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Mercado de OtavaloMuy temprano por la mañana Nancy, nuestra guía en esta oportunidad, nos pasa a retirar por el hotel. Junto a seis personas más de diversas nacionalidades emprendemos el viaje hacia Otavalo, la población situada en la provincia de Imbapura que concentra el mercado más grande del Ecuador, especializado en textiles. Mientras avanzamos hacia el primer destino que nos deparará la ruta, la ciudad de Cayambe, llamada así por el volcán homónimo que lo custodia, Nancy nos cuenta algunas particularidades de la comunidad que habita en esta zona del Ecuador: celebran en el solsticio la fiesta del Inti Raimi en homenaje al sol para agradecer por la cosecha del maíz, son agricultores y se dedican al cultivo de las flores, sobre todo de las rosas. Y se especializan en la elaboración de bizcochos artesanales y otras delicias gastronómicas.

Antes de llegar a Cayambe visitamos el Proyecto Quitsato, a cargo de una ONG que estudia la cosmovisión vinculada a los conocimientos astronómicos que poseían las comunidades indígenas, y ha llegado a la conclusión que lograron establecer la latitud 0 a partir de la ubicación de las montañas mediante un reloj calendario solar de piedra conformado como una estrella de ocho puntas. De la réplica construída por esta ONG y configurada como la que utilizaran los antiguos habitantes se vale el guía para explicanos que Ecuador, cuyo nombre deriva de Equator y significa equidad, se diferencia de otros puntos de la Tierra también atravesados por la latitud 0 en que cuenta con puntos fijos para su medición como son las montañas, en cambio otros países por su geografía no permiten establecer con certeza dicha referencia. La posición geográfica de Ecuador permite la observación de la totalidad de la bóveda celeste, siendo Isabela, una de las islas que componen el archipiélago de las Galápagos, el mejor lugar del país para apreciarla en plenitud. Y esta ventaja geográfica sumada a la cosmovisión indígena habría sido determinante para los conocimientos astronómicos que desarrollaron y que esta ONG reivindica con su labor.

Llegamos a Cayambe y pasamos por la plaza del pueblo, en cuyo centro se erige una estatua que en nada se asemeja a las emplazadas en homenaje a algún prócer: aquí el honor lo tiene un simpático personaje llamado Uma, similar a un diablo por su fisonomía y con dos caras, como el dios Jano. Es una figura respetada y en el pasado los guerreros de las comunidades luchaban entre sí para representar a Uma en las festividades. Nancy nos cuenta que veremos mujeres vestidas de manera diferente a las cholas, en esta región emplean una larga falda negra, blusas blancas bordadas y encima un chal también de color negro que cruzan sobre un solo hombro, adornando sus cuellos con vistosos collares dorados.

Pero llega el momento de degustar los famosos bizcochos, y lo haremos en un lugar donde también podemos ver la elaboración, desde la masa estirada a mano y luego moldeada por cuatro hombres que le dan forma bizcocho por bizcocho hasta el horneado a leña y las bandejas en los que son servidos con café o chocolate. También probamos queso de hoja, unos riquísimos rollitos de muzzarella que se cocinaron previamente en hoja de banano, y quesadillas dulces. Luego de esta opípara parada nos dirigimos hacia el lago San Pablo para contemplar la belleza de este espejo de agua, tomamos unas fotos y seguimos camino.

Finalmente arribamos a Otavalo y el mercado que se extiende por la plaza central y se pierde en las travesías aledañas comienza a desplegarse ante nuestros ojos. En la plaza se concentran los artesanos textiles y hasta pueden verse  algunos de los dueños de los puestos en el proceso de tejer a mano, son muy amables y enseguida regatean el precio si notan alguna vacilación en el comprador. Hay lindísimos chales de alpaca, bufandas y cálidos ponchos, abrigos y gorros para niños, cinturones, bolsos, rastras y un sinfín de colores y de modelos; hay collares hechos con semillas y también se encuentran los dorados típicos de la vestimenta de las mujeres así como las faldas y blusas que visten.

También hay en las calles aledañas productos no tan artesanales y artesanos no tan autóctonos, como suele ocurrir con los mercados que son muy visitados por los lugareños y los turistas. Compramos algunos recuerdos y nos sentamos a descansar en un pequeño bar mientras miramos pasar la gente y se escucha hablar en todos los idiomas. El vehículo que nos traslada empieza a quedar pequeño ante las bolsas y paquetes de todos; un simpático turista de Estados Unidos porta un bolso típico de gran tamaño que compró para llevar la gran cantidad de productos que ha adquirido.

