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Dolphin LodgeEl día comienza muy temprano por las múltiples actividades programadas y porque los mejores momentos para avistar aves y fauna son por la mañana y por la tarde; al mediodía los animales también descansan por el calor. La canoa nos trasladará por el Napo hasta la zona de aguas negras, así llamada por los sedimentos, el agua de lluvia y las hojas que caen de las plantas y que, al descomponerse, contribuyen a formar el color té oscuro del agua que contrasta con el más claro del río.

Paciencia y silencio son las dos recomendaciones del guía para que los animales se muestren. El primer ejemplar que aparece es el delfín rosado, que a diferencia de su pariente marino tiene el torso maleable en lugar de compacto, entonces no necesita elevarse del agua para conseguir alimento y asoma displicente la cabeza en el comienzo de las aguas negras donde reside. A poco de avanzar, los nidos colgantes de las oropéndolas se dejan ver mientras escuchamos el sonido ululante de la voz del macho buscando cortejo.

Una mariposa color azul francia pasa en vuelo rasante, vuela bajo porque también es de sexo masculino, las hembras no tienen ese tono porque el macho necesita que lo puedan observar desde lo alto para aparearse. Es de la especie de mariposas Morfo, porque quien las descubrió llegó a la conclusión de que sólo en brazos de Morfeo podía imaginarse un color tan bello.

Entre aullidos de monos y avistajes de cormoranes y halcones llegamos al Amazon Dolphine Lodge, momento plasmado en la fotografía, donde descansaremos del trayecto de casi dos horas y caminaremos por el bosque oscuro para luego almorzar, por la tarde nos espera Panacocha, el lago de las pirañas. Estoy adormilada y le pregunto a Félix al respecto, ya que sólo me he dedicado a desayunar y a mirar el verde Amazonas: verde seco, verde oscuro, verde esmeralda, verde oliva. Es por el silencio, me dice, el ritmo de la canoa que al mecerse despacio se asemeja a una cuna y la oxigenación que brinda el pulmón verde de esta parte de la Tierra.

La caminata por el bosque depara nuevas sorpresas: las hormigas acarreadoras, que llegan a caminar hasta un kilómetro portando el alimento para su hogar; las arañas sociables, que viven en comunidad y tejen una tela en conjunto para luego dividirse entre todas el festín; el ciempiés enorme que retoza sobre una planta mimetizado con el tono verde claro. Y la vegetación, frondosa, extraordinaria, con maravillas como el ceibo, un árbol peculiar que en nada se asemeja a nuestra flor nacional. Este ceibo es el segundo árbol más grande del mundo; los habitantes lo respetan por tradición ancestral ya que sus antepasados creían que los espíritus de los muertos iban a morar en cada rama.

Daniel nos enseña el árbol chambira con el que se teje la fibra que luego se utilizará para confeccionar redes y hamacas paso a paso; un pedacito de una rama del árbol servirá para enseñarnos cómo se obtiene el hilo y para trenzar una pulsera color verde claro que me obsequia; la recibo agradecida, un pedacito del Amazonas está en mi muñeca ahora. Le pregunto cuanto tiempo tardan las mujeres en tejer una red o una hamaca y me corrige: el tejido está a cargo de los hombres y su habilidad en tal sentido los torna apetecibles para el sexo opuesto.

Con el fin del almuerzo llega la lluvia tropical y el viento cambia de rumbo, nuestras intenciones de sumergirnos en el lago de las pirañas se ven diluídas por el clima y se impone un descanso prolongado en el que las cabezas comienzan a mecerse, entonces las hamacas paraguayas colgadas en la terraza del lodge se convierten en un lugar codiciado. Pero el río nos espera nuevamente para retornar despacio por las aguas negras hasta el Manatee, y entonces otra vez asoma un delfín rosado y luego el trongón, un pariente del quetzal, se deja fotografiar posado en una rama y algunos monos ardilla se balancean por los árboles. Y me quedo con el paisaje en los ojos y en el alma, con la certeza de que es imposible para el lenguaje transmitir la inmensidad de la naturaleza viva.

Mujeres del Yasuní y una laguna color limón

Sani GuarmiPor la mañana después del desayuno nos embarcamos hacia el Parque Nacional Yasuní para visitar a las mujeres artesanas de la comunidad Kitchwa Sani Isla, que han llevado adelante el proyecto Sani Warmi. Organizadas con la colaboración de una  ONG que trabaja para preservar este Parque Nacional, han potenciado sus posibiidades turísticas y tienen un espacio de venta de artesanías (en la fotografía adjunta se aprecia una parte), elaboración de comida autóctona, una chacra, un vivero y un estanque de crianza de las tortugas de la región llamadas charapas; también ofician de guías del proyecto para los visitantes que se acercan a conocer sus actividades. Las mujeres kitchwa se encuentran en el mismo status que los hombres, son autónomas y trabajan duramente y a la par.

Nos recibe Berta y la seguimos mientras nos guía entre las plantas que curan enfermedades respiratorias y devuelven el vigor, la piscina de crianza de las pequeñas tortugas, los cultivos de papaya y yuca que probamos directamente de la tierra, y las semillas y fibras como la chambira con la que tejen las artesanías. Volvemos al punto de partida y conocemos a Liz Andrade, una de las integrantes de la ONG, que nos explica que ahora están cultivando también cacao amargo, que probamos, para comenzar a venderlo; acto seguido ingresamos a la tienda de artesanías y conocemos la cocina, donde ya se encuentran a punto platos típicos para convidarnos.

