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Días atrás concurrí a un revelador taller para explorar aspectos de la relación con uno mismo y el abordaje se centró sobre todo en nuestro vínculo con el cuerpo físico. Con la premisa de desactivar la tendencia que a lo largo de la historia lo colocó en un lugar secundario para domarlo, forzarlo, castigarlo y silenciarlo, el tema se desarrolló alrededor de la relación que cada participante había construído con su propio cuerpo.

Mientras regresaba a mi hogar pensaba en esta evolución histórico-cultural y concluí que en la construcción que los seres humanos hemos forjado a través de los siglos las religiones patriarcales tienen una alta cuota de responsabilidad, porque centraron su prédica en la natural tendencia lasciva y pecadora atribuída a nuestro envoltorio carnal para justificar la necesidad del control extremo. Y aunque no hubo distinción de géneros respecto de este control, el cuerpo de las mujeres era el estandarte del pecado y de la tentación y en consecuencia su dominio fue ejercido por la iglesia, por el estado y por el pater familia, es decir, el padre primero y el marido después.

“La persona necesita conocerse a sí misma, ser dueña de su cuerpo. En caso contrario buscará siempre la autoridad en otra parte: un médico, un tratamiento, una droga, etcétera”. La frase de Françoise Mézières no puede ser más contundente: si se renuncia a conocerse y en consecuencia a ser dueño de sí, ese señorío se termina buscando afuera. Y afuera las respuestas pasarán por domar, forzar o silenciar de una manera diferente a la empleada antaño pero el resultado perseguido será el mismo: controlar el cuerpo para que no se exprese, relegarlo a un lugar secundario porque no merece ser oído.

Conectarse consigo mismo no es una abstracción que se refiere unicamente a la psiquis o al espíritu y debe necesariamente incluir al cuerpo físico en el mismo nivel de importancia que asignamos a los otros aspectos. Pero generalmente es el gran olvidado, y entonces no descansamos si estamos agotados, ni dejamos de trabajar si una gripe se insinúa en la garganta y en los músculos, ni hacemos caso a una contractura que nos hace perder el equilibrio dada la tensión acumulada en la parte alta de la espalda. Es menester mencionar los registros que dejan en el cuerpo las rabietas, los disgustos, el disimulo y las angustias que no se expresan ni encuentran el cauce del desahogo. Con el tiempo la úlcera, la hipertensión, las enfermedades coronarias y cardiovasculares se han manifestado implacables; los tumores malignos crecieron exponencialmente de la mano del estrés, la carrera por las posesiones materiales y la falta de reflexión respecto de hacia donde nos dirigimos y para qué.

Agradezco haber concurrido a este revelador taller y me he propuesto hacer carne el discurso del equilibrio del ser en sus tres aspectos de cuerpo, mente y espíritu. Es hora de prestar atención y conectar con los sentimientos, emociones y percepciones porque pertenecen al ámbito del cuerpo físico, ese relegado aspecto que constituye la sede de nuestro templo personal, ámbito sagrado de la persona humana. A imagen y semejanza de la Divinidad, sea cual sea la que cada uno elija.

Festejando el cumpleaños de Ale

Cumpleaños de AleUn día largo y pesado en la oficina, con muchos temas para resolver y demasiadas cuestiones para abordar. Pero vislumbro una luz mientras transcurren las horas, porque es el cumpleaños de Ale y ya tengo noción del agasajo que nos aguarda. La decoración de la mesa, los souvenirs y las exquisiteces para sus amigas son su sello personal: nosotras elegimos los regalos y ella nos recibe en el mundo mágico de su hogar, ambientado para la ocasión.

Apenas ingresamos con Apreciable nos asombramos como niñas pequeñas, porque tanto la elegancia de la mesa como los móviles que pendían de la araña y las pequeñas piñatas en forma de frutillas rellenas con pastillas de chocolate casero elaboradas por las manos habilidosas de Ale, nos dejaron sin palabras. Casi inmediatamente arribó Marcela, y luego de abrir los obsequios mientras hablábamos todas al mismo tiempo, nos instalamos a disfrutar del ágape.

Es casi imposible probar la variedad de manjares que Ale prepara para cualquier ocasión, y en su cumpleaños esta tendencia generosa se acentúa: jugo de manzanas casero, té de mandarina y pomelo, café para quien así lo prefería, sandwiches de miga, medialunas rellenas, chocolates, arroladitos de dulce de leche, macarrons de frambuesa, de coco, de bayleys, de chocolate…Tarta de frutilla, de puré de manzana, de chocolate, de merengue y unos pequeños cupcakes rellienos de crema a los que no pudimos hacer el honor, después de comer bastante más de lo que acostumbran nuestras moderadas personas.

Como sucede cuando estamos juntas la tarde se esfumó luego de varias horas de conversación y risas, mientras imaginamos el futuro emprendimiento de Ale que comienza a perfilarse vinculado con la decoración y la gastronomía y en el que soñamos festejar su próximo cumpleaños. Finalmente llegué a mi casa con la piñata para compartir y una vela exquisita, y concluí que en definitiva tal vez el año que viene nos encuentre en su atelier o en su casa o en cualquier otro lugar que ni siquiera imaginamos. Pero estaremos juntas para abrazarla y compartir un año más con nuestra amiga, a la que vuelvo a decirle con todo cariño feliz cumpleaños, querida Ale.

Ornamentos sagrados

RosariosEntendido como una religión o una filosofía, el budismo es un conjunto de postulados prácticos que apuntan a liberar al ser humano de opresores internos como la codicia, el odio y la ignorancia. Las enseñanzas de Buda deberían ser aplicadas cotidianamente en nuestra vida: la práctica de la meditación y la moderación son una guía para la evolución interna, y sus preceptos llamados sutras o discursos sagrados constituyen enseñanzas plenas de sabiduría para alcanzar la iluminación. Si adoptáramos mínimamente el legado del príncipe Siddharta Gautama, conocido como Buda o “el Iluminado”, nuestra manera de estar en el mundo se modificaría rotundamente y el cuerpo físico nos lo agradecería.

En mi casa hay imágenes de Buda en mi pequeño altar personal, producto de la generosidad tanto de Apreciable como de Vero en la última Navidad, que pintaron sin ponerse de acuerdo un Buda de la abundancia y un Buda niño en posición de loto respectivamente. En cuanto a la pulsera que se observa en la fotografía, la conservo con afecto porque fue un regalo también de Navidad de Ari, la que fuera la novia adolescente de mi hijo durante un año. A sabiendas de mi natural inclinación por la filosofía que propugna el budismo, Ari ensambló el ornamento con sus propias manos e incluyó el dije con la figura del Iluminado, para que lo tuviera conmigo cuando utilizara la pulsera. Hoy también me recuerda a la bella mujercita que fue parte de nuestra vida cotidiana tiempo atrás.

El pequeño dije de la pulsera color azul es un ángel que resulta característico en su diseño de las imágenes sagradas que se encuentran en la ciudad de Quito, donde pasamos nuestras últimas vacaciones en un periplo inolvidable. Cuando visitamos la Iglesia de la Merced con su plazoleta señorial, su cúpula de 47 metros con el reloj inglés ubicado en lo alto y el  Convento del mismo nombre que alberga una biblioteca con ejemplares de incalculable valor histórico, adquirí en la tienda atendida por una amable religiosa este recuerdo de esa bella ciudad. Y rememora cada vez que ornamenta mi muñeca los instantes de conexión sagrada pasados en Ecuador, un país en el que se vivencia una enorme dimensión espiritual.

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