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EcuageneraAndrés, nuestro guía, nos viene a buscar por la mañana al hotel para emprender el viaje a los pueblos cercanos de Gualaceo y Chordeleg; partimos en compañía de dos matrimonios ecuatorianos y Marcelo, también hospedado en Los Balcones, un simpático profesor jubilado de la Universidad de Salamanca quiteño de nacimiento y español por adopción.

Gualaceo significa “donde el río se calma” en el idioma de la cultura cañari, habitantes originarios de esta zona del Ecuador que fueron invadidos por los incas. Andrés nos explica que así como la vestimenta de la chola cuencana es alegre y plena de colores, no sucede lo mismo con los cañaris, que aún siguen vistiendo luto por los ataques a su pueblo. También nos cuenta que el atuendo de las cholas, por su diversidad y calidad, cuesta aproximadamente 700 dólares; con estos datos nos dirigimos a La casa de la Makana, donde siguen elaborando a la manera ancestral el proceso de tejido en telar de la makana, chal típico de la cultura cañari.

Nos recibe Doña Anita y asistimos a la preparación del hilado primero y de la coloración con fibras naturales después respecto de las piezas más pequeñas, ya que las de mayor volumen como las mantas son tejidas en telares antiguos. Doña Anita es toda una celebridad y las bellas creaciones de su taller fueron empleadas por Salma Hayek en la película “Frida”; una conocida duquesa española también ha lucido algunos de estos artesanales chales. No es para menos: las makanas bordadas a mano se despliegan como mantillas y el proceso de elaboración puede oscilar entre cinco días y cuatro meses aproximadamente, dependiendo de la complejidad del diseño.

De allí seguimos camino a un increíble vivero productor de 2.559 especies de orquídeas de las 4.500 que existen en Ecuador llamado Ecuagenera. Recorremos este increíble lugar, con un mágico jardín cubierto con un puente y cascadas, donde podemos observar extrañas especies de esta hermosa flor como el arturio negro y la orquídea de la flor de Cristo; también sentimos el aroma de algunas, reconociendo el chocolate, el coco, la menta y hasta el Chanel Nº 5. Este espacio magnífico que la fotografía revela en parte, me recuerda a la tierra de los elfos imaginada por Tolkien.

Hacemos una parada en la plaza del pueblo y nos sentamos bajo las galerías a comer una quesadilla y tomar rosero, un fresco jugo espeso de frutas con maíz, antes de seguir camino a Chordeleg, que en el idioma de los cañaris significa “caracol de oro”. Aquí se elaboran artesanalmente joyas de oro y plata con la técnica del filigranado, entre las que se destacan las candongas, los aros que lucen las cholas y reproducen en su diseño al sol y a la luna.

Allí visitamos el Museo de la Municipalidad de Chordeleg, donde se encuentran en exposición una candonga de gran tamaño, cerámica y vasijas de la cultura cañari y varios sombreros de los llamados panamá, que en realidad son originarios del pueblo ecuatoriano de Jipijapa y luego fueron adaptados en diseño y tamaño con la llegada de los científicos geodésicos. Como comenzaron a exportarse a Estados Unidos vía Panamá adoptaron el nombre de ese país, en tanto que la cinta de color que los circunda se originó en el Mississippi, donde se colocaban en los sombreros de los inmigrantes para identificar su origen.

Después de compartir un almuerzo con todo el grupo retornamos a Cuenca, caminamos un rato por el centro histórico y nos sentamos en un café llamado Frutilado a tomar una merienda reparadora. Es tiempo de volver al hotel a descansar, después de haber compartido un día alegre con gente amable en el que aprendimos algo de la historia de la cultura originaria de esta bella región ecuatoriana.

Cuenca y sus museos

Museo del ProhibidoLa ciudad de Cuenca cuenta con universidad, centros culturales, exposiciones y hasta una Bienal; en este despliegue de actividades culturales no es de extrañar encontrar una pluralidad de museos. Nos dirigimos a la Calle Larga que concentra la mayoría de las salas de exposición, y en la Galería Paredes visitamos el Museo del Sombrero de Paja Toquilla, donde se puede asistir a la elaboración de estos artesanales implementos. Cuentan con varios tamaños conforme al diámetro de la cabeza de cada uno y para ello hay unas hormas similares a las que se emplean en zapatería, pero de forma circular; es un sitio tradicional de la ciudad ya que la familia Paredes se ha ocupado de la fabricación de los famosos sombreros desde hace varias décadas.