Nos sentamos en el suelo y colocan dos grandes hojas de planta, y entonces probamos cacao blanco salado, yuca, plátano y un pescado cocinado a leña en hojas de chala, sin más sazón que su jugo y el palmito cortado con el que lo han cubierto, exquisito. También hay unos gusanos de la zona hechos en brochette, pero no los pruebo; los comentarios de los integrantes del tour que sí lo hicieron fueron favorables respecto del sabor.

Llega la hora de partir y nos despedimos de la comunidad, entre los niños hay una hermosa criatura que apenas si llega a los dos años; se pasea confiado entre nosotros y le acaricio el pelo largo y sedoso mientras me sonríe desde la profundidad de sus ojos oscuros. Es la última imagen que conservo de esta visita inolvidable a la comunidad de mujeres Sani Warmi.

Después del almuerzo, descansamos un rato en la terraza del Manatee y luego nos embarcamos nuevamente hasta la  Reserva Biológica Limoncocha, a la que hay que entrar en canoa a motor para que el guía del parque la impulse a remo después, a fin de hacer el menor ruido posible para poder avizorar la fauna del lugar. Los monos ardilla han tenido sus crías en el mes de marzo y los vemos saltar de rama en rama, en manada y despreocupadamente. También hay hoatzín, un pájaro de copete colorado al que llaman pava hedionda por el fuerte olor que despide para ahuyentar a sus depredadores. Y cuando comienza a oscurecer aparecen las luciérnagas como puntos luminosos y los murciélagos que vienen a comer los múltiples insectos que pululan por el aire.

La laguna Limoncocha debe su nombre al tono lima-limón de sus aguas y para lograr nuestro objetivo hay que concurrir muy temprano por la mañana o cuando cae la tarde, momentos en que los animales despiertan de su letargo. En Limoncocha viven el caimán negro y la anaconda entre las islas flotantes que se forman por el arrastre de las aguas.  Recordamos nuestra visita a los Esteros del Iberá, dos años atrás, en esa ocasión vimos yacarés de todos los tamaños retozando al sol; ahora no tendremos la suerte de ver al caimán negro, pese al esfuerzo del guía y de Félix, que alumbra con su linterna la orilla despacio, muy despacio, sin que se digne aparecer.

Limoncocha, el aire límpido de la selva y la noche tachonada de estrellas configuran un momento sagrado en mi recuerdo. Me dejo mecer por la cadencia de la canoa hasta llegar al pequeño embarcadero para emprender el camino de regreso, que será más corto porque el Manatee ha navegado para venir a buscarnos. Después de la cena nos despiden Félix y Daniel con palabras amables y nos entregan nuestro diploma de amazonautas ya que al día siguiente debemos volver a la civilización; pero antes vemos un video sobre dos comunidades indígenas de las catorce  que viven en el Parque Nacional Yasuní y que no han sido contactadas porque permanecen en aislamiento voluntario: los tagaeri y los taromenane.

Es un documento conmovedor que cuando termina deja un resabio amargo, porque son comunidades que resisten a su manera las sucesivas agresiones al hábitat natural en el que han vivido sus ancestros: el caucho primero, los misioneros, las enfermedades, la tala indiscriminada y la explotación petrolera. Se los ha acusado de violentos y agresivos, pero en realidad no se les conocía tal carácter hasta los primeros años del siglo XX, en que comenzó a alterarse su vida en la selva por los acontecimientos aludidos. Y han resistido de la única manera que encontraron viable: aislándose de una civilización a la que no quieren pertenecer, y sus razones son poderosas a tenor de la depredación que ha sufrido en pos del progreso la Amazonía.

Cultura y tradición en Cuenca

Plaza Abdón CalderónSanta Ana de los Cuatro Ríos de Cuenca es la pujante ciudad capital de la provincia del Azuay y cuenta con un centro histórico que ha sido declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad en el año 1999. Allí arribamos desde Francisco de Orellana previa escala en Quito, pasando del calor y la humedad de la selva a la brisa fresca de la sierra ecuatoriana; es tarde y el Hotel Boutique Los Balcones es un oasis para nuestro cansancio, con sus instalaciones coloniales, camas amplísimas y una decoración encantadora.

El desayuno del día siguiente nos sorprende por su variedad y porque se sirve en la terraza acristalada del tercer piso, pero es hora de comenzar a caminar la ciudad. El centro histórico está a sólo cuatro cuadras y llegamos a la plaza central Abdón Calderón, enfrente hacia ambos lados se encuentran las dos Catedrales: la antigua, llamada Iglesia del Sagrario, edificada sobre piedras extraídas de las construcciones Tomebamba de los indígenas; y la Catedral de la Inmaculada Concepción, que me deja sin respiración por su belleza y es creo la más hermosa que he visto en los países de América Latina que conozco. El altar, los rosetones, los vitrales, una talla del Cristo más bello vestido con una túnica y las manos abiertas, las imágenes de la Virgen: todo su interior es de una delicadeza que conmueve.

Tomamos el bus turístico para tener una visión panorámica de la ciudad y llegamos al Mirador Turi desde donde se puede ver en toda su extensión. El guía nos brinda una completa explicación de las referencias más relevantes y al culminar el paseo almorzamos en Don Colón, un simpático restaurant típico. Caminamos por la tarde hacia la Plaza de las Flores y la Calle Larga, que alberga la mayoría de los museos y centros culturales de la ciudad y concentra la mayor cantidad de pubs y bares. Ha sido un día intenso y volvemos al hotel a descansar.

En la fotografía se pueden ver la plaza Abdón Calderón y la Catedral de la inmaculada Concepción. Las altísimas araucarias que ornan la plaza fueron traídas especialmente desde Chile para tutelar el monumento al hijo dilecto de esta ciudad, que da su nombre a la plaza.

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