porte de su cuerpo tallado con el rigor del entrenamiento, y con Marcos Ayala como partenaire forman una pareja armónica y compenetrada que logra un desempeño eximio en algunos momentos. Un espectáculo para disfrutar, emocionarse y aplaudir a rabiar.

El francotirador paciente

El francotirador pacienteA contramano de la mayoría de sus seguidores, no fue la saga del capitán Alatriste el motivo de mi ferviente admiración por Arturo Pérez-Reverte. Luis y Caro me regalaron hace unos años para un cumpleaños “La reina del sur” y tanto la narración como el estilo de este escritor fueron determinantes para incursionar en su obra.

Aún no he leído al capitán Alatriste pues continué con su novela “El club Dumas“, de una originalidad y suspenso como pocas; en esta increíble historia que transcurre en dos planos que se entrecruzan se inspiró Roman Polanski para llevar al cine “La última puerta”, protagonizada por Johnny Deep y Emmanuelle Seigner. La trama encierra una reivindicación de la figura de Lucifer como ángel de luz que conduce al protagonista a la iniciación, de la mano de la doncella representada por la bella esposa de Polanski.

Juan me regaló hace unos meses el último libro de este caballero de las letras: “El francotirador paciente”. Alejandra Varela es especialista en arte urbano y deberá procurar cumplir un encargo bien remunerado: encontrar a Sniper, cuyo nombre artístico significa “francotirador” en inglés. Debe ofrecerle a este artista del grafiti cuyo rostro resulta desconocido y al que procurará hallar en Portugal, España e Italia, una publicación del catálogo de sus obras.

Pero Sniper no sólo es un creador de grafitis controvertidos, es también un impulsor de acciones colectivas que rozan la ilegalidad. En una de estas aventuras el hijo de un rico empresario muere y su padre culpa directamente al artista callejero; ésta es una de las razones por las que se encuentra con paradero desconocido. La búsqueda de la protagonista se entrelaza con la de alguien oculto en las sombras, y el suspenso y la tensión se resuelven con un final inesperado.

Pérez-Reverte utiliza el argumento para describir la tribu urbana de los grafiteros, sus códigos peculiares y los motivos que los impulsan, en una crítica abierta a la mercantilización del arte. Si bien la trama es original y las descripciones son detalladas y profusas como acostumbra el autor, no es un libro que me haya atrapado ni he disfrutado especialmente su lectura; sin perjuicio de la originalidad de la propuesta, decididamente no lo incluyo entre mis favoritos.

Anuncios