Alejándonos unas calles por la Calle Larga en sentido inverso encontramos el original Prohibido Centro Cultural, que es también la casa del artista Eduardo Moscoso, donde comenzó a exponer sus obras hace dieciseis años ya que fue rechazado y prohibido en los circuitos tradicionales de la ciudad. De ahí el nombre de este Centro Cultural que se ha convertido en un lugar de referencia donde se dictan conferencias y también se puede asistir a espectáculos musicales en vivo. De hecho, estaba prevista para ese día la conferencia “Arqueología prohibida”, a cargo de un ufólogo.

A poco de recorrer se avizora el motivo de la prohibición: en una sociedad tradicionalmente católica como Cuenca la obra de Moscoso no sólo debe percibirse como provocativa, sino que debe resultar hasta herética. Hay tallas de vírgenes con expresión provocadora conteniendo un niño a punto de dar a luz en su interior; hay un originalísimo Cristo con su cuerpo torturado por la crucifixión que con gesto decidido rompe con un movimiento de manos y rodilla el madero, como registra la fotografía. Y también hay un cuadro de San La Muerte, osamentas y calaveras (tal vez más de las necesarias), gárgolas y monstruos e imágenes pictóricas de una mujer oscura y de expresión cruel que tortura jovencitas, emulando a la famosa Condesa Sangrienta, cuya historia puede conocerse en el libro Mujeres Perversas de la Historia de Susana Castellanos.

Concluímos nuestro recorrido por este espacio peculiar con impresiones diversas: a Juan no le gustó demasiado, a mí me pareció cheverísimo, como dicen aquí. Y es que si bien algunas creaciones del autor por demasiado explícitas pueden resultar chocantes, la originalidad del mensaje y su insolencia al desafiar el orden establecido merecen un aplauso: no todos los artistas se animan a graficar en sus obras los instintos sombríos y oscuros del alma humana.

Café reparador de por medio llegamos al Centro Interamericano de Artesanías y Artes Populares donde veremos una colorida exposición de obras de varios países latinoamericanos, algo de España y también de Estados Unidos. Encontramos algunas creaciones de artesanos argentinos, casi todos originarios del norte de nuestro país; las oriundas de México merecen una mención especial por su originalidad y colorido. Firmamos el libro de huéspedes y seguimos caminando hasta las ruinas de Pumapungo, casi al final de la Calle Larga.

Pumapungo significa en inca “Puerta del puma”, las ruinas son vestigios de la construcción en terrazas típicas de los incas luego de su victoria sobre los cañaris, me recuerdan a Machu Picchu por su arquitectura; al lado se encuentra el Museo del Banco Central al que no ingresamos por el horario: son casi las tres de la tarde y se impone almorzar. Elegimos el precioso restaurant El maíz que elabora comida típica ecuatoriana con esta planta que simboliza el espíritu de la tierra para las almas originarias de la región. Elijo una bebida exquisita que sirven bien fría, se llama yaguana de mamá y está compuesta por jugo de mora, manzana y especias entre las que se destaca la canela. Antes de irnos conversamos con la dueña, una amabilísima señora que nos regala postales y nos cuenta algo más de la historia de esta sorprendente ciudad.

Antes de prepararnos para partir llegamos a visitar el pequeño Museo Agustín Landívar situado al lado de las Ruinas de Todos los Santos, también vestigios de la invasión inca sobre los cañaris y luego de la colonización española; recorremos luego el espacio interior donde se exhibe una muestra de artesanías de varios países latinoamericanos. Por último y pese al cansancio, ingresamos al Museo de las Culturas Aborígenes, una impresionante exposición dividida en salas dedicada a los 15.000 años del aborigen ecuatoriano, donde se encuentran piezas que abarcan desde la edad de piedra hasta llegar a la época de los metales, con un completo informe de la ubicación geográfica y la historia de cada cultura.

Finalmente la lluvia nos sorprende ya en el centro de la ciudad. Mientras esperamos en silencio viendo pasar la gente desde Tutto Freddo, un bar de helados y delicias dulces, la imagen del bellísimo Cristo de la Catedral Nueva irrumpe en mi mente. Y recuerdo el Sagrado Corazón a flor de piel y las manos abiertas irradiando amor, en contraste con el Nazareno de Moscoso, rebelado ante su destino de Redentor de la humanidad. Hijo de Dios e Hijo del Hombre, luz y sombra, como cada uno de nosotros.

