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En mi familia de origen la convivencia entre caracteres diversos tuvo ribetes turbulentos: mientras mi mamá y yo nacimos signadas por el fuego de Leo y Sagitario, mi papá y mi hermana son de Tauro, regidos por la tierra. Cumplen años con muy pocos días de diferencia y tienen las características del signo: tranquilidad, rutina, respeto a las convenciones, así como la tozudez propia del mamífero que se vincula a su horóscopo. En el caso de mi papá, potenciada por la edad y la educación rígida propia de su generación.

Con los años comprendí que nuestros padres fueron una bisagra en los cambios que dieron vuelta el mundo con la llegada de Acuario, ya que todas las premisas que tenían carácter indiscutible con las que fueron educados se tornaron cuestionables a partir de los años 60. El flower power, la irrupción de los hippies, la liberación sexual de la mujer con la píldora anticonceptiva, Woodstock. el rock and roll, mayo del 68, la primavera de Praga y todos los acontecimientos que marcaron el inicio de la era de Acuario, como señalaba la ópera rock “Hair“, señalaron el comienzo de una revolución de las costumbres a la que tuvieron que adaptarse a la fuerza y sin anestesia.

Claro que este análisis al que he arribado a fuerza de terapia y de evolución no fue el que rigió durante mi niñez y mi adolescencia, etapas en la que la rigidez de las costumbres de mi casa natal, sobre todo en cuanto a horarios y salidas nocturnas, me provocaban un enojo desproporcionado y una rabia creciente. El tiempo convierte también en padres a quienes aún somos hijos, y mi inquietud ante los primeros regresos nocturnos de mi hijo revivió aquellos momentos, aún con la diferencia en cuanto a la flexibilidad y adelantos técnicos como el teléfono celular, que permite la comunicación inmediata si el tiempo pasa y no se produce el regreso al hogar en horas tardías del querido retoño.

Lo cierto es que las vivencias de la infancia se prolongan en nuestro interior porque se entreveran en lo profundo del inconsciente, y con el tiempo proyectan una sombra que tiñe nuestras relaciones e impide la comprensión y la empatía respecto de nuestros padres. Varios maestros nos enseñan que comenzamos a evolucionar cuando somos capaces de perdonarlos, cuando esas afrentas que recordamos como si hubieran sucedido ayer comienzan a diluirse y hasta pueden ser rememoradas con una sonrisa. No puedo menos que citar una vez más a Louise Hay, quien me enseñó que elegimos a nuestros padres al momento de venir al mundo, que por más que los recuerdos que guardemos sean dolorosos debemos tratar de comprenderlos y que el primer paso es imaginar la vida de ambos antes de juzgarlos; ella puede dar fe al respecto, por cuanto su propia infancia fue una suma de abusos de todo tipo que pudo perdonar con trabajo personal y compasión.

El autoritarismo de mi papá sigue intacto, la diferencia es que en lugar de causarme ira aunque a veces me siga enojando también me provoca ternura; sobre todo cuando veo la relación que tiene con su nieto, a quien le excusa todo aquello que sigue siendo motivo de cuestionamiento en mi hermana y en mí. Esta semana cumplió años, circunstancia que lo rebela contra el paso del tiempo y las contingencias de salud que se le han puesto de manifiesto ultimamente, ya que su única intervención quirúrgica fue una operación de amígdalas cuando tenía cinco años.

Así que fuímos a saludarlo y a tomar el té con él, con masas pero sin torta porque no quiso apagar una velita simbólica que le recuerde que tiene un año más. Y hay que respetar su opinión al respecto, después de todo cada uno tiene derecho a asumir como lo sienta el paso inexorable del tiempo. Mi impresión respecto del hombre autoritario con el que tanto confronté años atrás se ha esfumado ante este abuelo intransigente y tan querible, al que de todo corazón le deseo que cumpla muchos más. Feliz cumpleaños, papá.

Morgana por Hania

MorganaA lo largo de la historia de los pueblos, las magas y brujas han sido personajes recurrentes en las mitologías: Circe, Medea, Galadriel son algunos ejemplos de estas damas tan atractivas como aterradoras, que conocen secretos arcanos e insondables. Morgana, la hermanastra del rey Arturo y una de las encargadas de su custodia hasta la isla de Avalon en el momento de su muerte, encarna a la hechicera entre las hechiceras en la mitología celta.

Morgana” es el sugerente título de la última novela de Hania Czajkowski, cuyo subtítulo es “El Camino Naranja”, vislumbrándose una trilogía que se insinúa en las páginas del libro que continuará con El Camino Blanco y El Camino Rojo. Lo cierto es que he leído a Hania desde que llegó a mis manos “La conspiración de los alquimistas“, una novela sobre caminos espirituales y amores apasionados absolutamente adorable de esta mujer que se define como viajera, nómade, arquitecta e investigadora de saberes esotéricos.

