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El término “sincronicidad” deriva en griego de la fusión de los vocablos “unión” y “tiempo”. Fue el maestro Carl Jung quien vinculó el concepto con su significado, esto es, dos acontecimientos simultáneos que se relacionan por su sentido de forma no causal y que parecen sustanciarse en una base arquetípica. La sincronicidad implica la simultaneidad entre un estado psíquico y un acontecimiento externo que se materializa o coincide con el contenido interno.

Para buscar la razón de ser de las sincronicidades, Jung ahondó en disciplinas como el I Ching, el Tarot y la Astrología ante la falta de respuesta de las ciencias ortodoxas. Un siglo después, Deepak Chopra acuñó luego el concepto de “Sincrodestino” en su libro para referirse a cada coincidencia que en nuestra vida es portadora de un mensaje sobre el milagro: una nueva manera de percibir la naturaleza de estos acontecimientos como camino para acceder a nuestras profundas sincronicidades.

Conocí a Coni varios años atrás al comenzar a incursionar en el método pilates como disciplina física, cuando aún no había tantos lugares con camillas o “reformers”. La encontré cerca de mi casa de ese momento, ofrecía clases de pilates mat, ésto es, en el piso, con pelotas y otros complementos. Fui su alumna durante un tiempo y compartimos también largas charlas café mediante; después Coni dejó de dar clases y nos encontrábamos de vez en cuando. El tiempo pasa rápido y hacía más de un año que no nos veíamos, pero su imagen alegre se aparecía ante mí y me prometía llamarla.

Hace un par de meses nos encontramos una tarde por la calle, había estado pensando en ella con frecuencia y cuando nos vimos me dijo lo que ya sabía: “anoche soñé que te encontraba”. Era lógico, no era una coincidencia sino una sincronicidad, y el objeto externo de nuestros pensamientos se había manifestado ante nosotras. En realidad, simplemente nos convocamos una a la otra en la misma calle a la misma hora; finalmente nos reunimos una vez más ante una taza de café en una tarde lluviosa: teníamos una hora para resumir nuestras vidas, viajes, proyectos y estudios del último año.

Mientras recordaba mi rol como alumna de Coni respecto de una disciplina relativa al cuerpo físico, comprendí que la relación profesora/alumna no nos impidió enriquecernos mutuamente en otras cuestiones que también están vinculadas, porque los seres humanos somos una totalidad. Creo que tal como lo postula “Un curso de milagros“, los papeles de maestro y aprendiz no son antagónicos porque enseñar también es aprender y es un proceso continuo: enseñar es reforzar lo que se ha llegado a conocer de uno mismo. Coni es muy generosa en ese sentido y ha transitado un largo camino: de profesora de geografía estructurada y convencional a alumna de yoga, grafología y metafísica, disciplinas matizadas con cursos y talleres sobre trabajo con el cuerpo; todo ello con un marido empresario con quien ha trabajado a la par mientras criaba tres hijos hoy adultos. Su posición económica, lejos de sumirla en un molicie cómoda, la llevó a trabajar incansablemente consigo misma para avanzar en su evolución y hoy recoge los frutos de esa constancia.

Ha sido una alegría para mí este encuentro con Coni y nuestra mutua promesa de vernos frecuentemente; gracias a ella no sólo entrené mi cuerpo físico en esos años sino que también incursioné en un método de sanación que recién se iniciaba: las constelaciones familiares, donde logré trabajar aspectos densos de mis relaciones fundantes que me ayudaron a transitar más liviana por esta vida. Y no puedo menos que reafirmar mi admiración por Carl Jung, gracias a quien hoy puedo definir con el lenguaje la coincidencia que produjo nuestro encuentro esa tarde: no se trata de casualidades, sino de sincronicidades.

Estrenos con fines varios

Alma LunaLa calza es una de las prendas más sentadoras y multifuncionales del guardarropas, que se ha impuesto por su comodidad y porque le sienta bien a casi todos los cuerpos. El invierno las reedita tanto con botas, camisa y un abrigo para una tarde informal, como para salir a trotar por la costa o estirarse como felinos en las prácticas de yoga. No hay vestimenta más sentadora para un viaje largo que una calza con sweater o túnica, acompañada de un par de zapatos cómodos y un bolso amplio para guardar toda clase de implementos.

En mi vida cotidiana el entrenamiento tiene un rol esencial, y es muy difícil que pase más de un día sin practicar alguna disciplina en beneficio de mi cuerpo físico. Creo que con el paso del tiempo el deporte es imprescindible para mantener la tonicidad muscular, oxigenar el organismo con la respiración y generar las endorfinas que potencian el bienestar y el buen humor. El cansancio previo que generan los acontecimientos cotidianos se esfuma luego de una práctica intensa en la que los músculos sienten el calor y la exigencia del entrenamiento.

Precisamente por el uso diario trato de emplear prendas básicas y de buena calidad, y en tal sentido hay emprendimientos nuevos que se destacan por reunir estas condiciones y por sus precios más que convenientes.”La magia no es mas que un deseo hecho realidad” es una frase que remite al libro de Deborah HarknessLa sombra de la noche” y es también la expresión de Alma Luna, que se caracteriza por el diseño de calzas de colores para emplear tanto los fines de semana con sweaters abrigados y borcegos, como durante los entrenamientos deportivos y las clases de yoga.

Los colores, más allá del clásico negro y del blanco tiza, oscilan entre el verde menta, el rojo tomate, el naranja intenso y un tostado con destellos chocolate. He renovado mi armario con calzas en color negro mate y rojo, seducida por su textura sedosa y por la originalidad de los colores. Alma Luna cuenta también en su colección con remeras y túnicas escocesas y con estampas de diversos colores que adquiriré en cuanto tengan disponible nuevamente el talle 1 en la colección, ya que llegué tarde y no les quedaba ninguno. Celebro este emprendimiento nuevo y aguardo los diseños por venir.

Testeos cosméticos

Natura y AvonLos labiales son imprescindibles en el maquillaje diario. Ya sea para ir a trabajar, a una cena o simplemente para salir a caminar, no solamente dotan de color a un rostro páiido en invierno o realzan el bronceado veraniego, sino que protegen la delicada piel de los labios del frío y del sol. Los hay de todas las marcas y colores y en formatos tan conservadores como los lápices de labios clásicos que utilizaba mi abuela en un tono carmín suave, hasta los originales Chubbys que aún no han llegado a mi poder.

Natura es una marca por la que siento especial predilección: me gustan sus cremas untuosas, las aguas perfumadas, los jabones en todas sus variedades. Pero no he probado sus cosméticos y maquillajes (salvo alguna excepción que ahora recuerdo), y en esta ocasión me decidí por el Gloss Maxxi Brilho color uva de la línea Face, atraída por el tono chispeante pero adecuado para este invierno en ciernes. No me ha defraudado, el color es tal cual lo esperaba y la textura no resulta pegajosa en demasía.

La máscara para pestañas es otro de los cosméticos que utilizo a diario, he testeado una importante cantidad de marcas y tengo algunas de las que soy devota. Tal como sucede con Natura, he probado de Avon varios productos para el cuerpo y labiales, pero en cuanto a rimmel el nuevo Infinitize fue adquirido por la opinión experta de Estelita, la creadora del blog Mujeres Bellas y Sanas. Con fibras alargadoras para curvar y resaltar las pestañas que las dotan de un plus en cuanto al largo, es un producto que cumple lo que promete. Una salvedad: por ser a prueba de agua, hay que tener en cuenta que para demaquillar los ojos es necesaria una dosis un poco más alta de paciencia que con las máscaras comunes.

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