La Capilla de Guayasamín y el Museo del Alabado

Capilla del HombreEstamos en Quito, ya en la última etapa de nuestro viaje, y dedicaremos varias horas a un ecuatoriano que resulta orgullo para su país y para la humanidad. Oswaldo Guayasamín nació en el barrio La Tola, en Quito, el 6 de julio de 1919 y fue el primero de los diez hijos de un matrimonio trabajador, con una infancia signada por la pobreza. No obstante la oposición paterna ingresa en la Escuela de Bellas Artes y su talento natural lo catapulta a la fama por las increíbles imágenes de diversos rostros que plasma en sus lienzos. Muy pronto la pintura se convierte en la herramienta que emplea para denunciar la pobreza, la injusticia y la violencia desplegadas contra los pobres, los niños, los negros y sus ancestros indios; más tarde sus rostros denunciarán las crueldades de las guerras, las dictaduras latinoamericanas y los abusos de los poderosos.

En 1944 realiza un viaje desde México hasta la Patagonia, dedicándose a estudiar las expresiones de los rostros que luego pinta en una serie de 103 cuadros: Huacayñan, en kichwa “Camino del llanto”, resulta un alegato sobre el destino de los desposeídos latinoamericanos. Luego llegarán “La edad de la ira”, entre 1964 y 1984, para reflejar los horrores de la guerra civil española, los nazis, los campos de concentración, Vietnam y los genocidios latinoamericanos. “La edad de la ternura” graficará un homenaje a su madre tempranamente fallecida, y en ella a todas las madres del mundo.

En el año 1996 comienza en Quito su obra cúlmine, “La Capilla del Hombre“, un descomunal espacio arquitectónico para rendir homenaje al ser humano, especialmente al pueblo latinoamericano y su lucha contra la colonización, el sometimiento y las dictaduras; el artista falleció el 10 de marzo de 1999 sin ver concluída la obra, que se inauguró en 2002 en la primera fase y ha sido declarado por la UNESCO proyecto prioritario para la cultura. Soy incapaz de describir la obra de Guayasamín porque no puede medirse con la razón sino con el corazón. Basta con decir que esos rostros esbozados, desgarrados, torturados y olvidados provocan un profundo desconsuelo, una sensación de opresión en el pecho que nubla la vista y cierra la garganta.

En el mismo lugar en que se emplaza La Capilla del Hombre se encuentra la bellísima casa en la que este maestro vivió sus últimos 20 años en soledad, y donde se encuentra enterrado bajo un árbol que simboliza el axis mundi, el árbol de la vida que homenajearon sus ancestros indios. Durante la visita se pueden ver las pinturas que coleccionaba y que tapizan todas las paredes de la casa, hasta el enorme cuarto de baño: Picasso, Chagall, Benedetti, Castagnino. El estudio-taller se encuentra de la misma manera que lo dejó al morir, y entre las obras exhibidas hay un retrato del ángel de la guitarra, Paco de Lucía.

Asistimos a la proyección de un video que plasma el momento en que Guayasamín pinta a un sonriente Paco, mientras describe su rostro y las sensaciones que siente ante los acordes de la guitarra del músico. Y entonces con una espátula y un poco de pintura se produce el milagro, y los trazos desiguales van dando forma al rostro del artista y el genio creador culmina su labor. Otro momento inolvidable para adicionar a los que Guayasamín me ha brindado en este día, y no alcanzan, reitero, las palabras, para dar gracias por la obra de este hombre extraordinario, que empleó su don para hacer visibles a los que han sido silenciados durante siglos.

Luego de un almuerzo en el Centro Histórico, enfilamos hacia la Casa del Alabado, el Museo de Arte Precolombino que cuenta con más de 5000 piezas que dan cuenta de la historia de las culturas ecuatorianas, desde los lejanos Valdivia hasta los Incas. Estructurado en salas que describen la cosmogonía de los antiguos habitantes, con sus concepciones de los tres mundos, del axis mundi y de la fuerza creativa y cíclica de la Naturaleza, a la que el ser humano imitaba transformando creativamente los elementos de la tierra mediante el poder basado en la fuerza espiritual. Es muy interesante toda la descripción del rol de los chamanes como mensajeros entre los mundos, responsables de la comunicación con los espíritus superiores empleando a tal fin animales como la serpiente y piedras como la obsidiana, así como portales naturales como cavernas, lagunas y cuevas.

Un recorrido impactante por las cosmovisiones sabias de estos pueblos originarios, exhibidas en un edificio que es una obra de arte en sí mismo por su organización, arquitectura y diseño. Y otro recuerdo para atesorar de esta ciudad increíble, que depara nuevas sorpresas a medida que se va recorriendo.

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