De regreso nos detenemos en Cotacachi para visitar los locales de venta de artículos de cuero en los que se especializan los habitantes de esta ciudad, una larga calle con negocios que se suceden ininterrumpidamente y donde concurren tanto turistas como mayoristas que se abastecen para vender en otras regiones de Ecuador. Damos una vuelta y nos sentamos frente a la plaza a tomar un jugo de mora en un café cultural muy simpático; Nancy se extraña porque no hemos comprado nada y le explicamos sobre la calidad del cuero argentino y la excelencia de sus diseños. Con Juan recordamos que tuvimos la misma impresión en Turquía que es también un país productor de artículos de cuero, cuando visitamos uno de sus establecimientos de elaboración y venta si bien había algunas prendas que nos gustaban, es muy difícil sentirse deslumbrado como para justificar una compra ante la comparación con los productos de cuero de nuestro país.

La fotografía, tomada por Juan, corresponde a uno de los encantadores puestos del colorido mercado de Otavalo.

El Palacio, el Museo de la Ciudad y más iglesias

Palacio de CarondeletEn la mañana del domingo la Plaza Central de Quito es una fiesta. Abril es el Mes Internacional de la Danza y el Ballet Latinoamericano Calpañan, de Bolivia, presente junto a otros colectivos musicales pertenecientes a Perú y a Ecuador, es el primero en interpretar una colorida danza en las puertas de la Catedral. Los colores alegres, los giros típicos y unas curiosas figuras que evocan a algún diablo autóctono actúan frente a una multitud que los aplaude entusiasmada.

Mientras aguardamos nuestro turno para realizar la visita guiada al Palacio Presidencial ingresamos a la Iglesia de El Sagrario en el momento justo pues está terminando la misa, y la próxima será al aire libre en la plaza de San Francisco debido al día de los cuatro Papas. El Sagrario es una iglesia florida, porque todos sus altares se encuentran adornados con flores, y barroca por sus repujadas columnas y altares, con una mampara obra de Bernardo de Legarda. El 95 % de la población ecuatoriana es católica, así que pese a la gran cantidad de iglesias y capillas en todas hay fieles rezando, máxime en un domingo tan especial. Y no sólo concurren a los templos, sino que la fe se advierte en la devoción con que rezan, se confiesan, cantan y llevan a sus niños desde muy temprana edad.

Damos una vuelta más y nos topamos con la Capilla del Monasterio de Inmaculada Concepción, el primero de esta ciudad fundado en el año 1575. Se avista el altar con la Virgen del Cisne rodeada de una guirnalda de luz, pero antes de llegar la talla de una doncella crucificada me llama la atención, ya que en ningún templo he visto a una mujer en la cruz. También tenermos suerte, recién concluye la misa y podemos recorrer la capilla sin prisa y entonces veo a un señor que está acomodando los bancos y me acerco a preguntarle sobre la joven mártir: es Santa Liberata, me cuenta, que en el S. II murió crucificada por orden de su padre por haberse convertido al cristianismo.

Dejamos a Santa Liberata y hacemos la fila para ingresar luego de varios controles al Palacio Presidencial en compañía de Cristian, nuestro guía, y pasamos ante los Granaderos de Tarqui apostados en la puerta principal; antes de comenzar la recorrida nos toman una fotografía por grupo familiar que nos obsequiarán al concluir la visita como recuerdo y ya subimos las escaleras hacia el primer piso, desde donde se aprecia una magnífica vista de la Plaza Central. El edificio de estilo colonial, con galerías y amplios patios internos con fuentes, comenzó a construirse hacia el año 1600 y demoró 300 años hasta quedar concluído; fue emplazado en ese lugar porque alrededor se encontraban rodeando la plaza los principales organismos gubernamentales y religiosos de la época. Hacia 1800  Francisco Luis Héctor, V barón de Carondelet le da a la construcción su aire definitivo y de allí toma el nombre con que se le conoce.

Pasamos al salón de reuniones de gabinete, iluminado con grandes arañas traídas especialmente desde Perú y con sillas de cuero talladas para los ministros, destacándose el asiento presidencial porque tiene grabado el escudo nacional. Un pequeño oratorio decorado con tallas de artistas anónimos de la famosa Escuela de Arte quiteña del S. XVII es el lugar donde todos los lunes a las 8 de la mañana se dicta misa para los funcionarios, y asiste también el Presidente si está en el lugar. A continuación hay un gran salón para eventos sociales decorado con arañas traídas especialmente desde Francia y realizadas en cristal de Baccarat como ilustra la fotografía, donde se exhiben los regalos que ha recibido el actual mandatario Rafael Correa, quien a diferencia de sus predecesores ha decidido que pertenecen al pueblo ecuatoriano y no a la persona del gobernante y quedarán en el edificio una vez concluya su mandato. Hay obsequios muy bellos de todas partes del mundo, entre ellos la Orden del Libertador San Martín que le otorgara el gobierno argentino. Las hermosas flores que engalanan la gran mesa así como todas las que ornan el Palacio de Carondelet son naturales: Ecuador es el primer productor de flores a nivel mundial; para muestra, desde este país se enviaron 42.000 rosas a Roma para la conmemoración del histórico día de los cuatro Papas.