Morgana Swiatlowsky es también arquitecta, con treinta y cinco años y soltera ha cosechado éxitos materiales pero siente un enorme vacío espiritual. Su encuentro con un personaje misterioso la impulsa a seguir a su corazón y parte en búsqueda del objetivo más trascendente que puede emprender un ser humano: el conocimiento de sí mismo. Morgana recorrerá algunos países de América Latina hasta las lejanas tierras de la India y Pakistán, será sometida a un riguroso aprendizaje y conocerá un hombre por el que ha de sentir que vale la pena creer en el amor.

La autora reitera en este libro la trama de “La conspiración…”, en el sentido de acompañar la iniciación de la protagonista con ceremonias ancestrales y saberes arcanos, conducida por seres sabios que la guían en su cometido espiritual. Una fuerte impronta de la naturaleza la contrasta con la comodidad fría de las ciudades y su sociedad de consumo mientras se adentra cada vez más en el fascinante camino de los misterios; al modificar su manera de estar en el mundo, como correlato se modifica la realidad que la rodea. Así como se mira el mundo, así es, murmurará el Sadhu, uno de los maestros con los que se topará en su camino.

El Camino Naranja está directamente conectado con el desierto donde recibirá Morgana su entrenamiento, porque es un Camino de Santidad, señala Hania: santificarse significa sanarse de mandatos, penas y tristezas; atravesar el desierto ha sido en las tradiciones espirituales la manera de desnudar el alma en el silencio eterno de los días de dunas áridas y noches estrelladas.

Más allá de no haber sentido la sensación de revelación y asombro que experimenté con la lectura de “La conspiración de los alquimistas”, he disfrutado este nuevo libro de Hania. El mensaje de amor, valor y pasión por la Luz que se desprende de sus páginas es reconfortante y positivo. “Morgana” se puede leer como una novela sobre mundos de fantasía o bien tomar en cuenta sus reseñas acerca de enseñanzas ancestrales para profundizar en ellas; cualquiera de las dos opciones son válidas para disfrutar de la nueva obra de la autora y aguardar la publicación de los Caminos por venir.

 Sobre manos y uñas

Quitex - Vogue - BeauticoolSi bien he disfrutado al concurrir a algún establecimiento para que alguna cordial especialista se encargue de mis manos y uñas, por lo general he optado por realizar la manicura en la paz de mi hogar y con mi propio autoservicio. Con una buena lima, crema para las cutículas y un amplio surtido de esmaltes, si bien el resultado no tiene ribetes óptimos ahorro el tiempo de desplazamiento hacia el local adecuado y cambio de color cuantas veces quiera. Una crema para manos se encuentra permanentemente al lado de la bacha de la cocina y me la aplico cada vez que empleo detergente, aún utilizando guantes.

Claro que al partir hacia tierras lejanas, mantener las manos en condiciones se torna complicado entre viajes y traslados, y en tales momentos procuro tener las uñas cortas y que el esmalte sea claro, ya que los colores tenues tornan menos notorio el paso de los días en las capas esmaltadas. Y por lo general no suelo llevar este tipo de productos, ya que me gusta comprarlos en el país de destino para investigar otras marcas y colores.

En Ecuador, como en la mayoría de los países latinoamericanos que he visitado, las mujeres cuidan y ornamentan sus manos con dedicación. Infinidad de peluquerías, locales especializados en manicuría, tratamientos y decoración artística de las uñas me han asombrado por su variedad y diseño; hay que tener destreza para pintar en una superficie tan pequeña motivos diversos y simétricos multiplicados por diez.

En Quito adquirí el quitaesmalte Quitex, muy similar a nuestro Cutex en su presentación; el packaging anuncia que huele a rosas pero no he notado diferencia en cuanto al olor fuerte clásico de estos productos. En la misma farmacia y perfumería del Centro Histórico elegí el esmalte marca Vogue color “delicado francés”, un beige claro opaco apto para el propósito enunciado.

Y ya de regreso en casa, he testeado el quitaesmalte express en un paso Beauticool Twist, presentado como una novedad ya que no requiere de algodón para quitarlo: el frasco contiene una esponja embebida en el producto en el que se introduce la uña, se gira un poco y al instante está limpia de todo rastro de esmalte tal cual lo enuncian. Una salvedad en cuanto al aroma, ya que si bien el olor no es tan fuerte tampoco encontré un halo a frutos rojos; pero más allá de este detalle, es uno de los productos más novedosos y útiles de los últimos que he probado, apto por su practicidad para llevarlo en la cartera o en la maleta.

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