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Convocatoria de Paula y María Elena para la tarde del feriado, propicia para dar unas vueltas por Güemes y sus alrededores mirando vidrieras, admirar los nuevos modelos de zapatos para el otoño y luego sentarnos a tomar una merienda suculenta en Baguette. María Elena estaba agotada pero contenta: se había acostado a las cuatro de la mañana luego de salir a cenar, jugar al bowling y conversar varias horas con seis personas más, hombres y mujeres que se conocieron a través de un grupo de chat por internet.

A partir de su relato nos pusimos a reflexionar sobre esta manera de vincularse que ha sustituído al club o a las reuniones que se organizaban hace no tantos años, en las que las personas que se encontraban solas concurrían a algún sitio para entablar relaciones de amistad, o de pareja con el transcurso del tiempo. Necesidad que en algunos seres humanos es más fuerte que en otros, ya que depende de factores que no son uniformes ni constantes, variando de acuerdo al momento personal de cada uno. Y que a veces es criticada o denostada por quiénes se resisten a las formas no tradicionales de entablar vínculos.

En tal sentido, las redes sociales constituyen una manera de relacionarse para quienes se sienten solos después de culminar una pareja, o bien han llegado a la ciudad hace poco tiempo y no tienen lazos de amistad, o simplemente quieren ampliar su círculo de relaciones y su vida social. Las circunstancias e historias de vida de cada uno son infinitas, pero hay un denominador común: por lo general se encuentran en una edad intermedia, aún tienen ganas de salir y divertirse, algunos tienen hijos adolescentes o adultos jóvenes y todos se sienten valorados en el rol que cada uno ocupa en el grupo.

La mujer con siete hijos criados en soledad que se permite pensar en sí misma luego de muchos años, el hombre separado desde hace unos meses que comienza a valorar las relaciones que no se basan sólo en el sexo, la joven abuela que ha quedado viuda y se integró a partir de la insistencia de una amiga; historias de vidas disímiles que confluyen para entablar amistades, abrir nuevos espacios o hacer menos densa una soledad que a veces empieza a doler. Algunas relaciones no continuarán con el paso del tiempo y algunos grupos se irán disolviendo cuando sus integrantes tomen otros caminos; en definitiva, contingencias que no difieren de aquellos vínculos que se establecen a partir del conocimiento entablado en el mundo real.

Las formas de relacionarse mutan como las sociedades y el instrumento que brinda internet permite renovar, ampliar o integrar los lazos afectivos que se han establecido durante el transcurso de una vida. En algunas épocas serán más intensos, en otras la necesidad de estar en silencio y comunicarse consigo mismo tendrá más peso al momento de elegir entre una salida en grupo o la lectura de un libro a solas. Pero todo forma parte del entramado sutil con el que se va entretejiendo la manera de estar en el mundo, que hoy puede encontrar a cada persona en un lugar y mañana en otro.

En definitiva, procesar esas diferencias permite flexibilizar la mirada respecto de nosotros y de los demás; como ninguno está exento de estas fluctuaciones, es preferible no pronunciarse de manera tajante. Y optar por celebrar los buenos momentos ajenos, ya que el humor de María Elena por haber pasado una noche divertida junto a personas agradables, derivó en una tarde donde abundaron las sonrisas para las tres.

Sekhmet y la sombra

Mandala SekhmetLas diosas oscuras son arquetipos poderosos de crecimiento y transmutación propios de todas las culturas antiguas, que han contado con mala prensa a partir de las religiones monoteístas patriarcales. Parece lógico que así sea, porque la proyección en el diablo como expresión externa del mal situaba fuera del ser humano el lado oscuro de su naturaleza, requiriendo de penitencias y exorcismos antes que de reconocimientos e integraciones. Le debemos a Carl Jung el concepto de “sombra” acuñado a principios del siglo XX así como la noción de arquetipo; a partir de sus postulados cobra fuerza la idea de que los seres humanos precisan de su lado oscuro para ser quiénes son, porque aún negándola nuestra sombra nos integra como tales. “Prefiero ser un hombre completo a ser un hombre bueno”, expresó magistralmente Jung en tal sentido.

En consecuencia, resulta más útil que negarlo hacerse cargo del lado oscuro, reconocerlo e incorporarlo, porque al hacerlo visible se diluye su poder. Sekhmet es la diosa leona de origen egipcio, pertenece a la orden de las oscuras y como tal, propone la integración de aquellas emociones primitivas como la rabia y el resentimiento, porque ambos son polos de la misma energía que constituye la fortaleza. Transmutar la rabia implica reconocer su origen y hacerse cargo de la sombra que puede haber generado, para conectarse con esa furia primitiva aprisionada en lo más profundo de nuestro interior.

Una vez más recuerdo a Louise Hay cuando decidió curar su cáncer con terapias holísticas: se relacionó con la rabia y el enojo acumulados durante años con su familia de origen, los hizo propios golpeando almohadones, expresando su ira a los gritos y drenando el llanto que subía incontrolable desde lo más profundo de su ser. Claro que no habrán sido momentos agradables para transitar, pero ella sabía que no podía seguir conviviendo con esas emociones que habían contribuído a enfermarla y decidió liberar la ira que la estaba consumiendo.

Soltar a Sekhmet de su prisión para liberar la furia enjaulada resulta una metáfora del trabajo liberador que cada una tiene que emprender, con la certeza de que las emociones reprimidas generan sentimientos de rabia e ira que consumen una parte de nuestra energía. Esta diosa se caracteriza tanto por su ferocidad como por la transmutación que encarna y su símbolo es el ankh egipcio, la cruz ansata que representa el renacimiento. Está conectada con la diosa gata Bast, la sexualidad sagrada y la Luna; los colores que le son propios tienen una obvia intensidad: rojo sangre, dorados, marrones rojizos. El mandala pintado en consonancia pertenece a “El libro de los mandalas” de Thomas Varlenhoff al que ya me he referido, obsequio de mi querida Ale.

Vestigios veraniegos

Arapos:Isadora¿Se ha terminado el verano? A juzgar por la fecha, la respuesta sería positiva según el parámetro climático de la ciudad y la puesta del sol cada vez más temprana; pero teniendo en cuenta las temperaturas que se siguen registrando, podría afirmarse que no, que aún hay resto para lucir sandalias, mangas cortas y hasta alguna excursión a la playa en short y ojotas. De hecho, hoy la temperatura llegó a inverosímiles 26 grados.

En estas circunstancias, los tonos del otoño en las vidrieras resultan opacos y hasta tristes. Con el sol asomando entre las nubes y la humedad calurosa, los colores tónicos combinados con gamas terrosas aparecen como un matiz intermedio para un verano que no tiene prisa por irse, mientras las veredas se cubren de hojas amarillas y algunas plantas florecen otra vez, desorientadas en este interregno temporal.

He echado mano para estos días indefinidos a la remera de seda adquirida en Arapos (sí, con licencia ortográfica), que intercala naranja con amarillo y oscila también entre un tono tiza en degradé con dorado y negro. Es un comodín interesante, ya que se puede usar tanto con un pantalón negro o claro para ir a trabajar; o bien con jeans el fin de semana y hasta con una falda para algún evento.

La cartera de cuero ecológico y los pequeños pendientes los adquirí en la liquidación de verano de Isadora; absolutamente naranjas, levantan con su estridencia cualquier equipo. Para seguir disfrutando de la estación que se ha terminado conforme indica el almanaque, pero que se resiste a irse a tenor del calor que se ha instalado, impertinente, a despecho del turno que le corresponde al otoño tardío.

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