Finalmente la visita concluye en el Salón de los Presidentes, el más importante, que se encuentra tapizado con los cuadros de los presidentes constitucionales del país, donde se entregan credenciales diplomáticas y se llevan adelante los cambios de ministros, ruedas de prensa, visitas de gobernantes extranjeros y todo otro acto de relevancia institucional. Al concluir descendemos la escalera por otra ala del edificio, decorada con un mural del maestro Oswaldo Guayasamín realizado con ayuda de su discípulo Osvaldo Vitelli que recrea el descubrimiento del río Amazonas, dedicado a los 3000 indígenas ecuatorianos que perdieron la vida en la expedición organizada por Gonzalo Pizarro y Francisco de Orellana.

Una parada en el Palacio Arzobispal para comer unos sandwiches y seguimos camino al Museo de la Ciudad, que se emplaza en el monumental edificio que supera los 10.000 metros cuadrados del antiguo Hospital San Juan de Dios, la edificación civil más antigua de Quito que data de 1565 y atendió como hospital hasta 1974. Cuenta con una exposición permanente sobre la historia de la ciudad y con exposiciones itinerantes, nosotros tendremos oportunidad de visitar la denominada “Alma Mía”.

Las antiguas salas del hospital han sido acondicionadas para ofrecer a los visitantes, en primer lugar, un recorrido dividido en tres bloques históricos, que abarcan aspectos sociales, políticos y culturales de la vida de los habitantes de Quito. Así pasamos a la sala que refleja la vida de las sociedades antiguas, que se remonta a 3500 años atrás, donde los habitantes originarios se abastecían directamente de la naturaleza mediante la agricultura, la caza y la elaboración de los artefactos, establecidos sobre una organización social igualitaria que se  modificaría drásticamente con la llegada de los colonizadores.

La exposición sobre el régimen colonial se centra en el proceso de mestizaje e imposición de intercambio de prácticas culturales así como en la nueva organización economica, durante los años 1535 a 1600, término en el que se asentó la colonización española. Es muy interesante la recreación de espacios con elementos similares a los de la época: cocinas, pulpería y hasta un entramado de árboles que significa la naturaleza antes de la colonización, dan una idea de la forma de vida de una manera dinámica. Con la llegada del Iluminismo en el S. XVIII en Quito se desarrolló una gran producción de artesanos y artistas que plasmaron en sus obras las costumbres cotidianas, las cuales fueron descriptas por los extranjeros que visitaban la ciudad; algunas de estas obras y descripciones se encuentran en el museo. Finalmente ingresamos en la sala dedicada a las luchas por la independencia y la construcción de un orden social igualitario, donde se pueden apreciar las referencias a la organización de la república y a la lucha por los derechos de las comunidades indígenas.

“Alma Mía” es una muestra itinerante centrada en el indígena y la esencia del alma nacional en el período comprendido entre 1900/1930: música, vestimenta, ritos y costumbres se plasman en cuadros y fotografías de coleccionistas particulares y en algunas preciosas piezas de cerámica decoradas con referencias a las costumbres cotidianas. Hay también pinturas que dan cuenta de las duras condiciones de vida de los indígenas a comienzos del s. XX y hay bellos paisajes de Víctor Mideros pintados al comienzo de su carrera artística. Resulta curiosa la posición adoptada por el pintor, ya que renegaría de estas obras por considerar que no tenían el impacto moral que buscó reflejar con el transcurso del tiempo, recuperando el espíritu religioso de la Escuela Quiteña del s. XVII.

En tal sentido se puede ver la obra de Mideros sobre Mariana de Jesús, una santa ecuatoriana que utilizaba látigos, cilicios y pequeños chalecos con púas en el interior para mortificar su carne (que se encuentran expuestos y no resulta muy agradable imaginar su efecto sobre el cuerpo humano). Mideros buscaba reconvertir al sector femenino liberal para que dejara de lado su idea de confrontar al poder patriarcal masculino, reclamando más presencia en la vida pública para las mujeres. A tal fin, creía que el ejemplo de Mariana de Jesús sería un modelo a seguir; la vista de los verdaderos elementos de tortura que empleaba esta religiosa contra sí misma me llevaron a concluir que Mideros debería haber elegido otro camino para tratar de disuadir a las mujeres ecuatorianas.

El Presidente, la Virgen del Panecillo y la Catedral

Virgen del PanecilloEs nuestro último día en este bello país y nos dirigimos nuevamente a la Plaza de la Independencia ya que todos los lunes a las 11 horas se puede asistir al cambio de guardia de los Granaderos de Tarqui, responsables de la custodia presidencial. Es una ceremonia a la que asiste en persona el jefe de Estado desde el balcón del palacio de Carondelet, pero los comentarios en la plaza aluden a que estará presente el Vicepresidente Jorge Glas, ya que el primer mandatario debía retornar aún de Ciudad del Vaticano. Sin embargo, luego de la aparición del citado acompañado de su esposa y del redoble de tambores que anuncia el comienzo de la ceremonia, asoma un hombre alto y carismático y la plaza estalla en aplausos: Rafael Correa está a cincuenta metros de nosotros.

La ceremonia de cambio de guardia se desarrolla en los dos pisos de Carondelet así como en la plaza en sí, se entonan las estrofas del himno y una canción patria; el Presidente saluda incansablemente desde el balcón, arroja besos y agita las manos hacia todo aquel que lo saluda. Mientras Juan toma fotos me ubico al lado de unas entusiastas señoras y les pregunto si Correa no tiene esposa ya que no está acompañado. No, me responden, todas las mujeres ecuatorianas somos sus esposas, nos hace quedar tan bien en el mundo, lo queremos tanto; y vuelven a agitar sus manos al grito de ¡Rafael! ¡Rafael! para atraer su atención una vez más.

Dejamos a las entusiastas damas cuando concluye la ceremonia, ya que tomaremos el bus turistico para subir a El Panecillo, un cerro alto que domina la ciudad y debe el nombre a su forma de pan pequeño; así fue bautizado por los españoles ya que los indígenas lo llamaban Yavirac y celebrabran allí ceremonias en homenaje al Sol. Allí se encuentra emplazada desde 1975 la escultura de aluminio más alta del mundo, la Virgen de El Panecillo, obra del español Agustín de Herrán Matorras, quien tomó como modelo a la Virgen del Cisne de Bernardo de Legarda.

La vista panorámica de la ciudad desde el mirador es espectacular, y al subir las escaleras interiores del monumento la perspectiva nos deja sin aliento: todo Quito se expande ante nuestros ojos en el esplendor de su extensión y su paisaje. También visitamos el museo que se encuentra en el interior, donde se encuentran diversas reproducciones latinoamericanas de los pesebres que se arman para la época navideña así como una completa descripción de las costumbres de cada país para celebrar Navidad. La referencia a Argentina alude también a la tradición de Papá Noel, ya que es el único de los países de América Latina que ha adoptado este personaje propio de los países del norte.

El paseo en el bus turístico abarca la zona norte y centro de Quito, donde se encuentra el Centro Histórico, así que después de tantos días de andar nos dejamos llevar por la narración que describe las particularidades de cada barrio. Casi tres horas después descendemos a la altura de la Iglesia de la Compañia de Jesús, llueve en Quito y decidimos recorrer la Catedral y visitar el Museo que alberga. Encontramos varias salas que contienen mitras, estolas y capas pluviales bordadas a mano utilizadas por los sacerdotes, bellísimos  frontales de metal tallado que se utilizan para adornar el altar en días festivos, algunas esculturas de Jesús y de la Virgen, cálices, custodias (pieza de oro o metal precioso donde se coloca la hostia luego de la consagración) y pinturas religiosas.

Ingresamos en la Catedral por una puerta lateral que conduce a uno de los altares de los corredores laterales, dedicado a Santa Gertrudis; de allí nos dirigimos a la capilla que guarda los restos del Mariscal Sucre y luego recorremos el interior de la nave central. La particularidad de las pinturas que la decoran se encuentra en que los artistas plasmaron la vida de Cristo con un fondo geográfico ecuatoriano; en la escena de la tentación, un diablo con cuernos se acerca a Jesús en un paisaje propio de la Amazonía, en tanto que en el siguiente paisaje se advierte la geografía quiteña, con los volcanes que rodean la ciudad.

Es tiempo de tomar un chocolate en la Ronda y luego volver al hotel Real Audiencia a abocarse a la complicada tarea de armar la maleta. Estamos en la suite Manuela Saenz, llamada así en homenaje a la valiente compañera de Simón Bolívar, una mujer evolucionada e independiente que incluso lo salvó de un intento de asesinato. Mientras escribo estas líneas no tengo más que un sentimiento de agradecimiento por los días vividos en este adorable país. Llevaré conmigo tantos recuerdos: la amabilidad de su gente que no me canso de destacar, la tradición histórico-cultural que tanto cuidan, el respeto a sus culturas originarias, las cosmovisiones indígenas plenas de sabiduría, el legado y el compromiso con la humanidad del maestro Guayasamín. Y la inmensa belleza de la Amazonía ecuatoriana, imposible de describir con palabras y que ha quedado grabada en mis sentidos y en mi corazón.

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